Ciencia
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¿Puede un chatbot ser coautor? IA y física teórica en una colaboración inesperada

¿Puede un chatbot ser coautor? IA y física teórica en una colaboración inesperada

¿Puede un chatbot ser coautor? IA y física teórica en una colaboración inesperada
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Un estimado colega nos comparte un artículo publicado el 20 de febrero de 2026 en The Harvard Gazette, escrito por Eric Moskowitz. Apoyandónos en ChatGPT lo tradujimos y adaptamos a este espacio. Exploremos su interesante contenido…

 

La pregunta que plantea es tan provocadora como inevitable: ¿Puede un chatbot ser considerado coautor de un artículo científico?

La historia que relata no es futurista. Es actual.

 

Un problema que llevaba años estancado

En física de partículas, los gluones son las partículas que median la fuerza nuclear fuerte, responsable de mantener unidos a protones y neutrones.

Uno de los grandes desafíos matemáticos en esta área es calcular las llamadas amplitudes de dispersión, que describen la probabilidad de interacción entre partículas en colisiones de alta energía.

Durante años, una cuestión específica —relacionada con las llamadas single-minus gluon tree amplitudes— había permanecido sin demostración formal completa. La duda era si estas amplitudes eran realmente cero, como sugerían ciertos enfoques, o si en realidad no lo eran.

Resolver esto no es un detalle técnico menor: forma parte del entramado matemático profundo que sostiene la teoría cuántica de campos.

La colaboración

El equipo que abordó el problema estuvo integrado por físicos de alto nivel:

  • Andrew Strominger (Harvard University)
  • Alex Lupsasca (Vanderbilt / OpenAI)
  • David Skinner (University of Cambridge)
  • Alfredo Guevara (Institute for Advanced Study)

Para avanzar, utilizaron versiones avanzadas de ChatGPT como herramienta de exploración matemática.

Según relata el artículo, la IA no solo reorganizó ideas conocidas. En ciertos momentos, propuso estructuras argumentativas que ayudaron a desbloquear el problema. Posteriormente, generó una demostración extensa que los investigadores revisaron cuidadosamente paso a paso.

El resultado fue un preprint titulado:

“Single-minus gluon tree amplitudes are nonzero”

La conclusión: las amplitudes no son cero.

Pero lo más interesante no es el resultado.

Del escepticismo al asombro

Uno de los aspectos más llamativos del artículo es el cambio de actitud de los propios investigadores.

Al inicio, había escepticismo. ¿Podría realmente una IA contribuir de manera significativa en física teórica?

Conforme avanzó el trabajo, la percepción cambió. Los físicos describieron la experiencia como trabajar con un colaborador extremadamente rápido, capaz de explorar múltiples rutas matemáticas en paralelo.

Sin embargo, algo queda claro:
la validación conceptual, la interpretación física y la responsabilidad final del resultado fueron completamente humanas.

La IA propuso.
Los científicos evaluaron, corrigieron y formalizaron.

¿Herramienta o coautor?

Aquí emerge la cuestión central.

En ingeniería estamos acostumbrados a usar software sofisticado: simuladores, métodos numéricos, optimizadores, CAD, algoritmos simbólicos.

Pero esta situación es distinta.

No se trata solo de cálculo.
Se trata de generación de estructura matemática y exploración conceptual.

¿Es eso autoría? ¿O es una herramienta extraordinariamente avanzada?

La comunidad científica apenas comienza a discutir estas preguntas.

Lo que esto significa para la ingeniería (y para nosotros)

Durante décadas hemos utilizado software como extensión natural de nuestra capacidad técnica: simuladores, elementos finitos, métodos numéricos, optimización, diseño asistido.

Pero esto es distinto.

Aquí no hablamos solo de cálculo. Hablamos de generación de conjeturas, exploración conceptual y construcción argumentativa.

Si una IA puede contribuir en uno de los dominios más abstractos y rigurosos —la física teórica de altas energías— entonces estamos ante un punto de inflexión intelectual.

No porque la máquina “piense”. Sino porque amplifica nuestra capacidad de pensar.

La pregunta ya no es si la IA participará en la investigación científica.
Eso ya está ocurriendo.

La pregunta es más incómoda: Cuando dentro de algunos años un descubrimiento importante sea fruto de un diálogo constante entre humanos y modelos de lenguaje…

¿A quién pertenecerá la creatividad? ¿Quién será el autor?

¿Y qué significará —para nosotros como ingenieros— decir “yo resolví este problema”?

Tal vez estamos entrando en una era donde el descubrimiento ya no es individual ni exclusivamente humano, sino el resultado de una inteligencia híbrida.

Y eso, colegas, no es ciencia ficción. Es presente.

Como siempre, quedamos atentos a sus comentarios y reflexiones.

Fuente: https://news.harvard.edu/gazette/story/2026/02/can-a-chatbot-be-a-co-author/

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