Publicado en Sociedad Miércoles, 25 Febrero 2015 18:00

Las letras no entran cuando se tiene hambre

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Yo no soy como aquel que se va/ que se va pero luego regresa,/ bien me puedo morir de tristeza/ pero yo nunca vuelvo jamás… cantaba Gerardo Reyes en la rocola de una cantina sin nombre. Eran las 11 de la mañana y una mujer robusta bebía sola en una mesa de lámina. Sostenía en la mano izquierda un trapo rojo y en la derecha una cerveza.

Si borracho te vengo a buscar/, aunque toque no me abras la puerta/, no te importe si me oyes cantar/, o amanezco aquí en tu banqueta…

–¡Ayyyyy, amorrrr! –Gritó la mujer y golpeó la lámina con el culo de la cerveza llena. En seguida se cogió las sienes y se tapó la cara, el dolor que se le había atorado en el pecho salió como un llanto profundo. Nadie, más que un hombre, pudo haber causado aquella reacción.

Yo era un niño, acababa de entrar a segundo de primaria y corría el año de 1974. Observé todo esto desde la calle, por debajo de la puerta abatible de la cantina. Era la primera vez que veía lo que una canción puede ocasionar en una persona –La Escarapela, le decía a la dueña del local–. Con el tiempo, sentiría en mi propio pellejo los versos de algunos cantantes como el mismo Gerardo Reyes.

Entre los éxitos más llegadores del Amigo del Pueblo, como le decían, destacan: "Libro abierto", "Nada contigo", "Pobre bohemio", "Sin fortuna", "Cargando con mi cruz", "Ya vas carnal", "Bohemio de afición" y “Donde caigo”.

En los años setenta y ochenta no había una sola cantina que no tuviera estos éxitos en las rocolas; y  los discos sencillos se tenían que comprar varias veces porque los borrachos los ponían mucho y se rallaban.

Yo siempre tuve una gran debilidad por esos ambientes y esa música, y el destino –o Dios o el Diablo– me puso a mis dos tíos, diez y doce años mayores que yo, quienes me metían de contrabando a esos sitios, amenazados de que si me dejaban afuera los acusaría yo que andaban bebiendo en cantinas de mala muerte.

Las canciones que canta Gerardo Reyes hablan de decepción amorosa, de borracheras, de traiciones, pero hay una que escapa un poco de estos temas: “Sin fortuna”, del compositor Ángel González, cuyo nombre verdadero fue Estanislao Rivera Varela. En ella un hombre pobre canta sobre cómo llegó a triunfar, con el tiempo. Cuando se refiere a los ricos dice: “Vi a esa gente sentirse dichosa, frente a un mundo vulgar y embustero. Gente hipócrita, ruin, vanidosa, que de nada le sirve el dinero; que se muere lo mismo que el pobre y su tumba es el mismo agujero...”

Y más adelante, en una parte “hablada”, la canción reza: “Yo nunca tuve el calor de un beso, mis pobres viejos trabajaban tanto que nunca tuvieron tiempo para eso. Y así crecí sin ignorar el llanto. No fui a la escuela, yo aprendí de grande, para esas cosas no alcanzaba un pobre, las letras no entran cuando se tiene hambre, ni hay quien te tienda la mano si eres pobre. Por eso vuelvo a este pueblo viejo, donde la vida me trató tan mal, ésta es mi gente que por nada dejo, aunque volviera yo a sufrir igual”.

Gerardo Reyes fue un cantante para borrachos, pero no cualquiera; no de los que buscan pleito cuando ya tienen tres cuartos de copa en el bulbo raquídeo; ni de esos callados que se arrinconan en las esquinas de los bares y se vuelven sombra, sino de los llorones, de esos que andando en juicio gritan que “los hombres no lloran”, pero con algunos tragos y estas canciones se dan esa licencia y sueltan el dolor convertido en llanto que les ha dejado una mujer.

Epílogo. Gerardo Reyes Ortiz, oriundo de Guerrero y uno de los exponentes máximos de la música ranchera murió hoy, 25 de febrero del 2015, a los 79 años de edad, víctima de cáncer de hígado, informó su hijo Gerardo. Desde hace 45 años vivía en esta ciudad, y los sábados desde las 10 de la mañana hasta la hora de la comida se le podía ver, rodeado de amigos, en el restaurante Los Portales. Descanse en paz.

Modificado por última vez en Jueves, 26 Febrero 2015 07:16
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