Usar perfume es parte de la rutina diaria de millones de personas, y el cuello suele ser uno de los puntos favoritos para aplicarlo.
Sin embargo, expertos en salud y organismos científicos han comenzado a advertir que esta práctica podría no ser la más recomendable debido a la sensibilidad de esa zona del cuerpo y a la presencia de ciertos compuestos químicos en las fragancias.
¿Por qué el cuello es una zona delicada?
El cuello tiene características anatómicas que lo hacen más vulnerable a la absorción de sustancias.
La piel en esta área es más delgada y cuenta con una alta irrigación sanguínea, lo que facilita que los químicos aplicados sobre ella entren con mayor rapidez al organismo.

Además, en esta región se encuentra la glándula tiroides, encargada de regular funciones esenciales como el metabolismo y el equilibrio hormonal.
Por ello, la exposición constante a determinadas sustancias podría tener un impacto mayor que en otras partes del cuerpo.
Los ftalatos, en el centro de la preocupación
Uno de los principales focos de alerta son los ftalatos, compuestos utilizados con frecuencia en la industria de las fragancias para fijar el aroma y prolongar su duración.
Diversas investigaciones señalan que estos químicos pueden actuar como disruptores endocrinos, es decir, interferir en el funcionamiento normal de las hormonas.

La exposición repetida, incluso en pequeñas dosis, se ha relacionado con posibles efectos como:
- Alteraciones en la función tiroidea.
- Problemas en la reproducción y el desarrollo fetal.
- Cambios metabólicos.
- Alteraciones durante la adolescencia.
Aunque estos efectos no son inmediatos, la preocupación radica en la acumulación a largo plazo.
Efectos visibles en la piel
El cuello también es propenso a reacciones cutáneas.
El contacto frecuente con alcoholes y aceites esenciales puede provocar irritación, enrojecimiento, picazón o alergias.
Otro riesgo es la fotosensibilidad: algunos ingredientes, especialmente cítricos o florales, reaccionan con la luz solar y pueden favorecer la aparición de manchas oscuras en la piel, difíciles de eliminar.
¿Hay que dejar de usar perfume?
Los especialistas coinciden en que no se trata de prohibir el uso de fragancias, sino de adoptar hábitos más conscientes.
Una recomendación sencilla es evitar el cuello y optar por zonas menos sensibles, como las muñecas o la ropa (según el tipo de tela), donde la absorción directa es menor.

Pequeños cambios en la rutina diaria pueden ayudar a proteger la piel y reducir la exposición innecesaria a ciertos químicos, sin renunciar al uso de perfume.


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