El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, afirmó que Teherán no busca un conflicto armado, pero aseguró que el país está plenamente preparado ante esa posibilidad, en un contexto de creciente tensión con Estados Unidos.
Al mismo tiempo, reiteró la disposición iraní a entablar negociaciones con Washington, siempre que se basen en condiciones justas, respeto mutuo y derechos iguales entre las partes.
“Irán no quiere una guerra, pero está totalmente preparado para una guerra.
También estamos preparados para unas negociaciones, pero unas que sean justas, con los mismos derechos y respeto mutuo”.
Araqchi sostuvo que las protestas registradas en el país derivaron en episodios de violencia que, según dijo, habrían servido como pretexto para una posible intervención estadounidense.
Indicó que las movilizaciones iniciales fueron pacíficas y que las autoridades intentaron abrir un diálogo, pero aseguró que desde el 8 de enero se produjo la entrada de grupos armados y agentes externos con el objetivo de generar caos social y aumentar el número de víctimas.
En paralelo, el Gobierno iraní confirmó que los canales de comunicación con Estados Unidos permanecen abiertos.
El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmaeil Baqaei, señaló que existe contacto directo entre Araqchi y el representante especial estadounidense para Oriente Próximo, Steve Witkoff, y que se intercambian mensajes cuando la situación lo requiere.
Según Baqaei, el país se encuentra actualmente en una nueva fase iniciada el 10 de enero y la situación interna está bajo control.
Las protestas, que han dejado más de 500 muertos según la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), tienen su origen en el deterioro de las condiciones económicas, marcado por la caída del poder adquisitivo y el desplome del rial, en un contexto de endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
En este escenario, Teherán advirtió que responderá contra Israel y contra bases militares de Estados Unidos en caso de un ataque.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, alertó de que cualquier agresión convertiría a Israel y a las instalaciones militares estadounidenses en objetivos legítimos.
