Jesús Antonio del Río Portilla

Jesús Antonio del Río Portilla

Miércoles, 27 Enero 2021 05:37

Evaluación del riesgo en innovación

En estos días las conversaciones sobre COVID-19 o la crisis económica provocada por esta enfermedad abundan. Los artículos de opinión o los videos en las redes sociales abordan principalmente estos temas. Sin embargo, hoy quiero llamar la atención a un artículo que apareció recientemente en la revista “Technology in Society” que reporta los hallazgos de dos científicas mexicanas [1] sobre un tema de vital importancia para la transferencia tecnológica en nuestro entorno y por lo tanto para el desarrollo de la innovación a largo plazo.

Considero que la innovación tanto tecnológica como social son dos aspectos que permitirán que la generación de conocimiento conduzca construir el beneficio social.

Primero debo hacer notar que la innovación basada en la ciencia es el producto de esfuerzos colaborativos entre personal científico, de ingeniería, de administración y de inversionistas que llevan un conocimiento nuevo al usuario mediante la transferencia de tecnología.

Es esencial mencionar que este camino está plagado de desafíos e incertezas; por lo tanto, definir estrategias que aumenten el éxito para que los proyectos de alta tecnología lleguen al público usuario es una actividad necesaria y desafiante.

En este artículo, las doctoras Karla Cedano y Araceli Hernández Granados nos ilustran sobre cómo evaluar el riesgo y disminuirlo en los esfuerzos de transferencia tecnológica. Quiero hacer notar que ellas observaron que, en nuestro país, uno de los mayores desafíos que enfrentan las instituciones de investigación es el desarrollo de transferencias exitosas de alta tecnología para hacer evidente que la innovación basada en la ciencia rinde beneficios a la sociedad.

Esto ha conducido a que las universidades (públicas o privadas) y las instituciones de investigación construyan Oficinas de Transferencia de Tecnología en busca de tender puentes con la industria y los inversionistas.

Ellas señalan que estos esfuerzos son compartidos con muchos otros países y que no han sido efectivos del todo, ya que la percepción de la incerteza es diferente en el sector científico y en el empresarial.

En otros escritos he dicho que el manejo del riesgo por parte de la comunidad académica es mucho más amplio que en la comunidad empresarial y ellas modulan esta afirmación estableciendo que la comunidad científica está acostumbrada a trabajar con altos niveles de incertidumbre; pero las empresas e inversionistas no pueden medir el riesgo bajo incertidumbre, necesitan identificar riesgos, planificar su gestión y posible eliminación.

Adicionalmente, quiero destacar que en nuestro país no contamos con suficiente talento capacitado tanto en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas y con aptitudes amplias e innovadoras en Negocios, Gestión y Comunicación.

Esta situación, afirman las científicas, incrementa la barrera para la colaboración Academia Industria.

Así en este tenor, en el artículo que menciono, las doctoras Cedano y Hernández Granados descubrieron que ciertos análisis basados en inteligencia tecnológica brindan información estratégica que, una vez que se ha traducido en conocimientos prácticos, son valiosos para la identificación, medición y mitigación de riesgos de proyectos de alta tecnología.

Desde mi punto de vista, el principal logro de su trabajo es haber construido una herramienta integrada que puede ayudar en la traducción de los hallazgos científicos en un ambiente de incertidumbre a otro donde se pueda identificar, medir y mitigar estas incertidumbres.

Esta herramienta simple es útil para calcular una puntuación de riesgo para proyectos de tecnología en las primeras etapas de desarrollo.

Para identificar y gestionar los riesgos asociados al proyecto consideran se debe capacitar a la persona líder del proyecto, que debe estar bien informada y conocer de los aspectos de innovación y con ello alimentar la herramienta para reducir la incertidumbre definiendo posibles nuevas estrategias cuando se observan incertidumbres.

Dicha persona, con la información adecuada y con un liderazgo efectivo, puede capturar la visión del equipo y representarla con la herramienta, estableciendo diferentes valores para las escalas de niveles de riesgo, según el contexto. de cada proyecto o conjunto de proyectos y así proveer información útil para inversionistas. Los invito a leer el artículo [1].

En estas épocas de crisis de salud, económicas y sociales que vivimos debemos también construir conocimiento para contender con aspectos a largo plazo.

En mi opinión, el desarrollo para evaluación del riesgo en las innovaciones basadas en ciencia que desarrollaron las científicas mexicanas apunta en la dirección correcta, al proporcionarnos una herramienta útil y original en el contexto internacional y pensada para la realidad actual de nuestro país.

 

[1] https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160791X20313208

 

 

El manejo de la COVID-19, la desaparición de los organismos autónomos, los obstáculos a las energías renovables, la ley de humanidades, ciencia y tecnología, la turba que tomó el Capitolio en Washington... vaya que no paramos por temas polémicos de los que deseamos comentar y dar opiniones. Este año 2021 comienza a tambor batiente con tremendas problemáticas que deben ser abordadas con miras tanto en la inmediatez como a largo plazo.

Ya están pasando los días donde las frases de buenos deseos abundan para pasar a la realidad de discutir e implantar acciones para contender con los problemas que nos afectan y que nos están cambiando la forma en que vivimos o viviremos o vivirán las generaciones futuras. Para mí, el solo hecho de mencionar algunos de esos temas me han dejado con mi optimismo abrumado y cabizbajo.

Para nada es fácil ofrecer acciones cuando estamos observando que el manejo de la pandemia ha causado más de una centena de miles de “lamentables defunciones”, como dice el encargado de establecer los lineamientos de nuestras acciones, ya que las propuestas inadecuadas y la necedad de no seguir las recomendaciones basadas en conocimiento han conducido a que nuestro país sufra un lacerante número de defunciones. Al revisar las gráficas de los casos infectados en los primeros meses de la pandemia observamos que nos separamos rápidamente de la tasa de doblamiento de casos, lo que supondría que las primeras medidas fueron efectivas y a tiempo.

Indico esto ya que la misma separación de esa terrible tasa no se observó en otros países sino hasta algún tiempo después. Sin embargo, posteriormente, al no recomendar medidas obvias ni apoyar directamente a todos los sectores de la sociedad, establecer el semáforo epidemiológico del COVID-19 y no respetarlo, se cayó en una situación profundamente lamentable que lesiona a la sociedad en su conjunto.

Hoy en día en el mundo la situación es difícil, pero en nuestro país está a un tris de ser catastrófica.

Ayer se anunció con bombo y platillo que llegaron 400 mil vacunas, pero eso implica que solamente 200 mil personas podrán ser inmunizadas, recordemos que en nuestro país vivimos más de 120 millones de personas. Faltan muchísimas vacunas si queremos tener inmunidad para la población o esperar más de un año en esta angustiante situación.

En otro tema, en el mundo la transición energética hacia las fuentes renovables está en proceso y en las regiones del mundo donde basan sus decisiones en el conocimiento se está acelerando. En cambio, en nuestro país se busca reservar a una compañía del Estado la posibilidad de generación. Desde mi punto de vista, esta visión parecía adecuada hace 50 años, pero hoy en día con la posibilidad de la electrificación de los usos de la energía y con las opciones de generar en la forma en que se usa y en el lugar, es decir, la diversidad de opciones de fuentes distribuidas de energía, lo idóneo es fortalecer un sistema de transmisión y distribución inteligente. Este sistema debe tener capacidades de predicción y acción, tanto local como regional, que permita, así, asegurar calidad de energía para todos los usos acoplados a las fuentes renovables variables. De hecho, en el ámbito mundial, la generación de electricidad mediante fuentes renovables está ganando el suministro de electricidad. Sin embargo, todavía existe un sector que requiere nuestra atención en todo el orbe y es el transporte.

En nuestro país no debemos quedarnos atrás, como está pasando en otros sectores.

En este terreno debemos promover un transporte público basado en la electromovilidad para distancias largas y un transporte no motorizado para distancias pequeñas.

En estos sentidos la infraestructura actual para el transporte motorizado individual puede transformarse en un transporte sustentable considerando esas dos alternativas: electromovilidad y movilidad no motorizada.

Estos son sintéticos comentarios para la amplia y complicada problemática que enfrentamos hoy en día. El año 2021 comienza con desafíos mayúsculos para todas las personas. Sin embargo, estoy confiado en que el conocimiento y las decisiones que emanen de él pueden brindar opciones de solución adaptables para cada entorno.  

 

Considero que el principal logro de la comunidad científica durante el año 2020 fueron los desarrollos de las diferentes vacunas en contra del SARS-COV2 y con ello empezar a vislumbrar la contención de la enfermedad de COVID-19.

En estos momentos, de inicio de un nuevo año, es tradicional reflexionar sobre los avances y los deseos para este año que comienza. Así es como en esta primera semana del año estamos observando como en diferentes partes del mundo hay personas siendo vacunadas y abriendo realmente las expectativas de un control de esta enfermedad que nos ha modificado muy rápidamente la forma de relacionarnos y de entender la economía.

Claramente, el desarrollo de la ciencia es la principal razón para contar con esta vacuna y con ello se enfatiza que precisamente la construcción de conocimiento nos posibilita contender con situaciones inesperadas que afectan a pequeñas o grandes porciones de la población.

La inmediata respuesta de la comunidad científica al estudiar, describir y desarrollar herramientas tanto de los aspectos biológicos del SARS-COV2 como médicos y para entender los efectos del COVID-19 en el ambiente y sus implicaciones sociales son ejemplos de lo que el conocimiento científico puede brindarnos. 

La generación de conocimiento no solo se enfoca en resolver los problemas urgentes, sino que busca entender y dar posibles soluciones a la problemática del largo plazo que enfrentamos. Recordemos que aunque la mayoría de las personas que hoy vivimos en este planeta habremos muerto en un siglo, es nuestro deseo que las personas que vivan en esos momentos disfruten de bienestar social. Con esta premisa es que la comunidad científica plantea sus objetivos.

En las últimas semanas del año pasado encontré un artículo en la revista Nature [1] que comenta sobre los temas que la comunidad científica plantea para enfatizar en el 2021.

Para mi es significativo que no sea el problema del COVID-19 el primer tópico, sino que lo sea el cambio climático, donde dado que la Unión Europea y China han enfocado sus esfuerzos hacia la reducción de los gases de efecto invernadero y planean objetivos de ser sociedades carbón neutral para las décadas del 2050-2060, se espera que el gobierno de Joe Biden retome estos objetivos e impulse las actividades científicas de ese país en el mismo camino.

De hecho, y desde mi perspectiva por la presión del equipo del candidato electo de EE. UU., el discurso de la SENER en nuestro país tibiamente y con amplias deficiencias ha empezado a mencionar a las fuentes renovables, aspecto que debemos impulsar decididamente desde los sectores de la sociedad mexicana.

La mención de que el cambio climático regresa a las esferas de los tomadores de decisiones en el ámbito internacional es esperanzador para la vida como la conocemos en este planeta. Los siguientes tópicos están alineados con la crisis de salud que estamos sufriendo hoy.

El cuarto punto, que menciona la revista Nature, se refiere al acceso abierto a las publicaciones científicas. Desde mi perspectiva es un punto crucial y que debemos atender y fomentar con miras a garantizar su impacto positivo. Sin embargo, debe quedar claro que de nada servirá en nuestra sociedad si no enfatizamos la enseñanza de la ciencia en todos los niveles educativos.

De esta manera, también las actividades de divulgación científica se tornan esenciales para fomentar la apropiación del conocimiento científico y su posterior uso por amplios sectores de la población.  

De nada servirá a la población en general el acceso abierto de los hallazgos científicos si solamente pueden ser entendidos por una pequeña porción de ella; las actividades de divulgación y de difusión de estos hallazgos se tornan imprescindibles.

Después se mencionan a dos aspectos de investigación en temas de salud, sobre células madre y Alzheimer, para transitar a tópicos de la ciencia en el espacio con miras a Marte y a poderosos telescopios que redundarán en mejoras tecnológicas que disfrutarán las personas en el mediano plazo. Recordemos que las tecnologías que hoy demandan los estudios sofisticados en cualquier rama científica son las tecnologías que estarán disponibles para la población en el futuro. La telefonía celular es un ejemplo.

En estos momentos donde la esperanza de retornar a una vida con mayor contacto físico entre las personas proviene del conocimiento científico en su más amplio sentido, debemos reflexionar y promover que este conocimiento sea apropiado por sectores muy amplios de la población para que verdaderamente se puedan tomar decisiones basadas en ese conocimiento y en el futuro se pueda contender con menor dificultad a los retos que plantea la vida o que causamos en este planeta.

 

[1] https://www.nature.com/articles/d41586-020-03651-0

 

Miércoles, 25 Noviembre 2020 05:29

Energías limpias, alternas o renovables

¿Qué tipo de fuentes de energía debemos promover? ¿Las energías limpias o las alternas o las renovables o las sustentables? ¿Todos estos términos son sinónimos? Estas son algunas de las preguntas que frecuentemente me plantean en conversaciones diferentes personas. En el ámbito de la energía, todos estos tipos de fuentes de energía son diferentes y su conceptualización implica el conocimiento de algunos detalles que pueden ser importantes al momento de analizar propuestas que ayuden a disminuir nuestros impactos en el entorno natural o social.

Imaginemos que estamos viajando en un velero, es decir estamos utilizando la energía del viento y en un momento de calma chicha, arrancamos un motor de diésel para llegar a nuestro destino. En este caso la energía eólica es la convencional y el diésel es la fuente alterna de energía. Es decir la peculiaridad de energía alterna con otros tipos es que sea una opción diferente a la energía que normalmente se usa para una actividad. Es decir, el nombre de energía alterna o no convencional no es apropiado para referirnos a una fuente de energía que tenga características ambientales o sociales diferente a los combustibles fósiles.

En el mundo, las fuentes de energías limpias se refieren en conjunto a las fuentes renovables y a la energía nuclear. Esta es la forma en la que se designa a las fuentes que no emiten gases de efecto invernadero. En las leyes mexicanas se adiciona un tipo de energía eficiente, por ejemplo la cogeneración con gas natural a esta definición de energía limpia. Es decir, en nuestra legislación cuando nos referimos a energía limpia se consideran a las termoeléctricas que usan gas natural en forma eficiente. Desde mi punto de vista, estas termoeléctricas sí emiten menos gases de efecto invernadero que una de combustóleo, pero no son verdaderamente limpias, ya que la emisión de gases de efecto invernadero tiene un impacto al aumentar el contenido de CO2 en la atmósfera.

Es claro que si bien la energía nuclear no emite gases durante la generación, sí produce desechos radioactivos que pueden tener una vida media de varios miles de años.

Las fuentes renovables de energía son aquellas que se usan a una tasa menor de la que se generan. Por ejemplo, la energía solar que podemos usar y mientras el Sol exista podemos hacer uso de ella. Lo mismo podemos decir del viento. La energía geotérmica que proviene del interior de la Tierra puede ser también renovable siempre y cuando la utilicemos a una tasa menor de la que se pueda recuperar el reservorio geotérmico. La misma situación podemos decir de los biocombustibles. Por ejemplo, el uso de la leña puede ser renovable mientras no atentemos contra el bosque.

En general las fuentes de energía solar, eólica, geotermia, biocombustibles, hidráulica y oceánica son típicos ejemplos de fuentes de energía renovables.

A pesar de que las fuentes renovables no emiten gases de efecto invernadero o tienen una emisión neta cero y por ello ayudan a combatir el cambio climático, pueden no ser sustentables. Me parece que debemos aclarar esta frase, ya que muchas personas consideran que energías renovables son sinónimos de energías sustentables.

Las energías sustentables deben contemplar aspectos de los cuatro pilares de la sustentabilidad: la dimensión Natural, la Económica, la Social y la Organizacional, recordando que cualquier actividad humana para ser sustentable requiere de contemplar estas dimensiones y responder si las acciones afectan o impactan negativamente en estos rubros. Analicemos un ejemplo: la energía eólica ha sido criticada por fea o por provocar disrupción social en poblaciones donde se instala. Claramente, estas dos críticas tienen que ver con aspectos sociales u organizacionales que se ven afectados por la introducción de aerogeneradores en diferentes lugares con diferentes costumbres organizacionales y de percepción del paisaje. Sin embargo, estas críticas no son inherentes a la tecnología eólica. Por lo tanto, si su implementación contempla la equidad entre las personas y sus gustos, esta fuente renovables puede ser sustentable. También en muchas ocasiones me han comentado que las celdas solares no son adecuadas, ya que contaminarán cuando dejen de usarse. Efectivamente, toda actividad humana tiene un posible impacto negativo en el entorno, pero tengo que comentar que lo mismo pasa con los generadores actuales o los motores o nuestros celulares, con alguna ropa o con diversos utensilios o con productos de un solo uso, etc. Sin embargo, me gustaría comentar que en el caso de las celdas solares, ya se están desarrollando procedimientos para un mantenimiento mayor a los módulos fotovoltaicos que les permitirán un segundo uso por otros 20 años más.

Adicionalmente, dado que la comunidad científica se ha percatado de este tipo de impactos negativos de las posibles tecnologías, ahora hay una corriente muy importante de desarrollo de conocimiento que buscan tecnologías con menores impactos negativos, por ejemplo la química verde, el diseño de materiales sustentables, etc.

Todavía hay espacio para que la juventud construya conocimiento y desarrolle tecnologías que busquen la sustentabilidad. Mientras, prefiero fomentar el uso de las fuentes renovables de energía que facilitan la definición de estrategias sustentables en lugar de confundir a las audiencias con energías limpias y alternas que nos pueden desviar en la construcción de la sustentabilidad.

 

 

 

La combinación de energía solar, eólica y baterías es una alternativa tecnológicamente posible y económicamente viable, que podría alcanzar el anhelo de generar energía eléctrica 100 por ciento sin emitir gases de efecto invernadero para el año 2030, en la mayoría de las regiones pobladas del planeta [1].

Sí, la frase es correcta y tan pronto como para el año 2030. Esta afirmación es producto de la discusión de un grupo de personas expertas conocidas como RethinkX.

Este estudio coordinado por Adam Dorr y Tony Seba indica que la adopción de la combinación de energía solar, eólica y baterías (SEB) está creciendo exponencialmente en el mundo y que la disrupción tecnológica hacia estas fuentes distribuidas de energía es inevitable porque para 2030 ellas ofrecerán la energía eléctrica más barata en la mayoría de las regiones del mundo.

RethinkX es un grupo de reflexión (think tank) independiente que analiza y realiza prospección sobre la velocidad y escala de disrupciones conducidas por la tecnología y sus implicaciones sociales. Este grupo conjuga esfuerzos para producir análisis imparciales orientados por los datos e información disponible.

En este contexto de datos, la visión de futuro que construye RethinkX, indica que las opciones de generar electricidad con carbón, gas natural y nuclear se verán desplazadas durante la década que comienza y que no se admiten razonamientos para justificar inversiones adicionales a nivel mundial en estas tecnologías que hoy imperan.

Al leer este reporte encontramos conclusiones interesantes que son obtenidas con datos reales y confirmados. Entre estas implicaciones claves se mencionan que 1) (la que ya mencioné y más importante) un sistema eléctrico basado en 100% de SEB es económica y tecnológicamente viable. 2) la cantidad de energía almacenada requerida en el futuro en baterías es menor de lo que en este momento se estima. 3) Un sistema eléctrico basado en SEB es más barato en áreas populosas. 4) Este esfuerzo demandará millones de empleos tanto en las partes de instalación de sistemas fotovoltaicos como en el mantenimiento de turbinas eólicas y sistemas de baterías. 5) Con esta transición a SEB conducirá a una reducción de al menos 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero. 6) La electrificación del transporte carretero es factible y conducirá a una reducción de la demanda de combustibles fósiles para el transporte del orden de 60%. 7) La generación de electricidad con estas fuentes renovables y baterías es una solución y no un problema. 8) La posible superabundancia de electricidad que puede ser alimentada con SEB a la red conduce a una transformación del mercado eléctrico, bajando los costos a precios por debajo de la generación con combustibles fósiles de hoy. 9) Los escenarios que asumen que la generación con SEB no puede ser mayor al 90% están equivocados porque ellos fallan en reconocer el valor adicional de la generación limpia. 10) Los beneficios adicionales que tiene la generación con SEB puede conducir a una inversión que aporte más del 100% de la energía requerida, bajando los costos y transformando aspectos sociales y económicos. 11) El crecimiento exponencial del sistema 100% de electricidad generada con SEB es actualmente posible y puede empezar de inmediato. 12) El sistema eléctrico debe ser analizado con base en el futuro más que en los costos actuales. 13) El cambio tecnológico hacia SEB es inevitables y no depende de subsidios, impuestos al carbón y otras intervenciones en el mercado. 14) Se debe pensar en un sistema SEB eficiente desde el punto de vista económico más que en términos tecnológicos. 15) El costo marginal casi cero que tienen la generación eléctrica con SEB implica que no deben ser desperdiciada. 16) El cambio disruptivo hacia la generación con SEB implica también un cambio profundo en la forma de transporte hacia su electrificación. 17) El cambio a las SEB implica también un cambio en el sector agroalimentario, al potenciar la generación local.

 Aunque algunas conclusiones me parecen más enfocadas hacia privilegiar el desarrollo económico que las dimensiones sociales y organizacionales de la sustentabilidad, considero muy importante que las conozcamos y que analicemos estas visiones de mediano plazo que han sido construidas con datos y tendencias actuales.

De lo más importante es que no se posterga el uso masivo de la generación eléctrica con renovables, sino que se observa la posibilidad de adoptarlas en el mediano plazo.

En este mismo sentido el triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América apunta a que habrá un impulso creciente hacia las fuentes renovables de energía, aspecto que debe ser retomado en la redefinición de la política de nuestro país y retomar lo planteado en las promesas de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador, donde se contemplaba la adopción de fuentes renovables.

Desde mi perspectiva, estos análisis y redefiniciones en el mundo fomentan el optimismo para que la juventud redoble esfuerzos y construya un mundo con bienestar social, al ver la posibilidad de encontrar empleo de calidad que propicie un mundo en armonía. Para mi es claro, que el sector de las renovables estará contribuyendo sustancialmente a este anhelo.

 

[1] https://www.rethinkx.com/energy

 

En nuestro querido pero vapuleado país, en las últimas semanas… digo en los últimos meses... mejor dicho en los últimos años, hemos observado como se promueve el uso de los combustibles fósiles en lugar de fomentar el uso de las fuentes renovables de energía. 

Cualquier persona puede revisar mis comentarios en estas páginas donde he escrito en muy diversas ocasiones sobre la ausencia de una política energética clara de apoyo a las renovables.

Desde la llamada reforma energética, que fue concebida en los momentos de máximos precios del petróleo, donde se auguraba que esos precios posibilitarían la inversión extranjera para sacar más rápido el petróleo del subsuelo y venderlo para tener ingresos a las arcas nacionales. Digo a las arcas nacionales, no para el beneficio social de nuestro país. Esa reforma energética sin querer benefició la inversión en fuentes renovables que cada día son más baratas en comparación con la energía que proviene de los combustibles fósiles. Recordemos que al usar estos combustibles modificamos la composición de la atmósfera provocando un cambio climático que, a su vez, está propiciando que los eventos extremos en la atmósfera aparezcan más frecuentemente y con mayor intensidad. Debe quedar claro que si la atmósfera se calienta habrá más energía disponible y, por lo tanto, los huracanes y ciclones se manifestarán más violentamente. La energía disponible favorece las mayores velocidades de viento; así como el agua evaporada es mayor y, por ende, la precipitación pluvial aumenta. Esta es una muy sencilla forma de explicar lo que nos espera ante este cambio climático antropogénico. 

Después de esta desviación explicativa de los efectos del cambio climático, regresemos a la política energética: en el año 2018 en las propuestas de campaña de los tres principales candidatos se observaba que Andrés Manuel López Obrador mencionaba a las fuentes renovables en su escrito político, mientras que los otros dos candidatos mencionaban a las energías limpias. La diferencia está en la ley mexicana que define como energías limpias: las renovables, la nuclear y la cogeneración eficiente. Esta última normalmente se realiza con gas natural en ciclos combinados, pero no deja de emitir gases de efecto invernaderos causantes del cambio climático. Por lo tanto, yo prefiero hablar de renovables para ser claro y específico.

Así, con esa propuesta de plan de gobierno de AMLO se esperaba un apoyo a las fuentes renovables; pero para mi sorpresa, la política energética se ha centrado en buscar una mayor extracción de petróleo -por cierto, no se han cumplido las metas en este rubro- y en la construcción de una refinería, además de aferrarse a la entronización de las empresas productivas del Estado en el sector energético, cuando ahora las fuentes renovables de energía apuntan hacia una verdadera democratización de la generación con su inclinación hacia la generación distribuida.

Cuando en otras latitudes se fomenta la generación distribuida para evitar pérdidas por la transmisión, en nuestro país se desea regresar a un centralismo en la generación que ya mostró su incompetencia para evitar que más del 40 por ciento de la población mexicana esté por debajo de la línea de pobreza.

En estos momentos la empresa productiva del Estado en el ámbito de la electricidad está perdiendo la oportunidad de ponerse a la vanguardia en cuanto a la tecnología inteligente para manejo de la red de Transmisión y Distribución y se aferra a retornar a un dominio centralista de la generación, donde perdió su oportunidad de ser innovadora hace varias décadas, yendo en dirección opuesta al beneficio social.

Por otro lado, las estadísticas internacionales indican que en el sector energético las fuentes de empleo están en las renovables, principalmente en la solar. Además, señalan tanto IRENA como IEA, las dos agencias internacionales en el ámbito energético, que los empleos en las fuentes renovables son de calidad en comparación con los empleos en las fuentes de combustibles fósiles. Es decir, si preparamos a personas en el sector de las renovables su salario será mejor que en el sector de combustibles fósiles.

Por estas razones y muchas otras sobre las que hemos escrito muy diferentes personas a lo largo de estos años, invito a la población en general a reflexionar y actuar en consecuencia. El uso de las fuentes renovables, solar, eólica, biocombustibles, no solamente son viables, sino en muchos casos más baratas. Además, no aumentan el contenido de gases de efecto invernadero en la atmósfera y demandan empleos de calidad.

Si la política energética no fomenta a las renovables nosotros como población pensante sí podemos hacer el cambio y usarlas.

Necesitamos un sector energético que verdaderamente promueva el bienestar social y no solo el de unos cuantos. 

 

Miércoles, 21 Octubre 2020 05:36

Una estrategia completa

Hoy podemos decir que para la mayoría de la población mexicana el problema sigue siendo la pobreza en la que vive, en segundo plano, las consecuencias de la crisis provocada por el COVID-19 y para la comunidad científica la cancelación de la construcción de las soluciones basadas en el conocimiento de estas problemáticas que venimos arrastrando por décadas, sino por centurias.

Antes de pasar a las mayoritarias, déjenme comentar que la lucha del sector científico no es solamente en contra del desconocimiento, sino en contra de la cancelación de proyectos multianuales que pudieran ofrecer soluciones. El gobierno actual ha culpado al sector científico cuando, como lo he mencionado en diversas ocasiones, somos un sector muy minoritario al que no le han permitido percolar con sus aportaciones en la construcción de alternativas y formación de la población para que tome decisiones basadas en el conocimiento. Hoy en día el sector científico no lucha por privilegios, demanda financiamiento para poder trabajar y construir conocimiento. Los últimos reductos de posibilidades de financiamiento, los fideicomisos del sector científico, parecen que con una visión miope se cancelarán y con ello el sistema científico del país pudiera ser podado de tajo sin la sabiduría de arbolista que quita lo malo y deja lo bueno. Mucha tinta ya se ha vertido dando explicaciones que justifican la existencia de algunos fideicomisos de vital importancia (científicos, culturales, de atención a desastres, etc.) pero que los oídos sordos de los diputados no quisieron entender y que posiblemente los senadores usen iguales orejeras para desoír. Estoy convencido que las personas dedicadas a la ciencia seguiremos luchando por construir conocimiento que en algún momento esta sociedad pueda utilizar para construir bienestar social.

Déjenme pasar al tema urgentísimo, la crisis de COVID-19. Parece que en nuestro país, la estrategia ha sido abandonar a la población a su suerte en la búsqueda del sustento del día a día.

Insisto, podemos aprender de las acciones tomadas en otros países.

Para ser justo en mis apreciaciones tengo que decir que me pareció que lo que el gobierno mexicano hacía durante el primer mes y medio de la pandemia en nuestro país era razonable y apuntaba a lo necesario.

Esto, dado que las acciones que han tenido éxito en otros lugares consisten en Prevenir, Detectar, Contener y Tratar. Estas estrategias fueron ya reportadas hace algunos meses [1] y hoy en día podemos ver que han dado fruto donde se han aplicado. Primeramente, la acción de prevenir incluye la generación de datos confiables y metodologías de análisis que se difunden para facilitar la comprensión del problema a la población en general. Detectar, sí, detectar eficiente y oportunamente los casos de COVID-19, ofreciendo las pruebas necesarias a la población abierta. La importancia de Contener la enfermedad y evitar la transmisión en los mismos centros hospitalarios es otro de los factores que disminuyen la mortandad de las personas infectadas. Finalmente, el tratamiento con la disponibilidad de camas, las unidades de cuidados intensivos, medicamentos, etc.

Si analizamos estos cuatro elementos de una estrategia de acción, podemos observar que en nuestro país se adoptó parcialmente el primero, al establecer los días martes en la tarde para dar información; pero esta información no fue suficiente y no se construyó la confianza en la metodología, ya que era muy limitado el número de pruebas para la virulencia y camuflaje de la enfermedad.

Así se menospreció la segunda acción: detectar. La parte de contender la enfermedad, tampoco fue abordada con prontitud y el personal médico se contagió y en los propios hospitales se contagiaban las personas.

Finalmente, y como lo mencionamos la semana pasada, el gobierno mexicano seleccionó el porcentaje de camas disponibles como su indicador. Sin embargo, al no tomar las otras medidas la estrategia no ha dado buenos resultados y ha tenido muchos desenlaces fatales.

Desgraciadamente es evidente la diferencia entre las fatalidades de una sociedad que adopta las cuatro estrategias y a pesar de recibir un segundo brote puede garantizar la salud de su población sufriendo un poco más de 116 muertes por millón de habitantes, a otra sociedad, como nuestro país, donde lamentamos la muerte de más de 650 personas por millón de habitantes (ambos países con más de 200 días de manifestar el primer caso confirmado). Estas diferencias no solo pueden atribuirse a las condiciones de salud previa de la población, sino a que no se siguieron concienzudamente las estrategias que ya habían mostrado resultados y que, en nuestro caso, teníamos la ventaja de ir aprendiendo del otro país por una ventaja simple de manifestar el primer caso algunas semanas después.

Ante esta situación, en la que no se ha implantado la estrategia completa, nosotros la población, insisto, al salir a realizar las actividades necesarias usemos cubrebocas y adoptemos las medidas de sana distancia.

 

 

[1] https://ourworldindata.org/covid-exemplar-germany

 

 

Miércoles, 14 Octubre 2020 05:34

Camas disponibles y otras desviaciones

La pandemia de COVID-19 continúa cobrando víctimas y necesitamos redoblar esfuerzos y revisar las estrategias que hemos seguido para contender con ella.

En nuestro país se ha considerado el indicador del porcentaje de camas disponibles para pacientes graves de COVID-19 como un objetivo dentro de la estrategia.

Es cierto que este porcentaje es importante, pero me parece que no es el indicador con el que debiéramos medir el éxito de la estrategia contra esta pandemia. Para conocer si este indicador es adecuado debemos preguntarnos: ¿para qué es necesario tener camas disponibles? La respuesta obvia es para atender a los enfermos graves y evitar que mueran.

Así es, efectivamente, el indicador más duro para evaluar la estrategia es el número de personas que mueren por causas atribuibles a la pandemia.

Con estos antecedentes, es claro que la estrategia del gobierno federal contra el COVID-19 ha mantenido el porcentaje de camas disponibles dentro de parámetros aceptables, pero más claro es que el número de muertes no es para nada razonable. Aquí no hay que dar excusas. Argumentos como la situación previa de la salud de la población puede dar explicaciones, pero no resultados. Hoy buscamos tener resultados más que explicaciones.

Estas últimas nos sirven precisamente para diseñar estrategias y obtener resultados mediante la construcción de conocimiento ante lo desconocido.

La situación del país, marcado por una desigualdad entre la población que tiene acceso a bienestar y una mayoría que no lo tiene, implica que debemos tener estrategias para, además de contender contra el COVID-19, disminuir estas desigualdades.

Estas son algunas de las características de la problemática que enfrentan los gobiernos de todos los niveles en el país.

Para mí, es claro que a principios de año, el indicador camas disponibles era importante, ya que la infraestructura del sistema de salud no era la adecuada.

Hay que reconocer que ningún país tenía esa infraestructura lista, pero ese enfoque era necesario para los primeros momentos. Después, y quizás antes, la estrategia de prevención era y es muy importante.

Por esta razón, todavía me parece inexplicable que la estrategia del gobierno federal no use la recomendación clara y contundente del adecuado uso del cubrebocas. Por supuesto que se esperaría que se actuara con el ejemplo.

En estas fechas, mediados de octubre, los conteos de casos confirmados están creciendo y en algunos lugares presentan máximos históricos.

Por ejemplo, en la Ciudad de México los casos confirmados en la semana previa son más de 12 mil, número que no se había alcanzado en toda la pandemia. En otros estados la situación es similar y el número de casos confirmados han vuelto a ser similares a los del mes de agosto.

Esta situación se observa en Morelos, donde los casos confirmados han pasado de cien a casi trescientos en una semana.

Recordemos que estos números son los mínimos, ya que es posible que haya más casos. Lo que se avanzó en julio y agosto lo hemos perdido con la reapertura en septiembre.

Ante esta situación, reitero la recomendación: que nosotros como población responsable nos cuidemos y cuidemos a las otras personas usando adecuadamente el cubrebocas. La necesidad de apertura de las actividades económicas debe ser asumida por nosotros, la población en conjunto, con la responsabilidad de minimizar los riesgos de contagio.

Por otro lado, y en otro tema, la política de no invertir lo suficiente en ciencia y tecnología por parte del gobierno federal ha sido una tradición en nuestro país; por supuesto que no debemos enorgullecernos de ella.

Lamentablemente el gobierno actual también ha continuado esta política igual o peor que los anteriores. La comunidad científica ha luchado siempre para que se destine un monto de inversión adecuado a este rubro, sin embargo, nunca hemos alcanzado la inversión del 1 por ciento del PIB en ciencia, tecnología e innovación.

Esta misma comunidad ha afirmado en muchísimas ocasiones que la inversión debe ser a largo plazo y que la presupuestación anual no es adecuada para permitir que el conocimiento científico realmente contribuya en forma impactante al bienestar social.

Esta forma de ver la situación no está siendo compartida por la dirección del Conacyt, situación que puede limitar o hacer retroceder el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país y, por ende, impedir que el conocimiento científico promueva el bienestar social. Es labor del poder legislativo revisar las políticas de asignación de recursos o de cambios en las formas de garantizar recursos a largo plazo.

Hoy es momento que se deje el nominalismo. Es claro que la realidad no se transforma por solo decirlo.

La implantación de proyectos sin la correspondiente evaluación económica, ambiental y social para entender los posibles impactos positivos o negativos de estos proyectos para nada es adecuada.

Para conseguir este conocimiento se requiere de personas capacitadas que generen conocimiento y lo puedan aplicar y con ello evaluar y prever las situaciones futuras.

Mientras, trabajemos para construir o evitar que se destruyan los avances logrados. Por supuesto, modificar lo que se ha hecho equivocadamente y, en lo inmediato y cotidiano, no olvidemos usar adecuadamente el cubrebocas.

 

 

Estamos viviendo una crisis de salud, económica y social mundial sin precedentes. El COVID-19 nos ha obligado a modificar rápidamente muchas conductas que hemos estado realizando sin cuestionar por varias décadas y algunas por centurias.

Ante esta situación, el sector científico se ha volcado para escudriñar, desde muy diversas perspectivas (aspectos médicos, epidemiológicos, farmacéuticos, ambientales, sociales, económicos, musicales y muchos otros) las múltiples facetas de esta crisis.

Los esfuerzos por desarrollar terapias o vacunas han llamado la atención de los medios y también los estudios sobre la conducta de las personas bajo condiciones diferentes han sido importantes.

De hecho, en mi opinión, todas las perspectivas de análisis son esenciales para poder definir estrategias para contender con la crisis. Puedo estar de acuerdo con muchas personas que piensan que el COVID-19 solo aceleró la llegada de esta crisis que nos obliga a reflexionar sobre la forma en que estamos viviendo y considero oportuno analizar desde múltiples perspectivas la situación.

En estas opiniones ya he planteado algunas, pero hoy quiero comentar desde el punto de vista económico la dinámica de las cadenas de producción y las condiciones laborales. Dado que la crisis de COVID-19 sacudió tremenda y profundamente a la economía y nos mandó a una proporción muy grande de la población a no trabajar o a trabajar desde casa modificando nuestros hábitos de consumo y de requerimientos cotidianos. Verdaderamente, este tipo de sacudidas se asemejan a un terremoto y dejará efectos tanto de corto como de largo plazo en la mayoría de las actividades humanas.

Comentaré brevemente un trabajo publicado en la revista “Oxford Review of Economic Policy” [1] donde se presenta un estudio cuantitativo de esta sacudida a la sociedad que hoy vivimos. Lo que me parece esencial de este estudio es que usa datos para alimentar modelos económicos de no equilibrio en una red de múltiples niveles que describen las interacciones de las diferentes cadenas de producción analizando los cambios en la producción al mismo tiempo que en la demanda. Recordemos que a principios de la etapa de emergencia se redujo sustancialmente la actividad de las empresas e industrias, cambiando el sistema de proveeduría de productos y servicios; adicionalmente, nuestras actividades cotidianas también cambiaron y modificaron nuestra demanda de productos y servicios.

Los niveles de ocupación de la población también cambiaron. Esta situación de parálisis no se había imaginado y por lo tanto no se había explorado en el ámbito académico.

Este tipo de situaciones son verdaderamente retadoras para los científicos de todas las disciplinas. Sin embargo, con una perspectiva de modelado de redes y de interacciones acopladas aunado a la disponibilidad de datos, se pueden obtener predicciones de primera aproximación que son indicativas e ilustrativas.

Entre los hallazgos de este trabajo podemos mencionar que la pérdida del empleo no se distribuirá de igual manera en la población e impactará mayormente en los trabajos con menor remuneración. Es decir, la crisis dejará un mayor impacto negativo en los que menos ganan en comparación con los empleos mejor remunerados. Además, los empleos con mejor retribución son los que pudieron continuarse a distancia.

El impacto directo en los indicadores macroeconómicos se espera sea mayor al 20 por ciento en economías como las de Estados Unidos.

Por ello se deben establecer estrategias para la reactivación, sin poner en riesgo la salud de la población, como lo son políticas agresivas en el ámbito fiscal para la preservación de la solvencia de los negocios, además de establecer programas que atiendan las necesidades de los más pobres.

Por supuesto, aquí no puedo abundar, pero invito a la audiencia a leer el trabajo o ver la videoconferencia dónde se explica parte de sus principales resultados [2] y estar informados. Estoy seguro de que las conclusiones pueden ser útiles para tratar de entender la situación que estamos sufriendo.

Lamentablemente para nuestro país, este análisis requirió de datos que no están tradicionalmente disponibles en nuestros entornos. Digo lamentablemente, ya que un estudio similar para México implicaría disponer de esos datos. Los modelos utilizados fueron codificados en programas computacionales de acceso abierto y, por lo tanto, podrían ser utilizados si los datos que requieren estuvieran al alcance.

Empecemos a construir los datos para que en el futuro contemos con ellos y podamos entender mejor las futuras situaciones.

Sin embargo, quiero comentar que las enseñanzas de estos trabajos pueden ser trasladadas a nuestro particular entorno con la intervención de personal capacitado.

Las acciones son complejas, y el contender con la crisis no parece admitir estrategias que menosprecien alguna parte del complejo entramado de nuestra sociedad actual.

El mirar con perspectiva sistémica a nuestra sociedad invita a colaboraciones multidisciplinarias que establezcan verdaderos diálogos en pos de un entendimiento de la situación.

Si un grupo personas dedicadas a la ciencia y la tecnología encontrarán la vacuna o un fármaco que nos ayudara a sobrepasar el COVID-19, todavía quedaría resarcir las profundas diferencias en las dimensiones sociales, económicas, ambientales y organizacionales que ha acrecentado esta crisis.

La tarea no es menor ni debe ser ninguneada. Enfrentamos y enfrentaremos una severísima crisis que requiere un trabajo colectivo de todas las personas que habitamos cada región... cada país... del planeta entero, si es que deseamos construir y participar del bienestar social.

 

[1] https://doi.org/10.1093/oxrep/graa033

[2] https://youtu.be/5wtNm6ETuLQ

 

 

Jueves, 17 Septiembre 2020 05:16

Cubrebocas y era digital

El masivo uso del cubrebocas por la población podría servir para disminuir tanto la tasa de transmisión como la gravedad del COVID-19. Esta frase es alentadora y la encontramos en el artículo que se publicó la semana pasada en la revista “The New England Journal of Medicine” [1]. La explicación que se argumenta en el artículo está basada en los resultados de diversos estudios realizados en diferentes partes del mundo, donde se muestra que el uso del cubrebocas disminuye la tasa de contagios y aumenta la proporción de infectados asintomáticos. Esto último, se refiere a que si en una población el cubrebocas es mayoritariamente adoptado del total de enfermos de COVID-19 una proporción mayor manifiestan síntomas leves o son asintomáticos y la proporción de casos letales disminuye.


Considero importante conocer la argumentación de este artículo para llegar a estas conclusiones y así decidir nuestro proceder basado en conocimiento.
Primero, la trasmisión del virus SARS-CoV-2, además de ser por contacto, es por vía aérea, es decir, por las minúsculas gotas que arroja una persona contagiada (con síntomas o sin ellos) al aire cuando respiramos, tosemos o estornudamos: Estas gotitas pueden contener miles o millones de partículas virales que podemos inhalar sin darnos cuenta en ambientes donde estén dispersas, principalmente en recintos cerrados sin ventilación. Por esta razón, el uso del cubrebocas disminuye el número de gotitas que arrojamos al aire cuando respiramos o tosemos y con ellos disminuye la transmisión; de manera similar, también disminuye la cantidad de gotitas con partículas virales que podemos aspirar.


Segundo, la severidad de una infección viral se asocia normalmente a la carga viral, es decir, al número de virus con el que se nos infecta. En la mayoría de las enfermedades producidas por virus, si entra una cantidad muy grande de partículas virales a nuestro cuerpo la probabilidad de tener una infección grave o severa aumenta.
Al usar cubrebocas, disminuye el número de gotitas con partículas virales que aspiramos y por ende solo pueden entrar una porción pequeña de ellas. De esta manera, el pequeño número de virus que entra sirve como una inoculación y nuestro cuerpo puede contender con ellos y activar nuestro sistema inmune para controlar a los virus invasores. La inoculación como medida de contención de enfermedades virales ha sido usada en el pasado, principalmente antes de contar con una vacuna. Situación muy parecida a la actual en el COVID-19.


Por lo tanto, el uso de cubrebocas nos ayuda a mitigar la transmisión y gravedad de la enfermedad.
Si bien debemos promover ampliamente el uso de los cubrebocas como una acción inmediata y de efecto en nuestro entorno cercano.


En otro orden de ideas, la crisis provocada por el COVID-19, como lo mencionamos la semana pasada, también aumenta las desigualdades en nuestro entorno y en especial en aspectos educativos y tenemos que tomar medidas para transitar a una forma de educación diferente.


Hoy nuevamente quiero llamar la atención sobre aspectos digitales, de acceso a información y a Internet. En particular, desde mi perspectiva debemos enfatizar la propuesta de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL) de contar con una canasta básica digital en toda América Latina. En el informe especial num. 7, llama a todos los países miembros a universalizar el acceso a las tecnologías digitales para enfrentar los efectos del COVID-19. Esta recomendación surge después de analizar los cambios producidos por esta pandemia en los aspectos de las actividades económicas, educacionales, de salud, sociales y de entretenimiento. En este análisis encuentra que la brecha de acceso a los recursos digitales profundiza las desigualdades en la región. Señala que la población infantil entre los 5 y los 12 años junto con las personas mayores de 65 años son los grupos con menor conectividad. Es decir, la población que debe recibir una educación se ve seriamente afectada por su falta de acceso a los servicios digitales.


Un aspecto que debemos contemplar, de acuerdo con el análisis de la CEPAL, es la funcionalidad según las velocidades de descarga de los servicios de banda ancha que están disponibles y accesibles para toda la población. El análisis indica que un ancho de banda menor al 5.5 Mbp/s permite funcionalidades sencillas como correo electrónico, video básico y transmisión de audio y video, pero no permite el teletrabajo ni la educación en línea. Un servicio con una velocidad de 18.5 Mbp/s permite simultáneamente dos funciones básicas y una de alta demanda, digamos permite el teletrabajo y la educación en línea; pero de solo una persona. Un servicio con más de 25 Mbp/s permitirá este tipo de funciones de alta demanda de manera simultánea. Esta guía permitirá a algunas personas seleccionar el tipo de servicio y alerta a toda la sociedad de la disponibilidad de acceso que debemos promover para toda la población.
El documento considera que estamos viviendo un cambio estructural y las nuevas actividades recaerán cada vez más en canales en línea. En particular, la educación en línea, los servicios de salud digital (consultas y diagnósticos remotos) compras en línea, entretenimiento en línea. Para ello se requiere de flexibilidad, cercanía del servicio y capacidad de reacción. Las soluciones no están totalmente disponibles ni optimizadas para ello se requiere investigación y desarrollo y creación o adecuación a las capacidades de las regiones.


El documento de la CEPAL concluye con líneas de acción en las que debemos reflexionar y adecuar a nuestros entornos. En particular enfatiza que debemos repensar el modelo de gobernanza digital para promover la igualdad considerando procesos de transformación incluyentes, facilitando la interacción mediante múltiples canales y al fomentar la diversidad.
Ante la situación que nos plantea la crisis del COVID-19, tenemos un amplio espectro de acciones para implantar, modificar y construir. Estas son dos ejemplos: el primero, muy sencillo, USAR CUBREBOCAS, el segundo, dado que estamos entrando a la era digital, promover una canasta básica digital para toda la población.

[1] https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp2026913
[2] https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45938/4/S2000550_es.pdf

 

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