Sábado, 15 Agosto 2015 08:00

Más robo de combustible

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Alerta y trata de personas

1.- La Universidad Autónoma de Morelos (UAEM) cerró este viernes 14 de agosto de 2015 sus puertas debido a un grave derrame de gasolina a escasos kilómetros de distancia. Según el secretario de Gobierno y responsable directo del sistema estatal de protección civil, Matías Quiroz Medina, el accidente ocurrió cerca de Montecasino, colonia de Huitzilac, en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex). 

Todo apuntaba a que esta nueva fuga de hidrocarburos operados por dicha empresa paraestatal partió de la “ordeña” clandestina hoy por hoy efectuada por grupos delincuenciales. Sin embargo, el delito no es nuevo y durante varios lustros se ha podido ejecutar gracias al encubrimiento de autoridades locales y federales, en este caso agentes de la Policía Federal y Estatal. Es así como quiero recordar lo ocurrido el 1 de febrero de 2006 en la estación Montecristo (cerca de Huitzilac) del poliducto Añil-Cuernavaca de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicada a la altura del kilómetro 58 de la carretera federal México-Cuernavaca.

2.- A las 10:25 horas de ese día se registró una fuga de gasolina “Premium”, requiriendo la presencia de equipos especiales de la empresa paraestatal, de la Dirección de Protección Civil del Estado y del H. Cuerpo de Bomberos. Nunca trascendió la cantidad de combustible derramado, pero sí el riesgo de una emergencia ambiental en la zona, con desgracias personales. El escueto boletín emitido por Pemex dijo que la falla se registró en “una válvula del flujo del peine 1, donde el ducto se reduce de 8 a 6 pulgadas de diámetro”.

No obstante que el producto derramado se recuperó dentro de una fosa de contención de seguridad existente en la misma instalación, desconocemos si aquella región se enfrentó a una potencial catástrofe, de esas que son frecuentes en las regiones del país por donde cruzan los ductos de Pemex. Fue el mismo escenario que se vivió toda la madrugada de ayer desde Montecasino hasta la UAEM. La situación quedó controlada a las 6:30 horas, pero la alerta general provocó que nuestra máxima casa de estudios paralizara sus actividades durante la víspera.

3.- La postura asumida por las autoridades federales, estatales y locales en el evento del 1 de febrero de 2006 nunca me convenció, estimados lectores. Allá y entonces solamente dichos agentes del gobierno conocieron la magnitud del asunto, mismo que propició tan sólo el desalojo de cuatro viviendas ubicadas en las cercanías del incidente. ¿De dónde partió mi incredulidad? En el hecho de que los funcionarios involucrados en estos delicados accidentes jamás dicen la verdad, ni la sociedad se entera sobre los sucesos reales y el riesgo que siguen corriendo miles y miles de colonias asentadas sobre los ductos de Pemex. Y ahora, cuando hemos sido informados sobre la captura de una banda dedicada a la “ordeña” de ductos de Pemex situados en la misma región (a finales de julio pasado), y el descubrimiento de otro punto de saqueo en otra colonia situada al oriente de Cuernavaca, uno no puede más que inferir lo siguiente: los sucesos respectivos pudieron no haber ocurrido por deficiencias técnicas, sino por la perniciosa alianza entre empleados de la paraestatal y criminales, desde luego sobre un escenario encubierto por policías federales y quizás estatales. Esa era la creencia en 2006, y no dudo que el robo de hidrocarburos se haya repetido a lo largo de los años siguientes debido a lo mismo: a la corrupción.

4.- Desde luego, la problemática descrita ofrece coyunturas para los políticos de Morelos, a fin de ganar reflectores. Fue así como rápidamente salió a la palestra pública el diputado federal electo por el Distrito I (Cuernavaca), el panista Javier Bolaños Aguilar, quien indicó que los gobiernos de la República y Morelos “deben atender sin dilación y de manera efectiva la alarma generada por los dos casos de robo de combustible registrados la presente semana, para garantizar la integridad física de los morelenses, incluida por supuesto la de la comunidad universitaria”. El todavía presidente de la Junta Política y de Gobierno del Congreso local admitió que las tomas clandestinas de hidrocarburos son cosa de todos los días, “pero eso no es ningún consuelo para los morelenses, como tampoco lo es la revelación gubernamental de que estos delitos ya venían ocurriendo en el estado”. Este legislador ha insistido en la necesidad de que la planta distribuidora de Pemex ubicada adelantito de la Preparatoria 1 de la UAEM (sobre el Paseo Cuauhnáhuac) sea reubicada. Lo deseable es que una vez entronizado en su curul federal, el diputado blanquiazul llegue hasta las más altas autoridades de este país, incluidos los directivos de Pemex, a fin de cristalizar su proyecto. Sería benéfico para miles y miles de familias asentadas sobre las muchas colonias que se asientan a lo largo del poliducto de la multicitada paraestatal.

5.- Cambiemos de frecuencia. A querer o no, los alcaldes de los ocho municipios donde fue declarada la Alerta por Violencia de Género deberán alinearse a los esfuerzos que ha comenzado a realizar el gobierno morelense, los cuales han comenzado a cobrar forma al margen de si la actuación oficial se da acicateada por la decisión de la Secretaría de Gobernación o por iniciativa de sus principales autoridades. Uno de los puntos centrales abordados ayer durante una reunión a la que se convocó a los presidentes municipales, tiene relación con la entrega de un padrón de todos los negocios de giro rojo y negro que operan en sus demarcaciones y la situación sobre su funcionamiento, con el propósito de establecer con precisión los corredores donde está ocurriendo la violencia de género derivada, como lo señaló el propio gobernador desde el inicio de este tema, del tratamiento de la mujer como un objeto sexual. Seguramente habrá alcaldes y otras autoridades menores que protesten, porque si los negocios de vicio y prostitución dejan grandes ganancias, éstas ciertamente no se quedan solo en las manos de sus propietarios, sino que llegan a “salpicar” a representantes de la autoridad. A ver.

6.- Fue por lo menos desde finales de 2013 cuando la aún presidenta de la Comisión de Salud del Congreso, la priísta Rosalina Mazari, comenzó a subir al Pleno de la legislatura 52 el tema del Chikungunya para llamar a las autoridades de salud, del estado y de los municipios, a realizar acciones preventivas sobre este mal que entonces se veía muy ajeno a nuestra realidad. Venía de tierras lejanas y quizás se hablaba de algún caso en nuestra frontera sur, mientras que la enfermedad que preocupaba al mundo era el ébola. Muchos meses después, y tras reiterados llamados de los diputados, en Morelos rebasamos el centenar de casos de Chikungunya, los cuales se han registrado principalmente en los municipios de Cuernavaca, Jiutepec, Cuautla y Ayala, y apenas se comienza a advertir el interés de la sociedad por ocuparse de llevar a cabo las acciones recomendadas para evitar la propagación del mosco transmisor, ahora que trascienden los síntomas del mal, que pasan por fiebre, dolor abdominal, vómito, sangrado y dolor de huesos, y a los que nadie se quiere enfrentar. 

 

Guillermo Cinta

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