En un entorno de crisis de seguridad que sufre el país, la iniciativa de reforma en materia electoral no se asoma como un eslabón que coadyuve en la confianza y certidumbre que reclama la sociedad mexicana. Para empezar, la propuesta preliminar no blinda a los procesos electorales de la influencia del crimen organizado.
Se exhibe, en cambio —y en tiempos de convulsión—, la pretensión del oficialismo de aferrarse al poder, sin contrapesos y en un marcado debilitamiento de instituciones, en medio de una falsa austeridad.
La exclusión de las fuerzas opositoras, la censura, la desaparición del PREP, entre otros, son puntos cuestionables en la iniciativa que está por conocer el Congreso de la Unión y que no contribuyen a la democracia y reconciliación nacional que reclama el país.
