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Lunes, 13 Julio 2015 00:00

A las cinco de la tarde… Destacado

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A pesar de los grandes avances en materia de derechos humanos en la zona de Medio Oriente, aún se siguen viviendo episodios de represión a los sectores más vulnerables, sobre todo en el caso de las mujeres, que viven bajo ciertos regímenes autoritarios que violan sus derechos y su libertad.  

En 1935 el poeta Federico Gracia Lorca publicó el poema largo Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, en el que describe su presentimiento de la muerte y el miedo que tenía a ella (sólo unos meses después fue asesinado).

Sin embargo, en la cinta A las cinco de la tarde (así comienza el poema de García Lorca), de la iraní Samira Makhmalbaf, retoma un poco el sentido de la muerte, pues nos lleva a un mundo lejano para nosotros, pero una realidad para aquellos que viven de cerca estos conflictos en los países del medio oriente.

Nogreh es una joven que vive en una comunidad de Kabul post bélico tras la caída del régimen talibán en Afganistán; sólo vive con su padre, al que debe cuidar y proveer de alimento diariamente. Además de ser un preservador de los valores, el padre mantiene a Nogreh en una especie de régimen en el que tiene estrictamente prohibido ir a la escuela, pues para él es esencial que una mujer preserve las buenas costumbres y se mantenga en casa a la espera de un esposo. Por lo que las mujeres no deben acudir a la escuela, no deben pensar y mucho menos deben desobedecer.

En vista de eso, ella emprende, todos los días, como especie de manda, una travesía en la que debe caminar en medio de las calles desoladas de Kabul en busca de agua y alimento para su padre, su nuera y su moribundo bebé, quienes dependen exclusivamente de ella para sobrevivir.

Cuando Nogreh cumple el objetivo, de forma clandestina, asiste a la escuela, en donde es mal vista pues no viste como la mayoría de las jóvenes que asisten a clase, por lo que un día es cuestionada acerca de esa cuestión. Ella se justifica diciendo que de vestir de la misma forma en que ellas acuden a la escuela, su padre se daría cuenta que asiste y entonces jamás podría volver ni cumplir su sueño: ser presidenta de su país.

Pasa las horas y los días preguntándose por qué no le es posible ser libre y realizar su sueño; sueña casi todo el tiempo, pues el mundo que la rodea está lleno de destrucción y muerte.

En cada rincón puede ver a multitudes caminar sin rumbo, sin comer, moribundos que son refugiados de Pakistán y llegan en busca de alguna posibilidad de sobrevivir.

En algunas de sus travesías en busca de comida comienza a frecuentar a un joven que poco a poco se va acercando más a ella y la alienta a cumplir su sueño.

Transitan por las calles vacías y ella se imagina dando un discurso a una multitud en donde las mujeres son libres, van a la escuela, no existen ataduras de ninguna forma.

La película fue rodada en el año 2003; la directora, hija del consagrado cineasta Mahsen Makhmalbaf y de la guionista  Marziyeh, y hermana de la cineasta Hana Makhmalbaf, desde muy pequeña ha estado mezclada en el mundo del cine gracias a su familia, lo que le ha sido reconocido en distintos países donde su trabajo ha sido reconocido con premios internacionales, también siendo la directora más joven en presentar una película en el afamado Festival de Cine de Cannes, donde se presentó por primera vez con la cinta La Manzana, en 1998, con tan sólo 17 años.

En la cinta, Samira decidió trabajar con actores no profesionales habitantes de Kabul, a quienes con arduo trabajo logró convencer de que participaran, obteniendo maravillosos resultados pues la película fue reconocida en varios países ganando por segunda vez el premio del Jurado del Festival de Cannes ese año y anteriormente por su trabajó en le cinta La Pizarra, en el año 2000.

El guión de la cinta también fue realizado por la cineasta junto con su padre, Mahsen Makhmalbaf.

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