Recoger el cabello es un hábito cotidiano para millones de personas, ya sea por comodidad, estilo o practicidad. Sin embargo, hacerlo de forma constante y muy ajustada puede afectar tanto la fibra capilar como el cuero cabelludo, generando consecuencias visibles con el tiempo.

Debilitamiento y quiebre
El uso diario de ligas muy tensas provoca tensión constante sobre el pelo, especialmente en la zona donde se recoge. Esto puede derivar en quiebre, puntas abiertas y un aspecto más frágil, sobre todo si el cabello está húmedo o dañado por calor o productos químicos.
La presión repetida también puede causar alopecia por tracción, un tipo de caída que afecta folículos sometidos a tensión continua. Suele manifestarse en las entradas, la línea frontal y la nuca, especialmente con colas altas, chongos ajustados o trenzas muy tensas.

Dolor y sensibilidad
Recoger el cabello demasiado fuerte puede generar molestias físicas. Dolor de cabeza, sensibilidad en el cuero cabelludo, inflamación o sensación de ardor son síntomas comunes cuando la tensión se transmite a los nervios de la zona.
Marcas y deformación
El uso continuo de ligas en el mismo punto puede dejar ondas o pliegues visibles, lo que dificulta lucir el cabello suelto. A largo plazo, la repetición de este amarre puede alterar la forma natural del pelo.

Fricción y desgaste
Los estilos muy ajustados aumentan la fricción entre los mechones y los accesorios, especialmente si contienen partes metálicas o materiales ásperos. Esto incrementa el riesgo de roturas, afectando de manera particular a cabellos finos o rizados.
Cómo proteger tu cabello
Amarrar el cabello no es dañino si se hace con moderación. Se recomienda alternar peinados, evitar recoger el pelo húmedo, usar ligas suaves o tipo scrunchie, no apretar demasiado y permitir que el cabello permanezca suelto varias horas al día para aliviar la tensión.
Pequeños cambios en la rutina y atención a las señales del cuero cabelludo pueden ayudar a mantener un cabello más fuerte, saludable y libre de daños a largo plazo.
