El primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió este martes que el mundo enfrenta “una ruptura, no una transición” económica y política, durante su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.
Señaló que las grandes potencias han usado la integración económica como arma y los aranceles para obtener ventajas, y que las instituciones multilaterales están en riesgo.
Carney explicó que las crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas de las últimas dos décadas revelaron los peligros del calentamiento global y de la dependencia económica entre países.
“No se podía vivir con la mentira del beneficio mutuo cuando esta se convirtió en una fuente de subordinación”, afirmó, en referencia a políticas como las arancelarias impulsadas por Estados Unidos.
Ante esta situación, muchos países buscaron mayor autonomía estratégica en áreas como alimentación, energía, finanzas, minerales críticos y cadenas de suministro. Canadá, destacó Carney, duplicará su gasto en defensa hacia finales de la década y fortalecerá sus industrias nacionales.
El país también ha diversificado sus alianzas internacionales, firmando acuerdos estratégicos con la Unión Europea, Mercosur, ASEAN, India, Tailandia y Filipinas, y apoyando a Ucrania y a Groenlandia en temas de seguridad y soberanía.
Carney subrayó que Canadá mantiene un apoyo firme a la OTAN y ha invertido en radares, submarinos, aeronaves y presencia terrestre para garantizar la seguridad.
El primer ministro destacó que, aunque las grandes potencias pueden actuar solas por su tamaño e influencia, las potencias intermedias deben cooperar entre sí para proteger sus intereses.
“Canadá tenía lo que todo el mundo quería. Éramos una gran potencia energética, teníamos grandes reservas de minerales críticos y la población mejor educada del planeta.
Nuestros fondos de pensiones eran de los más grandes y contábamos con los inversores más sofisticados. Teníamos capital y talento, y también un Gobierno con una capacidad fiscal inmensa”.
