Con la llegada de la Cuaresma, la cocina cambia de ánimo. Redescubre cinco recetas tradicionales que prueban que la sobriedad de la temporada puede convivir con el sabor y la herencia culinaria.

El Miércoles de Ceniza señala el arranque de un tiempo de introspección y ajustes que, en numerosos hogares, se expresa claramente en la mesa. La costumbre de prescindir de carnes rojas ha impulsado una de las etapas más ingeniosas de la gastronomía, donde leguminosas, cereales, pescados y quelites toman el papel central en cada comida. Es una época pensada para volver al origen y disfrutar preparaciones heredadas por generaciones, conservando viva la identidad cultural.
Cocinar estos platillos no responde únicamente a la fe o a la tradición, también abre la puerta a descubrir texturas y sabores más ligeros, balanceados y frescos. Desde el uso artesanal del piloncillo en recetas dulces hasta la sorprendente versatilidad del nopal en guisos salados, la cocina cuaresmal recuerda la riqueza y diversidad de los ingredientes locales. Es el momento del año en el que la sencillez rural se convierte en auténticos festines de sabor.
A continuación, compartimos cinco propuestas esenciales para dar la bienvenida a esta temporada con buen sazón y sorprender en casa con clásicos infalibles. Estas opciones no solo respetan la vigilia, también celebran el ingenio culinario que distingue a nuestra región. Descubre cómo productos sencillos pueden brillar en una mesa cargada de historia y simbolismo.
Los protagonistas de la mesa cuaresmal

Tortitas de camarón con nopales:
Probablemente el platillo más representativo. El sabor potente del camarón seco, combinado con el toque vegetal del nopal y un mole rojo o pipián, logra un equilibrio que marca el inicio de la vigilia.
Chiles rellenos de queso o atún:
Un imperdible de temporada. Capeados o al natural, los chiles poblanos rellenos de queso panela o de atún con aceitunas resultan completos y reconfortantes.
Sopa de habas con nopales:
La sopa reconfortante por excelencia. Las habas secas, cocidas hasta suavizarse, forman un caldo espeso y nutritivo que se realza con cilantro y trozos de nopal.
Capirotada:
La Cuaresma no está completa sin este postre tradicional. Pan, piloncillo, canela, cacahuate, queso y pasas se unen en un dulce lleno de memoria.

Pescado a la veracruzana:
Ideal para quienes buscan ligereza sin perder carácter. Filetes de pescado blanco en salsa de jitomate, aceitunas, alcaparras y chiles largos ofrecen un contraste delicioso.
Más allá de las limitaciones alimenticias, el Miércoles de Ceniza y la Cuaresma invitan a reconectar con una cocina paciente y heredada. Estos platillos alimentan el cuerpo y preservan recuerdos familiares, técnicas y saberes que definen la cultura gastronómica. Al final, compartirlos en la mesa es una manera de celebrar la identidad y la diversidad de ingredientes que, cada año, transforman la austeridad en un verdadero banquete.
