Elizabeth Palacios

Elizabeth Palacios

Si tú también te sientes frustrado al ver el time line de tu Instagram lleno de las aventuras viajeras de influencers, bloggers y hasta de tus amigos. Si estás harto de entrar a Pinterest sólo para hacer tableros de todos esos lugares de ensueño que visitarás “algún día” aún cuando sabes que en tu trabajo la palabra vacaciones parece ser un lujo que pertenece sólo a otros pero nunca a ti, déjame contarte que hoy en día no sólo no eres el único que se siente así, sino que otras personas han logrado encontrar la manera de escapar de vez en cuando a sus obligaciones de vida adulta a partir de algo que antes parecía impensable: mezclar el placer con los negocios.

Pues sí, en mi caso el 90% de mis viajes, que han sido hasta hoy por 12 países del mundo, han sido viajes de trabajo que, con un poco de planeación, se han transformado en viajes de placer también. Hoy, a esta actividad se le conoce como “bleisure”, que es la combinación de las palabras “business” (negocios) y “pleasure” (placer) y es algo cada vez más común y, en el caso de la Generación Z, es más prolongado (incluso más que los Millennials), ya que una estancia de cinco días de trabajo ellos pueden extenderla hasta 3.2 días más por placer, revela el estudio “Una mirada al futuro: cómo las generaciones más jóvenes están configurando el futuro de los viajes”, presentado Expedia Group.

Las estadísticas muestran que, en promedio, 60% de los viajes de negocios se convierten en bleisure, especialmente aquellos que duran dos o más noches, revela otro estudio de la misma agencia llamado “Desempacando el bleisure”.

¿Pero cómo se puede disfrutar mejor del bleisure? De entrada, es una especia de viaje 2X1 que requiere cierta organización como elegir el mejor día para volar, buscar tal vez escalas largas que te dejen visitar destinos de tránsito y otros más pero, vamos por partes.

En primer lugar, si eres tú quien agenda las fechas del viaje, programa que tus actividades laborales sean en lunes o viernes, así podrás aprovechar el fin de semana para ti. No olvides que la prioridad de ese viaje es el trabajo, y en torno a éste debes programar todo lo demás.

Si la parte de placer del viaje es previa a tu reunión de negocios, procura permanecer en la misma ciudad para evitar que, ante un inconveniente como perder un vuelo o retrasarte en el traslado de un lugar a otro, debas llegar tarde o, en el peor de los casos, cancelar tus compromisos de negocios.

Algo muy importante: reserva el primer vuelo de la mañana y el último de la noche con el fin de permanecer el mayor tiempo posible en el destino que te interesa conocer. Además, en muchos casos, estos horarios suelen ser más baratos.

Para hospedarte, selecciona un hotel que reúna las facilidades para trabajar sin sacrificar las comodidades para descansar. Opciones como Airbnb pueden ser más económicas, pero es difícil (aunque no imposible) que tengan ambas características.

Si la reservación la hizo quien te invitó a la junta o evento de trabajo, pregunta en el hotel si tienen alguna tarifa especial para ampliar tu estancia. Así evitarás trasladarte de un lugar a otro y ahorrarás tiempo, además de ganar comodidad.

Recuerda que es común reprogramar o cancelar reuniones de trabajo, por lo que si reservas noches de hotel o vuelos pensando en alargar tu viaje, cuida que se permitan las cancelaciones o los cambios de fechas, y de preferencia sin penalización.

Es fundamental ser muy transparente y ético pues aquí no estamos aconsejando que te aproveches de tu empresa para el placer. Los gastos de tu viaje de placer deberás cargarlo a tu cuenta personal y así, podrás administrar bien tu dinero y separarlo de tus viáticos.

Si te conviene para ganar puntos, paga con una sola tarjeta el avión y/o el hotel, pero asegúrate de “reponer” a la cuenta de negocios el equivalente a la parte de placer.

Ten en cuenta que combinar negocios y placer en un solo viaje requiere equipaje un poco más grande, ya que deberás empacar lo necesario para ambas actividades y una estancia más o menos larga.

Antes de empacar, elabora dos listas de lo que necesitarás para ambas partes del viaje y así reducirás el riesgo de olvidar algo, por ejemplo, una corbata, el maquillaje, unos zapatos cómodos para caminar, el bronceador, etc.

Si los viajes de negocios son comunes en tu empresa, redacta políticas para cuando alguien de tu equipo quiera extender su estancia para aplicar el bleisure (que establezcan reglas como que el viaje no se exceda en los gastos, que no interfiera con los días laborales, en qué caso aplica como días de vacaciones, etc.). Así evitarás cualquier tipo de conflicto.

Si compras un seguro de viaje para tu empresa, asegúrate que cubra también la parte de placer con el fin de no llevarte una sorpresa si llegas a requerirlo.

Y lo más importante para que realmente seas un maestro del bleisure: cuando termine la parte de negocios y empiece la de placer, desconéctate del trabajo y disfruta del descanso. De nada sirve estar mandando correos frente a un bello paisaje o tomando llamadas a la hora de disfrutar una comida durante el tiempo que, se supone, es de placer.

Si no tienes oportunidad de contar con tiempo libre suficiente para desconectarte del trabajo, es mejor que, por esa ocasión, no extiendas tu viaje. Ya tendrás oportunidad de viajar más tranquilo.

Si quieres que esos dos o tres días que extenderás tu viaje realmente se transformen en algo placentero, planea tus actividades, levántate temprano y trata de disfrutar al máximo tu estancia en ese destino. Programa actividades que no requieran mucho tiempo o traslados muy largos. Disfruta tu tiempo al máximo; levántate temprano para que rinda más el día y planea tus actividades con anticipación.

En algunos destinos (como aquellos que reciben muchas convenciones durante el año), el bleisure es algo muy común, por lo que hay hoteles, agencias o compañías que ofrecen paquetes que conjuntan negocios y placer. Revisa si en el lugar al que llegas existe esa opción, ya que puede resultarte más económico y obtener beneficios como traslados gratis o descuentos en las entradas para algún evento.

Si definitivamente tienes muy poco tiempo, aprovecha actividades como correr o rentar una bicicleta para recorrer la ciudad. Si los horarios te acomodan, aprovecha servicios como el “turibús” que te darán un paseo rápido por puntos de interés de la ciudad en la que te encuentras.

No olvides tener en tu teléfono todas las aplicaciones necesarias para tu viaje, como la de la aerolínea para ver posibles cambios de itinerario, la de tu hotel para aprovechar beneficios, la de mapas para no perderte, la de la reservación de restaurantes, la del Uber, la de tu banco para cualquier inconveniente, etc.

Y no lo olvides, en tiempos donde el trabajo puede ser realmente una adicción, el bleisure puede ser tu boleto al paraíso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 17 Febrero 2019 05:36

Detengamos el desperdicio de comida

¿Sabías que en México más de 28 millones de personas padecen hambre? En contraste, sabemos que 31 millones de toneladas de alimentos son arrojadas a la basura. Lo mismo comida en mal estado que se ha quedado olvidada en el fondo de una alacena o refrigerador, que comida que sirve pero que nadie ha querido solo por cosas tan banales como su aspecto.

¿Cuántas veces hemos ido al súper mercado sin una lista o sin idea alguna de lo que haremos con todo eso que como autómatas echamos en el carrito? A veces pareciera que tener el refrigerador o la despensa repletos nos brinda un estatus y una sensación de superioridad y poder adictiva.

El consumismo parece desbordarnos y cada semana llegamos a una caja registradora empujando un carrito lleno de alimentos que terminamos despediciando.

Lo cierto es que México, Argentina y Brasil son los tres países líderes de Latinoamérica en el desperdicio de alimentos según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Y tal vez tú pienses que tú no eres parte de este problema porque viajas o comes en la calle así que nunca hay comida en tu alacena o refrigerador pero… ¿te has preguntado cómo manejan la comida en los restaurantes a los que acudes?

Lo cierto es que el 6% de toda la comida que se desperdicia en el mundo proviene de países en América Latina y el Caribe, lo que equivale a 348 mil toneladas de alimentos al día y 127 millones de toneladas al año. Y ese problema es mucho más grave en los restaurantes que en tu propia casa.

47 millones de personas en nuestra región pasan hambre, según el estudio Pérdidas y desperdicios de Alimentos en América Latina y El Caribe. Lo terrible es que de esa cifra, 28 millones habitan sólo en México. Mientras a nivel regional perdemos 15% de los alimentos disponibles para consumo humano, en nuestro país se desperdicia la vergonzosa cifra de 37 por ciento

Además de lo horrible que eso suena en términos sociales y de desigualdad económica, producir alimentos que luego serán desperdiciados genera también un gran impacto ambiental pues al descomponerse, la comida emana metano, uno de los gases más dañinos para la atmósfera y que incrementa el calentamiento global. Así que, a la huella ambiental de su producción y distribución, se le suma la huella de su desperdicio y descomposición.

Sólo con los alimentos que se desperdician en supermercados, mercados callejeros y otros puntos de venta al menudeo en Latinoamérica podrían ser alimentadas 30 millones de personas.

En nuestro país hay productos que se desperdician más que otros, como la guayaba. 57.7% de la producción es desperdiciada. El mango tienen un margen de desperdicio de 54.5%, le siguen el pescado con 54%, el aguacate con 53.9 y el plátano 53.7 por ciento.

¿Por qué se desperdicia tanto? Puede ser por un mal manejo de los alimentos durante la cadena de producción y distribución, pero sobre todo por una falta de conciencia en los consumidores. Olvidamos revisar fechas de caducidad y llenamos de alimentos la despensa como si el tiempo no fuera a pasar jamás, compramos en exceso o por impulso y peor aún, elegimos sólo las frutas y verduras bonitas.

Pero si no nos ponemos a cuestionar los hábitos en nuestra propia casa, ¡menos en restaurantes! Resulta que ellos desperdician, y mucho, pues los estándares de calidad de los mejor posicionados los obliga a comprar de más, con más frecuencia y a servir sólo lo que está impecable, además de que están atados a un menú por largas temporadas por lo que no pueden solo ponerse creativos para cocinar con las sobras porque ¿les parecería una campaña atractiva llegar a un restaurante donde sabes que te están vendiendo las sobras?

Pues resulta que sí, otra vez somos los consumidores los responsables porque si en casa de nuestras abuelas podíamos hacer comidas familiares enteras con sobras o beber agua de mil frutas que estaban a punto de pasarse y todo eso se transformaba en fiesta, ¿por qué un restaurante no podría hacerlo?

Bueno pues el problema es que no hay tampoco indicadores que le permitan al consumidor conocer los hábitos de los restaurantes en el manejo y desperdicio de alimentos. Muy pocos transparentan su política de sustentabilidad pero existen soluciones, como la aplicación Olio, y otras que funcionan muy bien en Europa para que los restaurantes donen la comida que no utilizan, o en México, Francia y Canadá, existe La Tablée des Chefs, asociación sin fines de lucro que se dedica a rescatar comida de los restaurantes y panaderías, además de capacitar a los estudiantes de gastronomía para que tomen conciencia de la magnitud del problema del desperdicio de comida.

Ahora sólo nos falta a los consumidores, tomar las riendas de esta batalla. Sin importar si estamos en el mercado del barrio, el súper o el restaurante de lujo. Nosotros tenemos el poder y debemos consumir de manera responsable. Tenemos el derecho a preguntar sobre cómo manejan los recursos los lugares donde compramos y donde comemos, cuando estamos en casa y cuando viajamos ¿no creen?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 03 Febrero 2019 05:29

El clima y tus viajes

El cambio climático está modificando las costumbres viajeras y turísticas. En los últimos cinco años no se había visto la cantidad de nevadas que hoy hay en Europa en febrero. Mis amigos me han enviado fotografías de nevadas impresionantes lo mismo en los Alpes, lo cual es hasta cierto punto “normal”, que en el corazón de ciudades no muy familiarizadas con la nieve constante como París o Bruselas. Y es que la nieve es una maravilla si te sorprende una mañana al abrir tu ventana con un manto blanco y dura un par de días pero… ¿dos semanas seguidas?

Por supuesto en décadas Estados Unidos no había pasado por momentos tan fríos como los que se vivieron en ciudades como Chicago donde se llegaron a sentir temperaturas hasta de -23° centígrados. Una amiga mía estaba en Philadelphia y envió la captura de pantalla de la app del clima desde su móvil: -11° centígrados pero con una sensación térmica de ¡ -19°! Sin duda, un clima de tundra que muchas personas no hemos sentido jamás en la vida.

¿Cómo afectan estos cambios drásticos, derivados del cambio climático, a la industria turística? Bueno, sin duda alguna las afectaciones son bastantes. Por ejemplo, hubo muchísimos vuelos cancelados o desviados, lo que representa no sólo millones de dólares en pérdidas para las compañías aéreas y para los mismos viajeros que pierden noches de hotel reservadas o tours previamente pagados, también representa mucha más contaminación por los cambios en rutas aéreas intempestivamente.

Por otro lado, los veranos tampoco son lo mismo que antes y otra vez, el ejemplo es Europa porque antes no se veían las olas de calor de más de 40° centígrados y por tanto muchos lugares en ciudades como París o Berlín no cuentan con aire acondicionado. Adaptar los viejos hoteles y restaurantes a las nuevas necesidades metereológicas también representa mucho dinero en inversiones.

Por otro lado, antes los viajeros de lugares como Alemania o Noruega viajaban hacia el sur de Europa, como España, Portugal o Italia para buscar sol pero ahora en sus veranos ya no parece hacerles tanta falta. ¿De qué vivirán entonces estos países sureños si los flujos de turismo cambian?

Lo cierto es que el clima está cambiando y cada vez es más impredecible. En México tenemos en pleno febrero temperaturas primaverales y muy pocos días de frío, mientras que en el verano las lluvias nos tienen asolados. Si no frenamos la contaminación, y si no se hace nada pronto, va a ser demasiado tarde para tomar medidas para desacelerar el calentamiento global, porque va a llegar a tal grado el calentamiento que ya no va a haber punto de retorno y esto va a pasar en las próximas décadas. Se dice que en este siglo la temperatura global de la Tierra va a aumentar de 1 a 6 grados, quizás no parece nada pero los cambios drásticos ya están aquí, a la vuelta de la esquina.

Lo cierto es que hoy Estados Unidos se está congelando literalmente y Australia se está quemando, también literalmente. La ola de frío que experimenta América del Norte al este de las montañas rocosas, con temperaturas similares al Ártico, es real, pero  es solo una parte de esta historia.

Del otro lado del mundo hoy se viven temperaturas cálidas récord desde Australia y hasta el Ártico. ¿Qué tiene que ver el llamado vórtice polar con el calentamiento global?

En cualquier planeta que gire habrá un efecto llamado “vientos dominantes”. A medida que la atmósfera circula alrededor del mundo, el planeta Tierra experimenta típicamente tres tipos distintos de vientos, normalmente confinados a tres zonas diferentes de latitud. De 0° a 30° se dan los vientos alisios que soplan de este a oeste y convergen en el ecuador.

30° a 60° están los vientos del oeste que soplan de oeste a este y se levan hasta el círculo Ártico (o hacia abajo, a la Antártida. Y de 60° a 90° están las células polares que normalmente se limitan a las regiones de latitud más alta en la Tierra. Nuestro planeta tiene una diferencia de temperatura extremadamente grande entre el ecuador y los polos. Esta diferencia es más pequeña en el verano cuando las áreas polares experimentan casi 24 horas de luz solar continua. Gracias a estas severas diferencias , existe una zona persistente de gran escala y baja presión que gira en forma de ciclón en cada polo, de oeste a este, es decir, en el sentido de las manecillas del reloj en el polo sur y en sentido contrario en el polo norte).

Estas dos zonas se conocen como vórtices polares, y cada una de ellas comienza a pocas millas de la atmósfera y se extiende a la estratósfera. Debajo de ellos normalmente hay una gran masa de aire frío y denso rodeando a los polos. Normalmente estos vórtices son estables pues las diferencias de temperatura y presión eran lo suficientemente fuertes como para mantenerlos en su lugar durante todo el año pero cuando los vórtices se debilitan pueden dividirse y migrar hacia fuera de los polos. Cuando ya están extremadamente débiles pueden fragmentarse y una parte del aire de baja presión y baja temperatura comienza a interactuar con el aire de mayor presión y mayor temperatura desde fuera de las regiones polares.

El fenómeno que esta semana ha causado que el vórtice polar se desplace hacia el sur se conoce como calentamiento estratosférico repentino, es decir cuando las capas superiores de la atmósfera aumentan su temperatura en un lapso muy rápido de tiempo.

Así que por raro que te suene, Chicago se está congelando porque la tierra se está calentando y esto pasa gracias a nuestros autos, a las emisiones de carbono que hacen las industrias, y hasta al hecho de que no usemos la energía eficientemente.

La nueva “normalidad” parece ser que Estados Unidos se congele en pleno febrero, Europa reciba más nieve que en los últimos 5 años en unas cuantas semanas y que el ártico no pueda permanecer frío en pleno invierno. ¿Queremos seguir fingiendo que el cambio climático es un mito?

 

Nelson Mandela decía, y con justa razón, que la educación es el arma más poderosa del mundo. Puede ser el motor para reencausar el camino que se ha perdido. El 26 de enero es el día internacional de la educación ambiental, cifrada históricamente en 1975, contextualizada en el seminario que se celebró en Belgrado. En ese lugar se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco del programa de Naciones Unidas, bajo la denominada Carta de Belgrado.

¿Cuándo fue que olvidamos que la educación era importante también en el tema ambiental? Porque este mundo parece estar castigado en el tema medioambiental, como ese espacio que parece pertenecer a todos, pero que cuidan unos pocos. Merece ser una materia en nuestros centros educativos pero también en nuestra casa, en la comunidad y hasta en nuestros viajes. Y es que el desarrollo sostenible no es una premisa del pasado, es una exigencia del presente y un compromiso con el futuro que tenemos en un planeta que debe ser preservado, y debe ser reservado de todo tipo de daños a su hábitat más preciado.

Cuando hablamos de las asignaturas del futuro una de ellas tiene que ver con ese escenario en el que vamos a convivir muchos miles de personas. Y el medio ambiente no es un compartimento estanco que no afecta a los que lo respetan el medio ambiente, sino a los que influyen en los malos usos. Y este concepto no debiera ser un hecho controvertido ideológicamente, si no que debiera ser el mayor de los consensos. El planeta deber cuidarse porque es el hábitat de nuestra vida saludable. Resulta duro observar la deforestación en muchas partes del planeta, al ver como la vegetación ha ido desapareciendo ante el vertiginoso empuje de los humanos en su afán de rellenar y ocuparlo todo. Sin tener en cuenta en muchos casos esas fuentes naturales como es el suelo, los ríos, los asentamientos de animales. Todo un conjunto de escenario y paisaje natural que procura darnos la convivencia necesaria.

Por esto es importante la preservación de nuestra naturaleza y que esa educación ambiental no sea la oportunidad de una moda, sino la convicción de que en este Planeta o lo cuidamos entre todos o nos abandonará a nuestra suerte, que no siempre es la mejor de las suertes. Lo comprobamos en las grandes ciudades y en aquellos países en los que la polución ha hecho mella en su salud y en el bienestar colectivo. De hecho, hay determinadas patologías asociadas a esta situación de emergencia en relación a nuestro medio ambiente.

Pero es muy difícil amar, respetar y cuidar algo que no se conoce. A últimas fechas yo me he dedicado al turismo con un enfoque restaurativo, educativo y de impacto social. Con tristeza suelo ver que la mayoría de los prestadores de servicios turísticos, lo mismo un joven que conduce una  trajinera en Tláhuac, que un lanchero en la Rivera Maya o un guía de turistas en Ciudad de México, no toman conciencia del papel que como influencia e inspiración podríamos tener si al momento de mostrar las bellezas de nuestro país también nos comprometiéramos con el diseño de experiencias de viaje que logren hacer conciencia y contribuir un poco a la educación ambiental. Y es que los viajes ilustran y educan ¿o no? Y no sólo si te vuelves un visitante de museos y bibliotecas alrededor del mundo vas a aprender cuando viajas. En cada experiencia, en el aprecio que puedas sentir por las bellezas y el respeto que te inspire el entorno, encontrarás una oportunidad para mejorar tu educación ambiental.

La celebración de este día mundial de la educación ambiental debe servir para ir generando una opinión crítica y proactiva en favor de gestos, actitudes y regulaciones que protejan el escenario medioambiental como la casa común de todos las generaciones presentes y futuras.

Se trata, sin duda, de una lección de vida, de la capacidad del ser humano de respetar el hábitat donde nace, vive y se desarrolla en la armonía de un espacio que no pertenece a uno mismo, sino al equilibro de la propia naturaleza. Que es uno de los enclaves que humaniza e identifica al ser humano en su capacidad de proteger aquello que le va a dar la perdurabilidad de su existencia. O ustedes ¿qué opinan?

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 20 Enero 2019 05:32

El #10yearchallenge viajero

Durante la semana que hoy concluye fuimos testigos de cómo las redes sociales se llenaron de imágenes que comparaban cómo se veían las personas en 2009 y cómo lucen ahora que estamos casi por concluir el primer mes del 2019. Obviamente yo no me quería quedar atrás y me puse a buscar alguna fotografía. Entonces caí en cuenta de que a principios de 2009 todavía no tenía cuenta en Facebook ni usaba un teléfono inteligente para registrar cada comida, cada viaje, cada momento.

Esto me motivó a reflexionar sobre cómo también ha cambiado la manera en la que viajamos en los últimos 10 años.

En septiembre de 2008, cuando mi hijo Diego no había cumplido siquiera 1 año, recibí una beca para asistir a un seminario de periodismo en la ciudad de Montevideo, en Uruguay. De ese viaje tengo muchos momentos gratos para recordar. Conocí a muchos colegas de todo el continente, recorrí una hermosa ciudad en clima lluvioso, visité su famosa rambla y caminé por ahí, también entré al estadio de fútbol más antiguo del mundo, bebí y comí en el mercado del Puerto, donde solían ir Mario Benedetti y Eduardo Galeano pero no tengo una sola fotografía de ese viaje. Recuerdo haber llevado una cámara digital muy básica, misma que años después tuve que vender en una de mis muchas crisis económicas. ¿Dónde descargué esas fotos? Uy pues creo que todavía existía Hi5 y tal vez ahí hayan quedado arrumbados, perdidos en el mundo digital mis memorias viajeras.

Al año siguiente, en 2009, me compré mi primer teléfono con cámara. Las fotos que aún tengo de ese tiempo son horribles. Pixeleadas, sin primeros planos. Simplemente un desastre. En diciembre de 2009 fui de vacaciones familiares a Veracruz y las fotos que encontré las tomé con la misma cámara digital básica que un año antes me acompañó a Uruguay.

A pesar de esto, recuerdo casi cada detalle de esos viajes y , si bien lamento no tener fotografías, lo cierto es que atesoro los momentos en mi memoria como tal vez hoy no lo hago.

Hoy tenemos tantos dispositivos a nuestro alcance que es difícil decidir con cuál tomar la foto, aunque la mayoría de las veces terminamos simplemente sacando nuestro smartphone y haciendo click para de inmediato compartir el momento con el mundo.

Cuando Instagram apareció en mi vida era casi 2012 y eso fue porque ya tenía una blackberry, que aunque tomaba unas fotos horribles, me permitía compartirlas casi de inmediato. Poco después tuve un ipod touch y eso mejoró mi experiencia y aumentó la cantidad de fotos que posteaba. Así llegó mi primer viaje a París y mis primeros experimentos de galería viajera. Lo cierto es que ahora veo esas fotos y realmente podrían ser en cualquier lugar y no necesariamente son un registro de los lugares emblemáticos de París, sino de los momentos emblemáticos que yo viví en aquel viaje.

Así cambió la fotografía de viajes. Ya no se trataba de registrar una visita en un lugar obligado, sino de poner a la vista de todos tu propia mirada, tu sello personal, tu manera de vincularte con el destino que estabas visitando.

De 2012 a la  fecha han pasado 7 años y muchos viajes. Hoy en mi galería de Instagram tengo fotos de Ámsterdam, Río de Janeiro, Madrid, Paris, y por supuesto, de muchos hermosos rincones de México. Hoy abundan los selfies, los filtros y las aplicaciones. Tengo fotos que me recuerdan hasta la temperatura que hacía una fría mañana en la que miraba el río Sena desde la ventana de mi hotel en 2014 y sin embargo, creo que tengo menos recuerdos de los detalles.

Una década. Muchos avances tecnológicos, nuevas formas de relacionarnos con el mundo y al parecer, la gente viaja mucho más que antes, o al menos, lo comparte más pero ¿qué ha pasado con nuestra memoria en estos últimos 10 años? Una reflexión que les dejo sobre la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 13 Enero 2019 05:42

Viaja verde

Hemos escuchado mucho durante los últimos días de la escasez de combustible para transportarnos de un lugar a otro y, como viajeros seguro más de uno se ha preguntado sobre ¿cómo se puede seguir viajando sin contribuir a este problema? La sociedad mexicana tiene una altísima dependencia de los combustibles fósiles y en una crisis de este tipo lo recomendable es tratar de usar vehículos lo menos posible y entonces… ¿qué hacemos los viajeros? ¿nos despedimos de todas las aventuras que soñamos?

No podemos negarlo, viajar hoy en día forma parte de un estilo de vida aspiracional para muchos millenials. Sí, somos parte de una generación de la selfie en los destinos más extraordinarios una postal del éxito que no supieron retratar generaciones anteriores; como los baby boomers, más preocupados por permanecer y escalar dentro de su trabajo que por conocer el mundo. Hoy, decir que se padece el síndrome de Wanderlust no es enunciar una rara enfermedad nueva sino proclamar que uno tiene el deseo irrefrenable de recorrer el globo. La llegada de las aerolíneas low cost al mercado promueve esa avidez por trasladarse. Pero, ¿cómo repercute esta avalancha de viajes en el cambio climático global? ¿cómo podemos viajar pero al mismo tiempo mitigar nuestro impacto ambiental y nuestro consumo de combustibles fósiles?

Al viajar, como en muchas otras actividades, los seres humanos generamos emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas con efecto invernadero responsable del calentamiento global. A la contabilidad de esas emisiones se le llama "Huella de Carbono" y conocerla contribuye a que viajeros, compañías aéreas y hoteles, entre otros, puedan tomar acciones directas para mitigar el impacto ambiental que tienen sus movimientos por el planeta.

El primer paso es transformarnos en viajeros conscientes. En la web se pueden encontrar diferentes calculadoras de CO2, cada una de ellas diseñada según los parámetros y criterios de sus propios países y organizaciones. Los resultados obtenidos permiten individualizar el foco de emisiones para actuar sobre ellas e identificar las posibilidades de reducción.

Tal es el caso de la calculadora de carbono de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que sirve como fuente de información al principal sistema internacional de reservas y emisiones de tickets aéreos, Amadeus. Con esta data, ellos proveen a sus plataformas de distribución de una estimación de las emisiones de CO2 por pasajero y vuelo. Así, los clientes tienen la posibilidad de comparar los efectos ambientales de distintos itinerarios al momento de planificar un viaje o de hacer una reserva.

Muchas de estas calculadoras traducen la información dura de forma figurativa para generar más conciencia ambiental, comunicando por ejemplo cuántos árboles se talaron al realizar un vuelo.

Así, si bien no podemos tener una huella cero porque para ello deberíamos ser ermitaños en una montaña, naturalistas, zero waste y andar desnudos por el bosque, lo cierto es que sí podemos hacer el cálculo del impacto de nuestras decisiones al planear nuestros viajes.

A grandes rasgos y sin necesidad de muchos cálculos, hay que saber que los viajes en avión son los que más CO2 emiten por persona. Sin embargo, si uno tiene que volar sí o sí, hay elecciones más sustentables a considerar: optar por compañías aéreas que utilizan biocombustible renovable, volar de día y hacerlo sin escalas, dado que el despegue y aterrizaje son los momentos en los cuáles el avión consume más combustible.

En el ranking de los medios de transporte más contaminantes siguen las travesías en crucero, ya que si bien se ahorra en quema de combustible el consumo energético a bordo es muy alto. El barco tradicional es una buena alternativa, pero por cuestiones de tiempo en tránsito la mejor opción es el tren. Así que sí, en México una buena política sería recuperar el sistema ferroviario para facilitar el traslado de personas y productos a lo largo y ancho del país. Trenes eléctricos, por supuesto, no de carbón.

Ahora, si viajamos en carretera y ahora en tiempos de escasez de gasolina, lo ideal es hacerlo en transporte público o en auto compartido, puedes utilizar Blablacar y además de conocer gente nueva, verás que todo te sale mucho más barato. También existen compañías de alquiler de vehículos eléctricos o híbridos eficientes en combustible, que informan en su web de la emisión de CO2 por kilómetros cuadrado de cada modelo. Una vez en camino, todas las medidas que se puedan tomar para ahorrar combustible son útiles; entre ellas, planificar bien la ruta y evitar sobre todo el uso del aire acondicionado.

Al llegar a destino lo recomendable es alojarse en hoteles ecoeficientes certificados por algunas de las organizaciones reconocidas por el Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC), como Rainforest. Evitar todas esas pequeñas cosas que le generan un consumo energético extra al hospedaje, desde prescindir del cambio de toallas diario hasta apagar las luces de la habitación al salir, también contribuye a la reducción de emisiones.

A la hora de hacer excursiones conviene moverse a pie o en bicicleta y consumir productos locales, que tienen una huella de carbono menor al no haber sufrido grandes traslados. Por último, cuanto menor volumen de desperdicios uno genere, mejor.

Otra alternativa es compensar la huella de carbono que dejamos cuando viajamos, teniendo un estilo de vida minimalista y de consumo responsable cuando estamos en nuestra ciudad. Esto significa consumir sólo lo necesario, dejar de usar el auto para trayectos cortos o si es posible, mudarnos cerca de nuestro trabajo para hacer nuestros trayectos caminando o en bicicleta, consumir productos locales y sustentables y sobre todo, reducir los empaques de lo que compramos para no generar más basura.

La compensación es un modo práctico de evitar que el problema del cambio climático se acentúe en el mediano plazo, pero la solución de fondo pasa por la reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero en cada etapa del viaje.

Así que ahora ya lo sabes, viajar es un estilo de vida pero lo ideal es que incluya también la responsabilidad ambiental y el consumo responsable no sólo ahora que sufrimos porque no hay gasolina, sino siempre porque el planeta ya no tiene mucho tiempo para que seamos irresponsables al momento de decidir.

 

 

 

 

 

 

Domingo, 06 Enero 2019 05:19

¿Puede la comida construir la paz?

Tras la firma de los acuerdos de paz en Colombia una de las principales prioridades es la reconstrucción del tejido social, lograr generar confianza entre antiguas víctimas y victimarios es uno de los retos más desafiantes para quienes se han ‘echado al hombro’ la construcción de paz duradera.

Y a las distintas instancias que están promoviendo la construcción de paz en aquellas tierras se les ocurrió que una herramienta útil para entablar diálogos y procesos de reconciliación en los territorios que más sufrieron las consecuencias del conflicto armado era justo una que ha unido seres humanos desde el principio de los tiempos: un plato de comida.

Fue así como el año que recién terminó, desde la Corporación Centro de Interés Público y Justicia se emprendió un proyecto en cual se pretende empezar a reconstruir esos lazos a través de la comida y su memoria histórica.

El nombre de esta iniciativa es Recetario Gastronómico de la Memoria y se trata de un proyecto que brinda un espacio de encuentro a los actores que vivieron el conflicto que azotó a Colombia en el cual a  través del dialogo se busca reconstruir las relaciones sociales que se perdieron por el trajín de la guerra.

La idea nació a partir de la importancia que tiene la comida en la sociedad, y es que siempre que uno tiene un invitado o celebra una fiesta juega un papel fundamental. Además nadie se sienta a comer con otro para enojarse, así que sabiendo que la comida tiene el poder de generar lazos emocionales, conexiones con nuestra memoria y nuestra infancia, además de fortalecer nuestro arraigo con la tierra y la naturaleza, diseñaron esta iniciativa para acercar a los grupos poblacionales que, durante el conflicto armado, fueron enemigos viviendo en el mismo territorio, a través de la gastronomía.

El municipio de Planadas fue el escogido para iniciar el proyecto dado sus antecedentes de conflicto armado, concretamente el poblado de Tolimá donde además se ha venido trabajando con el resguardo indígena Paez-Nasa del corregimiento de Gaitania, los excombatientes del espacio territorial de la vereda El Oso, militares del batallón 18 y campesinos de la región.

Cada uno de los miembros de estos grupos poblacionales tienen muchas cosas que contar a partir de lo que comían en cada periodo de la guerra, lo que están haciendo con este proyecto es tratar de recuperar esos ejercicios gastronómicos y ponerlos sobre la mesa para generar espacios de diálogos que ayuden a reconstruir tejido social.

Y es que se ha comprobado que si hay un momento en el que estas personas han podido hablar abiertamente y sin temor ha sido alrededor de una mesa, mientras se preparan los platillos.

¿Qué hace falta cuando se quiere arreglar un conflicto? Diálogo y ¿en qué momento es cuando las personas conversan de manera más fluida y conectan mejor? Alrededor de una mesa

Estas conversaciones sostenidas durante los diversos talleres de gastronomía territorial, les ha permitido entender que los unen las mismas raíces, que el territorio representa vida, unión, alimento, fauna y flora que se transforman en cultural. Saber que la guerra les impedía disfrutar al máximo del placer de la comida, les permite reconocerse como víctimas y también como victimarios del conflicto, por haber permitido que la guerra durara tantos años. Les permite, mirar su papel en el conflicto en su justa dimensión.

Usar ingredientes locales que generan arraigos y lazos, evoca a su vez lo más positivo del territorio

Un soldado del Batallón 18 dijo en un programa de radio que yo escuché y, gracias al cual conocí de este proyecto, que un solo plato de comida podía lograr lo que no se logró con años de guerra: hacerles ver que todos tenemos una familia, alguien que nos espera para compartir la mesa. Que todos somos personas y que todos sufrimos de igual manera con los conflictos armados, que en realidad son un gran negocio que beneficia a unos cuantos y que no son los que están en el campo de batalla.

Me conmovió mucho escuchar las anécdotas de cuatro personas que participaron en estos talleres gastronómicos, cada una representando a un grupo social distinto del mismo territorio. Una mujer indígena, un campesino, un soldado profesional y una mujer guerrillera. Al final, lo que escuchaba a través de mi computadora, no era más que las voces unidas de cuatro seres humanos que hoy se ponen a trabajar juntos, que se arremangan la camisa para picar la yuca, el patacón y la cebolla, y que dialogan, se ríen, recuerdan, lloran y se congratulan por estar vivos para contar todo esto tras haber dejado atrás la dolorosa experiencia de la guerra.

Hoy saben que pueden volver a pensar en el otro, sanar las heridas y tejer con el otro y el centro de todo es la alimentación porque permite reconocer el arraigo territorial, el nivel de violencia, de reconciliación y de resiliencia de las comunidades y hacer una cartografía social para identificar los estigmas que uno tenía sobre los otros y viceversa. En el pasado, habría sido imposible ver a esta gente sentada en una misma mesa. Ellos estaban acostumbrados a escuchar el plomo pero hoy quieren vivir en paz, alrededor de la misma olla, que representa a todo un país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 23 Diciembre 2018 05:28

La chef indígena que me robó el corazón

Tiene la piel morena, los ojos brillantes y la sonrisa amplia y bien plantada. Llega apresurada tras hacer trámites y pagos de nómina. Es diciembre así que cualquier emprendedor pasa por la angustia del pago de salarios y aguinaldos. Pero esta mujer impetuosa, orgullosa de su origen indígena, guarda mucho más dentro de sí y está dispuesta a realizar toda una cruzada porque cada vez más personas compartan su pasión: la gastronomía regional chiapaneca.

Claudia Ruiz Santiz es una mujer única que hace tres años decidió empezar una aventura que hasta ahora sigue siendo una batalla cotidiana: abrir un restaurante enfocado en difundir la riqueza de la gastronomía chiapaneca pero, sobre todo, incluir los platillos e ingredientes de los pueblos originarios en la carta y diseñar platos de autor que mostraran el orgullo que ella misma siente de ser chamula.

El tamal de hoja santa, el pozol de cacao, las tostadas de carne chamula, el mousee de tascalate y el pan de chipilín son sólo algunos ejemplos de lo que los comensales pueden descubrir al visitar Kokono’, ubicado en la calle Diego de Mazariegos, en la hermosa ciudad de San Cristóbal de las Casas. El nombre del lugar significa “epazote” en tsotsil, idioma materno de Claudia, quien nació en la comunidad de San Juan Chamula

Moler, licuar, sazonar y montar es la vida de Claudia pero también dirigir, orgientar, motivar a un equipo de jóvenes cocineros indígenas que parecen danzar alrededor del fogón que este restaurante tiene en su cocina.

“Si tuviera que definirme con una palabra, sería guerrera” me dice Claudia cuando me confiesa que ha habido momentos en los que ha estado tentada a rendirse. Sin embargo, sigue luchando y trabajando cada día porque su restaurante se mantenga a flote, generando empleo para los jóvenes de la región pero también como un semillero para cocineros que revaloren el legado que la gastronomía indígena ha aportado a México.

Claudia tuvo que vencer muchos obstáculos para salir adelante, el primero, dentro de su propia comunidad pues por los usos y costumbres, las mujeres chamulas no tienen muchas alternativas para salir a estudiar o pensar en un futuro que no sea el casarse y tener hijos, destino de la mayoría.

Pero Claudia no sólo tuvo la fortuna de salir a estudiar en la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez, también su trabajo y su dedicación hicieron que a pesar de su timidez y bajo perfil, una luz se encendiera sobre ella y el chef más importante de México, Enrique Olvera, volteara a verla.

Y es que, cuando Claudia terminó su carrera de gastronomía en la Universidad de Ciencias y Artes Chiapas (UNICACH) hizo como trabajo de tesis, un recetario en español y tsotsil. La universidad lo publicó en 2012 pues es el primer trabajo de una alumna que habla sobre la accesibilidad y disponibilidad de alimentos, implementando una estufa ecológica tipo plancha.

Después de un año de arduo aprendizaje, Claudia ya era toda una repostera así que cuando renunció al Pujol, apenas pasó un día cuando recibió otra oferta difícil de rechazar: trabajar en Massimo Bistró, a lado del chef Eduardo García, otro ícono de la gastronomía mexicana contemporánea y muy comprometido con temas de alimentación sustentable y con la filosofía de Slow Food.

En el mundo de la gastronomía no es un secreto que existe una clara discriminación hacia las mujeres así que Claudia tuvo que vencer dos barreras: su origen indígena y su género. “Me topé con discriminación, cuestionaron mi presencia y mis habilidades, pero yo prefería guardar silencio y que mi trabajo hablara por mí. Además de la discriminación también tuve que enfrentarme a la gran ciudad, esa situación despertó en mí otro tipo de habilidades, estaba acostumbrada a vivir sin estrés, sin prisas y tuve que aprender a lidiar con todo lo que implica vivir en México”. Pero para Claudia, la situación más que ser un obstáculo, le dio la oportunidad de empoderarse día a día.

“En Pujol permanecí un año porque esa era mi meta y cuando lo cumplí Eduardo García otro de los Chefs más reconocidos me ofreció incorporarme a Máximo Bistrot. Ahí permanecí por unos meses porque posteriormente y debido a mi interés en la repostería tuve la posibilidad de integrarme a Duo Salado Dulce un restaurante de un Chef suizo y una Chef oaxaqueña. En ese lugar aprendí mucho del tema de chocolatería y panadería. En Duo la pastelería era elaborada con técnicas francesas y suizas, pero lo interesante también era que hacíamos una fusión de técnicas francesas con ingredientes mexicanos”.

Hoy ese chef suizo está en París y Claudia podría estar ahí también pero decidió regresar a casa después de tres años de aventura en la capital mexicana por motivos familiares. Primero trabajó en un hotel y una cafetería como repostera hasta que decidió crear su propio proyecto. Así nació Kokono’.

¿Cómo es Kokono’? Es su restaurante con filosofía Slow Food del que es propietaria y chef ejecutiva, que significa epazote en tsotsil. “Es un nombre que nos identifica a la comunidad, Kokono’ tiene el objetivo de rescatar la gastronomía chiapaneca. Pensé en establecer un punto donde turistas y gente de la región pudieran probar lo que mi estado ofrece. En el restaurante fomentamos ante todo el consumo local y el apoyo al pequeño productor”. La cocina de Claudia es completamente regional, tradicional desde los pueblos indígenas. En la carta hay sopa de chipilín, cochito horneado, atol agrio, tamales autóctonos, carne chamula.

 “Mi filosofía personal encaja totalmente con Slow Food, desde que formo parte de la Alianza de Cociner@s he podido llevar a diferentes lugares mi gastronomía chiapaneca, como lo hago el día de hoy aquí en la ciudad de Puebla. Slow Food me permite además, hablar sobre la importancia de salvaguardar los alimentos, la historia, las tradiciones del lugar de donde soy originaria”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 02 Diciembre 2018 05:33

Viaja con tu mejor amigo

Esta semana apareció en mi time line de Instagram la foto de alguien de mi familia a quien todos queremos mucho. Estaba cumpliendo 12 años de una vida que hasta ahora, ya ha sido en dos países. Estoy hablando de Choco, el fiel compañero canino de mi sobrina que emigró con ella a Francia y que ya lleva seis años paseando por las calles parisinas. Llevarlo no fue sencillo, hubo que tramitar muchos papeles y además comprar una transportadora especial, que fuera aceptada para viajes internacionales, sedarlo una noche antes para que no sufriera en las casi 12 horas de vuelo y preparar todo un expediente que demostrara que era un perro sano.

Yo me pongo a pensar hoy y sería tal vez muy complicado querer viajar así con mi perro pues hace algunos meses que se ha quedado ciego. Pero lo cierto es que ese apego que tiene conmigo ahora que tiene esta discapacidad visual tampoco hace sencillo pensar en largas aventuras con nuestro mejor amigo. Una vez lo dejé con una cuidadora que lo trató muy bien y la encontré a través de ciudamimascota.com donde otras personas amantes de los animales se ofrecen para cuidar a tus perritos en su casa mientras tú vas de viaje. Aquella vez sólo fui a Morelia 4 días, mismos que mi perro no tuvo que pasar en una fría pensión, sino con una persona que lo quiso y lo cuidó como si fuera yo misma.

Pero, ¿soportaríamos estar separados en un viaje largo? Pues mira, si tienes la oportunidad y estás planeando un viaje en el que tu perro esté incluido, estas son algunas de las recomendaciones de destinos que puedo hacerte.

Pero antes te hablaré de los retos, porque que una ciudad sea pet friendly no significa que cualquier perro la va a pasar bien siendo viajero.

Los viajes con perros, sin embargo, pueden ser una odisea si el perro no está bien educado. Ante todo, debemos pensar que estará en un entorno que no es el suyo, que interactuará con personas que no conoce, y que dormirá fuera de casa. Los perros son animales de costumbres y a muchos de ellos esta situación quizá les estrese. Por ello, debemos tener en cuenta el carácter del perro, su capacidad de adaptación a nuevas situaciones y lugares y si está acostumbrado desde pequeño a viajar.
Es bueno que desde cachorros les acostumbremos a hacer aunque sea pequeñas escapadas de fin de semana, que sepan lo que es viajar en coche, por ejemplo, y que no lo vean como una amenaza. Una buena idea es llevar con nosotros cosas que huelan a él y a casa, como su manta, algún juguete y también su bol y su bebedero. Así no se sentirá tan extraño fuera de su hogar.
En caso de tener que llevarle en transportín o jaula, también conviene que el perro sepa lo que es desde pequeño; no es una buena idea meter de pronto a un perro de cuatro o cinco años en una jaula. Se sentirá amenazado.
Pero, ¿qué pasa cuando viajamos en avión? Cada vez es más común llevar a nuestro perro con nosotros y si queremos hacer un viaje largo debemos prepararlo con suficiente antelación por ejemplo, podemos llevarlo en la transportadora en el coche varios meses antes para que se acostumbre al movimiento y a los ruidos, verificar que tenemos toda la documentación en regla,, elegir una transportadora cómodo y adecuado a su tamaño y llevar su manta para los cambios de temperatura del avión, le facilitarán el viaje a él y a ti.
Ahora sí, ¿quieres saber cuáles son las ciudades más amigas de los perros? Echa un vistazo y ¡disfruta!


San Francisco
Una de las mejores ciudades, sin duda, para visitar con tu perro. Restaurantes, bares, tiendas, hoteles... casi todos permiten la entrada (y no sólo los permiten, sino que los acogen como a ti mismo) a tu mejor amigo, hay muchos parques y espacios al aire libre donde pueden correr libremente y, para más señas, allí se celebra el Pet Pride Day, un día para celebrar a las mascotas, lleno de actividades.


París
París tiene una de las tasas más altas de perros por residentes. Los perros están permitidos en dos actividades en las que no esperarías encontrar uno: en la misa de la iglesia de Santa Rita y en los autobuses turísticos. Los cafés y tiendas son absolutamente "dog friendly" y, un plus: los parques cercanos, como el Bois de Boulougne son una delicia para nuestros perros.


Berlín
En Berlín hay hasta "delis" para perros, con comida típica pero hecha específicamente para el mejor amigo del hombre. Puedes pasearte por el centro histórico con tu perro y no habrá problema, y pueden entrar en la mayoría de restaurantes, cafeterías y tiendas, así como quedarse en una gran cantidad de hoteles. Por supuesto, en el transporte público también pueden ir.


Amsterdam
Y si hablamos de apertura y de ambiente "friendly", no podíamos olvidarnos de Amsterdam. Ciudad de bicicletas, canales y grandes parques, es perfecta para visitar con tu mejor amigo. Pueden viajar gratuitamente en el transporte público (excepto en los trenes, donde deberemos pagar), entrar en casi todas partes (a no ser que se indique con una señal que no) y hay muchos parques "off leash", es decir, donde pueden estar sin correa.


Ginebra
Los suizos tienen gran consideración por los derechos de los animales; incluso hay que pasar un test antes de poder adoptar uno. Por extensión sus ciudades tenían que ser "dog friendly". Hay multitud de parques enormes donde poder soltarlos, y es una de las ciudades con más alojamientos donde se permiten perros, por lo que evitarás la odisea de encontrar hotel. No sólo lo permiten, sino que les preparan una cama y un comedero y bebedero para que, como tú, se sientan como en casa.


Barcelona
Al contrario que en el resto de España, donde todavía cuesta más eso de llevar a tu perro contigo a todas partes, en Barcelona tienen permitida la entrada en tiendas y en casi todos los bares. No puedes dejar de visitar el Entredogs Café, donde, además de la oferta culinaria para humanos y perros, organizan charlas, talleres, jornadas pro-adopción…


Nueva York
Los perros no sólo pueden quedarse en hostales u hoteles de menor categoría. En Nueva York, algunos de los grandes hoteles también permiten que los perros se queden allí, así como sus centros comerciales más famosos y muchos cafés y bares. Y también está Central Park, el gran pulmón donde pueden disfrutar tanto humanos como perros.


Seattle
14 parques para soltar a tu perro lo convierten en un muy buen lugar para ellos. Además, pueden subir a los autobuses y puedes alquilar una canoa o un kayak con ellos. También hay servicios de "guardería", pero seguro que no te hará falta... ¡pueden ir a casi todas partes!


Roma
Roma es una ciudad para pasear y disfrutar de sus calles, al margen de museos y monumentos. Tu perro disfrutará de las numerosas plazas y de las fuentes que las salpican, y en los parques también pueden estar sin correa. La mayoría de restaurantes darán una calurosa bienvenida a tu perro y le pondrán un cuenco de agua para refrescarse.


Austin
En la capital del estado de Texas, los perros pueden entrar en muchos de los locales. Además, hay muchos conciertos, verbenas y celebraciones al aire libre, lo que hace que tu perro disfrute de la naturaleza a la vez que tú te sumas a un plan típico de la ciudad.¿Lo mejor? El Dog House Drinkery Dog Park, un bar con un parque para perros donde pueden estar sueltos.


Lisboa
Los portugueses son acogedores y en esta ciudad de luz y mar los perros tenían que tener un hueco. Sus terrazas y calles con cuestas son ideales para disfrutar de largos paseos con ellos. Además, acaban de aprobar la ley que les permite la entrada a todos los bares, cafeterías, etc.


Bruselas
Bruselas, como Amsterdam, es una ciudad muy europea y abierta. Uno de cada diez belgas tiene un perro, y por supuesto su capital tenía que ser "dog friendly". Aunque es obligatorio llevarles con correa, tienen muchos espacios verdes donde pueden correr en libertad, e incluso algunos parques tienen determinadas horas donde poder soltarlos. Y hoteles, restaurantes... cada vez permiten más la entrada a nuestros amigos.


Sydney
Las playas son la principal razón para decir que Sydney es una ciudad "dog friendly". En las más famosas no tienen permitida la entrada, pero sí en muchas otras, como Rowland Reserve. También puedes ir con ellos a casi cualquier pub; no tendrás problemas. Los viajeros más expertos señalan The London como el pub más acogedor para los perros.


Y ahora sí, ¿cuál es el próximo destino para ti y tu mejor amigo? ¡Felices viajes!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, 25 Noviembre 2018 05:52

Mi corazón vive en Lamarck

La primera vez que estuve en ese lugar jamás pensé que años más tarde se iba a convertir en el símbolo de mis recuerdos y también de todas mis frustraciones. Pero la verdadera primera vez que estuve allí ni siquiera fue de cuerpo presente. Aquella esquina me cautivó aún antes de pisarla y andarla. La ví en una película y sentía como si yo perteneciera a esa acera en la que la protagonista caminaba acelerada describiendo todo a su paso para regalar su mirada a un invidente y transformar no sólo su día, también su vida.

Lamarck Caulaincourt es el nombre de la estación del metro a la que llegué en mi tercer viaje a París, hace ya casi cinco años. Cuando elegí el hotel donde me hospedaría no sabía que estaría justo a un lado del lugar donde se filmó una de mis escenas favoritas de Amélie, la película que llevó a millones a pisar las calles de Montmartre al menos con los zapatos del deseo.

Nunca sé cómo se llama cada una porque el nombre Lamarck Caulaincourt en realidad es compuesto, es decir, una de las calles que rodean a la estación del metro se llama Lamarck y la otra, Caulaincourt. Una está escalinatas abajo, frente a la estación del metro donde Amélie deja al personaje invidente iluminado por la experiencia que ella le ha regalado en apenas unos minutos y la otra está, escalinatas arriba, justo donde yo salía cada mañana para cruzar la calle y entrar al pequeño bar donde desayunaba un espresso y un croissant. No creo que me importe determinar el nombre de cada calle, para mí esas escalinatas donde exactamente en medio siempre se podrá leer el letrero rojo del metro parisino que hace que aunque pasen los años, esta calle sea icónica del paisaje de Montmartre.

Y es que este es el único letrero rojo que yo recuerdo para una estación de metro parisino. El resto tienen ese color verde viejo, añejado y nostálgico que incluso aquí en la Ciudad de México podemos recordar si vamos a la estación Bellas Artes, cuyo letrero fue justamente un regalo del gobierno francés para nuestra ciudad.

Lamarck Caulaincourt es especial no sólo porque a través de la historia de Amélie despertó mi deseo por París, por estar ahí algún día, sino porque ahí viví momentos especiales siempre. Una y otra vez. Esa esquina me fue construyendo una historia con la ciudad de mis amores.

Por ejemplo, gracias a las fotografías que tomé en aquel viaje donde me hospedé en el hotel Roma Sacre Cœur empezó una amistad que ha traspasado las fronteras, la distancia y el tiempo.

Meses después de que yo estuviera en esas icónicas escalinatas y subiera las fotos de mi viaje a mi cuenta de Instagram, comenzó a seguirme y a conversar conmigo un personaje “trés sympá”, como dicen los franceses. En su cuenta sólo dice que se llama Mr. Joe, y creo que su nombre es Joel pero en realidad nunca me importó. Para mí comenzó a ser simplemente Mr. Joe. Él vivía en París y aunque su aspecto físico no era el de un parisino y más bien era similar al de un norteamericano fanático de las malas hamburguesas, lo cierto es que había nacido en París y, como yo, profesaba un honesto y profundo amor por esta ciudad.

¿Por qué mis fotos le llamaron la atención?, simple. Él estaba entonces eligiendo el apartamento que iba a comprar para mudarse. Y lo compró ahí, a unos pasos de las escalinatas que a mí me habían marcado.

Mr. Joe no me conocía pero podíamos hablar del sabor de los croissants de aquel lugar en cuya barra ambos tomamos café cada mañana, tal vez al mismo tiempo y sin saber que existíamos.

Dos años más tarde, después de muchos likes en instagram, muchas conversaciones e intercambio de fotografías, finalmente Mr. Joe y yo nos conocimos personalmente. Nos citamos no en ese café pues no abría por las noches y era el único momento en el que las apretadas agendas coincidirían. Pero sí en un bar que estaba en contra-esquina, justo a lado de la estación del metro.

Aunque en aquella ocasión ya no estaba hospedada en Montmartre y ni siquiera había ido puesto que aquel era un viaje de trabajo con una agenda apretada, poder conversar en la vida real y no a través de un dispositivo móvil con alguien con quien sin imaginarlo tenías tanto en común me emocionaba, así que me enfilé a la puerta del departamento de mi sobrina, en la región de Courveboie bien envuelta y protegida contra la constante lluvia de primavera que caracteriza el clima parisino y decidida crucé el Sena para llegar al metro y de ahí, moverme por la enmarañada telaraña de sus líneas hasta llegar al punto de partida de aquella amistad y de mi vínculo con París: Lamarck Caulaincourt.

La velada fue agradable, Joe lo era, pero sobre todo, desde entonces supe que siempre esa esquina, de día o de noche, con el bullicio de la hora pico matutina o el frío de la terraza donde no pudimos tomar la cena por culpa de la lluvia, sería el lugar donde yo había enterrado mi corazón y al que siempre, cuando me siento triste o fuera de lugar, voy a querer regresar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

logo
© 2018 La Unión de Morelos. Todos Los Derechos Reservados.