En el universo abundan objetos que brillan de forma estable durante millones o miles de millones de años. Sin embargo, también existen fenómenos fugaces que irrumpen con violencia y desaparecen en cuestión de días. Son los llamados objetos transitorios, y entre ellos destaca una de las clases más enigmáticas descubiertas en la última década: los Fast Blue Optical Transients (FBOT).
Estos eventos se caracterizan por un aumento extremadamente rápido de brillo, una luminosidad extraordinaria y un espectro dominado por emisión azul, indicio de temperaturas muy elevadas. Su naturaleza sigue siendo motivo de debate.
Uno de los ejemplos más extremos registrados hasta ahora —denominado 2024 wpp— fue estudiado por un equipo internacional con participación del Dr. Fabio de Colle, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM. El análisis sugiere que el fenómeno podría estar impulsado por un motor central altamente energético, posiblemente asociado a la acreción de materia sobre un agujero negro.
¿Qué distingue a los FBOT?
A primera vista, los FBOT recuerdan a supernovas de colapso de núcleo. Sin embargo, su evolución temporal es radicalmente distinta. Mientras que una supernova típica tarda entre 10 y 15 días en alcanzar su brillo máximo y puede permanecer luminosa durante meses, los FBOT alcanzan su pico en apenas dos o tres días.
Además, su espectro azul indica temperaturas superiores a las de muchas supernovas convencionales, lo que apunta a mecanismos energéticos adicionales.
Desde el descubrimiento de eventos como AT2018cow —apodado “La Vaca”— la comunidad astronómica ha debatido su origen. Se han propuesto varios modelos: supernovas con interacción extrema con material circundante, magnetars recién formados, colapsos estelares fallidos y eventos de disrupción por marea (TDE).
Un caso extraordinario
El evento 2024 wpp se encuentra entre los más luminosos registrados en esta clase. Su intensidad permitió someter a prueba modelos teóricos que antes no podían distinguirse con claridad observacional.
Los datos en múltiples longitudes de onda —óptico, ultravioleta, radio y rayos X— fueron fundamentales. Aproximadamente 50 días después del evento inicial, se detectó un incremento en emisión de rayos X consistente con acreción activa sobre un objeto compacto.
“La hipótesis que actualmente cuenta con mayor respaldo para este caso específico es que se trate de un evento de disrupción por marea”, explicó De Colle. En un TDE, una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro y es desgarrada por fuerzas de marea. Parte del material cae hacia el agujero negro y otra fracción es expulsada a altas velocidades.
Este escenario explica la emisión en diferentes rangos del espectro: la envoltura más lenta produciría la radiación óptica y ultravioleta, mientras que componentes más rápidas generarían emisión en radio.
No obstante, el investigador subraya que los FBOT podrían no tener un único mecanismo de origen; es posible que representen una familia de fenómenos físicos distintos bajo una misma clasificación observacional.
Descartando los estallidos de rayos gamma
Uno de los modelos evaluados vinculaba el evento con los estallidos de rayos gamma (GRB). Sin embargo, el análisis detallado mostró diferencias clave en la dinámica del material expulsado.
En los GRB, los jets relativistas se desplazan a velocidades cercanas a la de la luz. En este caso, el material se mueve a una fracción significativa de esa velocidad, lo que permitió descartar esa hipótesis.
Ciencia global y nueva era observacional
El estudio fue liderado por la Universidad de California en Berkeley, con participación de instituciones en Estados Unidos, Europa, Asia y Australia, además de la UNAM. Se emplearon instrumentos como los satélites Swift y NuSTAR para observar la emisión en rayos X, complementados con telescopios ópticos y radiotelescopios.
Este tipo de fenómenos podría volverse más común gracias al inicio de operaciones del Observatorio Vera C. Rubin (LSST), en Chile, que realizará monitoreos sistemáticos del cielo cada pocos días. La detección temprana será clave para entender eventos que evolucionan en escalas de tiempo extremadamente cortas.
Una frontera abierta
Los FBOT parecen ocupar un territorio intermedio entre las supernovas convencionales y los fenómenos más energéticos del universo. Su estudio no solo amplía nuestro conocimiento sobre la muerte estelar y la formación de agujeros negros, sino que también pone a prueba los límites de los modelos astrofísicos actuales.
Más que resolver un misterio, este descubrimiento abre nuevas preguntas sobre cómo se libera la energía en los entornos más extremos del cosmos.
