Rodeando la Antártida sin chocar con ningún continente, la Corriente Circumpolar Antártica fluye como un anillo líquido que nunca se interrumpe, transportando más de cien veces el caudal combinado de todos los ríos de la Tierra. A pesar de su importancia, su origen y cómo llegó a influir en el clima ha sido un misterio durante décadas.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences liderado por Hanna Knahl muestra que no bastó con que se abrieran los pasajes marinos entre continentes, también fue necesario que los vientos soplaran en la dirección correcta.
Hace 34 millones de años, durante la transición al Oligoceno, la Tierra pasó de ser un planeta casi sin hielo a uno con casquetes polares permanentes.
En ese tiempo, Australia y Sudamérica se separaban de la Antártida, abriendo corredores que teóricamente permitirían que el agua circulara libremente alrededor del continente.
Sin embargo, los modelos climáticos muestran que el océano Austral estaba dividido: mientras que en el Atlántico e Índico se formaba circulación intensa, el Pacífico permanecía casi inmóvil.

La Corriente Circumpolar, con un frente de hasta 2.000 kilómetros, conecta los océanos Atlántico, Ìndico y Pacífico, distribuyendo el calor del planeta. / Copernicus
El estudio identifica al Tasman Gateway, el paso entre Australia y la Antártida, como clave. No solo debía abrirse, sino alinearse con los intensos vientos del oeste.
Solo entonces la corriente pudo cerrarse sobre sí misma y convertirse en el anillo continuo que hoy conocemos. Esta sincronía entre océano y atmósfera resultó esencial para la formación de la Corriente Circumpolar Antártica.
Desde su aparición, esta corriente ha sido un regulador global del clima: aísla la Antártida de aguas cálidas, conecta los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, y redistribuye calor y nutrientes.
Además, impulsa la circulación profunda del océano, permitiendo que grandes cantidades de CO₂ sean absorbidas y almacenadas, lo que ayudó a reducir los gases de efecto invernadero hace millones de años y a iniciar la era glacial.
El estudio también señala que el cambio climático podría alterar los vientos y la estructura del océano, afectando la Corriente Circumpolar Antártica.
Esto podría permitir que aguas cálidas lleguen a la Antártida, acelerar el deshielo, disminuir la captura de carbono y reorganizar corrientes a escala global, con impactos significativos en el clima.
"Si bien son muy exigentes, proporcionan información novedosa sobre la interacción entre el hielo, la atmósfera, la superficie terrestre y el océano.
Esta comprensión es crucial, ya que la formación de la Corriente Circumpolar Antártica (CCA) ha impulsado significativamente la absorción de carbono por el océano. Por lo tanto, este nuevo conocimiento nos ayudará a interpretar con mayor precisión los cambios recientes en la circulación del Océano Austral".
