Publicado en Andanzas en Femenino Domingo, 20 Diciembre 2015 05:37

Blablacar: el aventón del siglo XXI

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“¿Qué es eso?”, fue lo primero que con cara de asombro me dijo una colega cuando le pregunté si ya había viajado alguna vez en Blablacar. Ella tiene casi 10 años menos que yo y aún así nunca había escuchado hablar del unicornio francés.

¿Cuál unicornio? no, no hablamos de My little Pony, sino de la forma en la que en el mundo de los negocios se les conoce a aquellas empresas que en menos de cinco años de operación obtuvieron valuaciones millonarias en el mercado.

Pero respondiendo a la pregunta de mi colega, y de muchos de ustedes seguramente, Blablacar es una empresa de origen francés que comenzó como un simple proyecto de economía colaborativa que usaba el modelo ancestral de los aventones. Es decir, antes la gente que tenía un auto y debía viajar de Cuernavaca a México dos veces a la semana y, para reducir gastos, tener compañía o simplemente con quien charlar para evitar dormirse por el cansancio, se detenía en la Paloma de la Paz y le daba aventón a estudiantes, trabajadores o cualquier persona que necesitara llegar al mismo destino.

Por supuesto la inseguridad que ha azotado a Morelos en los últimos años hizo a la gente desistir de esta práctica, aunque algunos amigos lo siguen haciendo pero con gente conocida de lo que antes era llamado el “club del aventón”.

Pues bueno, Blablacar es la nueva forma tecnológica de dar o recibir un aventón. Se trata de una aplicación que se puede descargar en el móvil y en la cual la gente que desea compartir su auto publica los detalles de su ruta (punto de encuentro, destino, hora, etc.). Quienes necesiten un viaje, entran a la aplicación, lo buscan y entran en contacto con el dueño del auto que tenga las mejores condiciones en cuanto a precio, porque el chiste es compartir los gastos del viaje pero que resulte mucho más barato que pagar un autobús.

Hace un tres semanas yo hice mi primer viaje en este modelo de economía colaborativa. Mi hijo y yo teníamos que ir a un evento del ecosistema de emprendedores a la ciudad de San Miguel de  Allende, en Guanajuato.

Por fortuna, rápidamente encontramos a Sergio, un joven de 28 años, dueño de un auto compacto que no sólo viajaba a la misma ciudad sino que a la hora más conveniente para nosotros pues él también es emprendedor y se había inscrito al mismo evento.

El monto acordado de pago, que todavía aquí en México se hace en efectivo al momento de iniciar el viaje, fue de 200 pesos por persona, es decir un ahorro aproximado del 53% respecto al precio del autobús de lujo que la última vez había yo tomado en la Central de Autobuses del Norte, un lugar que queda bastante lejos de mi casa.

Además de nosotros, otros dos chicos se sumaron al viaje, también emprendedores que iban al mismo evento.

El viaje fue divertido, primero el tema de conversación por supuesto eran nuestras respectivas empresas, negocios, ecosistema emprendedor, pero después de Querétaro, ya hasta íbamos cantando canciones de Moenia.

Nuestras edades eran diferentes, nuestra formación también, incluso nuestra clase social, sin embargo ninguna de esas diferencias se percibió durante un viaje que además de agradable fue enriquecedor y relajado.

De regreso, los chicos ya no iban en el auto, y solamente viajamos con Sergio mi hijo, una chica que venía de la capital de Guanajuato y que nos alcanzó para sumarse al viaje compartido, y yo. Conocerla a ella también fue muy interesante, había tenido que dejar la escuela por falta de recursos, pero quería retomar su carrera en artes visuales, para ello trabajaba vendiendo boletos de callejoneadas a los turistas. El viaje lo hizo para asistir a un concierto de un grupo musical tan extraño que ninguno de los tres pasajeros conocíamos. Ella tenía 22 años y no viajaba a la capital desde que era una niña. Así que cuando nos despedimos de Sergio, en la esquina de Periférico y Reforma, me preocupó que ella fuera a perderse. Eran ya casi las 10 de la noche y no estábamos en la zona más accesible en cuanto a movilidad se refiere.

Nos subimos al mismo autobús y la acompañamos hasta la estación del metro Auditorio, donde para ella sería más fácil llegar a su destino, la casa de un amigo que la hospedaría y a quien también contactó por medio de una aplicación de hospedaje colaborativo.

Así son las nuevas formas de viajar. Compartir un auto, una experiencia, abrir la mente y el corazón para ayudar a otros y al mismo tiempo ayudarte a ti.

Blablacar en efecto tiene áreas de oportunidad y, lamentablemente una de las principales es la seguridad pues ofrecen lo mismo que otras redes sociales, sólo la garantía de un perfil con foto, vinculado o no a tus redes sociales, tus datos de contacto y es todo.

Así ha funcionado en muchos países del mundo donde es un éxito y en los cuales ahora la empresa ya ha eliminado el uso de efectivo entre los pasajeros que comparten el auto, haciéndose cargo de los cobros, por lo que se agrega una comisión.

Ojalá la delincuencia que ha azotado a este país, que nos ha alejado de los caminos y las carreteras, jamás se cuele a este exitoso modelo de economía colaborativa que apuesta por la confianza, la convivencia y las ganas de compartir mucho más que un auto, más bien la experiencia de coincidir por los caminos de la vida.

 

 

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