Publicado en Radiografia del Poder Sábado, 24 Junio 2017 05:58

Ayotzinapa, Amilcingo, Tiripetío… La otra educación

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Hasta la capital del estado de Morelos llegó un grupo de estudiantes, voceros de la Normal Rural de Tiripetío, una pequeña población michoacana ubicada a unos 30 kilómetros de Morelia, para denunciar las agresiones y atropellos, que a decir de ellos, vienen cometiendo las autoridades de aquella entidad en su contra.

Al igual que en la Normal de Amilcingo del municipio de Temoac en Morelos, o de la de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero en su mayoría, por no decir que todos, son jóvenes procedentes de los sectores sociales más marginados y pobres, generalmente de familias campesinas que sólo en este tipo de instituciones, de las que quedan ya únicamente 17 en el país, pueden aspirar a alguna profesión, relacionada con el magisterio.

Se identifican en muchos aspectos; generalmente se trata de muchachos con un elevado entendimiento de la política y sobre todo con una instrucción ideológica inclinada a lo que se conoce como marxismo-leninismo, socialismo y otras formas de pensamiento características de confines del planeta, como lo que fuera la Unión Soviética, hoy Rusia.

Su doctrina y pensamiento irán siempre en contra de lo que consideran la aplicación de políticas públicas gubernamentales que poco benefician los intereses de ese sector social al que pertenecen. Han sabido mantener una relación directa entre compañeros de todos los planteles en el territorio nacional, mediante un activismo permanente.

Es algo que no se da en el resto de los espacios de formación profesional, llámense públicos o privados, de tal manera que cuando se ven asediados o lastimados a raíz de sus reclamos, reaccionan en cadena y se vuelven una fuerza bastante molesta para los gobiernos locales e incluso el federal.

El tema es para el caso nuestro, importante, porque se trata de un movimiento de protesta que está ya siendo respaldado por la Normal de Amilcingo y por algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como la Comisión Independiente de Derechos Humanos (CIDH), representada por José Martínez Cruz y Juliana García Quintanilla, en el ámbito local.

La demanda fundamental de los normalistas de Tiripetío es la entrega de fondos para el pago de becas, que no se han liberado, y de un presupuesto autorizado por el sector educativo que tampoco se cumple. Sus reclamos llegaron al enfrentamiento con la policía y ya sabe usted, una serie de lesionados y retenidos.

Los planteles en referencia subsisten con base en el subsidio oficial casi total. Son alumnos que, por sus bajas posibilidades económicas, viven en la escuela, que dispone de dormitorios, comedor y una plantilla de profesores igualmente pagados por las instancias educativas. Adicionalmente se les suele asignar una beca, para gastos como material escolar.

Ciertamente que la posición oficial ha sido siempre de resistencia a continuar apoyando ese tipo de formación magisterial que en algunos casos, forma egresados con bajo nivel de conocimientos en materia docente, pero se antoja que particularmente hay una especie de malestar por el grado de combatividad con el que se conduce la mayoría de normalistas.

En ese terreno hay una larga historia de confrontación entre estudiantes y autoridades que han llegado a hechos extremos. Por ahí en la década de los setentas y ochentas la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tenía que mantener una batalla constante, con egresados de la preparatoria popular que exigía el ingreso automático a las facultades de la máxima casa de estudios y el rechazo obligaba a los afectados a tomar instalaciones, cosa que irritaba a los distintos niveles de gobierno. Sus perfiles eran muy parecidos a los de los normalistas.

Pero en los tiempos más recientes, como que las cosas se han complicado aún más entre las instancias gubernamentales competentes en la materia y la mayoría de las normales. Independientemente de la particular doctrina ideológica de la que son alimentados, en planteles como el de Ayotzinapa pareciera haber surgido un acercamiento y hasta entendimiento entre grupo subversivos –calificados así por la misma autoridad- y los estudiantes.

Pero no sólo eso, en algunos casos, hasta se les llega a identificar con agrupaciones de carácter delincuencial, muy característicos del vecino estado de Guerrero. El caso de los 43 desaparecidos de la normal de Ayotzinapa ofrece un mar de fondo no explicado aún y que se advierte, pudiera llevar elementos de contaminación en ese sentido.

En lo que se refiere a Morelos, la normal de Amilcingo ha sido siempre un problema para las autoridades educativas; hay una larga historia de lucha de sus alumnas, sobre todo por la demanda de ingreso a las filas del magisterio.

Cada año suele aparecer la misma dificultad para las instancias oficiales, porque la condición de los egresados es algo así como un pase automático, cuando se cuenta con una serie de normas y reglas a cumplir para poder obtener un espacio.

Hay incluso un malestar en el resto de los maestros, que procedentes de diversas instituciones públicas, buscan igualmente un lugar y están siendo desplazados por las normalistas, porque las autoridades, a fin de evitarse molestias, les han venido dando preferencia, a pesar de que no alcancen la calificación y formación requerida.

Eso es lo que ha hecho que en los recientes años, se mantenga la calma, pero el logro es precisamente derivado de la fortaleza con la que responden los muchachos a la resistencia gubernamental y podríamos decir que en lo que se refiere a nuestra entidad, en dicho terreno tienen ganada la batalla coyunturalmente.

Oficialmente se aprecia una postura tendiente a ir desapareciendo ese modelo educativo, porque no tienen el control de la población escolar, las escuelas se manejan con autonomía casi total y su única relación con la autoridad es el compromiso de la recepción de subsidios y apoyos.

Incluso el profesorado que los atiende, en un elevado porcentaje, muestra empatía y simpatía con la forma de comportamiento de los alumnos. Son maestros igualmente inclinados a fomentar la lucha a favor de los más necesitados y a promover movimientos de las clases sociales desprotegidas.

Ya como profesionales en desarrollo, los egresados de las normales rurales suelen conservar y practicar sus ideales, atrayendo el apoyo de más compañeros en los centros de trabajo, cuando las circunstancias así lo requieren, de ahí que el gobierno en lo general no comulgue con sus intereses y limite, en la medida de lo posible, presupuestos y apoyos a su favor.

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