La astrónoma Estela Susana Lizano Soberón, investigadora emérita del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM y recientemente investida con el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional, explicó cómo se forman las estrellas y los planetas, y destacó que algunos exoplanetas orbitan en la zona habitable: la región donde, bajo ciertas condiciones atmosféricas, podría mantenerse agua líquida. Señaló que el telescopio James Webb estudia la composición de las atmósferas de estos mundos y busca biomarcadores que, en la Tierra, pueden asociarse a actividad microbiana, aunque aún es necesario descartar por completo procesos no biológicos.
La Vía Láctea: una fábrica de estrellas y planetas
Lizano recordó que la Vía Láctea es una galaxia espiral formada por estrellas, gas y polvo que giran alrededor de un agujero negro supermasivo con una masa de aproximadamente cuatro millones de veces la del Sol.
En sus nubes de gas todavía existe material suficiente para formar nuevas generaciones de estrellas. Se estima que la mayoría de estas estrellas posee al menos un planeta.
Durante la conferencia “El nacimiento de las estrellas y los sistemas planetarios”, impartida en el Centro Cultural Morelia, la astrónoma describió las propiedades del medio interestelar y los procesos que permiten que una nube molecular dé origen a una estrella.
Nubes moleculares: las cunas de las estrellas
Las nubes moleculares, compuestas sobre todo por hidrógeno molecular, presentan regiones más densas que colapsan bajo su propia gravedad y forman núcleos donde nacen nuevas estrellas. Desde etapas tempranas, estas protoestrellas expulsan chorros bipolares perpendiculares al disco de gas y polvo que las rodea. Estos flujos despejan parte de la nube y permiten observar mejor el objeto central. En términos astronómicos, una estrella joven tiene apenas unos pocos millones de años.
Flujos bipolares: señales de juventud estelar
Los flujos bipolares, descubiertos en la década de 1980 y estudiados ampliamente por investigadores como Luis Felipe Rodríguez Jorge, revelan cómo interactúa la estrella en formación con su entorno y proporcionan información esencial sobre las primeras fases de evolución estelar.
Discos protoplanetarios: nacimiento de los sistemas planetarios
A finales del siglo XX se confirmó la existencia de discos protoplanetarios: estructuras de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes. Según Lizano, los modelos actuales indican que hasta un tercio de la masa del disco podría participar en la formación de planetas. Aunque aproximadamente el 99 % del material es gas y solo alrededor del 1 % es polvo, esta fracción sólida es fundamental: los granos se agregan, crecen y dan origen a planetesimales de kilómetros de tamaño, que finalmente forman núcleos planetarios.
La astrónoma explicó que en las zonas más frías del disco —cercanas a la llamada línea de nieve— el agua se congela sobre los granos de polvo y los vuelve más adherentes, lo que acelera su crecimiento.
Un universo de sistemas planetarios diversos
La detección de miles de exoplanetas ha revelado arquitecturas muy distintas a la del Sistema Solar: “Júpiter calientes”, súper Tierras, minineptunos y sistemas compactos. Esta diversidad sugiere que los diferentes tipos de discos y sus condiciones iniciales producen familias planetarias muy variadas.
Exoplanetas en zonas habitables
Lizano explicó que la zona habitable es la región alrededor de una estrella donde podría existir agua líquida si las condiciones atmosféricas lo permiten. Ya se han identificado exoplanetas que orbitan dentro de estas zonas, pero ninguno cuenta con evidencia de vida. El telescopio James Webb analiza la luz filtrada por sus atmósferas para identificar moléculas como dióxido de carbono, metano o compuestos orgánicos complejos. Algunas de estas moléculas, como el sulfuro de dimetilo, pueden ser producidas por microorganismos en la Tierra, pero también pueden originarse por procesos no biológicos, por lo que aún no representan una señal confirmada de vida.
Un legado científico
Lizano resaltó que, aunque no sabemos si existe vida en alguno de estos mundos, la enorme cantidad de estrellas y planetas de la galaxia hace plausible su existencia. Sus investigaciones han sido esenciales para entender cómo nacen las estrellas, cómo evolucionan los discos protoplanetarios y cómo se forman los sistemas planetarios. Su trabajo contribuye a responder una de las grandes preguntas científicas: cómo surgen los mundos y qué condiciones permiten la vida en el universo.


