Las infecciones urinarias son afecciones comunes que pueden presentarse a cualquier edad. Aunque suelen asociarse con síntomas claros, como ardor al orinar o urgencia constante para ir al baño, también existen manifestaciones menos evidentes que pueden retrasar la atención médica si no se reconocen a tiempo.

Una de las primeras alertas puede reflejarse en cambios en la orina. Cuando se observa turbia, con olor más intenso o tonalidad oscura, podría indicar la presencia de bacterias en el tracto urinario, aun sin molestias al momento de orinar.
Señales que no deben pasarse por alto
El cansancio persistente es otro signo poco identificado. La fatiga general o sensación de debilidad sin causa aparente puede aparecer mientras el organismo combate una infección interna, y con frecuencia se confunde con estrés o falta de descanso.
Las molestias leves en la parte baja del abdomen o en la zona lumbar también pueden presentarse de forma intermitente. Al no ser intensas, suelen atribuirse a problemas musculares o digestivos, lo que retrasa su evaluación.

En personas adultas mayores, las señales pueden ser aún más sutiles. Cambios repentinos en el estado de ánimo, confusión, irritabilidad o desorientación pueden estar relacionados con una infección urinaria, incluso sin síntomas urinarios evidentes.
Otra manifestación discreta es la sensación de presión en la vejiga o la impresión de no vaciarla por completo al orinar. Aunque no siempre genera dolor, puede indicar inflamación o irritación en las vías urinarias.

Identificar estas señales tempranas es fundamental para evitar complicaciones, ya que una infección sin tratamiento puede extenderse a los riñones. Ante cualquier cambio inusual o persistente, se recomienda acudir con un profesional de la salud para recibir un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado.
