Una conclusión contundente que arrojó el último Informe Mundial de Felicidad (2025) es que la riqueza no da la felicidad. Por lo menos no en la misma cantidad. Una prueba de ello es que los países más ricos del mundo no obtuvieron buenos lugares en su nivel de felicidad.
Las principales economías del mundo: Estados Unidos (primera potencia), China (segunda), Alemania (tercera) y Japón (cuarta) obtuvieron índices muy por debajo de su nivel de riqueza. Estados Unidos se ubicó en el lugar 24, China en el 68, Alemania en el 22 y Japón en el 55. Una lectura de esto es que la riqueza no siempre garantiza felicidad.
México, por su parte, mejoró significativamente su nivel de felicidad, pasando del lugar 23 al 10. Dado que México es la economía Nº 15 del mundo (lugar nada despreciable), podemos decir que, al igual que los países ya mencionados, nuestro nivel de felicidad supera nuestra riqueza.
En esa clasificación que realiza la empresa Gallup, Finlandia repitió como el país más feliz del mundo, y Afganistán como el más infeliz. El único país latinoamericano más feliz que México, es Costa Rica, ubicado en el sexto lugar. El más infeliz fue Venezuela. Ésta es una de las razones por las que la reciente detención de Nicolás Maduro no causó las protestas que se hubieran esperado de una acción así.
Este índice de felicidad se construye a partir de la percepción de una muestra significativa de habitantes de cada país, los cuales valoran los siguientes factores: satisfacción con su vida, riqueza promedio, esperanza de vida al nacer, apoyo e integración social, percepción de corrupción, generosidad y libertad para tomar decisiones en la vida personal.
Para México, este resultado nos dice que el mexicano promedio tiene una visión optimista de la vida y, en general, se siente a gusto con su existencia y de su relación con los demás. Quizá la situación económica no es buena para muchos mexicanos, pero se afronta con positivismo.
Un dato preocupante para toda la sociedad es el incremento de la soledad entre la población joven, que ha aumentado un 39% en las últimas dos décadas. En general, como dice el viejo dicho, la soledad es mala consejera. Motiva la depresión y a veces el suicidio. Fomentemos el acompañamiento e integración social con nuestros jóvenes, y también con todos los que nos rodean. Este periodo de inicio de año es una gran oportunidad para ello. Aprovechémoslo.
