El plan forjado en el corazón de Cuautla fue en la cantina “Lluvia de Plata”.
Cuautla.- En el marco del CXV aniversario del Inicio de la Revolución del Sur, la memoria histórica recupera uno de los episodios más determinantes para el movimiento agrario: las reuniones clandestinas que el General Emiliano Zapata Salazar sostuvo en el centro de Cuautla.
Fue bajo el bullicio de la tradicional Feria del Segundo Viernes de Cuaresma donde el “Caudillo del Sur” terminó de articular el levantamiento en armas que transformaría el destino de México.
Aprovechando la multitud y el ambiente festivo de la época, Zapata y su círculo más cercano de colaboradores –entre ellos figuras clave como Otilio Montaño y Abraham Martínez– utilizaron la cantina “Lluvia de Plata”, ubicada en el primer cuadro de la ciudad, como centro de operaciones.
Este recinto, lejos de ser un simple lugar de esparcimiento, sirvió como el refugio perfecto para burlar la vigilancia del gobierno porfirista y discutir las estrategias de combate que darían inicio a la lucha por la tierra y la libertad.
Los preparativos en Cuautla fueron estratégicos; Zapata sabía que la feria atraía a personas de toda la región, lo que facilitaba el flujo de información y la entrega de proclamas sin levantar sospechas inmediatas.
En esas reuniones se definieron los primeros objetivos militares y se consolidó la lealtad de los líderes locales, quienes veían en la figura de Emiliano Zapata la esperanza de justicia ante los abusos de las haciendas cañeras que asfixiaban a los pueblos de Morelos.
Estos acontecimientos fueron recordados este martes mediante una reunión en la cantina “La Brisa”, anteriormente llamada “Lluvia de Plata”, considerada histórica, mediante un conversatorio convocado por la asociación Precursores de la Historia de Cuautla A.C., en la que participaron investigadores y cronistas de Morelos.
Historiadores coinciden en que la elección de Cuautla no fue casualidad, sino un movimiento táctico que demostraba la capacidad organizativa del general.
Mientras la población celebraba las tradiciones religiosas y comerciales de la Cuaresma, en la penumbra de los establecimientos del centro se redactaban los planes que semanas después estallarían en la toma de la ciudad, marcando uno de los triunfos militares más significativos para el Ejército Libertador del Sur.
Con esta conmemoración, los cronistas e historiadores no sólo honran la valentía de quienes empuñaron las armas, sino que recuerda la astucia de un movimiento que nació de la base social y que encontró en los espacios cotidianos de Morelos el escenario ideal para gestar la revolución social más profunda del siglo XX en México.



