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5 bases esenciales para empezar a meditar y reducir el estrés
TXT Emily Peck

5 bases esenciales para empezar a meditar y reducir el estrés

Fotógraf@/ Narai Chal
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Incorporar la meditación a la rutina diaria no requiere retiros especiales ni grandes preparativos.
Practicar desde casa puede ser suficiente para recargar la mente y el cuerpo, especialmente en etapas de alta presión como el regreso al trabajo después de las fiestas.

Diversas investigaciones han asociado esta práctica con mejoras en la concentración, la creatividad, el descanso nocturno y el control del estrés.

Especialistas en bienestar explican que meditar consiste, en esencia, en calmar la mente al llevar la atención —casi siempre— hacia la respiración.

Este enfoque permite hacer una pausa dentro del ritmo acelerado y la sobreestimulación cotidiana, dando oportunidad al sistema nervioso de estabilizarse y recuperar equilibrio.

1. Entender qué es y qué beneficios aporta

La meditación puede realizarse en casi cualquier lugar y no implica costos.
Expertos señalan que una práctica constante puede ayudar a disminuir los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés, además de fortalecer las redes de atención del cerebro.

Estudios con neuroimagen también han observado cambios positivos en zonas vinculadas con la concentración y la toma de decisiones tras varias semanas de entrenamiento en atención plena.

2. Elegir un tipo de meditación

No existe una sola forma de meditar.
Hay técnicas centradas en la respiración, en el movimiento consciente, en mantras, visualizaciones o escaneos corporales.

Algunas prácticas se enfocan en la atención focalizada, otras en permanecer en el momento presente y otras en la repetición de sonidos o palabras para ampliar la conciencia.
Las sesiones guiadas mediante aplicaciones pueden facilitar el inicio, aunque también es válido practicar en silencio.

3. Comenzar con pasos simples

Para quienes inician, una técnica básica es sentarse unos minutos y observar la respiración.

Se recomienda cerrar los ojos o fijar la mirada en un punto, notar el ritmo del aire al entrar y salir, e intentar que inhalación y exhalación duren lo mismo.

Contar mentalmente —por ejemplo, hasta cuatro al inhalar y cuatro al exhalar— ayuda a mantener la atención.
Cuando surjan distracciones, basta con regresar suavemente al ritmo respiratorio. Practicar entre cinco y diez minutos es un buen punto de partida.

4. Crear constancia, aunque sea poco tiempo

La regularidad es más importante que la duración. Dos minutos diarios pueden ser tan valiosos como diez si se sostienen en el tiempo.
Integrar la meditación a actividades cotidianas —como caminar, esperar el café o trasladarse al trabajo— facilita convertirla en hábito.

Con el tiempo, muchas personas amplían sus prácticas y exploran nuevas técnicas.

5. Priorizar la comodidad y soltar expectativas

Se puede meditar sentado, recostado o incluso acostado, siempre que la postura permita mantenerse atento y cómodo.

Es normal sentir incomodidad física o notar que la mente se dispersa; esto no significa que se esté “haciendo mal”.
La clave no es vaciar la mente por completo, sino regresar una y otra vez al punto de enfoque. Los beneficios suelen percibirse después de la práctica: mayor calma, claridad mental y mejor gestión emocional.

En definitiva, meditar es una herramienta accesible para reconectar con el presente y reducir la tensión diaria.

Con práctica constante, muchas personas reportan dormir mejor, reaccionar con más equilibrio ante el estrés y sentirse más presentes en su vida cotidiana, señales de que la disciplina empieza a dar resultados.

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