La jornada de ayer en el país con motivo de las marchas por el 8 de marzo es una manifestación de las heridas que aquejan a nuestra tierra, lastimada por la ausencia de paz, justicia, estado de derecho… y ahogada por la violencia y la corrupción, entre otros flagelos.
Posiciones culturales, políticas e ideológicas confrontan a la sociedad y pervierten conmemoraciones como el Día de la Mujer, convertida en un escenario de blindaje de inmuebles y alerta social por el temor al vandalismo durante las movilizaciones.
La crisis de desapariciones forzadas en México es uno de los agravios que en el 8M encuentran voz, dentro de un entorno nacional de fragilidad institucional en el combate a conductas delictivas que afectan especialmente a las mujeres y ante el influjo de la delincuencia.
El Estado mexicano tiene una deuda con la protección de las mujeres, y ellas lo tienen presente no sólo el 8 de marzo.
