El turismo cultural es una modalidad turística enfocada en conocer, experimentar y consumir los rasgos distintivos, materiales e inmateriales de un destino, tales como arte, historia, gastronomía, tradiciones y arquitectura. Busca el aprendizaje y la inmersión en la cultura local, siendo uno de los segmentos de más rápido crecimiento y mayor impacto económico
Cuernavaca tiene diversas características que la distinguen de otras ciudades, entre ellas, su riqueza cultural.
Ubicada en una zona que se distingue por su clima templado, La Tallera Siqueiros es un espacio considerado por muchos como tesoro arquitectónico, es mucho más que un museo. Este recinto forma parte del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) e inicialmente fue el taller-laboratorio del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, una de las figuras más emblemáticas del arte mexicano del siglo XX. Aquí, él trabajaba con nuevas técnicas pictóricas para su época y materiales innovadores.
En 1965 se fundó bajo el nombre de Taller de Experimentación Plástica, llevando a cabo investigaciones sobre el uso del mural como una obra colectiva y dinámica. Su objetivo era acercar el arte a la población general, una convicción que Alfaro Siqueiros mantuvo presente a lo largo de toda su vida, de su obra artística y como parte de su legado. En este espacio tan emblemático, Siqueiros trabajó en proyectos monumentales como “La marcha de la humanidad”, mural que se considera el más grande del mundo y que hoy forma parte del Polyforum Siqueiros, en la Ciudad de México. También desarrolló su concepto de “arte público”, algo sumamente revolucionario para su época.
En 2012, el espacio fue renovado por la arquitecta Frida Escobedo, quien lo transformó en un centro cultural contemporáneo, respetando la esencia del lugar y proponiendo los murales “Trazos de composición piramidal” y “Trazos de composición espacial” con vista hacia el exterior como la característica principal de la fachada y una forma única de invitar a los visitantes a conocer el interior. Dicho rasgo tan distintivo invita a cualquiera que pase por ahí a disfrutar de una cautivadora vista, estableciendo un diálogo entre el arte, el entorno, la arquitectura y la comunidad.
Sus acabados aparentes, formas geométricas y diferentes vistas lo vuelven un espacio de convivencia entre el mismo museo y sus alrededores. Su celosía hace contraste con su vegetación, que en conjunto con sus techos altos, ventanales enormes y la luz natural lo distinguen como un sitio único y especial en la ciudad. También se puede visitar la casa de Siqueiros, cuya sencillez te invita a estar en calma y disfrutar al mismo tiempo de su jardín.
Hoy en día, el museo y la galería son un lugar de creación, reflexión y diálogo artístico, y no sólo de contemplación. Visitar La Tallera es adentrarse en la historia viva del muralismo mexicano, pero también es un espacio de reflexión y experimentación, recordándonos que la creación artística también es un acto colectivo y de compromiso con la sociedad. Todo esto hace de La Tallera un punto donde el pasado y el presente se unen, ofreciendo a los visitantes un gran legado.





FOTOGRAFÍAS: DRA. PAMELA E. ZÚÑIGA BELLO


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