M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 03 Septiembre 2018 05:08

Educación y buen vivir

“La educación ayuda a la persona

a aprender a ser lo que es capaz de ser”.

Anónimo.

 

 

 

Prácticamente acaba de iniciar el nuevo ciclo escolar. Durante estas dos semanas he estado observando y conversando sobre educación. Es un tema que me apasiona tanto que mi espíritu toma el vuelo para analizar cómo podemos hacer para mejorar nuestro sistema educativo y qué es lo que ocurre en el día a día en la educación.

Me doy cuenta que, con todos los problemas que ya existen en esta área, siempre hay dos que sobresalen. Por una parte, los padres culpan a las escuelas del comportamiento de los chicos y, por otra, los maestros se quejan del mal comportamiento de los estudiantes, y argumentan que todo es culpa de los padres.

Analizando todo desde mi perspectiva, y recordando mi propia historia personal, creo, y lo sostengo en mis conferencias, que en la lotería de la vida nos tocan los padres que nos tocan. Es decir, no podemos elegir en qué seno familiar nacer. En mi caso, como ya lo he mencionado, me tocó un padre ausente, violento y desobligado, y una madre amorosa que cuidaba mucho de nosotros, pero sumisa. Mi entorno familiar no era lo mejor que digamos.

Decía, uno no elige dónde nacer. A eso le llamo la lotería de la vida. Pero hay alguien que eligió el camino de la docencia, que se preparó mucho. Que tomó la decisión maravillosa de educar a los niños. Prepararlos para el futuro y transmitir el conocimiento. Y esa persona se llama docente. Se llama maestro. Mi concepto muy personal es el siguiente: un docente tiene mucho más poder (más que los propios padres) para construir o destruir la personalidad de un niño. La razón es muy simple. Los padres no estudiaron para serlo. Si lo hubieran hecho, tal vez nuestras vidas serían muy diferentes de lo que son. Y, sin embargo, los maestros, hombres y mujeres que tomaron la decisión de serlo, se prepararon académicamente para ello. Tuve muchos maestros y maestras malos durante mi educación. También reconozco que yo no era un gran alumno. Reconozco que mi comportamiento no era de lo mejor. ¿Cómo podía serlo cuando mi actitud reflejaba lo que vivía en casa?

Me rebelaba ante los maestros prepotentes. Tuve que aprender a defenderme por mí mismo porque nadie daba la cara por mí. Pero también reconozco que tuve maestros y maestras que me dieron un ejemplo maravilloso.

Primero, creyeron en mí y en mi potencial. Algo bueno debía tener. ¿No? en primer año de primaria, la maestra Ofelia era un amor. Nos trataba de manera amable y cariñosa. En la secu, mi maestro de español, después de ver mi mal comportamiento, me invitó a participar como maestro de ceremonias de los honores a la bandera, lugar que siempre era para los bien portados y los que estudiaban.

Me dijo que tenía buena voz y excelente dicción, y que creía en mí para poder llevar a buen puerto el programa. Me preparé y traté de aprenderme de memoria el programa. Y cuando llegó el día, todo salió tan bien que el profe Proceso me felicitó y me dijo que llegaría muy lejos. Esas palabras las sigo atesorando en mi corazón y de vez en cuando, al recordar esa anécdota, me brota una que otra lágrima.

Otro de mis profes que siempre creyó en mí, Efraín Islas Salazar, de ciencias sociales, me apoyaba en todo y me decía que no dejara de echarle ganas a la vida porque un día tendría mi recompensa.

Mi profe Efraín siempre siguió mis pasos. Años más tardé tuve mi primera beca en China, luego en otros países y siempre que regresaba a México le llamaba. Él me pedía que lo acompañara a sus juntas de maestros o reuniones y me ponía como ejemplo. Yo me sentía como pavorreal. Le debo mucho a mi querido maestro Efraín. Le debo gran parte de mi vida porque él creía en mí. Él reforzó mi autoestima cuando fue necesario.

En la prepa, me dije que debería de cambiar mi comportamiento. Me prometí ser el mejor. Al comenzar el primer semestre estudiaba mucho. Me gustaba participar en clase. Mi materia preferida era filosofía. El profe Del Castillo, estoy seguro, me apreciaba por mis participaciones en clase. Pero un día, no sé qué hice, mi profe se enojó, me regaño públicamente y me sacó del salón. Yo sentí un dolor y una confusión terribles. ¿Por qué me había hecho eso? Al final de la clase le pregunté y me dijo que no podía aceptar un comportamiento negativo de un estudiante que tenía mucho por delante. “Adivinó” el problema por el yo estaba pasando y me dijo que dejara que mis padres arreglaran sus problemas. Me aseguró que, aunque yo hiciera lo imposible, no podría solucionar sus problemas porque nada más ellos tenían la solución.

Por eso, insisto, los maestros tienen un poder enorme sobre los estudiantes. Y cada vez que inicia un nuevo ciclo escolar, me vienen muchos recuerdos a mi mente. Mi corazón se llena de agradecimiento para todos esos maestros y maestras que cumplen la verdadera función de educar. Decía Cicerón que tus padres y tus maestros son tus fieles y desinteresados amigos; aprovéchalos, que no podrán acompañarte por mucho tiempo. Hay padres buenos y malos, hay maestros buenos y malos. En el caso de los padres, lo que tenemos es lo que nos tocó. Y en el caso de los maestros, tratemos de dar lo mejor a nuestros estudiantes. Para eso nos preparamos. Ellos nos recordarán y agradecerán al paso del tiempo. Gracias a mis maestros y maestras porque por ellos soy, en gran medida, lo que yo soy. Gracias de todo corazón.

Por cierto, hoy esta columna está de plácemes. Hoy cumplimos un año. Gracias por sus comentarios y críticas.

Lunes, 27 Agosto 2018 05:42

Transiciones y el buen vivir

“El fin de un ciclo es

el principio de un nuevo ciclo”

Anónimo

 

Se dice por ahí, en la sabiduría popular, que algunas personas te “aman” sólo hasta cuando ya no les sirves. Y su lealtad termina hasta que sus beneficios se acaban. Estos tiempos son de convulsión. ¿Cuándo comenzó esta crisis de valores? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que debemos regresar a lo básico. Cuando la palabra valía. Cuando la integridad era eso. Estoy convencido de que vivimos tiempos diferentes. Hay un despertar social después de estas elecciones que demuestra que la sociedad ha cambiado. Que buscamos otras alternativas para vivir mejor. Para vivir en paz. La gente está harta de la impunidad y la corrupción, del engaño, de la “mordida”, de fórmulas desleales para hacerse de dinero a costa del perjuicio de los demás. Es más, alguien dijo que la corrupción era parte de la cultura mexicana, lo cual es totalmente falso.

Se han hecho muchos experimentos sociales a partir de esa declaración para demostrar la corrupción y el engaño que hay dentro de nuestro espíritu, y la verdad, es que la gente que participa en el experimento, nos da una lección avasallante. Pareciera ser que las personas más humildes tienen principios de honestidad más fuertes que aquellas que tienen más posibilidades.

En el análisis de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) sobre la honestidad en México, se encontró que los mexicanos consideran la corrupción como el segundo problema más importante después de la inseguridad y el crimen. En tercer lugar, se encuentra el desempleo y en cuarto la pobreza. Es decir, la corrupción es un mal mayor que debemos atacar en estas nuevas generaciones. La corrupción es un obstáculo para hacer negocios, debilita al Estado de Derecho porque la justicia se ve comprometida a entregarse al mejor postor, entre otros problemas. Las conclusiones de la OCDE recomiendan una serie de medidas que legitimen las instituciones gubernamentales, fortalezcan la economía y creen mayor seguridad para los ciudadanos.

Obviamente, esto no quiere decir que la responsabilidad es sólo inherente al Estado. No. Por parte de la ciudadanía se tienen que establecer compromisos desde la familia y llegando hasta las instituciones de educación tanto públicas como privadas. Se tienen que involucrar desde las materias de civismo y participación social. En el caso del acoso escolar o bullying se tienen que implementar de manera inmediata las nuevas formas de solución pacífica de conflictos, es decir la mediación escolar. En nuestras comunidades, para acabar con los problemas entre vecinos se debe implementar la mediación comunitaria. Debemos buscar nuevas formas de convivencia pacífica y honesta para dirimir nuestros conflictos. Y, además, debemos desarrollar de manera personal un cambio de paradigma ante los conflictos que enfrentamos.

En esta columna hemos hablado de la nueva ley de justicia alternativa. Esta ley tan necesaria que quedó pendiente en la legislatura que se va y que la LIV Legislatura debe retomar para iniciar los cambios necesarios para comenzar esta nueva era de una cultura de la paz para el buen vivir.

Estamos viviendo los últimos estertores de los que no quieren cambiar para mejorar, pero hay que recordar que lo único que no cambia es que todo cambia. No olvidemos cerrar ciclos. Estamos a punto de iniciar muchas cosas nuevas. No hay que arruinarlo llevando al futuro un pasado que ya no existe. Comencemos la reconstrucción de nuestro querido México.

Lunes, 20 Agosto 2018 05:30

Alianzas para el buen vivir

“No le temo al enemigo que me ataca,

Sino al falso amigo que me abraza”

Tupac.

 

En una sociedad hay de todo tipo de personas. Hay buenas, malas, empáticas, simpáticas, antipáticas, personas con conciencia social, personalistas, personas que ayudan a los más necesitados y vulnerables, hay quienes sólo se interesan en sí mismos. Personas que se preocupan y ocupan por el bien común y otras que sólo buscan satisfacer sus intereses propios. Esta es la moneda corriente. Es la vida. La imperfección del ser humano. Hay quienes dicen que el peor pecado que Dios nos dio fue la libertad porque el hombre puede hacer lo que le da la gana sin importarle lo que les suceda a los demás. Hay otros que argumentan que la libertad es el regalo más preciado que Dios nos regaló porque podemos distinguir entre el bien y el mal y hacer lo que corresponde para tener una mejor forma de vivir.

Pero hablar de libertad nos lleva a situaciones muy complejas de entendimiento porque, por ejemplo, alguien podría festejar cada fin de semana en su casa con sus amigos y poner el volumen de su música a tal grado que moleste a los demás. Y esta persona, a la queja que recibe de sus vecinos, sólo contesta que en su casa puede hacer lo que quiera. Esto, por poner un ejemplo sencillo solamente.

La libertad sí es hacer lo que uno quiera y lo haga sentir bien. Pero al vivir en sociedad, esta libertad se restringe al grado de poder hacer lo que a uno le satisfaga, siempre y cuando no afecte a los demás.

El artículo 4 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en su fracción IV nos dice que la libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

John Stuart Mill cree que hay diversas acciones que uno puede realizar indistintamente sean o no correctas, porque perjudican solamente al individuo. En este caso, la persona es libre de hacer lo que quiera, ya que la decisión que decida tomar únicamente le afecta a ella misma. Pero, por el contrario, puede haber acciones beneficiosas (o satisfactorias) para uno mismo pero que perjudican a otros individuos de nuestra sociedad, por lo que no deben ser permisibles, ya que el individuo que las realiza está atacando la libertad de aquellos a quienes puede afectar con sus decisiones. Y es éste el punto principal que debe seguir prevaleciendo en nuestra sociedad. Y, por esa razón, hay que volver a empezar. Como lo propuse en uno de mis artículos anteriores, haciendo observancia del Bando de Policía y Buen Gobierno, que es la esencia normativa de los municipios.

Pero, además, esta reflexión también nos debe llevar a la reflexión que se debe hacer por parte de los que ahora ocuparán el poder. No se trata de hacer lo que se les dé la gana pasando por encima de los demás. No se trata de querer imponer su voluntad para someter a los que no estén de acuerdo. La democracia, que es el poder del pueblo y para el pueblo, debe prevalecer a pesar de los desacuerdos personales. La democracia hace alianzas para la vida social. La democracia, debe ser más fuerte que el deseo personal porque lo que se busca es la armonía y la justicia social. La libertad que debe aplicarse aquí, es la que nos lleve como sociedad a formas de convivencia pacíficas y armónicas. Basta de autoritarismos y hagamos que la democracia verdadera ya tome el lugar que le corresponde. Dice Mill que la única parte de la conducta de cada uno por la que se es responsable ante la sociedad es la que se refiera a los demás. En la parte que concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano. Así que hay que respetar la opinión y el actuar de los demás en lo que concierne a su individualidad.

Sin embargo, lo que pertenece a la vida pública lo debemos acatar todos para vivir en una cultura de la paz para el buen vivir. Hagamos alianzas solidarias en beneficio de todos.

Lunes, 13 Agosto 2018 05:00

Gobierno y el buen vivir

“La insultante opulencia en América latina,

junto a una intolerable pobreza,

son balas cotidianas en contra

de la dignidad humana”.

Rafael Correa.

 

Todas las formas de gobierno tienen aciertos y errores. No existe uno solo que sea perfecto. Sin embargo, tienen que definirse muy bien sus funciones, sus objetivos, porque si estos no son claros, los gobernantes harán lo mejor que puedan, harán hasta lo imposible por obtener beneficios solo para ellos a costa del sufrimiento de los más desprotegidos.

Estas son mis conclusiones después de comparar los sistemas de los países en que he vivido. La República Popular China era un país rural. Recuerdo que sus calles eran como de pueblo. No había drenaje y se veían carretas tiradas por caballos en las calles de Beijing con contenedores para sacar los desechos de las fosas sépticas. Los olores en las calles no eran muy agradables que digamos. Había mucha gente en las calles manejando bicicletas y los automóviles parecían sacados de las películas en blanco y negro que veíamos con mis padres en la tele cuando era un niño. Era un viaje al pasado. La vida era simple. Muy sencilla. A las siete de la mañana, los patios de escuelas y parques se veían a adultos y adultos mayores haciendo el ejercicio tradicional chino: Tai Chi. Las series de televisión siempre tenían un mensaje claro: el valor de la importancia de la comunidad frente al interés personal. Era el año de mil novecientos ochenta y uno. Yo tenía veinte años. Me llevé muchas sorpresas a mi llegada. Veía mujeres albañiles, mujeres conductoras de autobuses. Los chinos vivían en igualdad de circunstancias. Se llamaban a ellos mismos un Jian Guo, un país en construcción. Al paso de los años, confirmo su dicho. Han logrado un avance radical en muchos ámbitos. China ya no es lo que era. Tienen muchas ventajas, en muchos casos, mejor calidad de vida. Había muchas cosas que me gustaban de su forma de gobierno. Su “comunismo” era muy diferente al de Corea del Norte. En ese país había un culto a la personalidad terrible. Todos mis compañeros de la escuela de ese país, se llamaban “Kim” como el líder de ese entonces Kim Il-Sung. Cuando veía sus libros, notaba las fotografías de las plazas y parques. Y en todas ellas siempre había o un mural o una estatua de Kim Il-Sung. Había, y sigue habiendo un gran culto a la personalidad, así como una cerrazón política terrible. Dos países “comunistas” pero con formas diferentes de gobierno.

En Bélgica viví también un buen rato y ahí me di cuenta de la forma de vivir de sus ciudadanos. Aprendí lo que era el chomage (no encontré en mi compu el acento circunflejo) y su tratamiento. El chomage o desempleo tiene varias formas de tratarse. Si se es un joven que recién ha terminado sus estudios, tienes derecho a percibir un salario mientras encuentras trabajo. Si eres trabajador por temporadas. Por ejemplo, un gran amigo mío, tenor, cantante de L’opera National en Bruselas “La Monnaie”, cantaba durante la temporada de ese género, después que terminaba, se presentaba al Chomage y le seguían pagando. Con ese dinero él vivía y además tomaba clases de canto para seguir preparándose. Los ciudadanos de Bélgica, me explicaba, tienen garantizadas cinco cosas desde que nacen, en su país: salud, educación, trabajo, sustento y vivienda. Lo primero que pensé es lo que sucedería en México si me quedara sin trabajo. Sentiría una angustia terrible. Me pondría a buscar trabajo inmediatamente porque ¿Quién mantendría a mi familia? ¿Cómo alimentaría a mis hijos? ¿Y la renta?

Eso se quedó grabado en mi corazón y en mi mente de una manera indeleble. Salud, educación, trabajo, sustento y vivienda. Salud, educación, trabajo, sustento y vivienda. Estos conceptos siguen retumbando en mis oídos y en mi corazón desde entonces. Nada de eso está claro todavía en mi México. Nuestro México. Y tenemos todo para lograrlo. Sobre todo si consideramos nuestra posición geoestratégica.

Estoy seguro que se han hecho intentos, Y se han logrado cambios. Pero en la mayoría de los casos, sólo algunos cuantos se han enriquecido y la corrupción e impunidad se han establecido en nuestro país de manera rampante. Hoy nos encontramos ante un nuevo paradigma. Nuevas formas de gobernanza deben llegar, que consideren estos cinco elementos primordiales para una sana convivencia en comunidad. Nuevas políticas públicas se deberán de implementar para su obtención. No esperamos menos de estos nuevos gobiernos. Mientras tanto, yo seguiré luchando desde mi trinchera por una mejor sociedad. Espero tu compañía y participación. Salud, educación, trabajo, sustento y vivienda. Salud, educación, trabajo, sustento y vivienda…

 

 

Lunes, 06 Agosto 2018 05:09

La honestidad y el buen vivir

“Este es el primer precepto de la amistad:

Pedir a los amigos sólo lo honesto,

Y sólo lo honesto hacer por ellos”.

Marco Tulio Cicerón

 

Soy bueno, soy malo. A veces soy tolerante y a veces no. Siempre he deseado ser una buena persona, un buen ciudadano y, sobre todo un buen padre de familia. ¿Lo he logrado? Si soy honesto, debo decir que no completamente. Me hace falta tener más disciplina, ser más comprensivo, ponerme en los zapatos de los demás para lograrlo al cien. Sin embargo, dentro de esos límites imperfectos que todos llevamos, creo que he sido una persona que cumple con sus propósitos y que trata de entender a los demás. Sobre todo, amar incondicionalmente.

¿Por qué digo todo esto? Simplemente porque en esa incomprensión que a veces tengo, debo reconocer las cosas buenas de los demás y decirlo claramente. Sólo por el placer de hacerlo y, a veces, como hoy, para hacer un reconocimiento.


Hace ya algunos ayeres conocí al Gato. Me gustó su trato con la gente, su empatía, su trabajo. Sobre todo, conocer su origen humilde y su trabajo desde la izquierda para trabajar con los más desprotegidos. Tiene una trayectoria excepcional en el trabajo comunitario que lo ha llevado a diferentes comunidades de nuestro México. Es un hombre inteligente que conoce como muy pocos el sistema político mexicano. Ese trabajo desde la izquierda siempre se ha mostrado. Ha colaborado con diferentes gobiernos, pero siempre en favor de las comunidades. Y cuando encuentra algo raro, algo fuera de lugar, lo mejor que ha hecho es retirarse y seguir con su lucha comunitaria.

Hace cerca de dos años comenzó a crear un proyecto muy interesante que tenía que ver con el tema del buen vivir. La idea era tratar de llevar a las comunidades esa filosofía del buen vivir para cambiar el paradigma en el que vivimos. En lugar de ver por uno mismo, se pueden lograr muchas cosas si nos interesamos genuinamente en los demás. Yo te cuido, tú me cuidas, nosotros nos cuidamos. Fue entonces que se iniciaron varios diplomados para llevar esta filosofía a todas las personas interesadas. Diplomados que fueron gratuitos. Además de esos cursos, también se organizaron conferencias con embajadores de países que ya habían adoptado esa filosofía. Los asistentes tanto de los diplomados como de las conferencias, salían emocionados con esos temas. Recuerdo a la embajadora de Costa Rica cuando habló de los derechos de la madre tierra. Actualmente el ser humano trata de sacar beneficio de todo sin considerar los derechos de los demás. Si no respetamos la vida de los demás, menos el de la tierra. ¿La tierra tiene derechos? Por supuesto que sí. La hemos explotado tanto que los resultados son clarísimos. Tierra muerta, ríos y océanos convertidos en basureros, especies marinas y terrestres en peligro de extinción. El hombre es inteligente, pero por desgracia está acabando con nuestro mundo. Aunque en realidad no es el hombre común como tú y como yo, sino aquellos ricos que, así como han explotado a su hermano, explotan la tierra. Se la quieren acabar para amasar fortunas sin darse cuenta que el dinero no servirá de nada cuando se acaben todo. Poca gente quiere entender esto. El dinero es bueno, los negocios son necesarios para obtener ganancias, pero no a costa de la desgracia de otros o en perjuicio de nuestra madre tierra.

Después, el Gato desarrolló otra idea. La de preparar y hacer conciencia, a través de estos diplomados a los políticos, a los servidores públicos para desarrollar una gobernanza ética y honesta. Desarrollar políticas públicas adecuadas para nuestras comunidades. Todo eso me ha demostrado el interés tan grande que tiene Javier García Chávez, el Gato, con el mejoramiento de la vida en comunidad. La idea es tener mejores gobiernos. Mejores lugares para vivir en donde se dé el verdadero sentido de la comunidad (común-unidad). Pero para ello, necesitamos la buena voluntad de todos los actores sociales: Ciudadanos, gobernantes, políticos, medios de comunicación tradicionales, redes sociales, educadores, obreros, amas de casa, estudiantes, grupos vulnerables, grupos organizados. En fin, todos y todas quienes quieran participar del buen vivir en comunidad y, sobre todo, de alguien que conozca estos mecanismos para realizar ese fin. Y desde mi punto de vista, esa persona es Javier García Chávez, el Gato.

Estoy convencido que vienen cambios necesarios para el renacimiento de nuestro país. En hora buena.

Lunes, 30 Julio 2018 05:19

Leyes municipales y el buen vivir

“La patria de un alcalde es su aldea,

y no hay más frontera para él

que las cercas de su municipalidad.”

Horacio Amezcua. Pensador argentino

1912-1991

 


El municipio, en mi opinión, es la raíz de todo, el origen de una federación, la génesis de un país. La vida de un municipio es la primera comunidad social que tenemos como ciudadanos. Escudé Bartolí sostiene que la asociación inmediata a la familia, es el municipio, considerado siempre como base del edificio social. Y como dice Juan Lazarte, la libertad solamente puede realizarse en la comunidad y el hombre sólo puede ser libre no en cuanto es individuo, sino en cuanto sea miembro de una comunidad. Podemos decir que al municipio se debe la doctrina de la soberanía nacional. Confirmamos que el municipio no es hijo del legislador; es un hecho social de convivencia, anterior al estado y anterior también y además superior a la ley.

Dicho de otra manera, antes de ser mexicano y morelense, pertenezco a esta comunidad hermosa llamada Cuernavaca. Aquí nací, de aquí soy. Pertenezco a este municipio. Aquí están mis raíces, mi familia, mi educación, mis alegrías y tristezas, mis recuerdos. Mi patrimonio. Si tengo alguno. Mi infancia, mi juventud, y tal vez con esperanza, mi vejez. Mis amores y desamores. Este es el lugar al que quiero regresar cuando estoy de viaje. Es mi patria y mi hogar.

Y es, justamente por estas razones, que quiero para mí y para los míos que regresen la tranquilidad, la paz, la seguridad y la armonía en la que antes vivíamos. Estoy seguro que esto es posible. Solamente necesitamos que los futuros gobernantes tengan las ganas de hacerlo. Que se sientan orgullosos de esta comunidad hermosa llamada Cuernavaca. Tenemos que consolidar el carácter local del municipio. Nuestros valores.

Sigo con mi teoría de que un día llegaron “gobernantes” a nuestras comunidades y que dejaron que nosotros como vecinos nos peleáramos entre nosotros. Que no les importó aplicar las leyes. Que lo único en que se interesaron fue en saquear. En llevar agua a su molino. Hacerse ricos a costa del sacrificio de nuestra comunidad.

Repito lo que he dicho muchas veces. Tenemos que recomenzar de nuevo, pero ¿cómo hacerlo? Sólo pondré unos ejemplos claros de lo que sucedió y se darán cuenta de qué fácil es comenzar de cero otra vez.

Cuando era niño, había cosas que teníamos que hacer y no nos preguntábamos por qué. Teníamos limpio el frente de nuestra casa. O lo hacían mis padres o lo hacíamos nosotros. Y nunca nos preguntamos por qué. Había respeto para los mayores. No decíamos malas palabras frente a los demás, entre otras cosas.

Pero fue pasando el tiempo y se empezó a perder el respeto. Y este se pierde, básicamente, por falta de principios sólidos, y, en segundo lugar, cuando un gobierno no hace lo que por esencia debe garantizar: el cumplimiento de las leyes.

Hay un documento que se ha dejado de observar y que es la base de la convivencia armónica en cada municipio y que se llama Bando de Policía y Buen Gobierno. Que, de hecho, en algunos municipios, ya perdió el adjetivo “buen”. Si los gobiernos municipales retomaran esta normatividad y se aplicara, les garantizo que tendríamos una mejor comunidad. Ahí se encuentran esas reglas que tenemos que cumplir los ciudadanos para vivir en armonía como tener el frente de nuestra casa limpio, (art. 131, fracc. III) y, proferir o expresar en cualquier forma frases obscenas, injuriosas u ofensivas, (Art. 129, fracc. IV), entre otras.


Me imagino un nuevo orden, aunque no es tal, la llegada del nuevo gobierno en todos los municipios de nuestro estado con este comunicado: A todos los ciudadanos de nuestro municipio se les hace de su conocimiento que, a partir de este nuevo gobierno, es obligación de todos los miembros de nuestra municipalidad conocer lo establecido en el Bando de Policía y Buen Gobierno por razones de convivencia en armonía y seguridad. Dicho documento está a su disposición en nuestro portal de internet, en las oficinas del ayuntamiento, así como en todas las delegaciones y ayudantías municipales. Y se otorgará un período de gracia de dos meses para su conocimiento y observación. Transcurrido ese período, las autoridades implementarán su aplicación, así como las sanciones correspondientes.

Sería maravilloso este nuevo comienzo. Todos nosotros como ciudadanos tendremos que cumplir con la norma. Ese orden de leyes que antes respetábamos y que nos hacían vivir en armonía, y ver a las autoridades retomando las acciones que siempre les han correspondido pero que alguna vez soslayaron. Y si alguien no cumple, que lo sancionen. Y las sanciones van, de acuerdo al Bando de Cuernavaca (Art. 133): Desde la amonestación, multa de hasta cien días de salario, arresto hasta por treinta seis horas, trabajo a favor de la comunidad y la restauración del bien afectado, a satisfacción del propietario, entre otros.

Queda abierta esta propuesta para los nuevos gobiernos de todos los municipios.

Lunes, 23 Julio 2018 05:37

El poder de la amistad y la despedida

“A dónde van ahora mismo estos cuerpos

Que no puedo nunca dejar de alumbrar

¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

¿Acaso se van? ¿Y a dónde van,

a dónde van?”

-Silvio Rodríguez-

 

Nos conocimos en la universidad. Eran tiempos de estudiantes. Tiempos de búsqueda. Eran tiempos de florecer. Tiempos de sueños por venir. Tiempos de crecer. Eran tiempos de mirar al futuro con entusiasmo. Tiempos de incertidumbre en el amor pero con el deseo de un buen encuentro futuro que prometiera una familia unida y amorosa.

Participamos mucho en la vida estudiantil universitaria. Organizamos fiestas, eventos para los estudiantes. Era un joven mesurado con gesto amable, sonriente, con la palabra amigable, buscando coincidencias para llegar a acuerdos y también siempre fue muy emprendedor.

Convivimos mucho en nuestros tiempos de estudiantes. Al terminar la universidad, él y otros amigos siguieron el camino de la política. Nos desconectamos un buen rato y después de muchos años lo volví a encontrar en una boda en la iglesia de San Jerónimo. Me contó que tenía una empresa que se dedicaba a las filmaciones y fotografía para eventos. Cada vez que nos encontrábamos hablábamos del futuro. Ese futuro prometedor que llegaría muy pronto. Se había casado. Estaba feliz. Muy feliz, diría yo. Se le notaba en el brillo de sus ojos. Y estaba muy entusiasmado con lo que vendría. Y sí. Le llegó su momento. El partido le brindó la confianza para el puesto. Él siguió siendo el mismo de siempre. Buscando puntos de coincidencia. Puntos de encuentro. Siempre amable y sonriente. El gesto amable y la palabra amigable. Nunca tuvo desplantes ni trató mal a nadie. Era el mismo de siempre por eso lo estimaban. Más bien, lo querían. Porque la querencia no es lo mismo que la estima.


La vida estudiantil nunca será igual a la vida después de la universidad. Cuando somos estudiantes soñamos, perseguimos fantasías, perseguimos justicia, perseguimos quimeras. Y cuando nos graduamos, buscamos empleo, buscamos caminos, buscamos amor, buscamos estabilidad. Y eso hace que nos separemos los que nos sentíamos unidos por los sueños. Así pasó con nosotros. Dejamos de frecuentarnos. Sin embargo, insisto, en cada uno de nuestros encuentros casuales retomábamos la conversación de nuestros sueños del futuro prometedor que llegaría un día. Me contaba del amor tan grande que tenía por Ophélie, su esposa y por sus hijos. En aquel entonces orgulloso de sus gemelitos. Y eso le daba ánimos para seguir adelante. El amor a su familia le daba muchas razones para vivir. Era un hombre de familia. Un hombre de bien. Un hombre generoso y un padre amoroso.


Mi cumpleaños coincidió con el ingreso al hospital de mi querido amigo. En esos momentos pensé ¿por qué los amigos dejamos de frecuentarnos? ¿Por qué no nos vimos más seguido? ¿Por qué no nos decimos lo que sentimos y por qué no nos decimos más frecuentemente lo que hemos aprendido de nuestros amigos? Comencé a pedirle a Dios que me diera otra oportunidad para decirle a Erick cuánto lo quería y recé mucho, a cada momento. Celebré mi cumpleaños con mis hijos. Les comenté de la tristeza que sentía por lo sucedido a Erick, mi gran amigo de la universidad. A pesar de la infrecuencia de nuestros encuentros, Erick Castro era un hermano de espíritu. Un compañero de sueños. Entonces recordé esta canción de Silvio Rodríguez: A dónde va lo común / lo de todos los días / el descalzarse en la puerta / la mano amiga. / A dónde va la sorpresa / casi cotidiana del atardecer. / A dónde va el mantel de la mesa / el café de ayer. / A dónde van los pequeños / terribles encantos que tiene el hogar / ¿Acaso nunca vuelven a ser algo? ¿Acaso se van? Y a donde van ¿A dónde van?


Ahora sé a dónde. Todos estos sentimientos se quedan en mi corazón, los atesoro con fuerza porque me dan ánimos para seguir tu ejemplo. Ser mesurado, tener la sonrisa a flor de piel, ser amable y con la palabra amigable, buscar coincidencias para llegar a acuerdos, ser emprendedor y a sentir ese gran amor por la familia como lo sentías tú. De tu partida he aprendido una gran lección. Decir lo que siento en vida. Ya no me dio tiempo, querido Erick, para agradecerte nuestra amistad. Pero desde el fondo de mi corazón, lanzo estas palabras al viento porque ahora eres parte de él. Eres parte de mi universo. Gracias por ser mi amigo. ¡Hasta que nuestros caminos se crucen nuevamente!

Lunes, 16 Julio 2018 05:02

Leyes y cultura de la paz

“El legislador no debe proponerse

la felicidad de cierto orden de ciudadanos

con exclusión de los demás,

sino la felicidad de todos.”

-Platón-

 

Son las dos con cinco minutos de la mañana de este domingo. No puedo dormir. Mi mente está pensando todo lo que se está dando en estos días con el presidente electo. Habló con los legisladores, los presidentes municipales y los gobernadores electos, y su mensaje fue muy claro: Habrá un gobierno austero. El poder es humildad, los trabajadores de base y los sindicalizados van a seguir conservando su trabajo, con los ajustes que se obtengan se desarrollarán programas sociales como becas juveniles y pensiones para los adultos mayores y, la noticia más reciente, el Papa Francisco participará en el proceso de reconciliación y pacificación de México.

Tenemos que reconocer que AMLO no está esperando su toma de protesta para comenzar a trabajar. Él ya se encuentra trabajando desde antes. Desde siempre. Por la sencilla razón de que su proyecto alternativo de nación lo ha venido trabajando desde hace varios años. Y como lo comenté en mi artículo pasado, esta es la hora de la esperanza.

Debemos como mexicanos unirnos y trabajar codo a codo. Esta es nuestra oportunidad y no la vamos a desperdiciar. No hay duda que todo México, y muchos países extranjeros también, están poniendo los ojos en lo que viene para nuestra sociedad. No podemos fallarnos ni fallarles a nuestros hijos e hijas porque nos urge un mejor país.

Y en nuestro estado, además de nuestra participación como ciudadanos, las autoridades tienen que hacer lo que les corresponde. Y en el caso específico de nuestros legisladores, se tienen que crear leyes a la altura de las necesidades de nuestra sociedad. Venimos de una legislatura que se ha dejado manipular. Y a todos ellos les tocó su parte. Se hicieron ricos porque así convenía a sus intereses. Esta legislatura nos falló a todos. Ha sido la peor en mucho tiempo en nuestro estado.

A los legisladores entrantes les exigimos que cumplan cabalmente sus funciones en bien de la comunidad. Se necesitan personas cabales, verticales, honradas, honorables, con una ética a toda prueba. Tienen que estar conscientes de la gran responsabilidad que en ellos recae. Estamos comenzando una nueva era.

Se tienen que revisar muchas propuestas  e implementar las que están pendientes para mejorar nuestras leyes: la revocación de mandato, la consulta ciudadana, el plebiscito, la ley de participación ciudadana. La democracia participativa tiene que ser uno de los puntos centrales de esta nueva era. Ya no podemos seguir la línea de la democracia representativa en la que, como ya lo hemos mencionado en esta columna, se elegía a los representantes populares y el pueblo sólo veía cómo hacían y deshacían a su antojo. Y que, además de abusar, se sentían todopoderosos. A partir de ahora también nosotros como ciudadanos debemos participar directamente. Nuestros representantes populares ganaron por nuestro voto, son empleados de la ciudadanía. Tenemos el derecho a exigirles que trabajen de manera adecuada y responsable en favor del pueblo. Y si no la hicieren así, tenemos el derecho de remplazarlos. Lo dijo AMLO, y lo dijo bien dicho: El pueblo pone, y el pueblo quita. Tomemos ese derecho de manera responsable y exijamos a nuestras autoridades que cumplan. Y si no cumplen, que se vayan.

Nuestros legisladores tienen un arduo camino que seguir, pero hay que hacerlo. Y además de la democracia participativa, también hay un tema que es parte del desarrollo de nuestra ciudadanía y que se llama: La filosofía del buen vivir, que es el derecho a vivir en un ambiente sano y etnológicamente equilibrado. Es la satisfacción plena de las necesidades básicas de toda población. Es el bien común y, que podemos sintetizarlo con las siguientes oraciones: Yo te cuido, tú me cuidas, nosotros nos cuidamos. Y que además de lo bueno para el ser humano, también tiene que ver con la madre naturaleza. Ella también tiene derechos. La hemos explotado tanto que ya no puede más. Y todo con la idea de vivir en armonía total.

Nuestros legisladores electos tienen una gran responsabilidad a partir de ahora. Dejemos el viejo México y démosle la bienvenida a un nuevo país, a una nueva sociedad provocada tanto por nuestras autoridades como por toda la ciudadanía, así como lo hicimos en estas elecciones pasadas. ¡Bienvenidos a la nueva era!

Lunes, 09 Julio 2018 05:27

La hora de la esperanza

“Lo más bello es participar

en un movimiento de transformación

con el principio de que se puede ser feliz,

buscando la felicidad del prójimo.”

-Andrés Manuel López Obrador-

Presidente electo de México

 

El domingo uno de julio fue un día maravilloso. La gente se volcó en las votaciones presidenciales. Todo se llevó en orden. La ciudadanía salió desde temprano a votar. Y ya en la tarde noche, el primero que se pronunció como perdedor fue Pepe Meade. Unos minutos después, Ricardo Anaya hizo lo propio. La gente se volcó a la casa de campaña de AMLO para manifestarle su apoyo. Estaban mucho más que felices. Lo que le sigue. AMLO salió a agradecer. Y cuando iba camino al zócalo capitalino, todavía se dio tiempo para que se tomaran fotos con él. La gente salió de sus casas para inundar el zócalo. Para compartir la alegría y la esperanza. “No les voy a fallar”. “No se van a decepcionar”. “Soy muy consciente de mi responsabilidad histórica”. “No quiero pasar a la historia como un mal presidente”. Fueron sus palabras llenas de emoción.

La idea de tener un mejor país me provoca una felicidad inmensa. El pensamiento de que haya justicia social y mejores condiciones de vida para nuestra gente me emociona mucho. Ya no quiero ver esa corrupción rampante, esa impunidad hacia los ladrones de cuello blanco, esa impotencia que sentimos los ciudadanos de a pie ante las injusticias. Yo he vivido las injusticias en carne propia como cuando a los 20 años de edad me gané una beca para estudiar en China y el gobierno de México, a través de la embajada, me hizo firmar documentos para recibir el dinero de la beca y nunca me mandaron nada. A pesar de eso, lo único que hice fue ponerme a trabajar como siempre lo había hecho desde niño. O como cuando regresé a México, y como no tenía suficiente dinero para pagar el avión, regresé trabajando en un barco, en el "Silvia Sofía" de Transportación Marítima Mexicana. Me sentía orgulloso de venir en un barco mexicano. Sentía alegría de conocer más mexicanos y, sorpresa, los oficiales eran ingleses y la tripulación hindú. Viajé por diferentes países. Corea del Sur, Taiwán, Japón y Estados Unidos. Y cuando llegué a México, a Colima, los oficiales de la aduana casi me meten a la cárcel por no llevar papeles que me acreditaran como marinero, a pesar de que les mostré la carta que había sido mandada por telefax a la embajada en donde me daban ese permiso. Tuve que escapar, literalmente, y por consejo del Catering Officer (Mayordomo) tomé mi maleta y mi guitarra, tomé un taxi y me dirigí a la estación de autobuses. Por cierto, el chofer del taxi me quiso cobrar mucho más de lo que era la tarifa normal.

En fin, podría contar muchas cosas sobre lo que he tenido que enfrentar en muchas ocasiones de mi vida. Siempre he tratado de ayudar cuando se requiere, siempre he participado en situaciones de injusticia y marginación. Mi conciencia social no me permite hacerme de la vista gorda. Me gusta meterme en problemas por ayudar a otras personas. Y sí, hay mucha injusticia en México.

Por eso me emociona la idea de estar aquí y en este momento. Mi espíritu se engrandece con la idea de tener un mejor país, una mejor sociedad. Hemos presenciado un momento histórico. Votó más del 63% del padrón electoral. Tenemos que hacer que las cosas sucedan. Que no nos digan nuestros hijos o nuestros nietos que no tuvimos la voluntad de cambiar el rumbo de nuestro país.

Habla con los tuyos y convéncelos de que participen activamente para mejorar el país, las instituciones y nuestra sociedad. Yo espero con mucho amor este cambio radical que viene. No podemos seguir viviendo con más de lo mismo. Y mucho menos, vivir en un país dividido. Hay mucha gente que sigue hablando de manera negativa sobre nuestro nuevo presidente. Que nos va a convertir en Venezuela, que sus teorías no sirven, que va a llevar al país a la quiebra y mucho más. Sin embargo, el pueblo manifestó su deseo y llevó a AMLO a la presidencia. AMLO llegó. Y llegó por tanto insistir. Demostró que seguiría luchando por México a pesar de la insistencia de sus detractores en su “ambición” de poder. Pero si lo analizamos cuidadosamente, AMLO no viene de la élite política. No tiene ascendencia de personajes que han trabajado en la política. Llegó sin padrinos. No viene de Harvard ni de ninguna universidad extranjera. Es un hombre del pueblo.

AMLO ya es presidente electo. Olvidemos las diferencias y encontremos coincidencias para ser un mejor país. Un país en donde haya una verdadera justicia social. Un país en el que se garantice una mejor vida para sus ciudadanos.

Estamos ante un nuevo país si así lo queremos. Entre la gente hay mucha esperanza para cristalizar los sueños de justicia, paz, seguridad física y económica. Y si no es así, si AMLO nos falla, que la nación se lo demande.

“Las sociedades deben juzgarse por su

capacidad para hacer que la gente sea feliz”

Alexis de Tocqueville

 

Estoy escribiendo estas líneas durante la tarde de este domingo de elecciones históricas. Mi casilla comenzó tarde las actividades de esta fiesta de la democracia. Pero a pesar de ello, la gente estaba entusiasmada. En mi colonia había mucha gente, creo más que otras veces, con la esperanza reflejada en el rostro. Con un brillo en sus ojos que iluminaba la mañana. Las personas de la tercera edad estaban en una fila especial, lo cual me pareció adecuado. Había unas sillas para que no se cansaran. Me encontré a varios vecinos y vecinas con los que no había platicado por años. Alejandro se veía muy diferente. Vestía pantalón de mezclilla y sudadera. Llevaba una mochila y se veía “viajero”. Me contó que acababa de regresar de Estados Unidos y que quería ya permanecer aquí con su familia. Su madre murió hace unos meses y poco después le tocó a su papá. La familia se está acabando, dijo en tono muy triste. Me habló de sus esperanzas en esta elección y que tenía fe de que ganara el bueno para que tuviera un trabajo digno aquí y para terminar la prepa.

De repente, vimos al papá del “chato”. Iba muy triste porque no le habían permitido votar que porque su credencial ya había “caducado”. La revisé. Todo estaba en orden. Me dirigí a las mesas para hablar con los servidores y sí, efectivamente. No había problema alguno. El papá votó por su partido favorito y se fue caminando lenta y pesadamente pero muy contento de haber cumplido esta obligación ciudadana.

Estos son momentos históricos por muchas razones. Estamos despertando del letargo. Han llegado a su fin los tiempos de la democracia representativa. Esos tiempos en lo que elegíamos a alguien y él o ella nos “representaba”. Se portaban como los jefes y teníamos que rendirles pleitesía. Teniendo camionetas y chóferes y guaruras, con bonos especiales, gastos, seguro de gastos médicos mayores y tantos y tantos privilegios. Hasta este momento se han portado como se les da la gana, tratándonos como si fuéramos limosneros. Han lucrado con las necesidades del pueblo. Y además, puedo probarlo, someten a los trabajadores del estado y los manipulan como quieren diciéndoles que si no votan por ellos van a perder su trabajo.

La sociedad no es la misma. Estas nuevas generaciones no están dispuestas a permitir semejante humillación. Todos los políticos son servidores públicos que le deben rendir cuentas a la ciudadanía. Son nuestros trabajadores y su deber es trabajar para nosotros para lograr el objetivo de vivir en una mejor sociedad, porque ellos viven de nuestros impuestos. Se acabaron los tiempos de grandeza imperial. La democracia participativa llegó para quedarse. Los ciudadanos, hombres y mujeres, tenemos un poder muy grande que debemos ejercer y se llama: Poder ciudadano.

Alexis de Tocqueville ya lo dijo hace dos siglos: “lo que más confusión provoca en el espíritu es el uso que se hace de estas palabras: democracia, instituciones democráticas, gobierno democrático. Mientras no se las defina claramente y no se llegue a un entendimiento sobre su definición, se vivirá en una confusión de ideas inextricables, con gran ventaja para los demagogos y los déspotas.”

La verdadera participación social nos llevará a una democracia real. Y la participación social de los ciudadanos depende de la madurez de cada uno de nosotros, hombres y mujeres preocupados y ocupados en lograr un mejor país. Los que ya somos de cierta edad tendremos que adaptarnos a esta nueva forma, y a las nuevas generaciones les tenemos que inculcar en la familia y en la escuela los principios democráticos de responsabilidad y participación social. Cuando la sociedad civil es capaz de organizarse para un bien común se dan logros importantes y con el simple hecho de asociarse con otros por una causa común y pensando para la comunidad desde la escuela, eso nos dará una generación que más consciente, responsable y participativa que ya nos hace mucha falta para cambiar este paradigma actual.

Ante todo optimismo. Siente la libertad.

Mucho entusiasmo para actuar con rectitud.

Lo que está por venir es parte del

Oráculo de la esperanza. Es parte de la Historia.

 

 

 

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