México entregó a Estados Unidos a 37 reos vinculados con el tráfico de drogas y otros delitos señalados por el gobierno norteamericano, en una operación que muestra la naturaleza de la relación entre ambos países a pesar de los discursos de soberanía e independencia esgrimidos por la presidencia de la república.
En un turbulento orden internacional actual, el gobierno mexicano es blanco de presiones y amenazas por parte de un presidente de Estados Unidos ensoberbecido y con una visión de geoestrategia inserta en el ajedrez global.
La vitrina desnuda un escenario desfavorable para el régimen mexicano: Estados Unidos exige el desmantelamiento de redes delictivas y de poder que permiten el auge de grupos criminales, so amenaza de intervención.
