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Hacer un buen traje de charro es un arte: Fermín Escamilla


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Ponciano, primer charro de México.
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Hacer un buen traje de charro es un arte: Fermín Escamilla

Ponciano, primer charro de México.
Fotógraf@/ MÁXIMO CERDIO
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Jojutla. Fermín es la única persona en Morelos que hace trajes de charro. Tiene su taller familiar de costura en Jojutla, ahí trabajan él, su esposa y su hija.

Gran parte de sus clientes se encuentran en Estados Unidos, pero trabaja también para personas que viven en toda la república mexicana, y desde luego para quienes viven en Morelos.

En su taller de costura localizado en Prolongación Leyva, en el Barrio de las Calaveras, Fermín Escamilla Espinal, nos contó que nació en Atizapán de Zaragoza, Estado de México.

Su papá, Isidro Escamilla Bernal, era de Hidalgo, pero murió cuando Fermín tenía 4 años, y su mamá, Juana espinal Tovar, que era de Rancho viejo, en Huautla, se hizo cargo de él y de sus hermanos.

Viajaron a Jojutla, donde se establecieron y en donde trabajaban en labores del campo.

Él sólo pudo estudiar hasta la secundaria porque se necesitaban recursos para ayudar en su casa y para mantenerse, así que cuando terminó esa etapa escolar se enroló en el Ejército Mexicano, en donde sirvió nueve años, después se fue a probar suerte a Estados Unidos, esto ocurrió en 1993.

En Nueva York, logró un conseguir empleo en un taller de costura, no era lo que andaba buscando, pero fue lo que encontró; su objetivo consistía en trabajar muy duro para mandar dinero a su familia, que se había quedado en Jojutla: tenía dos hijas y su esposa.

Después de un tiempo de aprendizaje, consiguió ascender a un puesto en el área de costura.

Allí, había más de 80 obreros dedicados a diferentes especialidades en el proceso de producción de ropa para dama, pero prendas muy finas, de marcas muy conocidas en la época como Victoria Secret, Calvin Klein, Guess, entre otras.

Con los años, llegó a tener una gran habilidad en una máquina overlock, su trabajo era unir telas, sobrehilar, confeccionar dobladillos, repulgos y costuras decorativas, entre otras actividades.

Fermín volvió a Jojutla en el año 2009, aquí vivían su esposa Lupita Santoyo Martínez y sus hijas.

Cuando regresó comenzó a buscar trabajo y lo encontró en Emiliano Zapata, en la maquiladora Moda Maya, que es de un coreano con el que había trabajado en Nueva York. Estuvo en el taller como un año, luego compró sus propias máquinas y se puso a costurar ropa de mujer, que su esposa y él vendían en los tianguis.

Fermín relató que no le iba muy bien y pensó en regresar a Nueva York. Quería volver y después mandar por su esposa y por sus dos hijas, pero no conseguía visa porque después del atentado de las Torres Gemelas, los norteamericanos fueron más estrictos con las medidas de seguridad.

Su esposa no estaba dispuesta a viajar a Norteamérica, y le propuso hacer trajes de mariachis, su papá y sus hermanos eran músicos en León, Guanajuato.

Él sabía cortar y costurar, pero nunca había hecho un traje de músico, además, pensaba que no había muchos mariachis en Jojutla y que no comprarían tantos trajes.

El primero lo hizo para su cuñado, le quedó muy guango, reconoció, pero al músico le gustó y ya no quería quitárselo.

Con la práctica, Fermín fue mejorando su técnica hasta que logró hacer vestimentas muy buenas, al grado que en la actualidad se dedica nada más a fabricar trajes de mariachis y de charros, que son muy parecidos, pero que presentan detalles, incluso el traje de charro está regulado por la ley y debe tener ciertas características.

Escamilla Espinal dijo que algo que le ayudó mucho en su trabajo fue la páginaTrajes Charros Morelos de Facebook (https://www.facebook.com/maria.maricel.798), ya que por ese conducto comenzó a recibir muchos pedidos en diferente parte de la república mexicana. Hasta el día de hoy de una buena forma de vincularse con sus clientes, y viaja mucho a diferente partes de México a tomar medias y a entregar.

Se siente muy orgulloso de que sus trajes han viajado a Egipto, a París y a otras partes del mundo. Lo sabe porque las personas para quienes ha hecho el pedido lo presumen y, algunas veces, hasta le mandan fotos.

Para Fermín, la elaboración de un traje de charro es todo un arte, lleva muchos detalles, no se realizan en cualquier tela.

La Federación Mexicana de Charrería clasifica el traje charro en cuatro categorías: el de faena, media gala, gala y el de gran gala.

Escamilla Espinal los reduce a dos: el de faena y el de gala.

Los elementos del traje de charro son camisa, sombrero de ala ancha, chaqueta corta, corbata de moño, faja o ceñidor, cinto, pantalón, botines, chaparreras y espuelas.

Las mujeres usan sombrero, botas, vestido, crinolina, rebozo, moño del cabello y calzonera.

Los trajes no se elaboran por talla ni en serie, son personalizados, de acuerdo con la talla del cliente.

El material con que se hacían los trajes de charro era la gamuza, pero en la actualidad se puede usar casimir Santiago o tricotina y una tela llamada de grano de pólvora, que es la más cara y la más delicada.

Después de 25 años haciendo costura y 16 dedicándose a hacer trajes de charro y de mariachi, Fermín dice que no se da abasto. Entre él, su esposa, José Luis Rodríguez Noriega y Yareli Martínez sacan el trabajo.

Fermín relató que atiende e pedidos en toda la república y que ha ido a toma medias a Jalisco, Guanajuato, Guerrero, la Ciudad de México.

Viste a varios mariachis de Morelos, quienes son sus clientes desde hace años.

Explicó que quienes están en el negocio de los trajes de charro, ya sea porque los vendan, los hagan o los porten, conocen la calidad y originalidad; se puede identificar a un buen sastre.

“A mí, particularmente, me gustan mucho los trajes de Pepe Aguilar, son muy elegantes; en ellos me he inspirado para hacer algunos, claro, no son imitaciones, porque debe uno respetar el trabajo de diseñador, yo no plagio”, aclaró.

Le gusta que le paguen cuando termina trabajo, pero le da mucha satisfacción ver los trajes de charro puestos, que luzcan en la persona que se los pone.

Fermín tiene muchas anécdotas dentro de este oficio que no pensó llegar a ejercer, pero que le gusta y le permite mantener a su familia.

Hace poco más de un año fue a entregar unos trajes a Temixco. Dejó su auto en la calle, tardó como dos horas entre que se probaban los trajes y platicaba con los clientes, cuando regresó, vio con sorpresa que, en la parte de atrás de su coche, no estaban ya unos trajes terminados que debía mandar a Estados Unidos.

Se enojó mucho, pero habló con sus sus amigos mariachis y les dijo que si les ofrecían unos trajes de tales y tales características, no los compraran porque se los habían robado.

Como a las cuatro horas del mismo día, le llamó un amigo de Temixco que tenía los trajes en su casa. Se los habían llevado a vender y se los dejaron, pero ya no fueron por ellos. Su amigo se los entregó.

Fermín dijo que esos trajes eran de gala, muy costosos y si no los hubiera recuperado, aparte del dinero que había invertido, también habría perdido buenos clientes en el extranjero.

De su estancia en Estados Unidos, Fermín recuerda las amplias calles, la gente, la imponente ciudad de Nueva York con sus edificios gigantescos. Pero algo que no puede borrar de su mente fue un martes 11 de septiembre de 2001.

El taller donde él trabajaba quedaba como a 15 minutos, a pie, de donde estaba las Torres Gemelas.

Eran casi las 9 de la mañana cuando escucharon tronidos muy fuertes. De inmediato los comenzaron a evacuar del local, salieron a la calle y desde ahí vieron la humareda al fondo. Minutos después otra explosión fuertísima, era la segunda torre que había sido derribada por el avión, pero ahora sí había una nube más grande y la gente corrida despavorida. Él y sus compañeros obreros se alejaron del lugar por órdenes de la policía. No sabían que estaba pasado, creían que había comenzado una guerra contra Estados Unidos.

El taller suspendió actividades como un mes, luego los llamaron para recomenzar.

Fermín estaría algunos años más en Nueva York, y se enteraría que ese ataque 2 mil 977 personas perdieron, 92 por ciento eran víctimas de Nueva York, que fue la zona más afectada. Además de los decesos, alrededor de 6 mil 000 personas resultaron heridas, mientras que millones de ciudadanos terminaron con traumas psicológicos.

 

EN RECUADRO

 

Orígenes del traje de charro

De acuerdo con información que circula el internet., la historia del Charro se remonta al siglo XVII. Los charros de hoy son los descendientes de los vaqueros indígenas que primero fueron esclavizados y luego empleados por los colonos españoles para administrar sus haciendas recién adquiridas.

Los españoles fueron quienes introdujeron caballos en México, pero el gobierno colonial hizo cumplir una ley para que los indígenas mexicanos no montaran caballos a menos que un terrateniente español los empleara para hacerlo.

Los hombres a los que se les permitió montar tenían estrictamente prohibido vestirse a sí mismos y a sus caballos de la misma manera que los españoles, para que ningún vaquero mexicano pudiera ser confundido con un miembro de la clase alta española.

Según Dafne Cruz Porchini, en el libro “Charrería, Historia de una tradición popular”, el origen del charro mexicano se debe busca en los chinacos (apelativos despectivos que los conservadores dieron a los partidarios y guerrilleros liberales o republicanos durante la Guerra de Reforma y la intervención francesa en México) del siglo XVI. Estos guerreros liberales, mestizos en su mayoría, tenían prohibido vestirse como españoles, por lo tanto, crearon una vestimenta particular: un traje de manta con cuero encima para protección.

Más tarde, con la lucha de Independencia, la indumentaria chinaca, con sombrero plano y calzón de manta y doble pantalón, fue imitada por los charros de la época, con las botonaduras laterales.

Incluso, José María Morelos y Pavón, fue retratado con una chaqueta que tenía elementos decorativos de los chinacos.

Años después, en los tiempos del Segundo Imperio de Maximiliano, el traje típico chinaco se mezcló con el de la monta inglesa, y a finales del siglo XIX apareció el primer charro mexicano: Ponciano Díaz Salinas, primo de Porfirio Díaz.

Llegaría el siglo XX y habría dos tipos de traje: el más costoso, fabricado con lana y adornos de plata; y el más económico elaborado con gamuza. Posterior a la Revolución mexicana, el traje se convertiría en el atuendo nacional.

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Máximo Cerdio

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