“Lo mejor de la escultura expresionista latinoamericana”: Raquel Tibol.
Visitar su casa/taller es siempre una experiencia deliciosa. Construida por sus propias manos y rodeada por la frondosa vegetación de Santa María, es el hogar que comparte con su esposa, la también artista plástica Triana Vidal, donde ambos realizan la alquimia de crear las obras que convierten los sueños en realidad.
Víctor Hugo nació en el sur de Chile, donde el río Ñielol canta la canción de los copigües. Cuando Víctor Hugo cumplió doce años de edad, su padre los llevó a él y a un hermano al internado la Gratitud Nacional para inscribirlo a él en sastrería y a su hermano en electricidad. Tendría unos 17 cuando empezó a asistir al turno vespertino de la Facultad de Bellas Artes. No sería sastre, en cambio, iniciaba el camino que lo convertiría en el gran artista que hoy es.
En 1973, el cruento golpe de estado de Pinochet lo obliga a dejar su país y llega a México, una segunda patria donde crear. Los primeros años su obra escultórica está teñida con el dolor del exilio, de los compañeros asesinados, es entonces cuando realiza una primera exposición, y la reconocida crítica de arte Raquel Tibol lo señala como “lo mejor de la escultura expresionista latinoamericana”.
Con una vida de creación y estudio, gracias a una beca del Fonca, decide estudiar la técnica ancestral de las esculturas de caña. Escindido entre dos países, dos amores, a petición de los vecinos crea el Cristo de Santa María, con la antigua técnica de los Cristos de caña, aprendida en Michoacán: Cristo que según los habitantes locales “hace milagros”. Pero también regresa una y otra vez a Chile, los hijos, la nostalgia, esa necesidad de no dejar de pertenecer. Propone, crea un espacio escultórico en Homenaje a la Cordillera de los Andes, celebra cada encuentro, cada reconocimiento.
No sólo encuentra en la escultura su medio de expresión. En una cálida tarde muy cuernavacense, recorremos el jardín lleno de esculturas y el taller donde, esta vez, me esperaba una magnífica sorpresa: ¡doce xilografías!
“Retorno a Piedra del Trueno”, imposible analizar la cosmogonía que lleva a Víctor Hugo a realizar esta delirante fantasía, atado a las raíces de los pueblos originarios y a los sueños de su infancia sureña, mapuche por vocación, no por nacimiento. Técnicamente se sirve de la xilografía, esta forma de impresión creada en China hace más de seis siglos, donde a golpe de gubia y buril se van devastando las placas de madera, hasta que sólo quedan las líneas que se van a imprimir, compleja tarea que principalmente lleva a cabo Triana, su compañera mexicana, también ella una magnífica escultora. Así, juntos, logran este maravilloso resultado. Luego viene la impresión, el uso de los colores, la delicada definición de cada trazo, tarea en la que él forma parte hasta alcanzar la buscada perfección.
Pero aún hay más de la inagotable pasión creadora de Víctor Hugo Núñez: en el recién pasado 2025, el Museo de la Ciudad, dirigido por el maestro Juan Contreras de Oteiza, presenta el libro “Donde Está la Luna Llena”, autobiografía de Víctor Hugo, un libro extraordinario en el cual el artista nos narra su vida con gran honestidad y fluidez. Pero el éxito de crítica y público no es suficiente, “el libro es un objeto”, piensa Víctor Hugo. Entonces, en 12 días crea las obras en las que el libro es protagonista. “El Libro Crucificado” es la exposición que completa el evento.
Sólo nos queda preguntarnos: ¿Cuál será la siguiente sorpresa que nos ofrecerá este gran artista plástico? No dudo que aún nos dará mucho que ver.

Jardines de México.


