Publicado en Estrategias Miércoles, 13 Noviembre 2019 05:09

¿Autogobiernos o liderazgos?

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“Siempre que tengas encerrados a más de cinco personas desconocidas entre ellas forzosamente tendrá que surgir un líder, que puede resultar bueno, regular o muy malo para los demás”, me dijo una vez un director del Penal de Atlacomulco para explicarme cómo funciona el llamado “autogobierno”.

Lo anterior, en el entendido de que nunca será suficiente el personal de custodia de una cárcel para controlar a cientos o miles de personas privadas de su libertad. Por eso es que tienen que organizarse “entre ellos”.

Otro experto en sistemas penitenciarios me dijo que un reclusorio es como una sociedad en chiquito, donde hay gente buena y gente mala, personas con dinero y otras sin dinero pero que pueden ofrecer servicios. Hay drogadictos que si no reciben su dosis diaria se volverían locos.

Otro más me explicaba cómo funciona el “Motel” Atlacholoaya: “De un lado tienes hombres con dinero pero sin mujeres que los visiten; y del otro lado tienes mujeres que necesitan dinero sin importar qué tengan qué hacer. Sólo tienes que juntarlos”.

Antes de que los internos del Penal de Atlacomulco fueran reubicados a Atlacholoaya, un jefe del autogobierno me invitó a dar un recorrido. Su apellido era Bautista, purgaba una condena por haber asaltado el Banco del Atlántico en pleno centro de Cuernavaca.

Obviamente no se llamaba “autogobierno”, sino comisión de disciplina. El líder del penal de Atlacomulco quería mostrar que bajo su liderazgo todo era tranquilidad y trabajo en aquel penal con más de mil presos donde convivían libremente procesados con sentenciados, peligrosos y no peligrosos.

Se suponía que con la inauguración del moderno Centro Estatal de Readaptación Social (Cereso) de Atlacholoaya, con capacidad para dos mil internos debidamente divididos en grados de peligrosidad, se acabaría el autogobierno.

Pero no fue así. Tengo entendido que en lugar de haber un líder general, hubo líderes por área. Así, había un jefe de ingresos, uno de sentenciados, otro del área de alta peligrosidad, pero en ocasiones alguno se convertía en líder máximo de todo el penal.

Uno de ellos fue Dagoberto Torres Palma, detenido en septiembre de 1995 como responsable del secuestro y asesinato de Miguel Angel Ocampo Cristino, por lo que fue sentenciado a 32 años de prisión pero obtuvo una sentencia absolutoria de un Tribunal de Circuito en 2008, es decir, estuvo 13 años encerrado “injustamente”.

Ex agente de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS), Dagoberto Torres Palma fue señalado como “madrina” de un grupo de policías judiciales destacamentados en Cuautla, mismos que fueron acusados de participar en los secuestros de Gerardo Resendiz y Miguel Angel Ocampo, en la época en que Morelos fue escenario de una ola de secuestros que trascendió a nivel internacional.

Aunque fue involucrado en varios secuestros, a Dagoberto Torres le imputaron los delitos de privación ilegal de la libertad en su modalidad de secuestro, homicidio y asociación delictuosa sólo en agravio de Ocampo Cristino, por lo que fue sentenciado a 32 años de prisión.

Cuando asumió el cargo de subsecretario de Readaptación Social, Antonio Aragón Zamora, ordenó su reubicación a la cárcel de Jonacatepec, al detectar que tenía una concesión otorgada por su antecesor, Antonio Tallabs Ortega, para operar una panadería en el interior de la cárcel. 

Mario Alberto Chávez Traconi ocupó el lugar de Dagoberto, pero mantenía el liderazgo en ese centro penitenciario a base de amenazas a los funcionarios indicando que si no cumplen con sus peticiones “les arma un escándalo” con la Comisión de Derechos Humanos y con la prensa.

“El Rey del Fraude”, como ha sido calificado, comenzó su carrera delictiva a los 15 años de edad, por lo que en varias ocasiones ingresó al Titular de Menores. A los 18 años ingresó al Reclusorio Norte de la ciudad de México, pero salió casi de inmediato, aunque cuando tenía 21 años fue arrestado nuevamente por fraude y falsificación de documentos, pero salió en 1995.

En 1997 ingresó al antiguo Cereso de Cuernavaca, pero al ser transferido a la Cárcel Distrital de Jonacatepec, Jesús Javier Rodríguez Robles, ex director de la penitenciaría lo ayudó a organizar dos eventos fantasma para defraudar varias empresas publicitarias.

En 1998 Rodríguez Robles ayudó a Chávez Traconi a escapar de la cárcel, ya que le recibió una resolución apócrifa en la que se señalaba que él no era responsable de los delitos de los que se le culpaban.

Sin embargo, el juez cuarto penal del primer distrito judicial de Morelos, giró una orden de reaprehensión por robo calificado y fraude, en agravio de René Sánchez Vázquez. Dicha orden está relacionada con el expediente penal 64 y 67/97-1.

Chávez Traconi fue detenido en el Distrito Federal por otro fraude y en octubre del 2004 fue sacado de la penitenciaria de Santa Martha Acatitla en el Distrito Federal, para trasladarlo a Morelos, e inexplicablemente fue remitido a la cárcel de Jojutla, no obstante su peligrosidad y el antecedente de que ya se fugó en una ocasión.

En 2009 reapareció como “vocero” del movimiento de internos de la cárcel de Jojutla, encabezando las “negociaciones” con la subsecretaria de Readaptación Social, Sara Olivia Parra Téllez, quien prácticamente le concedió todo lo que pidió y hasta cesó a la entonces directora que ordenó un operativo nocturno al interior del centro de reclusión.

El 10 de agosto de 2010 Chávez Traconi fue subido a una camioneta cerrada para llevarlo a “una diligencia a los Juzgados de Distrito”. En lugar de tomar la autopista, el vehículo oficial cortó camino por Zacatepec y Tlaltizapán. Al llegar a Santa Rosa 30 ya lo esperaban varias camionetas que le cerraron el paso. Más de 200 casquillos contabilizaron los peritos en el lugar de la emboscada, en el que “el rey del fraude” fue acribillado junto con los custodios que lo transportaban.

Nunca se supo quién lo mandó matar. Los matones a sueldo fueron identificados como gente de Edgar Valdez “La Barbie”, y la leyenda urbana que se cuenta entre los viejos internos de la cárcel de Jojutla es que le hicieron un favor a “La Barbie” y éste ofreció pagar con dinero, pero la entonces directora dijo que se daría por bien pagada si le quitaban de encima a ese revoltoso.

HASTA MAÑANA.

 

 

 

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