Un estudio del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC), de la Universidad de Castilla La Mancha, ha analizado seis muestras de ámbar que conservan insectos extintos, para comprender mejor las interacciones de las hormigas con otras especies durante la era de los dinosaurios.
Los investigadores estudiaron ámbar del Cretácico (hace unos 99 millones de años), del Eoceno (56–34 millones de años) y del Oligoceno (34–23 millones de años).
Cada pieza contenía varias especies, un fenómeno poco común llamado sininclusión, y se centraron especialmente en hormigas, consideradas clave para los ecosistemas. Las muestras incluían hormigas Stem, hormigas Crown y las llamadas hormigas del infierno, que evolucionaron de las Stem.
Mediante microscopía avanzada, los científicos midieron la proximidad de las hormigas a otros insectos y hallaron casos interesantes.
En varias piezas, las hormigas estaban muy cerca de ácaros, lo que sugiere posibles interacciones: desde relaciones comensales, donde los ácaros usaban a las hormigas para moverse a nuevos hábitats, hasta parasitismo, alimentándose del insecto huésped.
También se observaron arañas, avispones y otros insectos cerca de hormigas, aunque no siempre con interacción directa.
"Las sininclusiones de hormigas más cercanas son más propensas a reflejar el comportamiento y las interacciones entre estos organismos", explica José de la Fuente, autor principal del estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution.
Sin embargo, los investigadores advierten que la proximidad no siempre indica interacción, ya que algunos insectos podrían haber quedado atrapados juntos por coincidencia.
Este trabajo muestra cómo los fósiles en ámbar pueden ofrecer instantáneas de la vida antigua y de las relaciones ecológicas entre especies, y abre la puerta a futuros estudios con técnicas avanzadas de imagen que podrían revelar detalles aún más precisos de estas interacciones.
