Aunque suele creerse que las plagas aparecen únicamente con el calor, el comportamiento de algunos insectos demuestra lo contrario. Durante la temporada de frío, las chinches pueden volverse más comunes dentro de los hogares, ya que las bajas temperaturas las obligan a buscar refugio en espacios cálidos para sobrevivir.

En invierno, su actividad en el exterior disminuye, pero eso no significa que desaparezcan. Por el contrario, estos insectos suelen ocultarse en el interior de las viviendas, especialmente en lugares donde el calor se conserva con mayor facilidad, como colchones, sillones, alfombras, cortinas y grietas. Las paredes y muebles acolchados se convierten así en escondites ideales para pasar la temporada.
Uno de los principales riesgos es su capacidad de reproducirse de manera silenciosa y constante. Las chinches pueden multiplicarse durante semanas o incluso meses sin ser detectadas, ya que sus picaduras suelen confundirse con alergias, resequedad provocada por el clima frío o lesiones causadas por otros insectos. Esta confusión retrasa la identificación del problema y permite que la infestación avance.

Las picaduras provocan comezón, enrojecimiento e inflamación, pero el impacto va más allá de lo físico. La presencia de chinches puede alterar el descanso, generar ansiedad y afectar el bienestar emocional de quienes habitan el espacio. En casos más graves, el rascado constante puede derivar en infecciones cutáneas.
Para prevenir una infestación durante el invierno, es importante mantener medidas de higiene y vigilancia constantes. Revisar colchones y costuras, lavar la ropa de cama con agua caliente, aspirar con frecuencia y sellar grietas ayuda a reducir riesgos. La atención oportuna en las zonas cálidas del hogar puede marcar la diferencia y evitar mayores afectaciones.
