Las sociedades antiguas ofrecen lecciones a las ciudades modernas Las sociedades antiguas ofrecen lecciones a las ciudades modernas
Publicado en Tecnologia Lunes, 29 Junio 2020 05:42

Las sociedades antiguas ofrecen lecciones a las ciudades modernas

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Las ciudades modernas de hoy, desde Denver hasta Dubai, podrían aprender una o dos cosas de las antiguas comunidades Pueblo, que una vez se extendieron por el suroeste de los Estados Unidos y el norte de México. Al respecto, un estimado colega nos comparte el presente artículo escrito por Daniel Strain y publicado el pasado 19 de junio (2020) en el boletín de noticias de la University of Colorado en Boulder, Co (UC-Boulder). Veamos qué nos comentan:

Uno de las primeras premisas que las comunidades antiguas fueron afirmando es que mientras más personas vivan juntas, mejores serán los niveles de vida.

Ese hallazgo proviene de un estudio publicado hoy en la revista Science Advances que fue dirigido por Scott Ortman, un arqueólogo de la Universidad de Colorado Boulder. Existe un número creciente de arqueólogos y antropólogos que argumentan que el pasado del mundo puede ser la clave de su futuro. ¿Qué lecciones pueden aprender las personas que viven hoy de los éxitos y fracasos de las civilizaciones de hace cientos o miles de años?

Recientemente, Ortman y José Lobo, de la Universidad Estatal de Arizona, se sumergieron profundamente en los datos de las ciudades agrícolas que salpicaban el Valle del Río Grande entre los siglos XIV y XVI. Las metrópolis modernas deberían tomar nota: a medida que las aldeas Pueblo se hicieron más grandes y densas, su producción per cápita de alimentos y otros bienes también pareció aumentar.

En otras palabras, calles llenas con mucho movimient, podrían conducir a ciudadanos con mejores posibilidades económicas y muy posiblemente con una mejor calidad de vida.

"Vemos aquí una situación de escala", dijo Ortman, profesor asistente en el Departamento de Antropología, que también está afiliado al Instituto Santa Fe en Nuevo México. "Mientras más personas trabajan juntas, más producen por persona".

Si lo mismo es cierto hoy en día, sigue siendo una pregunta abierta, especialmente en medio de los impactos sin precedentes de la pandemia de covid-19 en las ciudades y la proximidad humana. Pero los resultados del suroeste soleado sugieren que es una idea que vale la pena explorar.

"El registro arqueológico puede ayudarnos a aprender sobre los problemas que nos preocupan del mundo actual de tal forma que no los podríamos hacer así utilizando los datos disponibles de las sociedades modernas", dijo Ortman.

 

Los buenos platillos

 

Las investigaciones forman parte de una rama de un esfuerzo que Ortman lidera llamado Proyecto de Reactores Sociales, la cual ha explorado patrones de crecimiento en civilizaciones desde la antigua Roma hasta el mundo inca.

Es un intento de perseguir una idea propuesta por primera vez en el siglo XVIII por Adam Smith, a menudo conocido como el padre de la economía moderna. En The Wealth of Nations, Smith defendió los beneficios fundamentales del tamaño del mercado: que si se facilita el comercio de más personas, la economía crecerá.

Simplemente mire cualquier ciudad donde seguramente encontrara una peluquería junto a una panadería y una guardería para perros.

"A medida que las personas interactúan con mayor frecuencia, una persona puede realizar menos cosas por sí misma y obtener más de lo que necesita de sus contactos sociales", dijo Ortman.

El problema, explicó, es que ese crecimiento "que impulsa la concentración de personas" es difícil de aislar en las ciudades grandes y complejas de hoy. Esto mismo no resulta cierto para el Valle del Río Grande.

Antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI, cientos de aldeas abarcaban la región cercana a lo que hoy es Santa Fe. Estos asentamientos variaron en tamaño desde unas pocas docenas de residentes hasta unas tres mil personas, la mayoría de las cuales se ganaban la vida cultivando entre otras cosas el maíz y el algodón.

Tal estilo de vida de subsistencia no significaba que estas comunidades fueran simples.

 

"La visión tradicional en la historia antigua era que el crecimiento económico no sucedió hasta el comienzo de la revolución industrial", dijo Ortman.

Él y Lobo decidieron poner a prueba esa suposición. El dúo estudió detenidamente una base de datos exhaustiva de hallazgos arqueológicos de la región, capturando todo, desde la cantidad y el tamaño de las habitaciones en las comunidades de Pueblo hasta la cerámica y montones de basura.

 

Descubrieron una tendencia clara: cuando las aldeas se volvieron más pobladas, sus residentes parecían mejorar en promedio, exactamente como Smith predijo. Los espacios habitables crecieron en tamaño y las familias recolectaron más cerámica pintada.

"Se podría considerar como más platos para compartir comidas juntos", dijo Ortman.

Conexión social

Ese crecimiento, descubrió el equipo, también parecía seguir un patrón que los investigadores del Proyecto de Reactores Sociales han visto en una variedad de civilizaciones a lo largo de la historia. Cada vez que las aldeas duplicaron su tamaño, los marcadores de crecimiento económico aumentaron aproximadamente un 16% en promedio.

Ortman dijo que el efecto no ocurre de la misma manera en todas partes. Factores como la desigualdad y el racismo, por ejemplo, pueden evitar que los residentes urbanos trabajen juntos, incluso cuando viven en espacios reducidos.

Pero, agregó Ortman, estas comunidades de Pueblo tienen una lección importante para las sociedades modernas: cuanto más personas puedan conectarse con otras, más prósperas se vuelven.

"En igualdad de condiciones, la urbanización debería conducir a mejoras en las condiciones materiales de vida para las personas en todas partes", dijo. "Sospechamos que es por eso que el mundo continúa urbanizándose, a pesar de todos los problemas asociados".

 

Fuente:

https://www.colorado.edu/today/2020/06/15/ancient-societies-hold-lessons-modern-cities

 

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