Daniel Zetina en El Manojo, en junio de 2019. Daniel Zetina en El Manojo, en junio de 2019. Fotógraf@: Foto de Juan Machín.
Publicado en Sociedad Viernes, 22 Mayo 2020 02:34

El Manojo. Centro Cultural

Escrito por Daniel Zetina

En 2004 nació en Cuernavaca uno de los foros artísticos más importantes de las últimas décadas. Este texto es un homenaje a quienes lo hicieron posible.

En una esquina frente a Plaza Cuernavaca hay una casa grande, que fue adaptada como galería y tienda de comercio justo, pero no llegó muy lejos y cerró. Poco después, Eduardo Hernández, El Tigre, Josefina su pareja, su familia y sus colaboradores abrieron El Manojo.

El lugar es un gran patio techado, en desnivel, con paredes de roca, donde caben unas 20 mesas; dentro está la barra, más al fondo la cocina; además tiene un salón para talleres y en el segundo piso más espacios de trabajo; la entrada es una sencilla reja. Todo es tan Cuernavaca.

Desde el inicio, se ofreció el servicio de comida a la par de los eventos culturales. Y desde entonces fue un referente para todo tipo de públicos y una casa para tantos artistas que pasamos por ahí. Me gustaba ir por una comida corrida, hacer citas de trabajo, pasar por una cerveza, ir a un concierto. Cualquier día era bueno para estar ahí, se comía rico y había personas interesantes.

Eduardo era ya un viejo conocido en la cultura, había sido el coordinador de Salas de Lectura, además de su labor de promotor cultural desde otros puestos públicos y por su propia cuenta. Ya era un maestro que, como hasta ahora, no se limita y comparte sus conocimientos, especialmente prácticos, con quien se acerque a él. Es un hombre generoso y valiente.

La carrera de muchos artistas no se entendería sin El Manojo, siempre fue solidario con quienes se acercaban a pedir un espacio. No pondré nombres, pero cada uno sabemos lo que le debemos a este lugar. Es impresionante cómo se dio cabida a expresiones como músicos nuevos, poetas desconocidos, talleristas principiantes, bailarines en formación, coreógrafos, dramaturgos, perfomanceros, pintores, editores y más.

A pesar de las adversidades, El Manojo siempre fue un espacio abierto. Aguantaron la violencia, los asaltos, la falta de público, los toques de queda, la crisis económica, los enemigos, los trámites en gobierno, las alzas de precios, la renta, los tiempos electorales.

Desde las lecturas eróticas que se hicieron tradicionales, hasta expresiones como la danza butoh, los conciertos maratónicos de cantautores locales, los encuentros de escritores, los reconocimientos a figuras públicas (Honor a quien honor merece, como los llamaban), las mesas de debate, los eventos de beneficencia, los cumpleaños, los clubs literarios, los talleres (cine, música, letras, baile, composición…) todos cupo en ese manojo de libertad que fue este Centro Cultural.

Más allá de un negocio o un buen lugar para vivir la experiencia del arte de cerca y a precios moderados, El Manojo se convirtió en un punto de resistencia, desde la inteligencia, el diálogo, el buen gusto, la solidaridad y el encuentro social, como muchos medios lo registraron.

Yo, Daniel, soy uno de los más agradecidos, ahí realizamos no menos de 100 eventos literarios, di talleres, conocí mucha gente, vendí cientos de libros. En junio de 2019 celebré allí los XV años de Ediciones Zetina y mis cumpleaños número 40 rodeado de amigos y colegas, con música de Kristos Lezama.

Otros dos eventos son significativos para mí: una lectura de poesía que hice con Kenia Cano y un homenaje a Facundo Cabral tras su asesinato con mi amigo Edgar Castillo, El Pato.

El Tigre siempre me decía: “Con gente o sin gente, aquí siempre tienes las puertas abiertas, ya sabes que esta es tu casa”. A veces me regalaba un mezcal, pero siempre me animaba a seguir adelante y me daba consejos.

Esta contingencia, entre otras consecuencias, nos sorprendió con la noticia de que El Manojo cerró sus puertas, lo que conmovió a muchas personas, pero comprendemos que así debe ser. Que ahora se cierra un ciclo y tras la crisis deben surgir nuevas propuestas, lugares, eventos, grupos, porque la cultura en Morelos siempre ha sido aguerrida y novedosa. El Manojo siempre estará en nuestros corazones. Mil gracias por haber existido.

Por último, como dice El Tigre: “Abrazos, feliz día y fuerza guerreros”.

 

 

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