Sociedad

VLADY (Vladimir Kibalchich)

TXT : María Gabriela Dumay Crítica ee Arte
Lectura 2 - 3 minutos
Vlady en su taller de Cuernavaca.
Vlady en su taller de Cuernavaca.
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VLADY (Vladimir Kibalchich)

TXT : María Gabriela Dumay Crítica ee Arte
Vlady en su taller de Cuernavaca.
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Petrogrado 1920/Cuernavaca 2005.

Cuernavaca siempre ha dado la bienvenida a artistas llegados de otros estados o de países distantes. Fue Isabel Díaz Favela, su esposa por 50 años, quien sintiendo la llegada de una edad adulta, adquirió un predio en Cuernavaca donde construyó el hogar y el taller en el cual Vlady creó su magnífica obra y vivió hasta su fallecimiento.

No es por nada que la crítica de arte Bertha Taracena escribió: “Isabel es la tierra de Vlady”. Fue Isabel quien logró calmar el largo viaje de Vlady de país en país desde que su padre, el poeta revolucionario Víctor Serge, fuera expulsado, con su familia, de la Unión Soviética en 1933, cuando el artista aún era un niño.

La pintura de Vlady, de gran perfección técnica, se nutre de tres vertientes: las revoluciones, el retrato y autorretrato y el erotismo. Entendiendo por revolución todo acto humano que busca liberarse de una forma de opresión y el autorretrato a menudo incluye a Isabel, como si ambos formaran una entidad inseparable.

Vlady va plasmando su protesta ante todo lo que humilla o empequeñece al ser humano. Baste un recorrido por la que han llamado “La Capilla Freudiana”, de la Biblioteca Lerdo de Tejada (1967).

El erotismo es vida y la vida es erótica”, me dijo Vlady en una de nuestras frecuentes pláticas en su taller. Más que un ejercicio de la sexualidad, sus dibujos y grabados eróticos son una celebración de la vida misma.

Ese gran taller ya no existe. Después de su fallecimiento, Isabel, su viuda y única heredera, lo mantuvo vivo. Allí realicé la curaduría de sus exposiciones póstumas en el Jardín Borda, en El Museo de la Ciudad y —en 2007— en la Universidad Autónoma de Morelos.

Después de la muerte de Isabel, heredó la propiedad un sobrino de ella, quien pese a su buena voluntad carecía de los recursos necesarios para sostener vivo el arte y la presencia de Vlady en el que fue su espacio. La propiedad se vendió y lo que fuera un ícono cultural de Cuernavaca desapareció.

“Mi obra le pertenece al pueblo de México”, dijo Vlady, pero actualmente está detenida en un juicio interminable entre Bellas Artes y el heredero de Isabel. Falta de recursos o escaso interés en la cultura han impedido que se abra un museo de su obra, que sería justo tener en Cuernavaca, donde este gran artista vivió, creó y murió.

 

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Ant. EL XERXES DE VLADY

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