Publicado en Estrategias Jueves, 28 Noviembre 2019 05:10

El negocio de la muerte

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Oscar se sintió aliviado cuando vio que el coche de alquiler se detuvo frente a él tras hacerle la señal de que requería de sus servicios. “Sí alcanzaré el autobús de las 9”, pensó mientras se acomodaba en el asiento delantero y se ponía el cinturón de seguridad.

  • ¿Ya a descansar?- fue la pregunta del taxista, típica de ellos cuando quieren platicar con el pasajero.
  • Sí, la jornada estuvo dura, pero ya es tiempo de irnos a descansar- contestó sin muchas ganas.
  • Para mí apenas empieza. En cualquier momento me pueden llamar y tengo que acudir en friega- respondió el taxista.
  • Sí, supongo que el servicio de transporte debe ser muy solicitado a altas horas de la noche y en la madrugada- dijo Oscar decidido a hacerle menos aburrido el viaje al trabajador del volante.
  • Así es jefe, pero no crea que estoy hablando de la manejada. No, eso es nadamás para “completar la chuleta”. De lo que yo vivo es de la venta de servicios funerarios.

Y antes de que Oscar preguntara, el taxista ya le estaba dando “santo y seña” de lo que se dedicaba, además de manejar el taxi en el que esa noche lo llevaba a la terminal.

 “Si ahorita me llaman, me voy a la funeraria, dejo el taxi y agarro la carroza para ir por el cliente. Tengo dos cuates periodistas que cuando hay un muertito me marcan para decirme ‘vente, aquí hay uno’ y pues me lanzo”, continuó el hombre.

Le confesó que -además- por el buen servicio que siempre presta, lo recomiendan o lo vuelven a contratar: “hay una señora (a la) que ya le hice tres servicios… me prefiere a mi… aparte tengo tratos con un asilo, a los que una vez les trabajé y les gustó y ahora me llaman cuando cae algo, porque me encargo de todo… me avisan y llegó y me ocupo…”

Sí, el taxista se dedica (además de la ruleteada), a la prestación de los servicios funerarios, o lo que se conoce vulgarmente como “buitres”, en razón de que entre más muertos haya ellos más ganan.

En la fuente de la llamada “Nota Roja” abundan las anécdotas de “buitres”. Por ejemplo, aquella vez que dos empleados de diferentes funerarias disputaron a golpes el derecho a llevarse un cadáver en los pasillos del Hospital del IMSS en Plan de Ayala.

O aquella vez que un “buitre” se puso a saltar de gusto cuando escuchó en el radio de la Cruz Roja que un autobús se acababa de desbarrancar en “La Pera”, sin saber que en dicho camión venía su madre como pasajera.

Y es que, lo que para todos es motivo de tristeza, de duelo, para ese sector empresarial es motivo de alegría al ver incrementar sus ingresos.

Bajo esa perspectiva, no es necesario tener una estadística exacta para darnos cuenta que hoy se muere mucha más gente que hace años. La delincuencia organizada se ha convertido en la principal fuente de ingresos para las funerarias en Morelos, como lo demuestran las secciones de nota roja de todos los periódicos de la entidad.

Los empleados de servicios funerarios están literalmente como buitres a la espera de una señal que indique que hay un ser humano sin vida. Se acercan sigilosamente al lugar donde alguien ha reportado una balacera por redes sociales. Si la versión se confirma, esperan a que lleguen los familiares del muerto, y aún en su dolor le ofrecen sus servicios.

“Usted ya no se preocupa por nada más que por reclamar el cuerpo en el Semefo, a nosotros nos lo entregan, lo cosemos, lo maquillamos, y se lo llevamos a su casa ya dentro de un ataúd. Hasta los candelabros para las velas le prestamos”, ofertan.

Pero también están atentos a su teléfono celular, porque nunca falta el guardia de seguridad de un hospital que les avisa que “hay un muertito fresco” a cambio de una torta y un refresco. Los que tienen más tiempo en esto de “la muerteada” reciben el mensaje directamente del SEMEFO y ahí ya no hay pierde. 

Los tiempos han cambiado y la narcocultura ha llegado a los servicios funerarios. Ahora los familiares de los fallecidos prefieren las camionetas Tahoe negras a las tradicionales carrozas.  Es muy común que los entierros se realicen con música norteña o de banda, con los consabidos “narco-corridos” en lugar de los mariachis con “Las Golondrinas” que se acostumbró durante años.

“Al cliente lo que pida. Aquí la cosa está en ofrecerle todo en paquete para que el cliente sólo tenga que poner el muerto, nosotros nos ocupamos de todo lo demás, hasta de conseguirle a la mejor banda de música”, comenta un “muertero” que se jacta de haber sido el encargado de preparar y mandar a Sinaloa al mismísimo Arturo Beltrán Leyva, acribillado por la Secretaría de Marina en diciembre de 2009 en Las Torres Alltitude.

Son los mismos trabajadores de los servicios funerarios los que advierten que los usuarios deben ser muy cuidadosos al contratar éstos. “En una ocasión una señora quería que se cremara el cuerpo de su hijo e inmediatamente llevárselo porque ella venía de Estados Unidos y su vuelo salía esa misma noche. Se le explicó que no era tan fácil pues la cremación requiere de varias horas hasta que se deshaga totalmente el cadáver, y de ahí hay que recolectar las cenizas”.

Pero hubo una funeraria con pocos escrúpulos que le garantizó entregarle las cenizas en el tiempo que la clienta requería. “Ella se fue muy conforme con las cenizas, lo que no sabía es que esas cenizas no eran de su hijo, sino sobrante de un cadáver que había sido cremado horas antes. Por eso recomendamos darle seguimiento al cuerpo de su familiar desde que se lo llevan al crematorio y verificar que las cenizas las saquen del mismo horno crematorio donde lo metieron”, agrega.

El peor caso ocurrió en Acapulco, en 2015, cuando la Fiscalía General del Estado (FGE) de Guerrero informó del hallazgo de 60 cuerpos encontrados en un crematorio abandonado, ubicado en la localidad de Llano Largo, municipio de Acapulco.

En un comunicado, la dependencia estatal dio a conocer que el crematorio “Cremaciones Pacífico S.A de C.V”, que se ubica en la carretera Cayaco-Puerto Marqués, es propiedad de Guillermo Estua Zardain, a quien se le descompuso el horno crematorio y comenzó a almacenar los cadáveres con la idea de incinerarlos en cuanto lo reparara, pero al final ya no supo qué hacer y prefirió huir del lugar.

HASTA MAÑANA.

 

 

 

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