Enrique Galindo Fentanes

Enrique Galindo Fentanes

• Didier Queloz, colaborador en el observatorio SAINT-EX, fue uno de los descubridores de “51 Pegasi b”, planeta similar a Júpiter, que da la vuelta a su estrella en tan solo cuatro días

• El hallazgo fue un parteaguas sobre lo que se conocía de todos los sistemas planetarios; revolucionó la astronomía y permitió el descubrimiento de más de cuatro mil exoplanetas en la Vía Láctea

Didier Queloz, colaborador en el observatorio SAINT-EX de la UNAM e investigador de la Universidad de Cambridge, es uno de los ganadores del Premio Nobel de Física 2019, que otorga la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Queloz y Michel Mayor (de la Universidad de Ginebra), ambos de origen suizo, son premiados por el descubrimiento del primer planeta fuera del Sistema Solar (exoplaneta) que orbita una estrella similar a nuestro Sol. En tanto, el canadiense James Peebles, de la Universidad de Princeton, es galardonado por sus descubrimientos teóricos en cosmología.

Desde 2016, Didier Queloz participa en el observatorio SAINT-EX (Search and Characterisation of Transiting Exoplanets) de esta casa de estudios, cuyo objetivo es encontrar, desde el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir, exoplanetas alrededor de las estrellas más pequeñas y frías del Universo, explicó Yilen Gómez Maqueo Chew, coordinadora de este proyecto internacional y responsable del mismo en México.

“Observamos estrellas cercanas al Sol, pues por ser poco luminosas y con poca masa no se alcanzan a ver muy lejos. Estamos en el vecindario solar, cerca en escala astronómica, pero no podemos ir allá”, enfatizó la también investigadora del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

Exoplaneta similar a Júpiter

Gómez Maqueo Chew indicó que Queloz y Mayor descubrieron “51 Pegasi b”, un planeta similar a Júpiter, que da la vuelta a su estrella en tan solo cuatro días, y no en 11 años, como lo hace el gigante del Sistema Solar.

La universitaria detalló que ya se conocían algunos exoplanetas que orbitaban una estrella de neutrones, pero no parecida a nuestro Sol, pero se creía que si eran semejantes, sus planetas deberían comportarse de manera parecida a los de nuestro Sistema Solar.

Partiendo de esa premisa, si hubiera un planeta como Mercurio debería dar la vuelta a su sol en 88 días; uno como la Tierra, en 365; y uno como Júpiter, en 11 años. Pero en octubre de 1995, los ganadores del Nobel anunciaron el hallazgo de “51 Pegasi b”, un gigante gaseoso que giraba alrededor de su estrella en cuatro días.

“Entonces se plantó la semilla para estudiar más a fondo cómo se forman los sistemas planetarios y cómo evolucionan. Las implicaciones fueron muchas, porque no había que esperar 11 años a que el planeta rodeara a su estrella, sino días. La mayoría de los exoplanetas que se conocen hasta ahora tienen órbitas de días”, enfatizó la experta.

Esto llevó a una revolución en la astronomía y permitió el descubrimiento de más de cuatro mil exoplanetas en la Vía Láctea, por lo que “51 Pegasi b” se convirtió en un parteaguas sobre lo que se conocía del Sistema Solar, cambiando las ideas de cómo se forman los sistemas planetarios diferentes al nuestro.

Cosmología, disciplina de alta precisión

Las aportaciones de Jim Peebles, cosmólogo y astrofísico, han contribuido a transformar la cosmología de una disciplina considerada especulativa, a una de alta precisión. Ha logrado establecer un escenario muy completo de la evolución del Universo.

Vladimir Ávila, experto del Instituto de Astronomía, explicó que Peebles cimentó las bases del entendimiento de las casi imperceptibles fluctuaciones en temperatura de la radiación cósmica de fondo en microondas que baña al Universo, y que son las semillas de las galaxias.

“Los estudios de Peebles dieron origen a toda una nueva disciplina que él mismo bautizó como “anisotronomía”, y gracias a la cual es posible medir con precisión los parámetros cosmológicos del Universo. “Hemos podido acercarnos a su origen, cuándo se produjeron las fluctuaciones que, luego de evolucionar como él predijo, quedaron impresas en la radiación cósmica de fondo”, resaltó.

Sus investigaciones condujeron al modelo cosmológico más aceptado en la actualidad, donde la materia oscura fría domina sobre la ordinaria, siendo una componente invisible por definición, pero capaz de producir gravedad y propiciar el molde donde se forman las galaxias y, dentro de ellas, las estrellas y planetas.

“La cosmología se ha desarrollado mucho más allá de lo que Peebles o alguien más haya soñado hace medio siglo, y hoy sostiene que nuestro paradigma actual aún está incompleto, que hay mucho más por hacer”, concluyó.

 

 

 Danton Iván Bazaldua Morquecho, de la Facultad de Ingeniería, participará en la misión que se llevará a cabo en la Universidad de Dakota del Norte.

 Financiada por la NASA, el objetivo es probar y desarrollar tecnología espacial con el apoyo del Programa Espacial Universitario y la Agencia Espacial Mexicana.

Danton Iván Bazaldua Morquecho, estudiante de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM, comandará la tripulación latinoamericana en la octava misión análoga a Marte, que se llevará a cabo en la Universidad de Dakota del Norte, Estados Unidos.

El alumno de Ingeniería en Telecomunicaciones, fue designado titular de esta empresa espacial por su experiencia en otras simulaciones análogas.

Con el objetivo de desarrollar y probar tecnología pensada para las misiones reales al planeta rojo, como trajes espaciales y factores humanos que serán cruciales para la búsqueda y éxito de la conquista de Marte, del 2 al 16 de octubre se llevará a cabo este proyecto en la Universidad de Dakota del Norte, en instalaciones financiadas por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, a través de su Established Program to Stimulate Competitive Research, conocido como NASA EPSCoR.

“Como comandante, mi función es examinar y experimentar con desarrollos propios, de la Universidad de Dakota del Norte y de la NASA, así como con algunos proyectos propios de la tripulación. De Latinoamérica seremos cuatro tripulantes: Atila Meszaros (Perú), David Mateus (Colombia) y Marcos Bruno (Argentina). Todos tenemos experiencia en simulaciones análogas, pero ésta, a diferencia de otras, es completamente científica, con objetivos complejos, experimentos y horarios sumamente rigurosos”, explicó Bazaldua Morquecho.

Águila y cóndor espaciales

Será la primera ocasión que en la universidad estadounidense participará una tripulación completamente de latinoamericanos, destacó. Es un logró derivado del interés de Pablo Gabriel de León, ingeniero aeroespacial argentino que trabaja con la NASA, dedicado al desarrollo de trajes especiales para las siguientes misiones a la Luna y Marte, con los que se trabajará.

“Las principales agencias espaciales están interesadas en estos temas, y Latinoamérica ya ha empezado a involucrarse a fondo con fines académicos, estratégicos y hasta militares”, dijo.

Lo importante no es sólo el deseo de llegar a Marte como un logro de la humanidad, este esfuerzo conllevan ventajas estratégicas, aclaró el universitario. Por ejemplo, grandes naciones aplican recursos a las misiones espaciales porque les generan beneficios económicos, políticos, sociales y seguridad nacional, además de obtener información sobre la situación de sus fronteras y hasta de la biodiversidad de sus territorios.

“En la actualidad muchos avances se asientan en tecnología espacial, y vendrá la parte de la exploración, que será una realidad en las siguientes tres décadas. Nuestra Universidad y México ya participan, quizá con misiones académicas y algunos esfuerzos aislados, pero en pocos años serán palpables, y este tipo de colaboraciones contribuirán a tener mayor presencia como nación”, subrayó.

Conforme pase el tiempo, concluyó, la tecnología nos obligará a sacar del espacio recursos que son escasos en la Tierra, y entonces veremos esta labor como una necesidad.

Danton Bazaldua fue nombrado en 2016 uno de los cuatro líderes emergentes del sector espacial por el Space Generation Advisory Council, entidad de la Organización de las Naciones Unidas. Realizó una estancia en el Politécnico de San Petersburgo, Rusia, donde desarrolló misiones y protocolos de comunicación con nanosatélites. Intervino en la Poland Mars Analogue Simulation 2017 (PMAS 2017) y fue Oficial de Salud y Prevención en la misión MDRS LATAM II en 2018.

 

 

Se han encontrado planetas que orbitan otros sistemas solares, pero no es seguro que sean ‘gemelos’ de la Tierra, “de ahí la importancia de cuidarla más”, dijo la doctora honoris causa por la UNAM

La Tierra será un sitio para vivir por al menos 100 millones de años, se nos ha dado el regalo del tiempo cósmico; entonces, ¿lo vamos a usar o lo vamos a desperdiciar?, cuestionó

Ofreció la conferencia “Cosmic knowledge and long term strategy of the human race.

La astronomía es útil para inspirarnos a salvar la Tierra, para apreciar nuestro pasado cósmico y darnos cuenta de que hay mucho tiempo hacia adelante para que la humanidad haga cosas sorprendentes. Desde esa perspectiva, Sandra Moore Faber, doctora honoris causa por la UNAM, instó a los estudiantes de la Facultad de Ciencias (FC) a trabajar para preservar nuestro planeta, “el único que tenemos por ahora”.

Acompañada por el coordinador de la Investigación Científica, William Lee Alardín; la directora de la FC, Catalina Stern Forgach; y el director del Instituto de Astronomía, Jesús González, la catedrática de la Universidad de California, Santa Cruz, destacó que son los jóvenes quienes con sus ideas pueden ayudar en la preservación de un planeta que “podría ser único en el Universo”.

Durante la conferencia Cosmic knowledge and long term strategy of the human race, detalló que “la Tierra será un sitio para vivir al menos 100 millones de años, se nos ha dado el regalo del tiempo cósmico; entonces, ¿lo vamos a usar o lo vamos a desperdiciar? Cuando decimos que somos la primera generación de humanos que se enfrenta a este reto, es porque también somos los primeros que tienen este conocimiento, junto con la capacidad de perjudicar o salvar el futuro”.

Ante cientos de estudiantes y profesores de esta casa de estudios, reunidos en el auditorio Alberto Barajas Celis, Sandra Moore Faber, quien estudia el cosmos, sus nubes de gas y cómo ciertas zonas de un planeta pueden determinar si puede o no existir vida en él, destacó que si bien se han encontrado planetas que orbitan otros sistemas solares, en realidad no es seguro que sean ‘gemelos’ de la Tierra, “de ahí la importancia de cuidarla más”.

Productividad inalcanzable

La investigadora aseguró que no hay forma de incrementar la producción económica, todo debe ser reciclado. “Si tomamos en cuenta una perspectiva cósmica, ser sustentables es algo completamente diferente a lo que implica la economía”.

Cuando se habla de crecimiento económico se busca que éste sea constante, pues los líderes políticos sostienen que de lo contrario pereceremos, pero al poner el problema considerando los tiempos cósmicos, las cosas cambian drásticamente.

Creen que la Tierra puede crecer en un factor de productividad 16 veces mayor al actual, “lo dudo. Los economistas ven la productividad, pero no la capacidad del planeta para alcanzarla. Es claramente imposible”, remarcó.

Nosotros, como población, estamos llegando a un límite inconveniente, que lleva a nuevos temas morales que se refieren a la forma ética de enfrentar el futuro como especie.

“No tenemos una sensación de obligación con las generaciones futuras, no nos hemos puesto de acuerdo en si tenemos una responsabilidad de custodia con la Tierra, tampoco sabemos si existe un verdadero valor intrínseco en las actividades futuras de la humanidad y no creemos que se tenga un destino, nadie ha pensado a esta escala de tiempo”, reconoció.

William Lee Alardín coincidió en que la astronomía es una ciencia básica que ha tenido una larga historia en nuestro país, y sigue vigorosa y vigente en el conocimiento científico, además de buscar el desarrollo de aplicaciones y motivar a la sociedad para trabajar por el conocimiento, para que pueda estar más informada, más crítica, adaptable y resiliente ante los cambios que vienen, que en este siglo serán más acelerados.

Sobre la entrega del doctorado honoris causa a Moore Faber, Lee destacó que se trata de un premio que honra los más altos estándares y principios de la investigación. Para esta casa de estudios es un honor contar con la responsable de la instalación del Observatorio Keck, en Hawái, así como del equipo que diseñó una de las más importantes cámaras del telescopio espacial Hubble.

Sandra Moore Faber es mundialmente reconocida por ayudar a comprender cómo es que las galaxias se forman, funcionan, requieren de la materia oscura, agujeros negros, y ha tenido una gran influencia sobre la teoría del Big Bang, además de escribir 325 artículos y ser citada más de 60 mil veces.

 

 

 

Sábado, 28 Septiembre 2019 05:41

Altera las telecomunicaciones la actividad solar

 Una tormenta solar es capaz de afectar también las subestaciones que alimentan a prácticamente todo el territorio, destacó Américo González, del Instituto de geofísica

En este proyecto colaboran el Laboratorio Nacional de Clima Espacial del Instituto de Geofísica y la Comisión Federal de Electricidad

Los efectos de la actividad solar pueden impactar en las telecomunicaciones, los sistemas de posicionamiento global y, en casos extremos, en los sistemas que distribuyen y generan la energía eléctrica, afirmó Juan Américo González Esparza, investigador del Instituto de Geofísica (IGef) de la UNAM.

Por ser un asunto de seguridad nacional, el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE) del IGef empezó a estudiar el nivel de vulnerabilidad e impacto de este fenómeno en la red eléctrica nacional, en colaboración con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

A raíz del avance tecnológico de la era espacial, explicó, se ha desarrollado una serie de tecnologías que hoy son fundamentales para la sociedad moderna; sin embargo, “hemos visto que son vulnerables a los efectos de las tormentas solares”.

A estos riesgos se encuentran expuestos todos los países, pues los efectos de las tormentas solares son globales, a diferencia de lo que ocurre con un sismo o con un huracán, donde las afectaciones están restringidas a una región del planeta, resaltó.

El especialista en física espacial explicó que cuando ocurre una tormenta solar hay una explosión en el Sol; en ocasiones salen nubes de material solar que se propagan en el espacio y algunas de éstas pasan por donde se encuentra nuestro planeta. Cuando se impactan contra el campo magnético terrestre se desencadena una serie de fenómenos físicos que terminan con una perturbación magnética sobre nuestro mundo, y es a lo que llamamos tormenta magnética”.

Entonces el campo magnético de la Tierra puede variar durante horas, incluso días. Cuando esto sucede hay cambios que pueden producir corrientes eléctricas que viajan a través de conductores de larga extensión como gasoductos o líneas de alta tensión de una red eléctrica nacional.

En México la red eléctrica de la CFE tiene 150 subestaciones de 400kV, que alimentan prácticamente la totalidad del país, y son las más vulnerables a los efectos de las tormentas magnéticas causadas por las explosiones en el Sol, remarcó.

Han ocurrido tormentas solares intensas que han producido perturbaciones magnéticas que ocasionan la pérdida total de este tipo de subestaciones, es el caso de Canadá, en 1989; Sudáfrica, en 2003; China; Nueva Zelanda y Finlandia, entre otros.

“Hasta ahora no habíamos estudiado en México el nivel de vulnerabilidad de la red eléctrica ante estos fenómenos. Es una labor compleja que requiere especialistas y la apertura de las compañías eléctricas para que permitan medir los efectos de las variaciones del campo magnético sobre la red. Estas investigaciones son difíciles de desarrollar en el mundo; aquí logramos establecer una colaboración con la CFE, apoyada por el Centro Nacional de Prevención de Desastres”.

Como parte de este trabajo, ya se colocó el primer detector en una subestación de la CFE, en Querétaro, para medir los efectos de las corrientes geomagneticamente inducidas, y se instalarán seis medidores más en diferentes subestaciones de las 150 que hay en el país, informó González Esparza.

“Estudiamos un tema de relevancia nacional; con el desarrollo de modelación numérica hemos identificado las subestaciones más vulnerables. Con esta información la CFE podrá tomar medidas para proteger la red eléctrica y atenuar los daños al sistema eléctrico nacional”, concluyó.

Contribuyó en la obtención de la primera imagen de un agujero negro.

El Breakthrough Prize reconoce trabajos científicos de primer nivel mundial.

Laurent Loinard, investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM, obtuvo el Breakthrough Prize 2020, en el área de Física, por su participación en un consorcio internacional que tomó la primera imagen de un agujero negro.

El universitario recibirá el galardón junto con los 347 miembros que forman el consorcio del Telescopio de Horizonte de Eventos, que captó la imagen del agujero negro en la galaxia M87, en 2017, misma que fue presentada el pasado mes de abril.

Loinard destacó que continúan analizando los datos que permitieron formar la imagen, así como nuevas observaciones hechas en 2018, por lo que el consorcio tiene la intención de presentar una nueva imagen para 2020, aunque no se sabe si será nuevamente del M87 o del agujero en el centro de la Vía Láctea.

Considerados los “Óscar de la ciencia”, los premios serán entregados el 3 de noviembre en ceremonia organizada por la Fundación Breakthrough Prize, encabezada por Sergey Brin, Priscilla Chan, Mark Zuckerberg, Ma Huateng, Yuri y Julia Milner.

“Se trata del segundo reconocimiento que se otorga al consorcio; el primero fue el Diamond Achievement Award, de la National Science Foundation, EU, y es comparado con los Óscar o el Nobel para la Ciencia”, y a nivel económico, es el más importante de todos, dijo Laurent Loinard desde Morelia, Michoacán.

El investigador de la UNAM y tres de sus estudiantes de posgrado contribuyeron a esta proeza. Actualmente, sus alumnos realizan estancias posdoctorales en Alemania y también recibirán el premio, pues la Fundación decidió repartirlo equitativamente entre todos los participantes.

“En este momento, soy el único de la UNAM, porque mis estudiantes Sergio A. Dzib, Antonio Hernández-Gómez y Gisela N. Ortiz-León hacen una estancia, pero me escribieron y están muy contentos, no pueden creer que también recibirán el premio. También está el equipo de trabajo del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE)”, añadió el universitario.

Cada año, el Breakthrough Prize reconoce trabajos científicos de primer nivel referentes a un tema en particular, y en esta ocasión fue “ver lo invisible”, inspirado en el Telescopio de Horizonte de Eventos, que creó la primera imagen de un agujero negro, así como la demostración del poder de la ciencia y las matemáticas para revelar mundos ocultos e inexplorados.

La imagen fue elaborada gracias a las observaciones sincronizadas de los radiotelescopios ALMA y APex, en Chile; del IRAM de 30 metros, en España; del James Clerk Maxwell y del Arreglo Submilimétrico, ambos en Hawái; del Telescopio Submilimétrico, de Estados Unidos; del Telescopio del Polo Sur, en el Polo Sur; y del Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, donde además de Loinard y sus estudiantes, participaron especialistas del INAOE.

“El tamaño de estos agujeros es proporcional a su masa y la distancia a la que se encuentran. El de nuestra galaxia es dos mil veces menos masivo que el de M87, pero es dos mil veces más cercano, entonces tienen el mismo tamaño en el cielo. La desventaja que tiene el de nuestra galaxia es que su flujo es muy variable, su brillo cambia todo el tiempo y eso complica hacer las imágenes”, subrayó.

Breakthrough anunció también que en la categoría de Ciencias de la Vida será reconocido el trabajo de Jeffrey Friedman, de la Universidad Rockefeller; Franz Ulrich Jartl, del Instituto Max Planck; Arthur Horwich, de la Universidad de Yale; y Virginia Man-Yee Lee, de la Universidad de Pensilvania, por su trabajo relacionado con obesidad, envejecimiento celular, dolor y demencia.

Además, en Matemáticas se reconocerá a Alex Eskin, de la Universidad de Chicago, y se otorgará un premio especial de Física Fundamental a Sergio Ferrara, de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), por la invención de la supergravedad.

 

 

Los equipos se desplegarán por la superficie lunar y navegarán de forma autónoma hasta encontrarse unos a otros en un enjambre, conectarse eléctricamente y formar un panel solar, explicó Gustavo Medina Tanco, del ICN.

 Es una acción para posicionar tecnológicamente a México en una nueva etapa de exploración científica y explotación comercial, dijo.

 La misión, que será lanzada a mediados de 2021, es desarrollada en el Laboratorio de Instrumentación Espacial de la UNAM.

A mediados de 2021, la UNAM hará realidad la misión COLMENA, que colocará nueve pequeños robots en la superficie de la Luna. “Se trata de una acción para posicionar tecnológicamente a México en una nueva etapa de exploración científica y explotación comercial, que probablemente se desarrollará en asteroides y lunas”, indicó Gustavo Medina Tanco.

El investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y responsable del proyecto explicó que los equipos, semejantes a engranes, tienen ocho centímetros de diámetro por cuatro de altura, y se desplegarán aleatoriamente por la superficie lunar, navegarán de manera autónoma hasta encontrarse unos a otros, formar un enjambre, conectarse eléctricamente y crear un panel solar del mayor tamaño posible.

Esta misión es enteramente desarrollada en el Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX) del ICN, con apoyo de la Agencia Espacial Mexicana (AEM), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), del gobierno del estado de Hidalgo y de diversas empresas de tecnología socialmente comprometidas con el desarrollo científico, tecnológico y económico de México.

El lanzamiento, en 2021, estará a cargo de la empresa privada estadounidense Astrobotic, que también llevará experimentos de otros países y de la NASA.

La carga útil de COLMENA incluye a los nueve robots, además de un módulo de telecomunicaciones, telemetría y despegue, con una masa total de 500 gramos.

La baja masa total, sumada a los rigores del lanzamiento del viaje en el medio interplanetario y de la supervivencia sobre la superficie lunar, constituyen un desafío tecnológico único, subrayó el experto.

En el diseño, construcción y validación de COLMENA participan alumnos de la UNAM, de carreras vinculadas con ingeniería, física, matemáticas, actuaría, psicología, arte y diseño, entre otras, quienes trabajan en un ambiente multidisciplinario. “Esta misión es también una oportunidad para formar recursos humanos en el sector espacial”, remarcó el responsable del proyecto, que cuenta en su laboratorio con 50 participantes, desde estudiantes de bachillerato hasta doctorado.

Mediciones de polvo y módulo de telecomunicaciones

Los asteroides y lunas generalmente no tienen atmósferas o campos magnéticos propios, y sus superficies están expuestas al bombardeo meteorítico y de partículas de alta energía del viento solar.

“Como consecuencia, estos cuerpos celestes poseen una capa de regolito, un polvo muy fino, abrasivo, radiactivo y cargado electrostáticamente, sumamente dañino para toda la tecnología que se pretenda desplegar en ese ambiente, especialmente cerca del suelo”, indicó el experto.

La estrategia del LINX es desarrollar enjambres de robots muy pequeños, que puedan operar de forma cooperativa para desarrollar ensamblajes de estructuras o tareas grupales, haciendo uso de propiedades de sistemas complejos y sus propiedades emergentes.

Los equipos harán mediciones del polvo regolito, que levitará por encima de los robots debido a procesos de plasma polvoso, energizados por el viento solar.

 

 

 

Sábado, 10 Agosto 2019 05:03

Pedazos de Luna en México

Dos rocas lunares son exhibidas en Universum, la más grande la obtuvo Neil Armstrong el 20 de julio de 1969 en la misión Apolo 11 junto con los astronautas Edwin Aldrin y Michael Collins, pesa 185 gramos y tiene una edad de 3,700 millones de años.

La roca lunar que se puede tocar fue obtenida por el astronauta Harrison Smith de la zona nombrada Monte Taurus en diciembre de 1972 en la misión Apolo 17.

El 1 de mayo de 1994 la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) hizo entrega oficial de dos rocas lunares, obtenidas en la primera y la última de las misiones espaciales del Programa Apolo, al Museo de las Ciencias Universum, narró Jorge Flores Valdés, investigador emérito del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Es un logro que se alcanzó gracias a Gerardo Suárez, “quien entonces era el coordinador de la investigación científica de la UNAM, y en un viaje a Houston, donde se ubica el Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA, visitó una exposición donde se mostraban las rocas traídas de nuestro satélite natural. Se le ocurrió que una exposición semejante sería de mucho interés para Universum y convenció al entonces director del Instituto de Geofísica de ello”, recordó Flores Valdés, quien vivió este suceso siendo director de dicho museo.

De las dos rocas lunares exhibidas en Universum, la más grande, la obtuvo Neil Armstrong el 20 de julio de 1969 en la misión Apolo 11 junto con los astronautas Edwin Aldrin y Michael Collins, pesa 185 gramos y tiene una edad de 3,700 millones de años. La otra pesa 24 gramos y tiene una edad de 4,000 millones de años. Fue obtenida por el astronauta Harrison Smith de la zona nombrada Monte Taurus en diciembre de 1972 en la misión Apolo 17, ésta última es la que se puede tocar.

“La doctora France Córdova, directora científica de la NASA, vino a la Ciudad de México para firmar un convenio con la UNAM y formalizar el préstamo, todo en concordancia con las normas internacionales. En cualquier momento podrían solicitar que se les devuelva”, indicó el expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias con motivo del 50 aniversario del alunizaje.

El físico rememoró que cuando Gerardo Suárez y él recogieron las rocas lunares en Houston, de regreso atravesaron la aduana de la Ciudad de México con cierta aprensión, logrando pasar sin que nadie se diera cuenta de lo que traían consigo. “Como llegamos en la noche, me quedé con las dos piedras lunares en mi casa, siendo, tal vez, el único ser humano que ha tenido en su casa semejantes ejemplares”, dijo.

En las seis misiones Apolo (1969-1972) los astronautas recolectaron rocas lunares, de acuerdo con la NASA. En total fueron 382 kilogramos de núcleos, 2,200 muestras de seis sitios de exploración diferentes que consisten en piedras, arena y polvo de la superficie lunar. El repositorio se encuentra en el Centro Espacial Johnson.

Los estudios sobre la composición química de las rocas y el suelo lunar son de interés de estudio porque brindan información sobre el origen del satélite, pero también de la formación de la Tierra y el Sistema Solar. Al parecer, la Luna podría haberse formado a partir de los restos de un cuerpo planetario que impactó en la Tierra.

Gracias a las muestras obtenidas, se sabe que la corteza lunar se formó hace 4,400 millones de años —la Tierra se formó hace 4,540 millones de años—, también se observa un posterior bombardeo constante de meteoritos y derrames de lava, información de relevancia para entender la historia geológica del satélite. La radiación del Sol, por otro lado, quedó atrapada en la formación del suelo lunar desde la formación de la corteza y es un registro permanente de la actividad solar.

En 1994, en el patio principal de Universum se montó una muestra sobre nuestro satélite en la que los dos equipamientos más importantes eran unos cilindros que resguardaban las rocas lunares. Actualmente, las rocas lunares pueden ser admiradas en la sala “Universo”, en el segundo piso del edificio A. Para el doctor Jorge Flores, “el hecho de traer mecanismos, objetos, ideas, programas de radio, televisión, libros que acerquen la ciencia al pueblo de México es algo que contribuye de manera muy importante a nuestro desarrollo como país y es absolutamente indispensable para tener una cultura científica”.

 

 

 

Miércoles, 17 Julio 2019 05:53

Excelencia de una escuela sin escuela

El pasado 9 de julio tuve la oportunidad de asistir a la graduación de la generación 2016-2019 del EMSAD 02 de Cuentepec, Temixco, Morelos, dependiente del Colegio de Bachilleres del Estado de Morelos.

Cuentepec es una comunidad indígena que se encuentra a una hora de Cuernavaca, cercana a la zona arqueológica de Xochicalco. En esa comunidad opera una escuela excepcional por sus logros, aunque no tiene instalaciones propias.

Este bachillerato, con una matrícula de cerca de 120 estudiantes, trabaja, en forma vespertina, en las instalaciones que les presta la telesecudaria del pueblo. Previamente se ha dado cuenta (1,2) de los notables logros de esta escuela, en particular en el terreno de las ciencias.

Este año no fue la excepción. Bajo la supervisión y el enorme entusiasmo de la Bióloga Angélica Ocampo, profesora de Ciencias Naturales de la escuela, los alumnos de este bachillerato de Cuentepec presentaron 10 trabajos en el XXX Congreso CUAM-ACMor (3) los pasados 2 y 3 de mayo.

Los trabajos fueron proyectos de investigación sobre temas muy relevantes para su comunidad. Tres de los proyectos resultaron finalistas en la categoría de Ciencias Biológicas, Químicas y de la Salud y el trabajo “Evaluación del efecto de Trichoderma en el control de Fusarium en el sorgo”, desarrollado por los estudiantes Mireya García, Isaías García, Nayeli Olivares, Karla Peña y Eva Sierra resultó el ganador del primer lugar en esa categoría.

Este trabajo evaluó un hongo benéfico (Trichoderma) como agente de control biológico de un hongo patógeno del sorgo (Fusarium) y demostró que su empleo reduce sustancialmente la enfermedad causada por el Fusarium en el cultivo de sorgo, un cultivo que se siembra comúnnmente en los alrededores de Cuentepec. El empleo de Trichoderma, además de controlar la enfermedad sin el uso de productos de síntesis química (que son tóxicos y contaminantes), permite incrementar los rendimientos de sorgo por hectárea, algo que sin duda será de utilidad para los que siembran sorgo en la comunidad.

Ya que la escuela no tiene instalaciones, ni laboratorios, los estudiantes desarrollaron su trabajo en una parcela que les prestaron y que adecuaron para sus experimentos y el análisis del material biológico lo hicieron con un microscopio estereoscópico que tiene la escuela y que usan en la sala de cómputo de la secundaria en la que opera la escuela.

Tuvieron asesoría de investigadores del INIFAP, de la UAEM y de la UNAM. Algo a destacar es que el trabajo ganador fue asesorado también por el pasante de Ingeniería Hortícola Ricardo Suárez Buenosaires, quien es egresado del EMSAD de Cuentepec y que en su momento también participó en el Congreso CUAM-ACMor, hace algunos años.

En la ceremonia de graduación del 9 de julio, la escuela hizo un merecido reconocimiento a los alumnos ganadores y a la Bióloga Ocampo.

La ceremonia de graduación de este bachillerato es sin duda un acontecimiento importante en la comunidad.

La cancha techada de actividades deportivas de la telesecundaria, donde se llevó a cabo el evento, estuvo llena de pobladores de Cuentepec, destacando las mujeres con sus típicas faldas plisadas y reboso.

La ceremonia estuvo amenizada por los bailables del ballet folclórico de la escuela y desde luego hubo honores a la bandera, cambio de escoltas, último pase de lista y se entonó el himno nacional. En la ceremonia, el director de la escuela, el ingeniero Noé Rafael Pérez, dirigió un mensaje a los 39 graduados y mencionó un dato muy relevante: que esta generación de estudiantes logró el promedio más alto de aprovechamiento en la historia del EMSAD 02 (9.1) y que la eficiencia terminal fue cercana al 70 %, lo que es más alta que el promedio estatal.

En la ceremonia se entregó un reconocimiento a los alumnos que lograron los promedios más altos: Juan Orihuela Buenosaires (9.94, quien dirigió un mensaje en la lengua nativa de la población: el náhuatl); Diana Y. Estrada Mariaca (9.85) y Mireya García Nava (9.83).

Sin duda, esta comunidad que es atendida por sólo seis maestros, está logrando la excelencia en aprovechamiento y en proyectos científicos.

Mi más entusiasta felicitación a los estudiantes y a todo el equipo que hace posible que esta escuela sin escuela, sea un ejemplo no sólo para el estado de Morelos, sino a nivel nacional.

Concluyo esta nota comentando que la escuela ha hecho considerables esfuerzos y solicitudes para que se les construya su escuela, proyecto para el que la comunidad ya les ha donado el terreno respectivo.

Sin embargo, hasta la fecha, sus justificadas demandas no han sido atendidas por ninguna autoridad a nivel local, estatal o federal, ni por la sociedad civil. Es por ello que resultó muy alentador el mensaje que dio en la ceremonia la licenciada Jazmín Solano López, presidenta municipal de Temixco, en el que mencionó que el municipio de Temixco ayudará a la construcción de la escuela y mencionó que su administración donará un automóvil, el cual será rifado para conseguir recursos para iniciar la construcción de la escuela.

Enhorabuena! Finalmente una autoridad responde a las justas y merecidas demandas de la escuela y de la comunidad, por contar con un bachillerato con instalaciones propias y esperemos que ello incluya laboratorios, para que los estudiantes, supervisados por sus profesores, puedan llevar a cabo sus proyectos de una forma más adecuada y sigan destacando como hasta ahora.

 

Referencias:

1. http://www.ccciencias.mx/es/ciencia-y-opinion/item/425-ciencia-excelencia.html
2. http://www.cienciamx.com/index.php/reportajes-especiales/24814-educacion-cientifica-comunidad-indigena
3. http://www.acmor.org.mx/?q=content/xxx-congreso-cuam-acmor-treinta-a%C3%B1os-de-un-gran-congreso-estudiantil

 

 

 

Usando datos espectroscópicos de una galaxia de disco, científicos comprueban que sí se pierde gas cuando nacen las estrellas.

Las estrellas nacen de la contracción de nubes frías de gas molecular. Si no hay algún mecanismo que pare la contracción, toda la masa de gas daría lugar a una primera generación de estrellas y poco más. Pero en las galaxias se ven estrellas de diferentes generaciones, explicó Javier Zaragoza Cardiel, investigador en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), beneficiario del programa Cátedras para jóvenes Investigadores del Conacyt.

En un artículo titulado Detection of the self-regulation of star formation in galaxy Discs, recién aceptado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los nueve investigadores firmantes, exponen que la retroalimentación estelar tiene una influencia notable en la formación y evolución de las galaxias.

“Sin embargo, la evidencia observacional directa es escasa. Hemos realizado un análisis de población estelar utilizando el espectrógrafo 3D MUSE (Multi Unit Spectroscopic Explorer) de la galaxia espiral NGC 628, ubicada en la constelación de Piscis y localizada a una distancia de alrededor de 29 millones de años luz de la Vía Láctea. Encontramos que la formación de estrellas máxima actual en regiones espacialmente resueltas se regula de acuerdo con el nivel de formación de estrellas en el pasado reciente”, dijo Zaragoza Cardiel, autor principal de la reciente publicación.

De acuerdo con el astrónomo, quien presentó recientemente estos resultados en el congreso Feedback and its Role in Galaxy Formation, realizado en Grecia del 24 al 29 de junio, “lo que proponemos es un modelo basado en los modelos de autorregulación, pero para regiones de la galaxia espacialmente resueltas. Se llama modelo de formación estelar auto regulada espacialmente resuelta”.

Explicó que las estrellas se forman gracias a la contracción de nubes de gas, por lo que este modelo estudia la variación del contenido en gas en función de las estrellas que se han formado y el gas que estas mismas estrellas expulsan y que por lo tanto se pierde para formar más estrellas.

La galaxia del abanico estudiada es usada para ejemplificar las galaxias de su tipo. Es rica en regiones HII (hidrógeno ionizado), por lo que, las nebulosas de emisión son muy notables en cuanto a número. Estas regiones están asociadas con una intensa formación estelar. Gracias a la presencia de estas regiones se han detectado una gran cantidad de nebulosas.

“Usando datos espectroscópicos de una galaxia de disco, logramos comprobar con este modelo que sí se pierde gas cuando nacen las estrellas, lo cual es predicho por los modelos de formación y evolución de las galaxias. Además, logramos cuantificar la cantidad de gas que se pierde, una cantidad hasta ahora casi desconocida pero necesaria para formar galaxias tal y cómo las entendemos, por lo que es muy útil para comprobar si nuestro entendimiento sobre la formación de las galaxias es el correcto”, sostuvo.

El siguiente paso, dijo, es aplicar el método a una muestra de galaxias, para comprobar si varía la cantidad del gas que se pierde por la propia formación de estrellas en distintos tipos de galaxias. “Esto nos ayudará a escoger los modelos correctos de formación de galaxias. Por otro lado, los datos que usamos no tienen información del gas, si no que hacemos aproximaciones. Por esta razón, tenemos planeado hacer uso del Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, para poder medir la distribución de la cantidad de gas en galaxias y poder mejorar nuestro modelo”.

En este sentido, Itziar Aretxaga, investigadora adscrita al INAOE, agregó que durante años hemos debatido sobre si una inyección de energía de las propias estrellas, en forma de vientos estelares o explosiones de supernova, podría hacer más lenta la formación estelar. La alternativa es que sean vientos producidos por el hoyo negro súpermasivo central, explicó la también firmante del artículo.

“Demostramos que en cada región de la galaxia el nacimiento estelar de hace 570 millones de años tiene el poder predictivo de marcar la máxima formación estelar reciente: a más formación estelar pasada, menor es la máxima formación estelar que la galaxia puede sostener”, sostuvo.

Gracias al modelo que creamos, en el que computamos la cantidad de gas disponible para formar nuevas estrellas, demostramos que el cociente de retroalimentación entre el gas expulsado por la vieja generación y la tasa de formación de la nueva generación es una constante en toda la galaxia. “Ahora lo que viene es medir esta supuesta constante de retroalimentación en otras galaxias, para ver si es universal”.

El artículo técnico está disponible libre en el repositorio https://arxiv.org/abs/1906.01641

 

La luna Europa de Júpiter podría albergar vida microscópica que por vivir en un ambiente extremo, con altos niveles de radiación, podría ayudar a generar nuevos tratamientos médicos, proponen alumnos de la Prepa 9.

Existe la posibilidad de encontrar en la superficie de Titán, satélite de Saturno, organismos que soporten temperaturas y presiones extremas, plantea estudiante de la Prepa 8.

La luna Europa de Júpiter podría albergar vida microscópica que por vivir en un ambiente tan extremo y estar expuesta a altos niveles de radiación, podría ayudar a generar nuevos tratamientos médicos, propusieron jóvenes de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) 9 “Pedro de Alba”, ganadores del concurso Scientist for a day Mexico, organizado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en Inglés).

Carmina Dennise Ramírez Castillo, Mary Carmen Sánchez Hernández y Carlos Iván Hernández escribieron esta propuesta en un ensayo llamado “Europa, miras hacia un nuevo mundo”, para el cual consultaron información ofrecida por la misma NASA a través de su portal de Internet, y textos de especialistas en el espacio.

En tanto, Rebeca Calvo Medina, de la ENP 8, “Miguel E. Schulz”, en su ensayo “Titán” (satélite de Saturno) propone la posibilidad de encontrar en su superficie organismos que soporten condiciones, temperaturas y presiones extremas, lo que le valió ser finalista en el concurso de la NASA.

La propuesta de los universitarios ganadores del premio del Programa de Sistemas de Energía de Radioisótopos de la NASA, organizador del concurso, será publicada en el sitio //solarsystem.nasa.gov, junto con los trabajos de jóvenes ocho naciones más, participantes en el concurso.

Luis Armando Vieyra Rebollo, profesor de la Prepa 8, y asesor de los jóvenes, explicó que el objetivo de participar es mostrar que con preparación e ingenio pueden lograr grandes cosas, como destacar en un concurso de la NASA.

“Vimos la convocatoria en Facebook y se las hice llegar a los muchachos. Sé de su interés en la ciencia y los motivé para que hagan cosas más allá de lo que aprenden en clase; que participen y tengan mayores experiencias académicas”, dijo.

A través de su sitio de Internet, la NASA explica que el objetivo del concurso es inspirar a los jóvenes de secundaria y preparatoria para ver a la ciencia como algo cotidiano, y miren las imágenes impactantes que han enviado a la Tierra las sondas espaciales Cassini, Huyggens y Juno, de los gigantes gaseosos del Sistema Solar: Júpiter y Saturno, con sus respectivas lunas.

El concurso lo organiza el Programa de Sistemas de Energía de Radioisótopos, entidad encargada de diseñar tecnologías que permitan a las naves espaciales explorar planetas y lunas del Sistema Solar, por lo que este año dieron la opción a los estudiantes de elaborar un ensayo, no mayor a 500 palabras, sobre qué les gustaría encontrar en las lunas Encélado y Titán (de Saturno) o Europa (de Júpiter).

“Nosotros nos enfocamos en Europa porque Titán es una luna más popular, creímos que habría mucho más competencia e información, así que nos pusimos a recolectar datos sobre Europa, que no es de tan fácil acceso”, explicó Carlos Iván.

Para los jóvenes, uno de los principales retos al momento de hacer sus propuestas fue traducir la información que encontraron a un lenguaje comprensible para sus compañeros, sin que perdiera el rigor científico.

“Pusimos nuestro mayor esfuerzo, añadimos múltiples detalles en cada requisito que pidió la NASA; sabíamos que había muchos jóvenes capaces de hacer esto y más, y sí”, reconoció Carmina Dennise.

“Tenemos 17 y 18 años, y saber que nuestro ensayo será publicado por la NASA es increíble, porque muchas personas trabajan duro para que un artículo de ellos sea divulgado ahí. Nos emociona mucho”, añadió Mary Carmen Sánchez.

SEMILLAS

Esta experiencia marcó a los jóvenes preparatorianos, que ya piensan en seguir carreras relacionadas con la ciencia:

Iván pretende cursar la licenciatura en Nanotecnología y Nanociencias en la UNAM, o Física. “Mi plan es dedicarme a la industria aeroespacial en el país, porque tiene mucho potencial y aquí apenas está empezando su desarrollo”.

Carmina Dennise afirma que desde siempre su pasión ha sido la biología marina, por lo que espera estudiar Biología, además de Ingeniería en Biotecnología. “La ciencia es nuestra pasión y a lo que nos queremos dedicar”.

Y Mary Carmen se inclina por Ingeniería Geofísica, especialmente en el área de clima espacial, para saber cómo afecta este fenómeno a la Tierra.

Finalmente, Rebeca Calvo está decidida por Biología, pues le interesa la etnobiología para caracterizar una región, además de la biología de un ambiente.

 

 

 

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