Sociedad

¡Las luchas siguen!


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Jojutla. El Covid ganó a la lucha libre al menos una de tres caídas. Seis de cada 10 luchadores colgaron la máscara o el atuendo y buscaron trabajo o se pusieron ejercer el oficio que tenían. No había funciones, estaban prohibidas las concentraciones masivas. Pero en la actualidad, ¡las luchas siguen!

Esto lo dijo en entrevista la Kalakita, luchador profesional y director de la empresa de lucha libre Producciones Internacionales de Lucha Libre Alemán (Pillas), que agrupa a 22 luchadores profesionales.

El 26 de abril, un día antes de una presentación de Pillas en el pueblo indígena de Tetelpa, en Zacatepec, Morelos, el guerrero morelense platicó que con el inicio del año se comenzaron a reactivar las actividades luchísticas en la entidad: en la actualidad damos 15 funciones o más al mes, y eso es muy bueno porque hay trabajo y porque estamos luchando, haciendo algo que amamos, estamos conviviendo con nuestro público y algo que nos da para mantener a nuestras familias, para vivir dignamente.

El coronavirus

El gobierno del estado decretó alerta máxima para Morelos por coronavirus, el 24 de diciembre entró en el semáforo rojo y con ello se prohibió cualquier actividad que no fuera sustancial. El lunes 7 de marzo del 2022, descendió a semáforo verde, aunque las actividades masivas no estaban autorizadas, sino hasta finales de año.

Según Kalakita, en poco más de un año no hubo luchas, ni forma de vivir de esta actividad.

Pillas se creó hace ocho años y nunca habíamos tenido una suspensión tan larga.

La gran mayoría de luchadores tenemos un oficio o profesión aparte de ser luchadores, entonces tuvimos que concentrarnos en nuestros trabajos. Hay carniceros, abarroteros, vendedores, empleados, obreros, profesionistas, de todo, incluso hay compañeros que se dedicaban a hacer máscaras y trajes y durante la pandemia, esa actividad fue su única fuente de ingresos.

Algunos luchadores enfermaron de covid, como mucha gente, entre entre mis amigos estuvo Hexagoncito; a finales de agosto de 2021, murió. El covid se lo llevó, muy talentoso, tendría 35 años, lamentamos mucho su muerte porque era nuestro amigo y compañero de luchas, trabajamos varios años juntos, dijo la Kalakita.

En su oportunidad, el reportero de deportes Roger Mixcoac escribió:

“Su lamentable muerte, causó impacto y sorpresa en el gremio de la lucha libre morelense, entre amigos y excompañeros de profesión, así como de los propios aficionados quienes son los que más sienten pero que señalaron que lo llevan dentro del corazón, que sus presentaciones son inolvidables. Hexagoncito se desarrolló en las filas de las empresas independientes de lucha libre del estado de Morelos, fue un referente en las funciones en donde se presentaban las miniestrellas, siempre defendiendo y poniendo en alto el bando de los rudos que es por donde se distinguió más porque dejó profunda huella”.

La Isabel, referente necesario

Como se sabe, el viernes 11 de diciembre del 2009, después de 56 años de existencia, la Arena Isabel de Cuernavaca cerró sus puertas definitivamente.

Muchos pensaron que una vez que se cerrara la Arena Isabel, la lucha libre en Morelos desaparecería, no fue así, se siguió practicando en los gimnasios, en los barrios, en las calles, en las casas particulares y las funciones se daban en cualquier lugar en donde cupiera un espacio para instalar un ring.

Los luchadores independientes hicimos esfuerzos en muchas ocasiones para unirnos, pero no hubo resultados duraderos, en 2015 creamos Producciones Internacionales de Lucha Libre Alemán o Pillas, como se le conoce, no sólo con la idea de tener recursos para subsistir, sino por el amor a la lucha libre, dijo Kalakita.

Después de la Arena Isabel no ha habido un lugar digno para la lucha libre; las rentas de locales en lugares amplios son súper elevadas, pero esto no nos ha detenido.

Hemos dado funciones en las colonias de Cuernavaca y en las comunidades alejadas de los municipios, porque nos interesa llevar diversión, entretenimiento de calidad a las personas que no puedan venir a la capital de Morelos; nos gusta la gente, los niños, nos motiva verlos emocionados gritando nuestros nombres.

La lucha libre es un deporte espectáculo popular, pero también le gusta a todas las clases sociales.

Antes y después del coronavirus no recibimos ningún apoyo por parte de los gobiernos municipales ni del estatal, nos hemos acercado a funcionarios y también hemos buscado a empresarios para que de manera conjunta con los gobiernos se pueda hacer un proyecto de un lugar digno para la lucha libre, pero no hay interés; desconocen la tradición o sólo ven que no habrá lucro o ganancias para ellos.

¡La lucha vive!

La lucha libre en Morelos está más viva que nunca. La tradición permanece y hay nuevos valores que vienen con mucha fuerza, aquí en Pilla tenemos a Sombra Imperial y Torito Morelense; son dos luchadores que inician, pero tiene mucho futuro, dijo Kalakita.

Y así, en cada barrio, en cada comunidad de Cuernavaca y de los municipios conurbados salen nuevos luchadores, la lucha libre fue adoptada por el pueblo morelense y es difícil que acabe, porque ha echado raíces profundas.

La lucha libre es un espectáculo que integra a los luchadores, al público, a los vendedores de máscaras y chucherías, el réferi, al público.

Es un fenómeno emocional masivo, nadie puede ir a una función sin tomar partido por alguno de los protagonistas; las emociones afloran en el rostro de la gente, particularmente de los niños y niñas, de las mujeres, del obrero que ha trabajado por seis días en las condiciones más adversas y por un pago ínfimo.

En “¡Réferi vendido!”, libro Cuentos de Arena (E1 Ediciones, México 2020), la escritora, ensayista y catedrática de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos Hélène Blocquaux (Grenoble, Francia, el 15 de julio de 1966) relata:

“La lucha libre era la pasión de Pepe, pero su temperamento lo hizo réferi porque no le gustaba pegar. La recomendación había surgido unos meses atrás cuando su entrenador advirtió el umbral de resistencia al dolor extremadamente bajo y el sentido agudo de la justicia que conformaban la personalidad del que fuera en su tiempo El Mixteco. Acto seguido, Pepe optó por colgar su máscara y revestir la camisa rayada blanquinegra. Faltaba por consiguiente, además de conseguir el respeto del público, ganarse la consideración de los luchadores desarrollando un estilo peculiar para referear. Pepe había aprendido a mediar la cantidad de poder concentrado en sus manos: tres palmadas aplicadas en la lona enjuiciaban al bien contra el mal que debatían en el ring, bajo la mirada del respetable jurado quien rendía su veredicto a gritos”.

Sobrevivientes

Voltaje, originario de Cuernavaca, explicó en entrevista que tiene un empleo fijo y que durante la pandemia no tuvo problemas económicos porque siguió trabajando y la empresa lo cuidó bien. Pero que extrañaba al público, a los niños, a sus compañeros luchadores.

Destello, de Cuernavaca, relató que cuando comenzó la pandemia estaba trabajando en el aeropuerto de Tijuana.

“Tenía un año viviendo allá, nos dijeron que se iban a parar las actividades allá. Pedí permiso para ver a mi familia en Morelos. Cuando vine a Cuernavaca me enteré que era en todo el país, en todo el mundo. En Morelos me dedicaba a hacer máscaras y vestuario para luchadores, entonces, como no había trabajo continúe con ese oficio. Hice cubrebocas personalizados y me fue muy bien, de eso viví todo este tiempo. Extrañaba luchar, a la gente”.

El luchador de Zacatepec, Krimen, en entrevista, confirmó que las presentaciones de lucha libre se están reactivando y eso es positivo para ellos y para el público.

Dijo que durante el coronavirus y la inactividad luchística, aunque tiene un negocio propio, tuvo problemas económicos, principalmente porque enfermó su papá, pero que lograron salir adelante.

 

“Dejamos de luchar contra otros luchadores, pero durante ese tiempo de encierro luchamos contra el miedo. Era terrible que por los grupos de WhatsApp leyéramos que cómo las familias de nuestros conocidos o amigos iban muriendo. Primero el papá, la mamá, la hermana… ¿A qué hora nos tocaba a nosotros? Extrañábamos las luchas: desde que llegamos a los vestidores, cambiarnos, ver y saludar a nuestros compañeros. Poder escuchar tu presentación, cuando la gente te abuchea o te aplauden, cuando anuncian tu nombre y la gente aplaude, cuando te están esperando en el pasillo para darte la mano”.

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