M. en D. Primo Blass

M. en D. Primo Blass

“Voy a buscarte, voy a encontrarte,

voy a llevarte fuera del mundo,

fuera del mundo.”

-Óscar Chávez-

Confieso que hoy me siento herido. Me siento vulnerable. Puedo no creer en la pandemia, puedo inventarme que todo también es inventado. Y, sin embargo, se mueve. Se mueve y tiembla la tierra entera. Todos los países y nuestra gente se convulsionan ante esta crisis. Nos damos cuenta que hay muchos héroes y heroínas allá afuera haciendo las actividades que deben hacerse aun con la pandemia acechándolos, aún con las probabilidades de que se contagien. Y ya ha sucedido, trabajadores de limpia, bomberos, policías, enfermeras, médicos, trabajadores de los servicios de salud, los periodistas, todos ellos que a cada momento se ven de frente con la amenaza, siguen sus funciones. Algunos de ellos han fallecido. Y hay personas que siguen sin creer. Y no solamente se tienen que enfrentar, estos héroes y heroínas, a la amenaza de la muerte, sino que también se tienen que enfrentar a esas personas imbéciles que las atacan, sin ponerse a pensar que, si no fuera por ellos, todo sería más caótico.

Todos, la sociedad entera, debemos reconocer y agradecer la labor del personal mencionado, que está dando la vida por nosotros. Yo, desde la seguridad de mi hogar, reconozco y agradezco su labor, y al mismo tiempo comparto su dolor por los compañeros que han fallecido debido a la pandemia.

Sigo sin creer que mi querido amigo Mike, Miguel A. García Tapia, conocido periodista, haya fallecido debido a este virus infernal. La muerte duele, pero duele más cuando te toca de cerquita, dice la voz popular.

Y nadie se salva, la muerte no distingue entre ricos y pobres, se los lleva a todos por igual. Por eso, decía en artículos anteriores que tan importante es la empatía y la solidaridad. Sólo juntos, de manera solidaria, podremos salir adelante.

Y en el caso nacional, es difícil creer, mejor dicho, es difícil aceptar, que Óscar Chávez, el Caifán Mayor, “el que las puede todas”, quien representó la voz en el desierto de los desposeídos, el que les cantaba a los políticos a cada rato ante las masas, y cada seis años, al cantarles “la casita”, también haya sucumbido ante la pandemia.

Y así como ellos, Mike y Óscar, también se fueron Luis Eduardo Auté, magnífico cantautor español y Marcos Mundock, la voz de “Les Luthiers”.

Y lo malo, no es que se hayan ido, todos nos marcharemos algún día, el problema lo divido en dos partes: uno, los que se fueron, y los que se irán, debido a esta pandemia maldita, y dos, los que se fueron, y los que se irán por razones diversas a esta crisis que vivimos. Pero a quienes, de todas maneras, no pudimos, y no podremos, acompañar como es debido. Se fueron, los que se han ido, sólo acompañados, tal vez, de sus familiares. Pero al final, se están yendo solos. Espero, que al final del túnel, cuando veamos la luz, si es que la vemos, hagamos lo que tengamos que hacer para recordarlos.

Estoy en este mundo, aquí vivo, pero también quisiera, como Óscar Chávez, llevar lo que quiero fuera del mundo e inventar otro.

Decía Bukowski: “todos vamos a morir, todos. ¡Qué circo! Sólo eso debería hacernos amar los unos a los otros, pero no. Todos estamos aterrorizados y aplastados de trivialidades. Estamos comidos por la nada”.

Dejemos el terror a un lado, inventemos un mundo mejor. Todo es necesario, todos y todas son necesarios. Hay mucho que hacer a pesar del confinamiento, a pesar del dolor, no te desanimes, no te quedes sentado. Porque como dijo Gregorio Marañón: “Vivir no es sólo existir, sino existir y crear. Saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar es empezar a morir”.

Qué la “sana distancia” nos acerque más.

 

“La paciencia no es la capacidad de saber

esperar, sino la habilidad de mantener

una buena actitud mientras esperas.”

-Anónimo-

El día comenzó con un cafecito y pan con mermelada. Y como siempre, en estos tiempos de encierro, la plática giró en torno a la crisis que estamos viviendo. Todo iba bien, cuando de repente, mi hija dijo: “Ya me cansé de todo lo que está pasando. Aparte del encierro, siempre sale el tema de la pandemia. Trato de estar de buenas, pero en todos lados salen con lo mismo. Con mis compañeros de la universidad, en los chats de los amigos, en las redes… ¿Podríamos cambiar de tema?

Pues sí. A pesar del optimismo que tratamos de tener, llega un momento de hartazgo. Creía que sólo a los más adultos nos llegaba la impaciencia. Pero no. Estoy seguro que si no nos medimos, hasta a los niños les afecta.

Por eso es importante la paciencia. El hecho de tomar las cosas con calma, teniendo una buena actitud mientras pasa todo esto, tratar de ver las cosas positivamente, y tratar de “contaminar” a los demás con ese optimismo, seguramente ayudará a mitigar, aunque sea un poco, esto que estamos viviendo.

Sé que estamos preocupados porque no hay suficiente dinero con las consecuencias que esto ha traído, algunos no tenemos un empleo fijo, otros se quedaron sin él, el temor de ser infectado. Hay muchas razones para preocuparse. Tal vez, muchas más para tener miedo. Todo esto lo tenemos que enfrentar en la medida de nuestras posibilidades, y si necesitamos ayuda hay que pedirla, estoy seguro que la solidaridad es una característica de nuestro pueblo. Eso es lo que nos ha salvado en los momentos de crisis nacional.

En lugar de preocuparnos por el futuro, nos debemos “pre-ocupar”, es decir, ocuparnos en pensar qué es lo que vamos a hacer cuando esto se acabe. Cómo tendremos que enfrentarnos al nuevo orden del mundo, porque nada será igual. Lo “normal” ya no es, ya no será. El futuro no será lo que esperábamos. Tendremos que buscar un nuevo paradigma.

Lise Kingo, CEO y Directora Ejecutiva del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, en un artículo publicado originalmente en GreenBiz el 10 de abril de 2020, menciona que el hecho de vivir en estos tiempos invita a una seria reflexión sobre cuestiones importantes y existenciales. Todos nos estamos haciendo las mismas preguntas fundamentales: ¿cómo superaremos esto y cómo será el mundo después del covid-19?

Lise dice que no puede evitar pensar en esta crisis como “un simulacro de incendio para los futuros desafíos globales”, porque obviamente vendrán más, y tenemos que estar preparados. Ella se cuestiona si estaremos mejor preparados para responder a la emergencia climática y otros desafíos globales en materia de sostenibilidad que llegarán cuando el futuro nos alcance.

Hay algo en su discurso que me llama la atención y que considero que debe ser tomado en cuenta por todos los gobiernos. Lise sostiene que “nos guste o no, estamos completamente interconectados y somos totalmente interdependientes y, sin solidaridad, especialmente con los más vulnerables, todos perderemos.”

Yo estoy completamente de acuerdo con ese tema. Sin solidaridad para los que menos tienen, nuestra sociedad pierde. Si te interesa el tema, te invito a que leas el artículo completo en: https://www.pactomundial.org/2020/04/como-sera-el-mundo-despues-de-la-covid-19/

Se dice que la imaginación es la mitad de la enfermedad, la tranquilidad es la mitad del remedio, y la paciencia es el comienzo de la cura. Usemos nuestra imaginación para inventar un futuro mejor, estemos tranquilos para ahuyentar el miedo y contagiar a los nuestros bien amados de esa tranquilidad y optimismo. Y seamos pacientes. No desesperemos por lo que viene. Tomemos las cosas con calma, si así lo queremos, lo que viene será verdaderamente maravilloso, pues como dice el dicho: “Lo único que no cambia, es que todo cambia. Y para relajarte mientras piensas, te invito a que escuches la canción de Mercedes Sosa, “todo cambia”.

No podemos controlar esto que nos está sucediendo. Es un hecho. Pero lo que sí puedo controlar es mi reacción a lo que me está sucediendo. ¿Cómo quieres reaccionar?

Comencemos a imaginar y a trabajar en un mundo mejor. Seamos optimistas. Lo mejor está por llegar.

 

“La violencia es el último recurso del incompetente.”

-Isaac Asimov-

La violencia es inherente al ser humano. El conflicto convive con nosotros, hombres y mujeres tenemos conflictos internos que después se pueden convertir en una tormenta cuando los llevamos a la esfera de la pareja o de la familia. Esos conflictos se pueden convertir en violencia. Esa violencia se puede manifestar de diferentes maneras. Además del maltrato entre parejas, ésta puede llegar al maltrato infantil.

Es obvio decir que la violencia ya existía antes de la pandemia, sin embargo, ahora, con el encierro que padecemos, se está manifestando más y con más fuerza en la familia.

Recientemente se desarrolló el Foro Virtual sobre Violencia Familiar, y se tocaron varios temas. Se mencionó que hay muchas personas que perdieron sus empleos y, por tanto, esto desemboca en el deterioro de la salud mental de los trabajadores, por ejemplo, y como consecuencia, esto trae como consecuencia, en casa, eL maltrato a los menores. Y, a contrario sensu de lo que podríamos suponer, han disminuido las llamadas para pedir ayuda por violencia familiar. Por esta razón, se propone que los cuerpos policíacos acudan a los domicilios en los que, se sabe, hay violencia familiar.

Actualmente, debido a las medidas de seguridad para contrarrestar la pandemia, se están dando muchos problemas y hay muchos cuestionamientos en la sociedad. Sobre todo, en los grupos vulnerables.

La gente se pregunta: ¿Qué va a suceder con la educación de nuestros hijos? ¿Quién nos va a ayudar ahora que hemos perdido el empleo? ¿Tendremos suficiente comida? ¿Qué va a pasar después de la pandemia? Y, si todo esto, además, se manifiesta con violencia, seguramente empeorará. el miedo, la ansiedad, la tensión económica y el confinamiento en las casas pueden ser detonantes de la misma.

Si antes los chicos no veían frecuentemente a sus padres en sus discusiones, es muy probable que ahora estén siendo testigos de algo que traerá consecuencias en su comportamiento futuro. En estudios que se han realizado, en los que los menores manifiestan lo que han presenciado, estos son los hechos referidos por ellos.

De mayor a menor incidencia: Insulta o dice malas palabras, le arroja objetos, la empuja, le da cachetadas, la patea, la golpea, la ha tratado de estrangular, la ha acuchillado, y, por último, le ha roto la ropa.

Renny Yagosesky, decía que “la violencia es un animal incontrolable, que suele terminar atacando a su propio amo”. La violencia acaba por destruir todo. Todo. Pero al final, también acaba con el violentador. Por ello, tenemos que actuar en consecuencia. Hace unos días, un grupo de mediadores del estado de Morelos, entre ellos “Conversare”, la Asociación de Mediadores Públicos y Privados del Estado de Morelos A.C. y otros, sostuvimos una reunión virtual con Andrea Casillas Legarreta, mediadora pública y moderadora de este encuentro, en la que se tocaron varios temas, y éste, sobre violencia familiar en los tiempos del Covid 19, fue el más sobresaliente.

Para los que no queremos violencia en nuestras familias, aunque siempre habrá conflictos, se habló de diversas estrategias a aplicar: Primero que nada, tenemos que establecer un diálogo con respeto, dar tiempos para hablar sin interrupciones y sin descalificaciones, bajar el nivel de ansiedad, la toma de decisiones, en momentos como los que atravesamos es de fundamental importancia. Una vez tomados los acuerdos, habrá que anotar los compromisos a los que cada miembro de la familia se compromete. La persona a quien se le tenga más respeto será quien maneje los mismos.

Lo importante es que las reglas las ponen todos los miembros de la familia. No son reglas coercitivas o punitivas. “Si no haces esto te va a pasar esto”.

Para el caso de personas, mujeres, sobre todo, que ya viven en situación de violencia, también hay formas de proceder. Primero vale la pena hacer una red, un grupo de whatsapp en la que haya personas de confianza a las que se les pueda llamar en caso de violencia, usando una o dos palabras clave para que entiendan que están en riesgo. De igual manera, las instancias de gobierno como el DIF pueden ayudar en situaciones extremas.

Las estadísticas manifiestan que hay un día que es curioso, el domingo.  Se dice que es un día caótico para muchas familias donde se padece violencia familiar. Es un día de frustración, la inminencia de la jornada que inicia el lunes agudiza las probabilidades de violencia. Y ahora, con la contingencia, pareciera que todos los días son domingos.

Pongamos lo mejor de nosotros para vivir de una mejor manera a pesar de la crisis. Esto será en beneficio propio y, por consecuencia para los miembros de nuestra familia. Trabajemos para lograr una cultura de la paz para el buen vivir.

 

 

Lunes, 13 Abril 2020 05:44

Angustia, ansiedad y cultura de la paz

“Lo que aparece como calamidad es,

muchas veces, la fuente de la fortuna.”

-Benjamín Disraeli-

Esto va para largo. El 28 de marzo se anunció la segunda fase de la contingencia. Hoy, domingo, se cumplen dos meses de que comenzó esta crisis. Y, según parece, continuaremos así por un buen rato. De hecho, el 30 de abril se vence el plazo de la fase dos. Sin embargo, como ya lo mencioné, esto nos tomará más tiempo.

Ya mencioné en artículos anteriores la importancia de no estar viendo constantemente programas de televisión o las redes sociales toda esta información de la crisis que estamos viviendo. Eso nos angustia y, probablemente nos den crisis de ansiedad.

La palabra “angustia” viene de “angostura”, “estrechez”. Es un temor opresivo sin causa precisa, según la Real Academia de la Lengua. La angustia puede ser una reacción ante el peligro o ante algo desconocido. Incluso puede sentirse angustia sin una causa precisa.

Algunas personas, ante esta crisis que estamos viviendo, han comenzado a padecer crisis de angustia.  Es decir, miedo a lo que viene. Aunque no se sepa qué es.

Ansiedad: Todos los seres humanos, hombres y mujeres sienten un grado moderado de ansiedad, que en realidad es una respuesta adaptativa. Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) el término “ansiedad” proviene del latín “anxietas”. Refiere un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. En general, este término alude a la combinación de manifestaciones físicas y mentales que no son atribuibles a peligros reales, sino que se manifiestan en forma de crisis o como un estado persistente o difuso. La diferencia de la ansiedad con el miedo es que la ansiedad se relaciona con la anticipación de miedos futuros. De hecho, la angustia, la ansiedad y el estrés, son parte de las enfermedades del presente siglo. La crisis que vivimos actualmente es el medio perfecto para que se desarrollen estas patologías.

Y todavía es peor si desde que te levantas abres el whatsapp para ver los saludos de tus amigos. Ahí encontrarás todo tipo de información. Noticias verdaderas, noticias falsas, noticias de cómo enfrentan la crisis países que no son similares al nuestro, memes, consejos de nutrición, remedios para afrontar la crisis, gente en contra del presidente porque no ha hecho las cosas como se deben, como si ellos sí supieran la manera correcta de hacerlo. Debo dejar claro aquí, que no hay país en el que se hayan hecho las cosas “como se debe”. Siempre habrá inconformes.

Así comienza el día mucha gente en estos tiempos de crisis. Y agrega a esto, las noticias crueles de todos los días. La violencia continúa en las calles. Siguen asaltando, lastimando y matando gente.

Tomemos conciencia de todo esto o de plano, nos volveremos locos. Para empezar, elige fuentes de información de credibilidad. Elige el pensamiento crítico y el sentido común. Dedica un tiempo pequeño a las noticias de esta crisis que estamos pasando, pero sin concentrarte mucho en ello. Elige actividades que te enriquezcan y el horario que les vas a dedicar. Tienes mucho qué hacer en casa. Seguro ya lo descubriste. Al principio me enfrascaba en pelearme con amigos que publicaban información fuera de lugar en whatsapp, pero eso me hacía estresarme más. Lo dejé de hacer para mi salud mental. Ahora leo lo que publican y solamente sonrío para mis adentros. Desconéctate de todo lo que te abrume o te haga sentir mal. Hace tiempo decidí poner en silencio mi celular. Así me siento más tranquilo sin estar escuchando todos los mensajes que llegan.

Nuestro estado emocional se va deteriorando con esta crisis. El confinamiento, el encierro que “padecemos” nos hace esperar lo peor: ¿Si muere alguien que quiero? ¿Cuánto tiempo va a durar esto? ¿Qué problemas económicos vendrán cuando esto se acabe? Todos estos pensamientos, y otros, agrega los que quieras, no nos ayudan a vivir mejor estos momentos que estamos pasando porque cuando te enfocas en anticipar lo negativo, no proteges tus emociones ni puedes dar solución a lo que no depende de ti.

Aprovecha estos momentos para organizar tu vida. Reinvéntate tú y tus relaciones con los que quieres. Este también puede ser un buen momento para acabar con lo que no quieres y comenzar una nueva vida.

Recuerda el dicho de Sir Winston Churchill: Un optimista ve una oportunidad en cada calamidad. Un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.

Sabemos que la vida no será igual después de la crisis. Seremos más humanos. Por lo menos, eso es lo que yo espero.

¡Vienen tiempos increíbles!  

 

 

 

“Somos más libres cuando todos

podemos a aspirar a nuestra propia felicidad.

Tenemos que tener economías que funcionen

para todos los ciudadanos, no sólo

para los que están en lo alto.”

-Barack Obama-

No he encontrado en las redes el editorial del Washington Post titulado “o muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana”. Después de estar investigando, me temo que es falso. Sin embargo, dicho escrito, tiene mucha razón. Es un tema muy comentado desde hace varios años, que, en caso de interesarte, te dejo un vínculo para que lo leas: https://diariolalibertad.com/sitio/2020/04/02/editorial-the-washington-post-o-muere-el-capitalismo-salvaje-o-muere-la-civilizacion-humana/

El tema viene al caso porque con esta historia del coronavirus, muchos estudiosos del tema se cuestionan cómo debería ser el espectro económico después de la crisis.

En el artículo en mención se vuelve a reiterar el hecho de acabar con este capitalismo salvaje en el que sólo el 1% de la población del planeta es dueño de los medios de producción.

Esto también me lleva a una reflexión del libro “Salvando al capitalismo” de Robert Reich, mismo que ya hemos comentado en esta columna.  Reich habla en su libro, del que, por cierto, hay un documental en Netflix, que antes uno podía con esfuerzo y dedicación llegar a tener su propio negocio. Convertirse de un trabajador en un empresario, pero, sin embargo, ahora, las políticas laborales son tan deprimentes, que los trabajadores no tienen más que conformarse con lo que tienen porque las empresas grandes son las que tienen todo.

Esta crisis que hoy vivimos nos hace dar cuenta que la “normalidad” en la que hemos vivido debe cambiar. Tenemos que preocuparnos y ocuparnos por todos, como lo menciona el epígrafe de esta columna. Debemos hermanarnos. Debemos dejar atrás todos los “ismos” que traemos cargando desde siempre. Si eres capitalista, comunista, socialista, o cualquier “ista” que quieras, tienes que hacerlo a un lado y buscar coincidencias para que todos, los que tienen, los que no tienen, los blancos, los indios, los mestizos, los heteros, los gays, los que piensan diferente a ti, tengamos de verdad, y digo, de verdad, porque siempre hemos vivido engañados, los mismos derechos. Si quiero felicidad para mí, debería hacerme feliz que también los demás sean felices.

Dicen que en un diálogo sobre esta crisis que padecemos, un maestro budista le contesta a la interpelación de su discípulo que el coronavirus no es malo. “Es bueno. Ya que de él están aprendiendo muchísimas personas. Se está elevando el nivel de conciencia del planeta, al vernos en la necesidad de desarrollar grandes herramientas de amor como son la aceptación, la valoración y la adaptación. La paciencia, la tolerancia y el respeto. Podrá ser una prueba difícil, pero mala no es. Tú estás creciendo gracias a ella. Si dejas de ver al coronavirus desde tus temores, y lo empiezas a ver desde tu comprensión, podrás reconocer el valor que hay en él. Así podrás pasar esta prueba que la vida te está presentando.”

Mientras escribo esta columna, es domingo de ramos. Y aquí estoy, enclaustrado en casa siguiendo las medidas de seguridad. Nunca puse atención al verdadero significado, aunque sé que es el día en que Jesucristo llegó a Jerusalén, un momento de gozo para todos los feligreses que creían en él y que lo recibieron con ramos, flores y palmas, era la llegada del hombre que venía de parte del Señor.

Cuando Jesucristo hizo su entrada, montó un burrito y siguió un camino lleno de ramas de árboles y con ello se enfrentó a muchas cosas, entre ellas a las personas que nunca creyeron en la llegada de Jesús de Nazaret.

Hoy es una fecha especial para todos los católicos. Y aunque estemos encerrados en casa, pensemos en todo lo que esto significa. No vayamos a creernos como la historia del burrito que llegó con su madre hablando de cómo lo habían tratado al entrar al pueblo con hurras y vivas. Su madre, para que el burrito no se creyera tanto, le dijo que volviera al siguiente día al pueblo, pero esta vez sin cargar a nadie. Después de haberlo hecho, al llegar a casa, el burrito se mostró muy triste porque nadie le había hecho caso. Al buen entendedor, pocas palabras.

Seamos más humildes y preocupémonos y ocupémonos por los demás.

 

Lunes, 30 Marzo 2020 05:35

Coronavirus y cultura de la paz II

“Es lo mismo para todos: la gente se casa,

se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja.

Trabaja tanto que se olvida de quererse.”

-Albert Camus-

La peste

 

La mayoría de los analistas, bueno, muchos, porque no los he leído a todos, ya están “futureando”. Se refieren en sus columnas a los presidenciables. Dicen que los gobernadores que ofrezcan mejores estrategias para enfrentar al mal que nos aqueja tendrán mejores oportunidades para las próximas elecciones. En otros casos, se habla de lo mal que está Estados Unidos porque tiene el mayor índice de contagiados en América. También se habla de la situación de Italia y lo grave que ha sido esta historia al tener que desconectar pacientes mayores de edad y dejarlos morir para conectar a pacientes más jóvenes.

Por otro lado, las redes tocan mucho este tema desde diferentes ángulos. Algunos hablan sobre las diferentes formas de prevenir o medicarse para evitar el contagio. Hay varias fórmulas: el té de jazmín, el té de diente de león, las vaporizaciones, gárgaras de sal o vinagre, en fin, hay de todo y para todos.

Todos los medios hablan de eso. Pero yo me pregunto: ¿Habrá alguien que se preocupe de los sentimientos y las emociones de nuestra gente? Bien sabido por todos es que la depresión es el mal actual de nuestra sociedad.

Se dice que hace algunos algunos años, las enfermedades mentales eran problemas característicos de la sociedad adulta, sobre todo, de clase obrera entre los 40 y los 55 años de edad, que, afectada por el estrés del trabajo, el hogar y su entorno veía perjudicada su salud. Sin embargo, las condiciones en este nuevo siglo han cambiado, se exige más en el trabajo, se tiene menos tiempo, los horarios han modificado nuestros hábitos, aquí hago un paréntesis: Me parece aberrante que los estudiantes universitarios tengan horarios de “estudio” fuera de toda proporción. En mis tiempos había turno matutino y vespertino, pero ahora hay muchas facultades en las que los estudiantes tienen que estar todo el día, quitándoles parte de su vida. Las enfermedades mentales ahora aparecen en sujetos más jóvenes; y las tecnologías actuales se han apoderado de nuestro día a día. Obviamente, la evolución de la sociedad va de la mano del progreso de este tipo de patologías.

Se sabe que las personas que sufren obsesiones mentales pueden tardar una media de 8-10 años en acudir al psicólogo o al psiquiatra. Porque no se dan cuenta. Sin ser conscientes, comienzan a transformar sus hábitos cotidianos y a ser subordinados de su trastorno. Sólo cuando esos problemas empiezan a afectarles en su día a día y a ocasionarles serias dificultades en su vida laboral o personal deciden dar el paso y acudir a un especialista, normalmente motivados por algún amigo o familiar cercano.

Por cuestiones de espacio, mencionaré estos trastornos de manera resumida para después llegar a conclusiones sobre la pandemia que nos está afectando actualmente:

Workaholic: enfermedad que genera una obsesión por el trabajo en el paciente. Cuando no trabaja, el individuo llega a sentir una sensación enfermiza de vacío, angustia y depresión; ortorexia: Se presenta como la obsesión por comer saludable, desarrollando sus propias reglas alimenticias y preocupándose en exceso por la calidad de los alimentos. Si esas reglas se sobrepasan, llegan a sentirse culpables y entran en estado de depresión; vigorexia: estrechamente vinculada a la anterior. Se refiere a la persona que acude a los gimnasios, afectando especialmente a hombres (aunque cada vez son más los casos de mujeres); esteticohólico: este trastorno mental genera una sensación constante de insatisfacción en el paciente y le lleva a obsesionarse con la cirugía estética; ciberdependencia: Es una enfermedad asociada a la obsesión con los videojuegos e Internet, llegando a existir casos de personas que son capaces de jugar durante 16 horas de forma ininterrumpida o no pueden vivir sin estar “conectados”; síndrome de Estocolmo: Es un trastorno emocional y mental que se representa en la justificación moral y el sentimiento de gratitud constante de un sujeto hacia otro; síndrome de Ulises: Se define como una sintomatología depresiva que afecta especialmente a los trabajadores emigrantes, los cuales se ven con la necesidad imperiosa de viajar constantemente; bulimia: Este trastorno psicológico se define como un trastorno alimenticio a través del cual el individuo comienza a darse atracones de comida a deshoras para posteriormente proceder a eliminarlos de su cuerpo mediante vómitos y laxantes; anorexia: Este trastorno alimenticio y neurótico se da especialmente en las chicas más jóvenes. Se define como un temor inexplicable del sujeto a comer por miedo a engordar. Va acompañada de otros problemas como falta de autoestima, depresión y nerviosismo, y por último; trastorno del humor con disforia: Genera síntomas de falta de ánimo, tristeza, desesperación e irritabilidad repentinos que se pueden tornar en constantes.

¿Qué consecuencias estaremos esperando de esta pandemia que estamos padeciendo? ¿Los gobiernos, y hablo en general, están previendo políticas públicas para intervenir a pacientes por las consecuencias mentales que surgirán después de la crisis o que ya se están dando?

Es momento de comenzar a analizar lo que tenemos como consecuencia en este momento y cómo se tendrá que intervenir en el futuro próximo.

Por lo pronto, mis conclusiones para afrontar este mal son la responsabilidad, la empatía, la solidaridad y el amor. Más las que tú, querida lectora, lector, quieras agregar.

 

 

Lunes, 23 Marzo 2020 05:52

Coronavirus y cultura de la paz

“Las epidemias han tenido más influencia

que los gobiernos en el devenir de nuestra historia.”

-George Bernard Shaw-

Ya en el siglo XVII, Moliére decía que casi todos los hombres mueren de sus remedios, no de sus enfermedades. Estamos pasando una etapa muy dura, terrible diría yo, con todo esto que nos está sucediendo con esta pandemia que estamos sufriendo

¿Es un virus creado por las grandes potencias para lograr sus intereses? ¿Ya lo había profetizado Nostradamus? ¿Es un castigo de Dios por todos los pecados del ser humano? ¿Es una consecuencia natural por todo lo que el ser humano le está causando a la madre tierra? Y aquí, pueden agregar otras preguntas que ustedes consideren pertinentes

Al final de la historia, nos hacemos bolas con todo lo que se publica, y cada uno de nosotros toma una posición determinada, dependiendo de nuestras creencias. Toda la información que buscas, de cualquier tópico, por supuesto, va de acuerdo con tus prejuicios, decía Barack Obama, y yo agregaría, a tu perfil en Facebook. Si eres de derecha, así te llegará la información, si eres de izquierda, igual, si eres religioso, si estás metido en la sanación espiritual, seres de otros planetas, o lo que gustes y mandes, ahí encontrarás las respuestas. La vida es así. Somos todo un espacio de opiniones y sentires.

Sin embargo, es esta confusión en la que estamos inmersos la que nos hace criticar las medidas gubernamentales sobre esta pandemia. Opinamos si las medidas tomadas son o no son las que deberían ser. Pero, independientemente de lo que se haga por parte del gobierno, nosotros, los ciudadanos tenemos que entender que podemos tomar nuestras propias decisiones. Y tal vez, la primera sería no dejarnos llevar por el pánico. El pánico, la histeria, la ansiedad, la psicosis, lo único que hacen es robarnos nuestra energía. Y eso conlleva a que nos enfermemos más fácilmente. Por esa razón, creo que el paso número uno es tomar las cosas con calma.

Como paso número dos, va para nuestro gobierno. No hay que tomar medidas a la ligera. Cada uno de los países tiene características diferentes a las nuestras. Las medidas que tomen ellos, no son necesariamente las que tenemos que tomar nosotros. Los nuestros son países pobres, no debemos pedirle a la gente que tome medidas como las que tomó la alcaldesa de Acapulco, de cerrar los negocios por tres días. Los que viven de un salario, les seguirán pagando mientras dure esta contingencia. ¿Pero los comerciantes en pequeño? Ellos no pueden dejar de comer por un día. Menos por tres.

Jorge Zepeda Patterson lo expone muy bien en su columna del 19 de marzo diciendo que el coronavirus es el mismo, los países no. Yo estoy completamente de acuerdo con él. Las medidas implantadas en otros países, ojalá les sirvan, aunque lo dudo mucho, pero en nuestro país no se deben implantar. No somos iguales. Yo agrego este vínculo de la Organización Mundial de la Salud, diferente al de Zepeda, para que observen de manera real, como va avanzando el virus en nuestro país. Es nada, comparado con otros países.

https://who.maps.arcgis.com/apps/webappviewer/index.html?id=2203b04c3a5f486685a15482a0d97a87&extent=-17277700.8881%2C-1043174.5225%2C-1770156.5897%2C6979655.9663%2C102100

Las medidas a tomar tienen que ser consideradas respecto a las características y necesidades de nuestro país. No tenemos que imitar a otros, porque como ya lo mencioné, somos diferentes. Mucho muy diferentes.

En cuanto a nosotros como ciudadanos, hagamos lo que nos corresponde. Hay mucha información en las redes sociales y en internet sobre los cuidados que debemos tener. Hay que considerarlos y actuar en consecuencia.

Y de nuevo, para la clase política, vean el ejemplo del presidente del Salvador, Nayib Bukele, quien, haciendo un análisis profundo de la situación difícil que atravesarían los ciudadanos de su país por la cuarentena, aprobó una serie de medidas para mitigar dicha contingencia estableciendo el “Plan de Respuesta y Alivio Económico ante la Emergencia Nacional contra el Covid-19”, que establece la suspensión del pago de la cuota de la energía eléctrica, del agua, del teléfono e internet durante tres meses, entre otras medidas. Si te interesa, te dejo un vínculo para que veas su mensaje: https://www.youtube.com/watch?v=PnXX084cBVs

Para finalizar, parafraseo nuevamente a Barack Obama: ¿Qué le voy a decir a mi hijo dentro de veinte años? Pude haber hecho algo, pero no lo hice. Esta es nuestra oportunidad. Hagamos lo que nos corresponde en beneficio no sólo de nosotros, sino de las nuevas generaciones.

Como todas las crisis, éstas presentan peligros y oportunidades, ésta es una más. La humanidad siempre ha vencido. Recuerda, aún en tus peores días, que no hay árbol, por más fuerte y alto que sea, que el viento haya sacudido.

No hay mal que por bien no venga.

 

Lunes, 09 Marzo 2020 05:24

Perdón y cultura de la paz

“La humanidad no puede liberarse de

la violencia más que por medio de la no violencia.”

-Mahatma Gandhi-

En el libro Violencias graves, publicado por nuestra alma mater, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, se menciona que desde 2006 la violencia no sólo se ha apoderado de México, ha crecido a grados inimaginables en un país que se ostenta como democrático. Donde uno vuelva la mirada, los secuestros, las desapariciones, las fosas clandestinas, las extorsiones, los enfrentamientos entre grupos del crimen con el ejército, la marina, las policías o entre ellos mismos brotan como salitre de una casa abandonada.

Considero que en nuestro país siempre hemos convivido con la violencia. El problema es que ahora se ha manifestado con más fuerza y nos ha rebasado. De acuerdo al libro mencionado, si la ola de violencia empeoró desde el 2006, esto significa que hemos convivido con esta violencia atroz por 14 años. Y esto ha traído como consecuencias las siguientes: el hecho de ver la violencia como algo normal, el desencanto social y la pérdida de confianza en nuestras autoridades, el caos mental en el que viven nuestros jóvenes porque no ven un futuro para sus vidas, y, en este caso, la participación de muchos de ellos en hechos criminales, el temor de que algo les suceda y la migración a otros estados y otros países, entre otras consecuencias.

El libro en mención habla de “violencias” porque no se trata de un tipo, sino de varios tipos de violencias. Al mismo tiempo, la violencia, de manera genérica, destruye la percepción de seguridad de los ciudadanos, e infunde miedo tanto hacia el crimen organizado como hacia las fuerzas de seguridad. Así, en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015 (Envipe/INEGI, 2015), en el caso de Morelos, el principal problema sentido por los morelenses era la inseguridad: 63.8 por ciento en comparación a la tasa nacional de 58 por ciento (Envipe/INEGI, 2015).

Siguiendo a Scheper-Hughes & Bourgois (2014), entendemos que la violencia es un concepto escurridizo que desafía la definición y la categorización. Hay violencia visible e invisible, “legítima” por parte del Estado e ilegítima, irracional y también fríamente calculada; hay violencia fortuita y estratégica, pública y privada, así como violencia productiva, destructiva y reproductiva (Schepher-Hughes & Bourgois 2004). Galtung (2003) nos recuerda que además de violencia directa hay violencia estructural y cultural. Mientras que la violencia directa es visible y fácilmente reconocible, la violencia estructural abarca la explotación económica, la marginación, la humillación y la denigración de los sujetos.

Como podemos observar, por cualquier lado que veamos, estamos llenos de violencia. Por eso es necesario detenernos un momento y analizar nuestro entorno, comenzando por el familiar. Ya lo he comentado en otros artículos. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio. ¿Qué estamos haciendo para neutralizar y erradicar la violencia en la familia?

La violencia cultural, según Galtung, nos habla de una “naturalización” de las relaciones asimétricas de género, en las que se ven como “normales” el rol subordinado de las mujeres, que deben servir a los hombres, y la violencia hacia esas mujeres que son “desobedientes”.  Las relaciones de género constituyen un ejemplo claro de la violencia cultural, al reproducir roles tradicionales asignados a mujeres y hombres. Esta situación trae una consecuencia, también cultural, porque se tergiversan las razones de las mujeres en su manifestación por la igualdad de género.

En los momentos de escribir esta columna, las mujeres de todo el país y en otras latitudes, se están preparando para manifestarse. Estoy consciente de todo lo que se avecina. Quisiera, como un ciudadano que está en pro de la paz, que no hubiera desorden, caos ni daños. Sin embargo, también sé que los ciclos así se manifiestan. El hartazgo ha llegado a su límite. Espero de todo corazón que estas expresiones lleguen a buen puerto para que, de manera conjunta, autoridades y sociedad, comencemos a trabajar para lograr un alto a los diferentes tipos de violencia que existen. Y, en este caso, detengamos, extingamos, la violencia de género.

El pedir perdón por lo que hemos hecho y, sobre todo, por lo que no hemos hecho, es un deber. Y al mismo tiempo debemos perdonar para comenzar desde cero una nueva era. La era de la cultura de la paz para el buen vivir.

 

“Teníamos dos opciones: estar calladas y morir

o hablar y morir. Decidimos hablar.”

-Malala Yousafzai-

Esta columna, con mi artículo publicado la semana pasada, recibió muchos comentarios, tantos, que se me ocurrió enviar mensajes, a través de whatsapp sólo a mujeres para sondear su opinión sobre la violencia de género. Dichos mensajes iban desde videos en los que había opiniones tersas, diciendo que el hombre y la mujer son complemento uno del otro y que no debía confundirse hablando mal del hombre. Que, así como había hombres malos, había mujeres malas y, que no se debería satanizar al hombre. En otros mensajes se comentaba, que, por supuesto, la culpa es de los hombres porque ellos son los que han manejado siempre el desarrollo de la sociedad minimizando la participación de la mujer.

Estos argumentos son la razón de que hoy deje plasmados en este artículo, algunas de esas opiniones vertidas por mujeres que respondieron a mis mensajes. La primera, publicada por una amiga de Argentina, quien, al compartirla, muchas mujeres de varios países, estuvieron de acuerdo con ella. Por cuestiones de espacio y de respeto a quienes leen esta columna, las palabras altisonantes y la extensión han sido modificadas.

“Cuando iba en la primaria recuerdo que teníamos que ponernos shorts debajo de la falda porque corríamos el riesgo de que los niños se pusieran debajo de las escaleras para ver nuestra ropa interior o te la podían levantar.

Cuando iba en secundaria tenía que ponerme un pantalón extra debajo de los pants los días de deporte porque era bien sabido que los niños te los podían bajar.

En preparatoria ya comenzaba a asistir sin mis hermanos a la escuela, la distancia ahora era más larga y fue la primera vez que camino a ella vi como un hombre se masturbaba en el camión mientras me observaba fijamente. Desde ahí comprendí que no tenía que irme hasta la parte de atrás de los camiones o que si veía un asiento desocupado al lado de una mujer era preferible ponerme al lado de ella.

Ahora, en la universidad tengo que cargar con un gas pimienta, porque, no hace falta aclarar nada, a estas alturas ya comprendí que corro peligro. Que siempre ha sido así desde pequeña. A estas alturas ya comprendí que puedo no regresar a casa, a estas alturas ya comprendí que no tienen respeto por mí, ya entendí que mi vida, mi dignidad, mi integridad y mi cuerpo es tan frágil que he estado, inconsciente o conscientemente, creando técnicas de seguridad desde los 6 años de edad.”

“Lo que está sucediendo es un síntoma de hartazgo. Los videos que publicaste (su servidor) no comprenden lo que significa la palabra “feminicidio”. Muchas personas no quieren ver a la mujer manifestándose. Y si lo hacen, a través de estos videos les dicen: Sí. Manifiéstense. Pero calladitas, modositas, amorosas. Y si pueden desde la cocina, mejor. A las mujeres las están matando por el simple hecho de ser mujeres. Y eso tiene que ver con un patriarcado, con un lenguaje normalizado y con la falta de educación y amor. A un hombre no lo matan por ser “hombre” o porque anda con muchas mujeres o porque no quiere tener relaciones sexuales con una mujer. Para mí, la respuesta es AMOR y EDUCACIÓN. RESPETO, VALORES, CIVISMO. Cambio de paradigmas en las familias. Es lo que no se ha dado. Por eso hoy es necesario quemar todo, romperlo todo, arrasar con todo para después renacer.”

“Todavía hay familias en las que la mujer tiene que realizar las labores del hogar y atender al hombre sólo por el hecho de ser hombre. Desde pequeñas les enseñan que esas son sus obligaciones. Prepárale algo de comer a tu hermano. Sírvele de comer. Lava la ropa de tu hermano. Plancha su camisa. ¿Y ellos que hacen por nosotras?”

“Yo, cuando salgo a la calle, tengo miedo. Los hombres se me quedan viendo con miradas libidinosas, lascivas. Y cuando están en grupo es peor porque, me dicen de cosas. Según ellos, piropos. Pero en realidad son palabras indignas para cualquier ser humano. Un día, uno se me acercó en el zócalo, a plena luz del día. Me manoseó. Me quise defender, pero no pude. ¿Y la gente que vio todo? No hizo nada. Sólo se quedaron riendo.”

El problema no es fácil. Y considero que se tienen que tomar medidas radicales por parte del gobierno en cuanto al castigo de estas conductas. Y al mismo tiempo, debemos reconstruir, reelaborar y, tal vez, proponer y desarrollar nuevos paradigmas dirigidos a las nuevas generaciones desde la familia y las escuelas, para que, algún día, todo esto que estamos viviendo, sólo sea un mal recuerdo.

¿Estamos listos para comenzar?

 

 

Lunes, 24 Febrero 2020 05:42

Violencia de género y cultura de la paz

“El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

-Eduardo Galeano-

Cuando era niño, todos los fines de semana eran de ver películas de Pedro Infante. Toda la familia se reunía frente a la televisión para disfrutar, reír y llorar con el ídolo del pueblo. Muchas de esas películas se quedaron grabadas en mi mente infantil y después, ya más grande y estudiado, analizadas concienzudamente.

Como botón de muestra, en la “oveja negra”, Silvano tiene un padre, Don Cruz Treviño Martínez de la Garza, borracho, machista, desobligado, agresivo y mujeriego, entre otras cosas, que hacía sufrir, no solamente a su esposa, sino a toda su familia. Sin entrar en muchos detalles de la película, por falta de espacio, sólo quiero decir que esos eran los modelos de comportamiento de hombres y mujeres de nuestro México. Eso era parte de la educación del mexicano promedio. Ahí se veían reflejadas las características de la mujer. Ella debía de ser buena, sumisa, obediente, estar siempre metida en casa, cuidando a los niños, no debía cuestionar a su esposo por nada del mundo, no tenía permitido trabajar, ni siquiera podía emitir una opinión. Por cierto, recuerdo una frase que escuché cuando era niño: “la mujer, como la escopeta: Siempre cargada y detrás de la puerta”.

El hombre era el “proveedor de la familia”, el “jefe de la casa”, podía hacer lo que quisiera porque por eso era el hombre. Y “hacer lo que quisiera” era literal. Podía irse de farra con sus amigos, y si quería, con otras mujeres, ¿por qué no? ¿Y la esposa? Tenía que soportar esta situación con “amor”. Para conservar a la familia. Por sus hijos.

Es importante mencionar que las películas de esa época, como en todas, reflejan la situación social que se vive. Pero son modelos también de influencia en el comportamiento de la gente. De ahí su importancia y análisis.

Ahora las cosas han cambiado. Pero aún quedan vestigios del machismo. Y en muchos casos, lo que se piensa que puede ser adecuado, también puede ser una ofensa para la mujer. Los piropos, la mirada de los hombres, por ejemplo, acciones que ya deben ser evitadas y erradicadas.

"No quiero sentirme valiente cuando salga a la calle, quiero sentirme libre". Ese el grito de la mujer actual. Salir a la calle y recibir “piropos” groseros, miradas libidinosas, tocamientos fuera de lugar o ataques físicos son moneda corriente en nuestros días. Ya se ha dicho hasta el cansancio. Si esas mujeres fueran tu madre, tus hermanas o tu esposa, ¿las tratarías así?

La violencia de género se ha desbordado en nuestro país. Sólo en enero de 2020, se registraron un total de 73 feminicidios, de acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En enero del 19 fueron 75 feminicidios en el mismo mes. Y en todo 2019 se registraron un total de mil 10 feminicidios, en comparación con los 913 de 2018.

Entre otras cosas, la violencia de género tiene su origen en la cultura, las leyes, la lengua, la educación y la religión, que han mantenido a la mujer en una condición de inferioridad. Las drogas o el alcohol no son las causas. Estos sólo son medios por los cuales estos hombres se atreven a ejercer la violencia contra sus parejas.

En España, por ejemplo, hasta 1963, era un derecho del marido matar a su cónyuge por adulterio. Es decir, hace apenas 57 años. En algunos países se sigue considerando a la mujer como parte de la propiedad privada y se sigue disponiendo de su vida, lo cual es un absurdo.

No debemos seguir viviendo así, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Hombres y mujeres somos iguales. Sí. Ya está reglamentado. Sin embargo, seguimos los modelos que se quedaron enraizados en el alma. Por esa razón, todos y todas tenemos que contribuir para erradicar el modelo machista. Comenzando desde la casa, la religión, la escuela, el trabajo y las políticas públicas reales, no las de papel.

El Convenio de Estambul (Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica) en su artículo 16 habla de la implementación de programas preventivos de intervención y tratamiento en la violencia contra las mujeres, estableciendo que se tomarán medidas legislativas u otras para crear o apoyar programas dirigidos a enseñar a quienes ejerzan la violencia doméstica a adoptar un comportamiento no violento en las relaciones interpersonales para prevenir nuevas violencias y cambiar los esquemas de comportamiento violentos. Todo está establecido y dicho. Que las autoridades cumplan este protocolo en el que todo está bien detallado y explicado. Podemos y debemos acabar con esta lacra social. Termino esta nota con una frase del psiquiatra español Luis Rojas Marcos: “Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas”. ¡Ni una más!

 

 

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