La familia de la carpa

La Unión
“Mire, ese era nuestro edificio. Es irónica la vida: hasta tres zopilotes nos acechan o esperan vernos morir en vida”.
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La familia de la carpa

Los vecinos del condominio Altavista que perdieron todo con el temblor siguen en pie para retomar su vida

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“Mire, ese era nuestro edificio. Es irónica la vida: hasta tres zopilotes nos acechan o esperan vernos morir en vida”.
“Mire, ese era nuestro edificio. Es irónica la vida: hasta tres zopilotes nos acechan o esperan vernos morir en vida”.

“Me dieron en la mera maceta. Estaba tan contenta viviendo ahí. Pensé que iba a pasar mis últimos años en mi departamento”, comentó la señora María con voz quebrantada.

En su mirada reflejaba la tristeza; en ella había incertidumbre ante las promesas de los políticos que sólo llegaban a tomarse la foto.

“¿Quién nos va ayudar? No tenemos ni dictamen. Mi esposo pagó el departamento durante 40 años; alguien tiene que responder: gobierno o Fovissste”, comentó esta mujer quien perdió su patrimonio durante el sismo que ocurrió el pasado 19 de septiembre del 2017.

La afectada vivía en un departamento del edificio G en la planta baja del conjunto Altavista en Cuernavaca. Tras el sismo 20 familias desalojaron el edificio.

“En un momento, nuestra vida cambio empezamos a vivir en el área de estacionamiento del condominio, ya casi cumplimos un mes”, aseguró esta mujer.

Siguió relatando: “Teníamos una carpa más grande que nos había dado el gobierno, pero el viernes nos la quitaron, al propietario no le habían pagado la renta. Nos dejaron a la deriva con el tormentón. Después nos trajeron otra carpa, pero en esta se le mete el agua. Todas nuestras pertenencias se nos mojan.

No tenemos baños, muchos menos regaderas, hacemos nuestras necesidades fisiológicas en la barranca. Tenemos que retomar nuestra forma de vivir. En la carpa todos somos una familia”.

“Los políticos no nos han ayudado, sólo vienen a visitarnos. Todos los víveres que ve son de particulares”, contó.

“Mire, ese era nuestro edificio. Es irónica la vida: hasta tres zopilotes nos acechan o esperan vernos morir en vida. Por un momento hasta yo sentí un nudo en la garganta al mirar a los afectados, quienes a pesar de que el sismo les destruyó sus hogares, ellos seguían de pie”, reflexionó.

“Con el corazón partido, tres mujeres y dos hombres me pidieron que los acompañara a lo que fue alguna vez su hogar”.
“Alrededor del edificio estaban colocadas unas cintas rojas que restringían el acceso”.

La estructura del edificio quedó inclinada, los muros cuarteados, las varillas descubiertas y las escaleras abiertas. “Pero los ingenieros nos dicen que si lo apuntalamos, nuestros departamentos quedan habitables. Esto está a punto de derrumbarse”.

“Cuando vi el edificio me quise regresar, en mi paso veía el escombro que dejó el terremoto. Se sentía ese frío de miedo que en cualquier momento la propiedad colapsara”. Sólo los recuerdos de los niños quedaron plasmados en las paredes con sus dibujos que dejaron en lo que alguna vez fue su morada.

Al entrar a los departamentos las paredes estaban agrietadas, la furia del temblor había dejado inservible la estructura. En los cuartos se sentía ese vacío. Muy pocas personas se arriesgaron a sacar todas sus pertenencias. Las familias habían perdido todo, hasta la felicidad quedó en esos muros.

El condominio Altavista está conformado por 15 edificios, 20 departamentos en cada uno de ellos. Más de la mitad resultó afectado. En las paredes se veían las grietas que fueron marcados con color rojo. Los habitantes aseguran que entre más pasan los días aparecen otras aberturas.

Muchas familias decidieron desalojar los departamentos ante el temor de un nuevo temblor. Algunos no tienen a dónde vivir y decidieron quedarse en las dos carpas que fueron habilitadas hasta que en algún momento tengan alguna respuesta.

Otros que viven en la planta baja de los edificios siguen habitando pero el temor es prevalente.

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Alejandro López

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