Contra el olvido, la ciencia

Por  Armando Hernández Mendoza Miércoles, 09 Noviembre 2016 06:43

El pasado 26 de octubre visité la exposición sobre el arte detrás del cómic-documental "Tetelcingo: Fosas del Olvido"* en la torre universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

 

Mientras reflexionaba sobre el sufrimiento que experimentan los familiares que no dejan de buscar a sus desaparecidos, recordaba los miles de casos documentados de quienes han sido víctimas del crimen organizado en nuestro país y de las autoridades.

Es evidente que buena parte de quienes deberían proteger a los habitantes son negligentes, están corrompidos o han claudicado al no poder solucionar esa situación sin salir con las manos limpias.  En muchos casos, los restos de las víctimas no tienen huellas dactilares y otros ni siquiera cuentan con los registros dentales; no hay manera, con las técnicas que utilizan, de saber quiénes son. Es obvio que necesitamos instrumentar mecanismos de identificación para los cuerpos que son encontrados.

En el cómic-documental hablan de la creación de un banco de ADN (ácido desoxirribunucleíco) y es algo que debemos apoyar plenamente.

Durante mis estudios de posgrado, empecé a entender la complejidad de las secuencias de ADN y de cómo el arreglo o secuencia de sólo cuatro letras que representan las bases nitrogenadas Adenina (A), Tiamina (T), Citosina (C) y Guanina (G), a lo largo de millones de repeticiones, pueden esconder un mensaje cifrado. Esas letras se ordenan de un modo particular para dar las instrucciones de cómo ese ADN se copia a moléculas mensajeras de ácido ribonucleico (ARN), que serán traducidas a proteínas que llevan a cabo una función en los seres vivos.

En julio de 1995, la revista Science mostraba un círculo con pequeños cuadros que representaba de una manera simple y elegante, como la disposición a lo largo de 1 millón 830 mil 137 de pares de bases (pb) nitrogenadas, compuestas sólo por A, T, C y G, contenían la información para producir las moléculas que hacían que la bacteria Haemophilus influenzae pudiera vivir en su ambiente natural. Las regiones que tienen esa información se llaman genes y pueden producir proteínas. Esa caricatura representaba el conjunto completo de genes o genoma de un organismo de vida libre que se secuenciaba por primera vez.

Se dieron en aquel momento los primeros pasos para intentar entender cómo funciona un organismo en forma global, e inició el campo de la genómica estructural. Hoy, la tecnología de secuenciación masiva hace posible hacer esto a un costo relativamente bajo. Actualmente, decenas de miles de genomas se están secuenciando alrededor del mundo y he tenido la fortuna de estar involucrado en varios proyectos de secuenciación de genomas.

El genoma humano se ha secuenciado en repetidas ocasiones para identificar las variaciones que nos hacen diferentes como individuos, pero también aquellas que son propias de nuestros linajes, ya que son un registro fiel de quiénes somos y de dónde venimos.

Podemos aprovechar esta tecnología para que en un futuro cercano sea posible crear un registro del ADN de los restos de una víctima irreconocible, en un repositorio de confianza, confidencial y seguro.

De esa manera, los familiares interesados podrán acudir a tomarse muestras que pueden ser comparadas con los de las víctimas para poderlas identificar. Así, se le dará a un cuerpo abandonado sin dignidad: un rostro, una familia, un recuerdo, una lágrima. Aquello que todos merecemos al final de nuestra existencia.  Y les permitirá a sus familiares poner fin a la incertidumbre para empezar a exigir justicia y la reparación del daño que merecen. Pero debemos seguir trabajando en varios frentes para acabar con la impunidad que hace que hoy existan cuerpos sin nombre ni historia.

*El cómic-documental puede descargarse en:

http://www.uaem.mx/sites/default/files/2016-comic-tetelcingo-fosas-del-olvido-okpdf.pdf

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