M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

Lunes, 05 Agosto 2019 05:39

Animales y buen vivir

“La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que trata a sus animales.”

-Gandhi-

 

Kira llegó a nuestras vidas cuando mis hijos eran pequeñitos. Yo, al tener que salir a trabajar, tenía que dejar a mis hijos solos en casa. ¿Quién los cuidaría? Necesitaba alguien que estuviera con ellos y que además fuera motivo de felicidad, compañía, juego y seguridad. Comencé a leer sobre el tema de los perros y cuál sería el mejor. Aprendí, para mi sorpresa, que los dos mejores perros para niños eran los rottweilers y los bóxers. Nunca había tenido un perro propio. Cuando éramos niños, había perros de la calle que mi padre adoptaba, pero nunca habíamos tenido un perro desde pequeño. Es más, con respeto menciono, no sé que fue de ellos.

Decía, pues, Kira llegó muy pequeñita a casa. Con ese nombre la bautizó mi hija. Conforme fue creciendo, y a pesar del miedo que al principio tenía, por ejemplo, cuando le daba de comer, si me acercaba me gruñía terriblemente, cuidaba increíblemente a mis hijos. Adquirí un libro sobre la raza. La fui conociendo más y la empecé a entrenar y le enseñé a socializar para que los visitantes a casa no tuvieran miedo.

También me llegué a sentir mal porque yo mismo me decía que había gente con necesidades y que con el dinero que gastaba en Kira, podía ayudarles. La culpa llegaba a veces. Sin embargo, llegó un momento en que tuve que “terapearme” para entender que Kira era parte de nuestra familia y que, además, hacía una labor muy noble: Cuidar la casa y a mis hijos.

Para que mis hijos (y yo) aprendieran más, en ese tiempo compraba revistas españolas, era lo que había. Ahí se habla de la legislación sobre los derechos de los perros.  Cada vez que leía una de esas revistas, mi mente hacía conciencia, no sólo de los perros sino de todos los animales de compañía que tenemos los seres humanos. Y leí una frase que se estableció directamente en mi corazón, que dicen que dijo Arthur Schopenhauer: “La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral”.

Tanto mis hijos como yo, al ver a los perros callejeros o, lo peor, al ver perros maltratados y muertos en las calles, nos dimos cuenta que vivimos en una sociedad injusta para los animales. Nunca hemos podido imaginarnos a nuestros perros perdidos en las calles, pasando hambre, frío o violencia.

Kira era un amor al llegar a casa. Se ponía feliz, aunque yo estuviera triste. Se echaba a mis pies cada vez que me sentaba a leer o cuando escuchaba música. Su compañía me daba tranquilidad. Nunca pensé que algún día la felicidad con Kira se acabaría. Once años de compañía. Pero hace dos semanas cayó enferma. La hospitalizaron. Los honorarios del veterinario y la hospitalización, no fueron cualquier cosa, pero Kira era parte de la familia. No sé cómo plantearlo. No era un tío, o una prima, pero parte de nuestra familia, así que había que hacer algo por ella. El jueves pasé a verla. Cuando le hablé se incorporó. Reconoció inmediatamente mi voz y le dio gusto verme. El viernes muy temprano en la mañana, me llamó por teléfono el veterinario y me dio la mala noticia: Kira había fallecido. Sentí un vacío enorme en mi corazón. Tuve sentimientos encontrados. Una parte de mí decía que no era la gran cosa. Pero otra parte de mí sentía como si alguien de mi familia hubiera fallecido. Me dejé llevar por el segundo sentimiento.

Me dirigí al consultorio para saber el procedimiento a seguir. Llevé su cuerpo al lugar donde habrían de cremarla. Hablaba con ella agradeciéndole todo el amor que nos había dado y el cuidado que tuvo para mis hijos. Agradecí su compañía en mis lecturas. Agradecí la paz que me regalaba mientras mi corazón lloraba.

Regresé con una soledad pesada. Y nuevamente con sentimientos encontrados. Entré a la casa y sentí su ausencia. Me senté en la sala. Y aunque no lo crean, me sentí solo. Ya no se escuchan ni su respiración ni sus ronquidos. Esos ronquidos que también me daban paz.

Me di cuenta también, nuestros animales de compañía son ángeles que nos acompañan. Nos dan alegría y paz. Son parte del buen vivir. Y dicen que el peor pecado que cometemos contra nuestros amigos las animales no es odiarlos, sino es ser indiferentes con ellos. Esa es la esencia de lo inhumano.

Descansa en paz, Kira.

 

 

“Es demasiado fácil pensar que sólo

los monstruos son capaces de

cometer actos monstruosos.”

-Boris Cyrulnik-

Neurólogo y psiquiatra francés

Lunes, 24 Junio 2019 07:12

Vejez, dignidad y buen vivir

“El arte de envejecer es el arte

de conservar alguna esperanza.”

-André Maurois 1885-1967-

Lunes, 17 Junio 2019 06:56

Día del padre, equidad y buen vivir

“Mi padre nunca fue el mejor padre.

Pero hizo lo mejor que pudo para llegar a serlo.

Yo no sería quien soy si hubiera sido lo contrario.”

-Primo Blass-Tchang-

 

Lunes, 10 Junio 2019 07:12

Confucio, confusión y buen vivir

“Arréglese al estado como se conduce a la familia,

con autoridad, competencia y buen ejemplo.”

-Confucio-

28 de septiembre de 551 a. C. - 479 a. C.

 

 

Recuerdo cuando en un concurso de belleza le preguntaron a una de las participantes quién era Confucio. Su respuesta dejó atónitos a todos los que presenciaban el evento. Tanto en vivo como en televisión. Dijo que Confucio era el creador de la confusión. Bien, pues así estamos viviendo y comportándonos actualmente. Y eso que tenemos muchas fuentes de información. Seguimos creyendo en las fake news, o noticias falsas, sin investigar si lo que se publicó es verdad o no, y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y prejuicios haciendo una cacería de brujas terrible.

Vean lo que pasó con lo del famoso uniforme neutro. La gente sigue hablando del tema. Que cómo es posible que los hombres van a llevar falda a la escuela, que este nuevo orden social quiere quitarles autoridad a los padres para imponer y promover barbaridades entre los jóvenes, y, en fin, mucha gente sigue jugando este juego absurdo. Lo que se dijo fue muy claro y aplica, de manera específica a las chicas.

Leí el muro en Facebook de una mujer que hablaba sobre el tema y decía que esto se debió de haber aplicado hace muchos años porque el hecho de vestir falda presenta muchas incomodidades como la restricción de movimientos, la incomodidad física, por la vergüenza ante los acosos, por los tocamientos, por la sexualización, por la opresión sexista ligada a la imposición de una prenda. Mencionaba también que en los inviernos pasaba fríos y que la institución escolar prohibía que se pusieran unas mallas para protegerse. En el verano, el rozamiento de la entrepierna le causaba irritación. Y lo peor: Esta misma persona menciona que volvieron a invisibilizar a la mujer al tergiversar la propuesta. Le dieron la vuelta con la idea de que por “equidad de género”, lógicamente, los niños podrían usar falda. Es decir, lo que era la esencia de la noticia se diluyó para dar paso, nuevamente, al machismo. Debemos pensar en la vulnerabilidad de las niñas al usar el uso de la falda. Y aquí mi pregunta. ¿Por qué nunca pensó en esto el estado mexicano y/o las autoridades escolares? ¿Por qué nunca hubo una propuesta por las asociaciones de padres de familia? ¿Por qué las niñas nunca cuestionaron esto? Mi respuesta personalísima es porque somos borregos. Sólo aceptamos lo que se nos ordena. No pensamos. No cuestionamos. Esta es la hora de cuestionar los reglamentos que se han seguido por inercia y “borreguismo” en las escuelas públicas.

Y como esta noticia, así nos vamos llenando de confusión por todo lo que se publica y adoptamos desde nuestra perspectiva para tergiversar los hechos. Lo mismo sucede con lo que hemos visto con nuestros cuerpos de autoridad y seguridad en los videos de los medios sociales. La falta de respeto a nuestros soldados y a los cuerpos policíacos es terrible. Los delincuentes saben que no les van a hacer nada. Saben que, por el contrario, se les pueden ir encima, atacarlos, quitarles sus armas, si es que traen alguna, y dejarlos tirados golpeados sin poder hacer nada.

Vivimos en medio de la confusión total. Hablamos de falta de valores, de falta de confianza de la sociedad a las autoridades, de agresión absurda por parte de los cuerpos policíacos a ciudadanos y ciudadanas, y, en fin, vivimos en medio del caos y la confusión.

Tenemos que poner fin a este desorden en el que vivimos. Tenemos que deconstruir todas nuestras instituciones. Profesionalizar a la policía y establecer nuevas reglas para que haya más respeto a la autoridad y se detengan los ilícitos que estamos padeciendo, por ejemplo.

Ya vivimos otros tiempos. No se vale sólo hablar de autoridad y de imposición. Se trata de democracia, de acuerdos y de búsqueda conjunta de formas para vivir armónicamente en comunidad. Usemos nuestro poder ciudadano. El mismo Confucio decía en sus tiempos que “donde hay justicia no hay pobreza”. Y si este pensamiento es cierto, todavía nos queda mucho por hacer en nuestro estado, así como en México. Pero comencemos en casa. Esta casa nuestra llamada Morelos, esta casa nuestra, otrora hermosa, digna y pacífica, que se nos está cayendo a pedazos.

 

 

“Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.”

-Francisco de Quevedo-

Lunes, 27 Mayo 2019 07:09

Valores en la familia y el buen vivir

“Las casas se construyen con ladrillos.

Los hogares, con valores”

-Anónimo-

 

Todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor altera nuestros sentidos, el cambio climático, la basura en los ríos y en los mares, los problemas escolares, los sociales, la corrupción en la política, la falta de trabajo, la falta de dinero, la violencia en las calles, la letra de las canciones actuales, la facilidad del acceso a la pornografía en internet, la falta de valores en el hogar, la violencia intrafamiliar y…agregue lo que usted considere que falta en la lista.

Nos tocó vivir en una época muy diferente. La época de los divorcios, me dijo mi hijo cuando sostuvimos una conversación sobre lo que pasa hoy en día. Pues sí le contesté. Pero el hecho de que haya muchas familias divorciadas no quiere decir que uno se tenga que desentender de los hijos y de las hijas. Ya ves, le dije, yo me divorcié, ustedes se quedaron conmigo desde pequeños, pero siempre fueron mi prioridad. Seguramente no he sido un padre perfecto, sin embargo, siempre estuve presente. Los llevaba a la escuela, iba por ustedes, cuando llegaban a casa preparaba de comer y ustedes me ayudaban a poner la mesa. Platicábamos mucho. Los dejaba descansar un rato y luego hacíamos las tareas. Jugábamos un poco, preparaba la merienda, se bañaban y a dormir. No sé si recuerdas, hijo, le dije, que siempre les contaba una historia y les hacía magia, a veces, antes de dormir. Dejé muchas cosas personales a un lado, le dije, no es queja, sólo lo menciono para decir que ustedes siempre fueron mi prioridad. Mi más grande prioridad. Me gustaba la idea de que sintieran que su hogar era un lugar seguro, un lugar amable, es decir, que se puede amar, pues, un oasis de tranquilidad. No te imaginas, le dije, qué bonito sentía mi corazón saber que estaban en casa descansando, durmiendo plácidamente, mientras yo me ponía a trabajar en mis proyectos de trabajo mientras escuchaba una música relajante que los ayudaba a descansar. Y no sabes, cuánto extraño esos momentos ahora que ya son mayores y casi no los veo…

Amor, fe, integridad, apoyo, lealtad, comprensión, respeto, solidaridad, comunicación, serenidad y mucha paciencia. Mucha paciencia. Me repetía en la mente mientras recordaba mi historieta favorita cuando era niño.

No voy a negar que también hubo regaños, el poder de la chancla, aunque esta no fue tan común y era más una advertencia para decirles que se estaban acercando al callejón sin salida. No hay nada más fuerte que la familia. Y la familia no es solamente aquella con quien te une la sangre. Es el respeto, el apoyo, la confianza, la honestidad, el sacrificio, el compromiso, el amor y la lealtad lo que te hace ser familia con alguien.

Y todo eso, siento, es lo que se está perdiendo ahora. Dicen que en los pequeños detalles del comportamiento se conoce la calidad, la educación y los valores de la gente. Yo veo que el respeto se va perdiendo. Los hijos no respetan a sus padres, entonces, ¿cómo van a respetar a sus vecinos, a sus maestros, a la gente con la que se encuentran en la calle?

Debemos cuestionarnos qué es lo que sucede. Cómo llegamos hasta aquí. Buscar las posibilidades de reencontrar el camino de regreso a los valores para vivir una vida digna. Una vida buena. Nos dicen que la sociedad está enferma, que la sociedad no tiene valores, que la sociedad se está pudriendo. Pero yo digo que puede haber muchas cosas malas allá afuera, pero si los padres de familia nos pre-ocupamos y luego nos ocupamos de la familia como debe ser, hay muchas y mejores probabilidades de que nuestros hijos sean personas de bien. A pesar de todo lo malo que pueda estar ocurriendo allá afuera.

Manuel García Ferré, historietista argentino, afirma que un chico que es criado en familia, con amor, con ternura y valores, tiene muchas más oportunidades de ser mejor en la vida que aquel chico desamparado que carece de ese marco de contención familiar y que termina sobreviviendo en un ámbito de agresividad y desprotección. A menos que saque la casta utilizando toda la resiliencia posible, agregaría yo.

Cuidemos a nuestros hijos e hijas, seamos ejemplo para ellos. Lo que estamos viviendo, no es más que lo que nosotros mismos hemos creado. Pero se puede mejorar con el apoyo de todos nosotros como sociedad para tener una cultura de la paz para el buen vivir.

Lunes, 20 Mayo 2019 07:23

Percepción, realidad y buen vivir

“La percepción del cliente es tu realidad.”

-Kate Zabriskie-

 

Estamos llenos de sofismas y eufemismos en la vida. Y nosotros, la sociedad en general, caminamos por caminos de contento y/o confusión depende de cómo nos vaya. Cuando era pequeño y me quejaba de algo, mi madre me decía que todo el mundo hablaba de la feria depende de cómo se divertía en ella.

Hay quienes dicen que lo que vivimos actualmente nunca había sucedido. Escucho comentarios de mis amigos y conocidos. Algunos viven desesperanzados, otros ya emigraron a otros estados u otro país, otros lo están pensando y algunos más hemos decidido seguir aquí en nuestra tierra, esta tierra que nos vio nacer y en la que tenemos nuestras raíces.

Algo tenemos que hacer para lograr la paz y la concordia. Esperamos volver a los tiempos en que podíamos caminar por nuestras calles tranquilamente y saludar a nuestros vecinos y vecinas como lo hacíamos antes. Cuando todos nos conocíamos. Cuando todos nos saludábamos…

Los hechos que se suceden a diario nos desalientan, nos dan temor. Los y las que tenemos hijos estamos preocupados todo el día. Y a nuestro corazón regresa la calma y el sosiego cuando nos avisan que ya están en casa. La violencia en las calles no nos deja vivir. Y mucho menos las malas noticias tanto en los medios de comunicación como lo que se publica en las redes sociales. Estamos inundados de malas noticias.

El jefe de la Oficina de la Gubernatura, José Manuel Sanz Rivera, dijo hace algunos días que han sucedido eventos mediáticos que hacen aparecer a Morelos como un estado en crisis de inseguridad, al tiempo de aseverar que ésta "ha ido a niveles más bajos con referencia a otros estados".

Cuando se habla de eventos mediáticos, obvio es que se refiere, de manera principal, a las redes sociales, que son las que se enteran y difunden más rápido que los medios tradicionales. Pero ya no podemos dar un paso atrás. Este es el mundo que nos ha tocado vivir. Todo es tan rápido que no nos damos el tiempo de reflexionar. Nos vamos llenando de miedo ante lo que sucede y nos llenamos de paranoia. La percepción de lo que sucede puede ser más elevado de lo que es la realidad. Y ante la percepción, la gente puede tomar decisiones sin sustento. Sin embargo, la percepción también es importante porque es la que nos da la sensación de bienestar o malestar.

Y es justo por estas razones que el estado debe de ir un paso adelante. Es como lo que menciono en el epígrafe que encabeza esta columna. La percepción del cliente es tu realidad. Si yo vendo un producto que es increíblemente bueno, pero mi cliente tiene dudas o no lo convence, entonces tengo que convencerlo de que lo que está comprando es lo mejor que ha hecho y que tendrá una satisfacción del 100%.

Y esto es exactamente lo que tiene que hacer el estado. Que se hable bien de él. Que la población sienta que se entrega completamente a su trabajo en beneficio de ella. Que la gente sienta que todos los integrantes de la clase política están ahí para llevarlos por buen camino. No permitamos que el miedo llene el alma de la gente. El miedo es lo peor que puede tener una persona. En algún lugar escuché que la persona más peligrosa es la que está llena de miedo; esa es a la que hay que temerle mucho más. Es mi opinión muy personalísima, por supuesto.

Vivimos en un mundo muy complejo en el que hay que adaptarse a las nuevas reglas del juego. Nunca vamos a satisfacer a todos. Con alguien vamos a quedar mal. Pero en el caso del juego social. Hay que trabajar al cien y darlo a conocer.

Estoy seguro que nadie quiere el mal para el vecino. Pero no es lo que sentimos los miembros de la sociedad al escuchar, ver y sentir lo que sucede en las calles. Sentimos que la inseguridad y la violencia es la que reina. Señores del gobierno, hagan que mi percepción de lo que sucede en mi entorno cambie para que me sienta mejor. Hay quien defiende tanto a la realidad y menosprecia a la percepción… y hay quien dice que el mundo no existe. Existe lo que los sentidos nos dicen sobre el mundo. Estudiemos la realidad, comprendamos la percepción porque los dos conceptos nos permiten un buen vivir. 

 

 

 

  

“Aquella no era una cárcel, era una universidad del crimen.

Entré con un bachillerato en mariguana

y salí con un doctorado en cocaína.”

-Johnny Depp-

(George Jung. Película “Blow”)

 

 

 

Hace unos días, el ocho de mayo para ser exactos, vivimos lo que nunca se había vivido en el centro de nuestra ciudad. Un ataque directo en el que hubo dos personas fallecidas y dos heridas. Quien lo perpetró fue un chico de veintidós años llamado Maximiliano González, y que, según dicen, lo hizo por la cantidad de cinco mil pesos. Este joven ya había ido a la cárcel en el 2015 cuando tenía dieciocho años y más tarde en 2016.

Su historial tanto familiar como delictivo era lamentable. Su padre fue asesinado, y vivían en situación precaria. Su madre dijo que Max hacía un mes que no vivía con ella, precisamente por su mala conducta.

Además de los sentimientos encontrados, he visto muchos comentarios en las redes como es el de la pena de muerte, que le impongan todo el peso de la ley, que lo maten y demás etcéteras. Pero la pregunta fundamental para mí, tal vez no para todos y todas, es ¿Tenemos alguna responsabilidad como sociedad? Obviamente va incluido el gobierno. Yo digo que sí.

Dice el “Informe mundial sobre la violencia y la salud” (2002) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que: “Aunque todas las clases sociales padecen la violencia, las investigaciones demuestran que las personas de nivel socioeconómico más bajo son las que corren mayor riesgo. Si se desea prevenir la violencia, se debe poner fin al abandono que sufren las necesidades de los pobres, que en la mayoría de las sociedades son quienes suelen recibir menos atención de los diversos servicios estatales de protección y asistencia”.

Dice la misma Organización Mundial de la Salud que “gran parte de la violencia guarda relación con las desigualdades sociales” por lo que, para luchar contra la violencia, “los gobiernos deberían esforzarse al máximo por mantener los servicios de protección social”.

El senador Bobby Kennedy alguna vez dijo que “cada sociedad tiene el tipo de criminal que merece”. Y si ponemos atención a lo que sucede a nuestro alrededor, vemos que son los más necesitados, los que viven en situación de pobreza, los más propensos al crimen…

Es urgente activar todas las instituciones policíacas para atender y detener a los criminales. Pero también es fundamental dedicarse a lo importante: Realizar acciones de prevención del delito, atender a los más necesitados, visitar sus comunidades y enterarse de sus carencias y atenderlas. Es importante el equilibrio.

Alguna vez lo mencioné. También es importante devolverle la credibilidad al gobierno. Sigue la corrupción, la impunidad y ahí no se menciona nada. El pueblo dice que no importa lo que se diga o haga, los del gobierno siempre serán corruptos. Ahí están las estadísticas de opinión.

El poeta peruano Carlos Pimentel dice que: “Todas las personas exigen respeto, pero casi nadie exige que el sistema respete el derecho que tenemos de vivir una vida digna, en paz, sin hambrientos, sin guerras, sin analfabetos, sin mentiras, sin modelo neoliberal y sin esclavos.”

Debemos atender lo urgente, es verdad, pero no hay que olvidar atender lo importante, lo esencial. No es tan difícil. Los que podamos, atendamos las zonas marginadas, apoyemos a nuestras instituciones gubernamentales. Si no podemos toda la semana por nuestro trabajo, apoyemos un par de horas los fines de semana. Que el gobierno promueva estas acciones. Nosotros los ciudadanos, hombres y mujeres preocupados y ocupados en tener una mejor sociedad los apoyamos. Pero con directrices y objetivos reales. Comencemos a trabajar juntos para construir una mejor comunidad. Mientras, que las instituciones de autoridad sigan trabajando en lo urgente.

Educación, cultura, arte, necesidades básicas aseguradas, empleo, atención médica de calidad, vivienda digna, son factores importantes para vivir en paz. Y en el caso de las instituciones carcelarias, éstas deben trabajar para asegurar la reinserción social, y no, como dice el epígrafe, que sigan siendo universidades del crimen.

Sólo así lograremos una cultura de la paz para el buen vivir.

Lunes, 06 Mayo 2019 06:56

Agenda 2030 y buen vivir

"Puede que seas capaz de engañar

a los votantes, pero no a la atmósfera.”

-Donella Meadows- 

 


Tengo deseos de escribir sobre muchas cosas porque creo que están conectadas con lo que nos sucede. Hoy en la mañana desperté recordando una película que vi en los 90’s llamada “Historias del Kronen”, basada en la novela homónima de José Ángel Mañas, y con la que por cierto llegó a ser finalista del Premio Nadal en enero de 1994.

El autor tenía 23 años cuando la escribió y, se tardó, según el autor, quince días en hacerlo. Trata sobre la juventud española de ese entonces y la vacuidad en la que vivían. (Yo digo que ya se veía el futuro).

Hay una escena que me llamó mucho la atención en la que Carlos, el protagonista, tiene un diálogo con su abuelo. Éste le dice, si mal no recuerdo, que le da miedo lo que ve, señala la televisión, dice que la gente no tiene principios. Lo peor es que nadie sabe contra qué lucha, antes sabías contra qué luchabas. Tenías tu lucha. Ahora se lucha contra nada. Todo esto en referencia a lo que había conseguido la sociedad española.

Y hace unos días vi un documental sobre esta joven política americana que de la nada ganó las elecciones al congreso estadunidense, Alexandria Ocasio-Cortez. Cuando digo ganó de la nada, es porque siendo ella una mesera, viniendo de la clase, y enfrentándose a un dinosaurio de la política americana, como los muchos que hay en nuestro país.

Mientras ella iba de casa en casa y haciendo reuniones comunitarias, su oponente mandaba su propaganda como inserto en los catálogos de compras de compañías que eran enviadas por correo. Con veintiocho años, es la congresista más joven en Estados Unidos. Es progresista y miembro de la organización Socialistas Democráticos de América. Defensora de la salud universal y del programa de trabajo “Jobs Guarantee” – “Garantía Laboral”-, aboga por acabar con la privatización de las cárceles y por el acceso a una universidad pública y gratuita.

Mi mente está disparada en estos momentos. Aparentemente los dos temas expuestos no tienen nada en común. Y menos tienen que ver, aparentemente, insisto, con la agenda 2030. Pero en realidad tienen mucho que ver. Están conectadísimos, porque todo son ciclos. Tal vez mucha gente piense que ya no hay nada por qué luchar. Pero hay otros, sobre todo, los que vienen de la clase trabajadora, se dan cuenta que, si no participan activamente en los problemas sociales, todo va a empeorar.

Ocasio-Cortez, por las necesidades que tuvo que pasar, aprendió a tomar las riendas de su destino y no conformarse. Vean dónde está ahora. Ella defiende sus ideales a pesar de todos los detractores que tiene. Pero ella busca verdaderas soluciones sociales y no como los otros, que buscan su propio beneficio.

En la lucha social siempre vamos a encontrar divergencias ante los “ismos”: capitalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, fascismo… y todas esas historias que nos han vendido desde siempre.

Si sólo nos pusiéramos en los zapatos de los otros, tal vez entenderíamos sus necesidades. Pero en el caso de la madre tierra no hay “ismos”. Aquí vivimos todos, hombres, mujeres, niñas y niños, jóvenes y viejos.

Hemos estado destruyendo nuestro entorno de manera que estamos llegando al punto de no retorno. Al callejón sin salida. Aunque en realidad han sido los grandes empresarios, los que detentan el poder y, obvio, el dinero que ostentan, los que nos han traído hasta aquí, nosotros podemos poner nuestro granito de arena. 

La Agenda 2030 es un plan de acción de la ONU cuyo objetivo principal es velar por la protección de las personas, el planeta y la prosperidad. Dicha agenda desea asegurar, en base a sus objetivos, el progreso social y económico sostenible y fortalecer la paz en cada uno de los rincones del mundo.

Son diecisiete los objetivos de desarrollo sostenible: Fin a la pobreza; hambre cero; salud y bienestar; educación de calidad; igualdad de género; agua limpia y saneamiento; energía asequible y no contaminante; trabajo decente y crecimiento económico; industria, innovación e infraestructura; reducción de las desigualdades; ciudades y comunidades sostenibles; producción y consumo responsables; acción por el clima; vida submarina; vida de ecosistemas terrestres; paz, justicia e instituciones sólidas; y, alianzas para lograr los objetivos.

Parece difícil, pero, otra vez, todo está conectado. Hagamos lo que nos corresponde. Las pequeñas obras traen grandes resultados. Trabaja desde tu trinchera. Es obvio que antes de que el medio ambiente se acabe, primero desapareceremos nosotros. Si envenenamos al medio ambiente también nosotros nos envenenamos. Hay un dicho muy viejo que dice: Envenena al río, y el río te envenenará a ti.

No lo permitamos. Sembremos lo mejor para los que vienen detrás de nosotros. Y en el caso de la clase política, es hora de trabajar verdaderamente por una mejor sociedad en equilibrio.

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