Martes, 05 Septiembre 2017 06:14

El cambio climático está pegando duro

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El cambio climático está alterando el mundo a más no poder. Somos los humanos testigos de acontecimientos meteorológicos que nos dejan asombrados, aunque ya no tanto sorprendidos. Estamos ya acostumbrados a la idea de sucesos violentos como son huracanes y las tormentas. El caso del huracán Harvey es importante de contemplar, los estragos que dejó en su huella y el significado de tal tormenta. Pero esto fue sólo un huracán. El planeta actualmente está lleno de huracanes y tormentas tropicales, además de ciclones y otros acontecimientos causados por los cambios climáticos.

Ha llovido muchísimo estas dos últimas semanas y mucha gente ha sufrido inundaciones en la Ciudad de México, en Puente de Ixtla, en el Estado de México y muchos otros lugares. Con la atención del mundo enfocada en el estado de Texas en Estados Unidos, no estamos tan al tanto de nuestros vecinos, de la afectación a cientos de personas, la cancelación de trenes y aviones, la destrucción de casas, la pérdida de cosechas y de animales, entre otras consecuencias graves. No son sólo los tejanos quienes sufren sino muchas otras poblaciones alrededor del mundo que han tenido que aguantar lo mismo. Se trata de una situación verdaderamente retadora.

Los países de Bangladesh, Sri Lanka y Tailandia también han sufrido inundaciones este año con serios problemas que afectan negativamente su frágil infraestructura y a la población que busca la manera de vivir bajo condiciones francamente demandantes. Seguramente se nos olvidó como Perú –entre otros países latinoamericanos– ha sido afectado terriblemente por las inundaciones este año. En todos los casos hay gente que pierde la vida, los más desafortunados. Además, la destrucción de hogares y de pertenencias ha sido terrible. Incluso aquí en Morelos una persona recientemente perdió la vida debido a la abundante precipitación.

Los desastrosos deslizamientos de tierra son una de las consecuencias de tanta lluvia y este año hemos oído de varios de ellos, muy abrumadores. En Nepal, Irlanda del Norte, Suiza (en los Alpes), Bangladesh… por mencionar unos cuantos, pero la lista es larga y va creciendo. Los daños son terribles y en su mayoría afectan más a la gente pobre, quienes lo pierden todo. La pérdida de bienes es difícil de afrontar y remplazar, sin duda alguna.

Es cierto que vivimos en un mundo que nos ofrece mucho, pero no estamos satisfechos con lo natural. El ser humano tiene que buscar la manera de transformar, mejorar (según él), extraer y convertir lo que nos regala la Tierra en otras cosas. Claro, muchísimo ha sido bueno, por supuesto que sí. El conocimiento y el desarrollo de la tecnología han sido clave para la vida moderna, siempre y cuando estén empleados para el bien del planeta. Pero todo esto es de mínima importancia en comparación con lo que está sucediendo a nivel político. El peligro reside en la combinación del egoísmo del ser humano con la búsqueda del poder total, o sea una mezcla explosiva. Y esto es precisamente lo que impulsa obsesivamente a algunos líderes, como los actuales presidentes de Corea del Norte y de Estados Unidos, y nos tienen temblando. Se trata de dos personas cuya visión estrecha no permite preocuparse por el cambio climático, por sus ciudadanos, ni por los habitantes de otros países del mundo, ni siquiera por el derecho a la vida misma. No les importa nada porque tienen en sus manos armas nucleares. Los dos hombres ya han dicho públicamente que son capaces de utilizarlas. Cualquier intercambio nuclear sería desastroso para la totalidad de la Tierra…

Sin embargo, seguimos buscando la manera de mitigar las consecuencias del cambio climático; continuamos plantando más árboles; educamos para el bien de todos; enseñamos a nuestros hijos que es mejor dar para recibir y nos dedicamos a servir al planeta Tierra. Como dijo el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, quien también vivió un momento muy retador de la guerra fría, en términos de armas nucleares: “La realidad suprema de nuestro planeta es su vulnerabilidad”. Él sí lo reconoció, cuando hay tantos que nunca lo harán. Tenemos que aprender a cuidar esa vulnerabilidad a como dé lugar.

 

 

 

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