Jesús Antonio del Río Portilla

Jesús Antonio del Río Portilla

Estamos viviendo una crisis de salud, económica y social mundial sin precedentes. El COVID-19 nos ha obligado a modificar rápidamente muchas conductas que hemos estado realizando sin cuestionar por varias décadas y algunas por centurias.

Ante esta situación, el sector científico se ha volcado para escudriñar, desde muy diversas perspectivas (aspectos médicos, epidemiológicos, farmacéuticos, ambientales, sociales, económicos, musicales y muchos otros) las múltiples facetas de esta crisis.

Los esfuerzos por desarrollar terapias o vacunas han llamado la atención de los medios y también los estudios sobre la conducta de las personas bajo condiciones diferentes han sido importantes.

De hecho, en mi opinión, todas las perspectivas de análisis son esenciales para poder definir estrategias para contender con la crisis. Puedo estar de acuerdo con muchas personas que piensan que el COVID-19 solo aceleró la llegada de esta crisis que nos obliga a reflexionar sobre la forma en que estamos viviendo y considero oportuno analizar desde múltiples perspectivas la situación.

En estas opiniones ya he planteado algunas, pero hoy quiero comentar desde el punto de vista económico la dinámica de las cadenas de producción y las condiciones laborales. Dado que la crisis de COVID-19 sacudió tremenda y profundamente a la economía y nos mandó a una proporción muy grande de la población a no trabajar o a trabajar desde casa modificando nuestros hábitos de consumo y de requerimientos cotidianos. Verdaderamente, este tipo de sacudidas se asemejan a un terremoto y dejará efectos tanto de corto como de largo plazo en la mayoría de las actividades humanas.

Comentaré brevemente un trabajo publicado en la revista “Oxford Review of Economic Policy” [1] donde se presenta un estudio cuantitativo de esta sacudida a la sociedad que hoy vivimos. Lo que me parece esencial de este estudio es que usa datos para alimentar modelos económicos de no equilibrio en una red de múltiples niveles que describen las interacciones de las diferentes cadenas de producción analizando los cambios en la producción al mismo tiempo que en la demanda. Recordemos que a principios de la etapa de emergencia se redujo sustancialmente la actividad de las empresas e industrias, cambiando el sistema de proveeduría de productos y servicios; adicionalmente, nuestras actividades cotidianas también cambiaron y modificaron nuestra demanda de productos y servicios.

Los niveles de ocupación de la población también cambiaron. Esta situación de parálisis no se había imaginado y por lo tanto no se había explorado en el ámbito académico.

Este tipo de situaciones son verdaderamente retadoras para los científicos de todas las disciplinas. Sin embargo, con una perspectiva de modelado de redes y de interacciones acopladas aunado a la disponibilidad de datos, se pueden obtener predicciones de primera aproximación que son indicativas e ilustrativas.

Entre los hallazgos de este trabajo podemos mencionar que la pérdida del empleo no se distribuirá de igual manera en la población e impactará mayormente en los trabajos con menor remuneración. Es decir, la crisis dejará un mayor impacto negativo en los que menos ganan en comparación con los empleos mejor remunerados. Además, los empleos con mejor retribución son los que pudieron continuarse a distancia.

El impacto directo en los indicadores macroeconómicos se espera sea mayor al 20 por ciento en economías como las de Estados Unidos.

Por ello se deben establecer estrategias para la reactivación, sin poner en riesgo la salud de la población, como lo son políticas agresivas en el ámbito fiscal para la preservación de la solvencia de los negocios, además de establecer programas que atiendan las necesidades de los más pobres.

Por supuesto, aquí no puedo abundar, pero invito a la audiencia a leer el trabajo o ver la videoconferencia dónde se explica parte de sus principales resultados [2] y estar informados. Estoy seguro de que las conclusiones pueden ser útiles para tratar de entender la situación que estamos sufriendo.

Lamentablemente para nuestro país, este análisis requirió de datos que no están tradicionalmente disponibles en nuestros entornos. Digo lamentablemente, ya que un estudio similar para México implicaría disponer de esos datos. Los modelos utilizados fueron codificados en programas computacionales de acceso abierto y, por lo tanto, podrían ser utilizados si los datos que requieren estuvieran al alcance.

Empecemos a construir los datos para que en el futuro contemos con ellos y podamos entender mejor las futuras situaciones.

Sin embargo, quiero comentar que las enseñanzas de estos trabajos pueden ser trasladadas a nuestro particular entorno con la intervención de personal capacitado.

Las acciones son complejas, y el contender con la crisis no parece admitir estrategias que menosprecien alguna parte del complejo entramado de nuestra sociedad actual.

El mirar con perspectiva sistémica a nuestra sociedad invita a colaboraciones multidisciplinarias que establezcan verdaderos diálogos en pos de un entendimiento de la situación.

Si un grupo personas dedicadas a la ciencia y la tecnología encontrarán la vacuna o un fármaco que nos ayudara a sobrepasar el COVID-19, todavía quedaría resarcir las profundas diferencias en las dimensiones sociales, económicas, ambientales y organizacionales que ha acrecentado esta crisis.

La tarea no es menor ni debe ser ninguneada. Enfrentamos y enfrentaremos una severísima crisis que requiere un trabajo colectivo de todas las personas que habitamos cada región... cada país... del planeta entero, si es que deseamos construir y participar del bienestar social.

 

[1] https://doi.org/10.1093/oxrep/graa033

[2] https://youtu.be/5wtNm6ETuLQ

 

 

Jueves, 17 Septiembre 2020 05:16

Cubrebocas y era digital

El masivo uso del cubrebocas por la población podría servir para disminuir tanto la tasa de transmisión como la gravedad del COVID-19. Esta frase es alentadora y la encontramos en el artículo que se publicó la semana pasada en la revista “The New England Journal of Medicine” [1]. La explicación que se argumenta en el artículo está basada en los resultados de diversos estudios realizados en diferentes partes del mundo, donde se muestra que el uso del cubrebocas disminuye la tasa de contagios y aumenta la proporción de infectados asintomáticos. Esto último, se refiere a que si en una población el cubrebocas es mayoritariamente adoptado del total de enfermos de COVID-19 una proporción mayor manifiestan síntomas leves o son asintomáticos y la proporción de casos letales disminuye.


Considero importante conocer la argumentación de este artículo para llegar a estas conclusiones y así decidir nuestro proceder basado en conocimiento.
Primero, la trasmisión del virus SARS-CoV-2, además de ser por contacto, es por vía aérea, es decir, por las minúsculas gotas que arroja una persona contagiada (con síntomas o sin ellos) al aire cuando respiramos, tosemos o estornudamos: Estas gotitas pueden contener miles o millones de partículas virales que podemos inhalar sin darnos cuenta en ambientes donde estén dispersas, principalmente en recintos cerrados sin ventilación. Por esta razón, el uso del cubrebocas disminuye el número de gotitas que arrojamos al aire cuando respiramos o tosemos y con ellos disminuye la transmisión; de manera similar, también disminuye la cantidad de gotitas con partículas virales que podemos aspirar.


Segundo, la severidad de una infección viral se asocia normalmente a la carga viral, es decir, al número de virus con el que se nos infecta. En la mayoría de las enfermedades producidas por virus, si entra una cantidad muy grande de partículas virales a nuestro cuerpo la probabilidad de tener una infección grave o severa aumenta.
Al usar cubrebocas, disminuye el número de gotitas con partículas virales que aspiramos y por ende solo pueden entrar una porción pequeña de ellas. De esta manera, el pequeño número de virus que entra sirve como una inoculación y nuestro cuerpo puede contender con ellos y activar nuestro sistema inmune para controlar a los virus invasores. La inoculación como medida de contención de enfermedades virales ha sido usada en el pasado, principalmente antes de contar con una vacuna. Situación muy parecida a la actual en el COVID-19.


Por lo tanto, el uso de cubrebocas nos ayuda a mitigar la transmisión y gravedad de la enfermedad.
Si bien debemos promover ampliamente el uso de los cubrebocas como una acción inmediata y de efecto en nuestro entorno cercano.


En otro orden de ideas, la crisis provocada por el COVID-19, como lo mencionamos la semana pasada, también aumenta las desigualdades en nuestro entorno y en especial en aspectos educativos y tenemos que tomar medidas para transitar a una forma de educación diferente.


Hoy nuevamente quiero llamar la atención sobre aspectos digitales, de acceso a información y a Internet. En particular, desde mi perspectiva debemos enfatizar la propuesta de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL) de contar con una canasta básica digital en toda América Latina. En el informe especial num. 7, llama a todos los países miembros a universalizar el acceso a las tecnologías digitales para enfrentar los efectos del COVID-19. Esta recomendación surge después de analizar los cambios producidos por esta pandemia en los aspectos de las actividades económicas, educacionales, de salud, sociales y de entretenimiento. En este análisis encuentra que la brecha de acceso a los recursos digitales profundiza las desigualdades en la región. Señala que la población infantil entre los 5 y los 12 años junto con las personas mayores de 65 años son los grupos con menor conectividad. Es decir, la población que debe recibir una educación se ve seriamente afectada por su falta de acceso a los servicios digitales.


Un aspecto que debemos contemplar, de acuerdo con el análisis de la CEPAL, es la funcionalidad según las velocidades de descarga de los servicios de banda ancha que están disponibles y accesibles para toda la población. El análisis indica que un ancho de banda menor al 5.5 Mbp/s permite funcionalidades sencillas como correo electrónico, video básico y transmisión de audio y video, pero no permite el teletrabajo ni la educación en línea. Un servicio con una velocidad de 18.5 Mbp/s permite simultáneamente dos funciones básicas y una de alta demanda, digamos permite el teletrabajo y la educación en línea; pero de solo una persona. Un servicio con más de 25 Mbp/s permitirá este tipo de funciones de alta demanda de manera simultánea. Esta guía permitirá a algunas personas seleccionar el tipo de servicio y alerta a toda la sociedad de la disponibilidad de acceso que debemos promover para toda la población.
El documento considera que estamos viviendo un cambio estructural y las nuevas actividades recaerán cada vez más en canales en línea. En particular, la educación en línea, los servicios de salud digital (consultas y diagnósticos remotos) compras en línea, entretenimiento en línea. Para ello se requiere de flexibilidad, cercanía del servicio y capacidad de reacción. Las soluciones no están totalmente disponibles ni optimizadas para ello se requiere investigación y desarrollo y creación o adecuación a las capacidades de las regiones.


El documento de la CEPAL concluye con líneas de acción en las que debemos reflexionar y adecuar a nuestros entornos. En particular enfatiza que debemos repensar el modelo de gobernanza digital para promover la igualdad considerando procesos de transformación incluyentes, facilitando la interacción mediante múltiples canales y al fomentar la diversidad.
Ante la situación que nos plantea la crisis del COVID-19, tenemos un amplio espectro de acciones para implantar, modificar y construir. Estas son dos ejemplos: el primero, muy sencillo, USAR CUBREBOCAS, el segundo, dado que estamos entrando a la era digital, promover una canasta básica digital para toda la población.

[1] https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp2026913
[2] https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45938/4/S2000550_es.pdf

 

Miércoles, 09 Septiembre 2020 05:36

Las diferencias y la educación hoy

Las clases en los niveles elementales y de educación media han comenzado y podemos observar que las desigualdades en nuestra sociedad se están incrementando. Los indicadores de acceso a Internet o de acceso a teléfonos inteligentes no son suficientes para evaluar las posibilidades para recibir educación en línea. Por ejemplo, en nuestro entorno cercano el acceso a un teléfono inteligente puede estar cercano al 100% de la población universitaria, pero no así el acceso a conexión a Internet de banda ancha.  Es más, el acceso no es suficiente, ya que la calidad del servicio en los temas de educación a distancia juegan un papel primordial.

Quiero abundar en estas frases y sustentarlas con los datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, que se publicó en febrero de este año [1]. Los resultados de esta encuesta, realizada por el INEGI en colaboración con la SCT y el IFT, muestran que menos del 45% de los hogares cuentan con una computadora, es decir la mayoría de los hogares no cuenta con una computadora. Si bien el acceso a la Internet lo tiene un 70% de la población, la mayoría de este acceso es mediante un teléfono inteligente quedando solamente el 33% con una computadora portátil y 29% mediante una computadora de escritorio (hay personas que tienen más de un dispositivo). De hecho, con respecto a los datos del 2015, los teléfonos celulares inteligentes han aumentado en un 3% y las computadoras han disminuido en un 8%. Otro dato alarmante es que la proporción de usuarios que solamente dispusieron de un celular inteligente creció en 23% del 2015 al 2019. De la población infantil (6-11 años) solamente el 60% tiene acceso a Internet, es decir, el 40% no tiene forma de participar de una educación a distancia interactiva con las limitaciones correspondientes. Estas diferencias se amplían cuando se analizan por separado los ámbitos urbanos y rural.

Cuando digo que el 93 % de la población tiene acceso a Internet por medio de un celular, deseo enfatizar que evidentemente este acceso no es apto para la educación a distancia. En este punto no me refiero a la posibilidad de usar este dispositivo, sino para ser más concreto y específico, me refiero al uso de datos. Una hora de videoconferencia por medio de alguna plataforma (Zoom, Webex, Meet, Teams, por mencionar las más conocidas) utiliza entre 1.2 y 2.1 Gb de datos. La mayoría de los planes para datos en la telefonía celular ofrecen menos de 10 Gb, es decir, no más de diez horas de videoconferencia. Esto no alcanza ni para una semana de clases en los niveles elementales. Por supuesto, tampoco para otros niveles.

Estoy hablando de la población estudiantil, pero seguramente también puede ser el caso de la población docente, que no solo requiere una licencia de estas plataformas, sino que también necesitan de un plan de datos para impartir los cursos.

Estos son solamente unos aspectos, pero las desigualdades se observan en múltiples facetas. Un hogar con dos miembros en edad escolar, pero con una sola computadora, tiene que compartir el equipo y no puede realizarse fácilmente más de una conexión a la vez.

Seguramente usted ya está agregando algún otro aspecto que esta crisis en salud que está produciendo el COVID-19 agrega a la crisis económica, cultural, social y, de lo que hoy abordamos, educativa.

Por estas razones, las personas que tenemos el privilegio de formar parte de la actividad docente y de contar con posibilidades para laborar desde casa debemos continuar haciéndolo, pero debemos considerar en nuestra forma de dar clase las capacidades de la comunidad estudiantil a la que instruimos. Por otro lado, tanto las madres como los padres que tengan el privilegio de contar con los medios para que los miembros de su familia puedan continuar con clases a distancia, deben considerar las posibilidades del personal docente -que pueden no ser las mismas- y aportar parte de tiempo para fortalecer el proceso educativo.

Con estas líneas, quiero llamar la atención sobre que hoy más que nunca tenemos que poner atención en las condiciones que tenemos y promover actitudes que fomenten el bienestar social con aportes de acuerdo a nuestras capacidades y tener en cuenta las capacidades de las otras personas. La comprensión de las diferentes condiciones con las que enfrentamos esta crisis puede ser de gran utilidad para salir de ella construyendo una sociedad con mayores posibilidades para gozar de ese anhelado bienestar social.   

 

[1] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2020/OtrTemEcon/ENDUTIH_2019.pdf

 

 

Miércoles, 02 Septiembre 2020 05:43

Democracia, centralismo y transición energética

La crisis de salud y económica que estamos padeciendo nos ha mostrado que tenemos que replantearnos la forma de vida que estamos llevando. Esta forma de utilizar los recursos naturales lo más rápido posible para obtener los mayores beneficios económicos en el menor tiempo posible y sin construir el bienestar social nos ha conducido a una estructura totalmente desigual e injusta. Con el actual modelo económico las desigualdades son lacerantes y una proporción muy grande de la población no obtiene ni los mínimos satisfactores, cuando otra proporción extremadamente pequeña de la población vive en la opulencia, malgastando y desperdiciando los recursos a las que otras personas no tienen acceso.

Por otro lado, en estos textos he planteado en diversas ocasiones que la descentralización de la generación de energía usando las fuentes renovables posibilita la democratización de la energía y por ende facilita la construcción del bienestar social y no solo del beneficio a unas cuantas personas. En este contexto, un colega periodista, Juan Mayorga, me llamó la atención sobre un artículo que analiza en un plano de dos dimensiones esta dicotomía. En este trabajo Ryan Thombs [1], pone en un eje el tipo de propiedad de la fuente: monopolista o democrática y en el otro eje el tipo de planta de generación: centralista o distribuida. Con esta forma esquemática analiza las opciones en cuatro cuadrantes: (1) descentralismo energético libertario, (2) centralismo energético tecnocrático, (3) centralismo energético democrático y (4) descentralismo energético democrático. El esquema descentralismo energético libertario, consiste en tecnologías de energía distribuida que pertenecen y son operadas principalmente por empresas privadas que maximizan las ganancias con una modesta supervisión y regulación gubernamental. El segundo (centralismo energético tecnocrático) consiste en un sistema energético donde el control está centralizado independientemente de que sean de propiedad estatal, privada o una combinación de ambas; las decisiones relacionadas con el sistema se toman centralmente basadas en aspectos tecnócratas. La tercera (centralismo energético democrático), aunque la toma de decisiones en este esquema es democrática, lo esencial es que las tecnologías los sistemas son centralizados. Finalmente el cuarto esquema contempla la toma de decisiones en forma democrática y añade la operabilidad descentralizada de las fuentes de energía, es decir, se contempla la generación distribuida, las tecnologías de red y la cercanía entre la generación y el uso de la energía. Para mi resulta muy interesante y novedosa la forma de presentar las opciones, Thomb indica que las cuatro alternativas no son equivalentes en términos de potencia, equidad e impacto ecológico.

El artículo fue publicado a principios del año pasado cuando todavía no existía la pandemia del COVID-19, sin embargo, su análisis concluye en que actualmente, la mayoría de las sociedades reflejan el descentralismo energético libertario o el centralismo energético tecnocrático, que la propia pandemia nos ha invitado a cuestionar. Bajo el análisis de Thombs, se observa que es poco probable una transición justa bajo estos esquemas dada la naturaleza explotadora y al consumo insostenible de recursos que imperan en ellos. Así, Thomb considera que para cualquier transición justa es fundamental democratizar las relaciones sociales, incluidas aquellas del sistema energético. Por otro lado, enfatiza que la escala del sistema energético desempeñará un papel fundamental en la configuración y el refuerzo de las relaciones sociales en el futuro energético. En particular, señala que merece una seria consideración por parte de activistas sociales y legisladores la configuración de la propiedad social de la generación de energía. Por lo tanto, sugiere crear e implantar instrumentos de política que sean multiescalares, como los que caracterizan al esquema democrático descentralizado, y contemplar las escalas desde edificios, barrios, ciudades, regiones, etc. Aunque advierte que la centralización o descentralización completas tendrá limitaciones tanto sociales como ecológicas, por lo que un futuro justo y sostenible probablemente será una amalgama de esquemas contemplando las diferencias de las comunidades, recursos, tecnologías y estructuras de gobernanza y todos ellos interconectados.

Ante este análisis, desde mi perspectiva, planteo utilizar la herramienta, muy útil en el ámbito de la efectividad, de proponer hacer un análisis usando un tercer eje, el del bienestar social, donde podamos realizar una estructuración de las bondades y de las limitaciones de cada esquema en la construcción de ese bienestar social.

Claramente el análisis deberá realizarse en el marco de las cuatro dimensiones de la sustentabilidad: economía, naturaleza, sociedad y el ámbito organizacional. Todas estas dimensiones se enmarcan en el trabajo de Thomb y merecen ser revisadas a la luz del eje del bienestar social. Aquí enfatizo la palabra social ya que los actuales esquemas, descentralismo energético libertario o centralismo energético tecnocrático, han propiciado el bienestar de unas cuantas personas.

La acertada coexistencia o combinación de estos esquemas para construir un sistema energético justo depende claramente de los entornos naturales y sociales de las diferentes regiones, por lo tanto, a la luz de ese trabajo, proponer un esquema único es un error conceptual evidente.

La problemática actual del sistema energético y las herencias centralistas y antidemocráticas que padecemos de los combustibles fósiles deben ser revisadas y utilizar las bondades democratizadoras y descentralizadores que nos otorgan las fuentes renovables.

[1] https://doi.org/10.1016/j.erss.2019.02.020

 

Miércoles, 12 Agosto 2020 05:13

Evitemos la quema de combustóleo

En estos momentos muchas personas estamos descorazonadas al percibir que la política energética actual no nos conduce al bienestar social. Algunos leímos en el plan propuesto por Andrés Manuel López Obrador (2018) en la materia energética mencionaba a las fuentes renovables como una alternativa para transformar el país y compartimos esa visión. Muchas personas estamos convencidas que la transición a las fuentes renovables de energía es una de las acciones que permitirá a la mayoría de la población mexicana alcanzar el bienestar que merecemos.

En estas líneas he insistido en que los recursos petroleros no fueron aprovechados para construir una sociedad que comparta los beneficios de esos recursos naturales no renovables y solamente fueron aprovechados por una minoría. Hoy no solo enfrentamos el agotamiento de esos recursos y observamos el inexorable declive de su extracción. Con esta situación somos testigos de una disminución de los recursos económicos que nos aportaron a principios de este siglo. Precisamente en la primera década de este siglo los precios del petróleo indicaban que la venta de este recurso natural podría impulsar la economía, pero claramente no fue así y esos recursos no fueron bien invertidos.

Ahora al finalizar la segunda década, tenemos un país donde más del 40 por ciento de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Los precios el año pasado marcaron mínimos en este siglo y nuestro país se negó a disminuir la cuota de explotación con el pretexto de no ver disminuidos sus ingresos, aunque, desde mi punto de vista, lo hizo para cumplir una promesa de campaña de aumentar la extracción de petróleo, cosa que no ha sucedido y continúa disminuyendo.

La problemática no es sencilla, pero me gustaría enfatizar algunos puntos que se han mencionado sobre la situación del ámbito petrolero.

Seguramente, hemos visto que los precios del crudo mexicano son bajos comparados con los precios del petróleo de otras regiones.

En estos días el precio de la mezcla mexicana es del orden de los 40 USD/barril mientras que el Brent está en 45 USD/barril. Esta diferencia de precios se debe a que nuestro petróleo es más denso y contiene mayor cantidad de azufre que otros tipos de petróleo, lo que incrementa el costo de refinación y aumenta la contaminación al quemarlo.

En particular, para poder refinar nuestro petróleo se requiere contar con refinerías que tengan implantada la tecnología para procesarlo. Hoy en día las refinerías mexicanas generan una gran cantidad de residuos que llamamos combustóleo y que contiene los residuos de azufre que son altamente contaminantes. Una salida de esos residuos es quemarlo en termoeléctricas, aunque claramente no es un combustible amigable con el entorno. Otra alternativa que tenía nuestro país era su venta como combustible para la industria naviera; sin embargo, a partir de este año la Organización Marítima Internacional acordó reducir el máximo contenido de azufre del combustóleo que se permite quemar en las embarcaciones con trayectos internacionales a menos del 0.5 % y el combustóleo mexicano contiene más de seis veces esa cantidad de azufre.

Así, vimos canceladas las posibles salidas de ese residuo de la refinación en nuestro país. Claramente, este es un problema para PEMEX, al no poder darle salida a los residuos (al combustóleo) y tratar de cumplir las metas de refinación de petróleo para producir las gasolinas que usamos en el transporte. La propuesta de los tres actores principales del sector energético (SENER, PEMEX y CFE) es quemar el combustóleo en las termoeléctricas y producir la electricidad que el país requiere. Sin embargo, una mala noticia, aunque el combustóleo es un residuo, la generación de electricidad es más cara con combustóleo que con gas natural y ya no se diga en comparación con las generaciones fotovoltaicas o eólicas. Efectivamente, las llamadas energías limpias generan electricidad más barata que la generada con el contaminante combustóleo. Para conseguir que la generación de electricidad con combustóleo sea competitiva en comparación con las renovables, se han incrementado los precios para la transmisión de electricidad.

Recordemos que la CFE es la dueña del sistema de transmisión y distribución del fluido eléctrico en el país y que toda planta de generación le entrega la energía a la CFE para que ella la transporte y distribuya, claro, con un pago por el transporte, así que los actores acordaron incrementar el costo por el transporte a las empresas generadoras y asunto arreglado: las plantas de combustóleo, que son mayoritariamente de CFE, son competitivas.

Desde mi perspectiva, estamos errando la estrategia. Debemos apoyar la generación con energías renovables y transitar aceleradamente hacia energías sustentables. Se deben promover acciones de eficiencia energética en todos los sectores (industriales, empresariales, servicios, educativo, gubernamental, social, etc.) y promover la instalación de sistemas distribuidos de generación con renovables, al mismo tiempo que modernizar el sistema de transmisión y distribución y convertirlo en un sistema verdaderamente inteligente que aporte servicios de valor agregado que pueda ser cobrado y que redunde en una mejora en la calidad de la electricidad entregada a la población.

En estas acciones se debe contemplar la electrificación del transporte y de muchos otros usos de energía.

Siempre debemos perseguir los usos de diferentes formas mirando hacia la sustentabilidad y por ende al bienestar social.

 

Miércoles, 05 Agosto 2020 05:24

Ciencia arbitrada por jóvenes

En la búsqueda de revistas para compartir los resultados de nuestras investigaciones me encontré una revista de acceso libre llamada “Frontiers for young minds”  (FfYM), ante este título, mi curiosidad se despertó e inmediatamente me sumergí en su páginas. Quería saber de qué se trataba. Lo que encontré me agradó y considero muy interesante. En las siguientes líneas explicaré de que se trata e invito a la comunidad científica mexicana a unirse a este muy interesante y prometedor esfuerzo.

Antes tenemos que mencionar que esta revista es parte de una iniciativa diferente de comunicar los resultados de la investigación científica mediante una plataforma digital de ciencia abierta conjuntada con una publicación de acceso libre de los artículos aprobados. Es decir, esta editorial desea construir sobre la ciencia exitosa y hacerla aún más poderosa asegurando que esté abiertamente disponible para que la sociedad genere más conocimiento y tengamos salud y prosperidad en nuestra sociedad.

Para ello, construyó una plataforma tecnológica propia de Ciencia Abierta (Open Science) que incluye una plataforma colaborativa de revisión por pares y un asistente de revisión de inteligencia artificial, entre otras bondades. 

Lo que a mi me ha parecido más interesante es que en lugar de que el proceso de crítica a los trabajos sea mediante un proceso doble ciego, en Frontiers el proceso consta de dos partes, primero una fase de revisión independiente y luego otra abierta con intercambio de ideas entre las personas que revisan y las que realizaron el trabajo de investigación. Los nombres de las personas que intervienen en la autoría, edición y revisión se publican en el artículo final. Con ello se reconoce el trabajo que la comunidad científica realiza en todas las etapas del juzgamiento la comunicación y verificación de los resultados de la investigación. De esta manera se construyen documentos con una mayor amplitud en su poder comunicativo.

Regresemos a FfYM. Esta revista propone a profesionales de la ciencia a escribir artículos relatando sus hallazgos de vanguardia en un lenguaje accesible para el público joven y a la juventud le propone participar en el proceso de arbitraje proporcionando comentarios que permitan mejorar la comprensión de los artículos antes de su publicación. De esta manera pretende construir un pensamiento crítico en la juventud, al mostrarles formas de analizar y criticar ideas y revisar documentos científicos mediante su participación en el proceso de arbitraje.

Sí, lo que me parece más innovador e importante es que son jóvenes participando en el proceso de revisión y sus opiniones son las que influyen en la forma final del documento a difundir.

A decir de los objetivos de FfYM, se busca conectar mentes curiosas con las personas expertas en diferentes áreas para que información de primera mano las motive a hacer preguntas informadas y críticas sobre la ciencia real a lo largo de sus vidas.

Al trabajar y solicitar que las personas que participan en la redacción de los artículos sean profesionales de la ciencia  se aseguran de que el contenido sea de la más alta calidad. Al trabajar directamente con jóvenes, ayudan a fomentar la curiosidad tanto dentro como fuera del aula e involucran a la próxima generación tanto en el trabajo científico como en la toma de decisiones basadas en la crítica al conocimiento.

FfYM considera que la mejor manera de hacer que los descubrimientos científicos de vanguardia estén disponibles para el público más joven es permitir que precisamente la juventud y personal científico trabajen juntos para crear artículos que sean precisos y emocionantes.

En estos momentos, FfYM ofrece una colección de artículos científicos de forma gratuita, escritos por personal científico, diseñados para audiencias más jóvenes con el aporte precisamente de la juventud.

Los invito a visitar el sitio.

En particular, me han parecido muy interesantes, amenos y divertidos algunos de los artículos que he leído en FfYM.

El sitio está disponible en inglés y hebreo.

Considero que la comunidad hispanohablante podría unirse para establecer una versión en el idioma que se habla en Iberoamérica. No propongo una traducción, la idea, en la que con gusto participo es que se invite a profesionales de la ciencia de habla hispana a comunicar sus hallazgos en este idioma y a que la juventud iberoamericana participe en el proceso de arbitraje y conjuntamente construya documentos de valía y se forme en el proceso.

En el ámbito científico iberoamericano tenemos ya una importante tradición en actividades de comunicación de la ciencia. Conjuntemos esfuerzos, estoy seguro de que el esfuerzo para tener ciencia para la infancia editada por jóvenes vale la pena.

(FfYM) https://kids.frontiersin.org/

 

Miércoles, 29 Julio 2020 04:26

Ciclismo en la población adulta mayor

Ante la emergencia sanitaria que ha desatado el COVID19 en la ciudad de México se han impulsado algunas medidas para promover la movilidad usando bicicletas, dado que representa una disminución de la cercanía física con otras personas, a diferencia de lo que sucede en el transporte colectivo, como metro, autobús o ruta. Esta alternativa de movilidad ha alcanzado popularidad por ser barata y aportar beneficios adicionales a las personas que se ven involucradas. En algunas ciudades estudiantiles de Europa o Estados Unidos, las bicicletas son una verdadera alternativa para la movilidad. En la ciudad de México existe un movimiento ciclista importante que está abogando por una movilidad sustentables. Sí, efectivamente la movilidad mediante la bicicleta es una verdadera alternativa sustentable que no solamente tiene beneficios al no emitir gases de efecto invernadero, sino que tiene beneficios para la salud física. Esta alternativa inteligente de movilidad debe ser apoyada con medidas de protección y de concienciación de la población en general, pero especialmente de los conductores de vehículos automotores, que se consideran dueños de las calles.

El uso de la bicicleta en ciudades pequeñas o medianas todavía es más adecuado. En la ciudad de Cuernavaca tenemos al “Movimiento bicicletero de Cuernavaca” con una larga trayectoria promoviendo el uso de la bicicleta. Lo mismo hace el grupo de Intrépidas de Cuernavaca, que además lucha por otras formas de equidad y tiene una escuela de ciclistas.

En estas líneas, en septiembre del año pasado, comentaba las bondades del uso de la bicicleta y que los accidentes en la población adulta mayor tienen una menor frecuencia que en la juventud. Es decir, enfatizaba que la seguridad en esta modalidad de transporte no se veía afectada por la edad del ciclista.

Hoy quiero compartir un hallazgo reciente sobre los efectos del ciclismo sobre la función cognitiva, la salud mental y el bienestar en adultos mayores. Sí, leyeron bien sobre la población adulta. Esto implica que incluso la población adulta mayor puede participar en las actividades ciclistas y tener una mejora tanto en su salud como en su percepción de sí misma, y más notoriamente en su función cognitiva al practicar su movilidad independiente y ejercitarse. Quiero compartir que este estudio fue realizado en Inglaterra en una población con un rango de edad de 50 a 83 años. Los ciclistas utilizaban bicicletas convencionales y otras con motor eléctrico para proporcionar asistencia en el pedaleo. Los detalles del estudio pueden ser consultados en la revista PloS ONE (https://doi.org/10.1371/journal.pone.0211779) y el sitio del proyecto más amplio en  www.cycleboom.org.

En este estudio se midió la función cognitiva y el bienestar tanto antes como después del período de intervención. La población se dividió en tres grupos: 1) sin participar en rodadas, 2) ejercicio de ciclismo en exteriores, y 3) ejercicio de ciclismo en exteriores con bicicleta eléctrica. De los hallazgos más importantes puedo mencionar que ambos grupos de ciclismo mejoraron en precisión cognitiva después de la intervención en comparación con los participantes en el grupo control sin actividad ciclista. Los participantes en la modalidad asistida eléctricamente también mejoraron en la velocidad de procesamiento cognitivo después de la intervención en comparación con los participantes del grupo control sin ciclismo. Finalmente, los participantes en modalidad asistida eléctricamente mejoraron en su puntaje de salud mental después de la intervención en comparación con los controles sin ciclismo e incluso superaron a los ciclistas sin asistencia. En opinión de los autores, y que comparto, esto sugiere que puede haber un impacto del ejercicio en el exterior sobre la función cognitiva y la salud mental. Es importante destacar que se encontraron efectos similares (a veces mayores) para el grupo de bicicletas eléctricas en comparación con los ciclistas de pedales. Esto sugiere que no es solo el componente de actividad física del ciclismo el que está teniendo influencia y que hay que analizar con mayor cuidado algunos otros aspectos. Tanto las bicicletas de pedales como las bicicletas eléctricas pueden permitir una mayor actividad física, alerta al circular y muestran un mayor compromiso con el ambiente por parte de las personas participantes.

El hecho de que la población ciclista que usó bicicletas eléctricas también mostrara beneficios, me parece de lo más relevante para ciudades como Cuernavaca, donde las pendientes en las calles puede ser una dificultad adicional para los adultos mayores que no han mantenido una experiencia ciclista a lo largo de su vida. Por supuesto, que las bicicletas eléctricas son una opción más que adecuada para la promoción de ciclismo en estas condiciones, pero que requieren la adecuación de la infraestructura vial para brindar trayectos seguros.

Por supuesto que la realización de un experimento similar en el contexto morelense sería adecuado y puedo conjeturar que el resultado sería similar al realizado en Inglaterra. Este tipo de estudios puede promover la adecuación de calles en el entorno morelense para la movilidad ciclista y propiciar una movilidad sustentable que promueva la salud de las personas en la adultez mayor. La mayoría del territorio morelense podría ser escenario para paseos ciclistas en fines de semana y para la movilidad sustentable cotidiana.

Los beneficios a la salud y al medio ambiente son evidentes y, por lo tanto, el esfuerzo que realicen las autoridades en los diferentes municipios redundará en una mayor convivencia sana de la población. Manifiesto que estoy listo para colaborar con la comunidad ciclista morelense o de cualquier otro estado para contribuir y construir alternativas seguras para el ciclismo.

 

 

La semana pasada un joven muy querido me compartió la información de que el COVID-19 ataca más ferozmente a los que menos tienen. Para sustentar este hecho, me mostraba la estadística en nuestro país de que las personas con menores posibilidades de educación escolar mueren más que las que tuvieron la oportunidad de acceder a una mayor escolaridad. Me comentaba indignado que del orden del 13 por ciento de  las muertes por COVID-19 en nuestro país eran de personas con educación superior y que por lo tanto, el resto de las personas que han muerto no habían tenido la oportunidad de alcanzar esa escolaridad. Le explicaba que esta diferencia todavía es más lacerante cuando observamos que el 20 por ciento de la población mexicana alcanza a terminar la educación superior. Es decir, de la proporción de personas con escolaridad de educación superior mueren menos que de las personas que no alcanzaron este nivel de escolaridad. Además recordemos que a mayor escolaridad los ingresos son mayores. Esto indica que muy lamentablemente la muerte por COVID-19 sucede en un mayor porcentaje en los segmentos de la población que menos tienen.

En este mismo tenor, el lunes leí un artículo de Jeffrey D. Sachs[1] sobre cómo las inequidades socavan la cohesión social, erosionan la confianza pública y profundizan la polarización política. Esta situación de desconfianza y de división afecta negativamente la capacidad de los gobiernos para responder a las crisis y, en particular, dificulta contender eficazmente contra un problema global como el COVID-19.

En su opinión, esto explica por qué Estados Unidos, Brasil y México, hoy, representan casi la mitad de las muertes reportadas en el mundo desde el comienzo de la pandemia. Sin embargo, Sachs hace notar que la inequidad no es determinante para los desenlaces fatales y menciona el caso de China, donde la desigualdad es importante, y contuvo la epidemia con rigurosas políticas de control y pruebas masivas logrando controlar más eficazmente la epidemia. Claramente, esta política del gobierno central chino y de las correspondientes autoridades locales contrasta con las erráticas y deficientes medidas que se implementan en nuestro país, donde se manipulan los datos para mostrar avances que no son claros. En estas líneas hemos reconocido los avances, pero también indicamos las posibles malinterpretaciones de los datos abiertos de la Secretaria de Salud del gobierno federal mexicano. Esto no solo sucede en México, en estos momentos, somos testigos de que en muchos países lo que sucede muestra los enormes costos de la desigualdad masiva: gobernanza inepta, desconfianza social y una enorme población de personas vulnerables incapaces de protegerse de los daños que nos afectan.

Aquí tengo que señalar otro punto que muestra la desconfianza social. En Facebook y otras redes sociales circulan infinidad de noticias falsas y para contrarrestarlas el esfuerzo de la comunidad que las detecta es mayúsculo, en particular la comunidad científica dedica esfuerzo a luchar contra las noticias falsas. En las mismas redes circulan estas aclaraciones evidenciando la falsedad de esas noticias. Déjenme mencionar un ejemplo: circulan videos que argumentan que los termómetros de no contacto pueden dañarnos. Sí, esos que pueden ser usados en los mercados, supermercados o las oficinas o las industria, en muchos lugares para detectar fiebre. Enfatizo, es totalmente falso que puedan hacernos daño. En el laboratorio que tenemos en el IER-UNAM trabajamos con cámaras de infrarrojo que pueden medir la temperatura de objetos o personas sin tener un contacto directo con lo que miden y son muy similares a esos termómetros de infrarrojo. Estos aparatos, las cámaras y los termómetros, lo que hacen es detectar la ondas electromagnéticas que emitimos todos los cuerpos vivos e inanimados por el hecho de presentar una temperatura. Es decir, estos aparatos no emiten sino que reciben lo que enviamos al ambiente en cada momento. Una de las leyes de la naturaleza nos dice que todo cuerpo con una temperatura arriba del cero absoluto emite ondas electromagnéticas (para satisfacer las inquietudes sugiero buscar en línea Ley de Wien, Ley de Planck y Ley de Stefan-Boltzmann). Por lo tanto, concluyo que ese termómetro no emite solo detecta, es como nuestros ojos al captar la luz que emiten o reflejan los objetos y vemos, y por lo tanto, no nos hace algo y no puede causarnos daños. Por esta razón, me pregunto: ¿qué gana o qué beneficio obtiene la persona que alimenta la desconfianza elaborando esos videos, escritos, infografías, etc.? La verdad, no entiendo el proceder de los generadores de desconfianza y noticias falsas, pero son evidencia de una sociedad sin conocimiento y con profundas desconfianzas que llevan a creer en esas noticias falsas.

Regresando a la epidemia de COVID-19, es alarmante que las inequidades generen mayores desigualdades y los que menos tienen más sufren. De aquí, nuevamente, invito a la corresponsabilidad de todas las personas, y más de las que sí podemos, #QuédateEnCasa, que es la mejor opción, difundamos el #UsarBienElCubrebocas, y enfaticemos que el #MeCuidoParaCuidarte. Los que hemos tenido privilegios debemos cuidar de quienes no los han tenido y promover que los tengan. A eso se le llama buscar el bienestar social.

[1] https://www.project-syndicate.org/commentary/inequality-fuels-covid19-mortality-by-jeffrey-d-sachs-2020-06

 

Ante los avisos contradictorios o no específicos de las diferentes autoridades en los diferentes órdenes de gobierno la ciudadanía puede tener más incertidumbres que certezas para definir su proceder y contender con la epidemia del COVID19. Me parece que debo aclarar la afirmación anterior. La forma de pasar de una Jornada Nacional de Sana Distancia a un sistema de semáforo donde la responsabilidad pasa del nivel federal al estatal no permeó a la población. Así, si en alguna región del país estamos en semáforo rojo, es claro que solo debe haber actividades económicas esenciales y todas las demás deben estar suspendidas. Sin embargo, a falta de definición en el nivel estatal, algunos municipios pueden optar por reaperturas responsabilizando a la población, como en el caso de Cuautla y Cuernavaca.

En estos lugares, las autoridades locales transfieren la responsabilidad del cuidado de los contagios a la población. En particular, el presidente municipal de Cuernavaca anunció que se pretende una reapertura gradual, segura y responsable de las actividades socioeconómicas en la ciudad. Específicamente, anunció que a partir de lunes se abrían los mercados, comercios, talleres y sin contacto con usuarios, que este miércoles podrían abrir los cines y teatros, así como otros giros relacionados con alimentos, hoteles y centros comerciales. Aunque reitera que es una apertura gradual, no aprecio en los comunicados el detalle de las medidas de gradualidad. Tampoco puedo visualizar la amplia difusión de las medidas de protección que la población de la ciudad debe adoptar.

En mi opinión, los datos con los que contamos actualmente no justifican una reapertura en este momento. Como se puede ver en la figura anexa a este documento donde se grafican los casos nuevos en los últimos 7 días contra los casos confirmados estamos nuevamente en una fase de crecimiento exponencial. Este tipo de gráficas indican observacionalmente la evolución de la epidemia. La gráfica no es el resultado de un modelo epidemiológico, sino solamente es la presentación de los datos y la calidad de la información que nos brinda la gráfica depende solamente de la calidad de los datos. Así, sin cuestionar la calidad de los datos abiertos de la Secretaría de Salud federal, que pueden estar subrepresentando la epidemia, pero de ninguna forma podemos decir que la sobreestima, analicemos la gráfica.

Primero, quiero comentar que este tipo de análisis ya lo he detallado en las opiniones vertidas en estos textos en abril y mayo; en ellas explicaba y comparaba la información del país con otros países y enfatizaba que mientras la curva sea creciente la epidemia crece, pero cuando aparece un gancho claramente se está observando una etapa de disminución de la epidemia. En este tipo de gráficas no basta un aplanamiento, es necesario un descenso. Por esta razón, puedo decir que al final del mes de mayo se observaba una disminución en la epidemia en Cuernavaca, sin embargo, todavía no era definitivo ese comportamiento hacia la de extinción de la epidemia.

En la gráfica observamos también que la semana pasada hubo un comportamiento hacia la disminución, pero en los últimos dos días el cambio muestra un crecimiento significativo e indica que estamos regresando a fases de crecimiento exponencial que no mostrábamos desde el mes de abril.

Esta situación puede deberse a que la mayoría de la población ya no puede continuar en aislamiento físico. Este es un llamado a la conciencia de toda la sociedad. En mi opinión, en este momento es cuando la comunicación efectiva y contundente sobre los cuidados a seguir para disminuir al máximo los riesgos de contagio debe darse en todas las formas posibles.

Desde mi punto de vista, la apertura en este momento no es adecuada, pero puedo entender que la situación económica de sectores amplios de la población no permita continuar con el aislamiento físico. Así que, insisto, este momento es cuando debemos enfatizar las medidas de prevención del contagio diferentes al aislamiento. Aunque la medida más efectiva es el #QuédateEnCasa, debemos difundir el #UsarBienElCubrebocas, muchas personas lo usan mal y no tienen el cuidado de mantenerlo adecuadamente, #MantenerSanaDistancia, evitar lo lugares concurridos, en lo posible evitar las reuniones grupales y fomentar en todo momento, el #MeCuidoParaCuidarte, usar cubrebocas o caretas no es una actitud de desconfianza, sino una actitud de ‘no te voy a contagiar’.

Las autoridades en los diferentes niveles han apelado a la corresponsabilidad de la ciudadanía. Es el momento de mostrarla y difundir las mejores acciones para evitar los contagios.

Los ductos de petróleo o gas deberían ser usado para recrearnos con música. Esta frase desconcierta, pero expliquémosla. En estos días de #QuédateEnCasa he tenido la oportunidad de trabajar desde casa dando clases, teniendo reuniones por videoconferencia, haciendo llamadas y disminuyendo los tiempos de trayectos de casa al instituto. Así que me ha permitido hacer algo de exploración en los amplios contenidos de la Internet y me encontré una video que presenta la diversión de un músico tocando su saxofón en la boca de un tubo de un gaseoducto (al final de este texto está la liga para que lo disfruten)[1]. La verdad disfruté mucho los cuatro minutos de música. Richard C, el saxofonista, como buen músico conoce de física y los fenómenos de las ondas sonoras, aprovecha el retraso del eco en una forma para generar un diálogo entre él y el ducto, algo que se aprecia y goza, Me imaginé a diferentes artistas musicales haciendo propuestas de acuerdo a su estilo en un futuro donde las fuentes renovables de energía nos provean de la energía para el bienestar social y los ductos se queden para disfrute de las personas en lugar de conducir los hidrocarburos que aportan la energía que hoy usamos, pero que envenenan el ambiente.

Estoy de acuerdo con el lector, que inmediatamente pensará, pero si en México parece que vamos en camino contrario hacia acelerar el uso de las fuentes renovables de energía. Hoy enfrentamos la declaración del director de la CFE de que las fuentes renovables son caras porque son intermitentes, nada más falso, las fuentes renovables son más baratas, aunque variables. La diferencia es que en el ámbito de la ingeniería las variaciones pueden ser modeladas, anticipadas y, por lo tanto, contempladas para atender la demanda de energía. Por ejemplo, la energía solar varía en el tiempo, pero con modelos de predicción del clima se puede conocer con su posible variación, de esta manera las variaciones se anticipan, lo intermitente no es anticipable y las renovables son variables en ese sentido.

Por otro lado, la construcción de una refinería que no va a funcionar más de 20 años, podría ser sustituida por miles de sistemas fotovoltaicos que provean de energía a miles de casas o pequeños negocios e incrementen el bienestar de miles de personas, en lugar de alimentar de combustibles a la insaciable demanda de energía del estilo consumista irracional actual.

Esta demanda irracional de la energía puede ser mostrada dado que hoy en día el país que más energía per cápita usa es Estados Unidos (E.E.U.U.) y cuando consideramos la productividad energética de ese país es menor a la productividad energética de diferentes países europeos. Para ser más claros, con la energía equivalente a un barril de petróleo E.E.U.U. produce cerca 8 USD mientras que Alemania y Gran Bretaña producen 11 y 14 USD con la misma cantidad de energía. Es más, la sociedad mexicana, hasta hace dos años, producía cerca de los 11 USD con el mismo barril de petróleo. En síntesis, podemos decir que en promedio somos, los mexicanos, menos gastadores de energía que los E.E.U.U.

Sin embargo, no debemos echar las campanas al vuelo, ya que esto es en promedio y sabemos que el problema real en nuestro país es la pésima distribución de la riqueza que tenemos.

En considerar a la desigualdad como un lastre de la sociedad mexicana coincidimos con el actual gobierno. La desigualdad es que es un hecho que debemos combatir y los esfuerzos, no solo del gobierno, sino de la sociedad mexicana deben conducir a disminuir estas lacerantes diferencias.

Hoy ante la crisis ocasionada por el COVID-19, los sectores del gobierno actual que consideran a las fuentes renovables como una herramienta para combatir la pobreza de los que menos tienen deben salir y promover su uso. Amplios sectores de la sociedad se les unirán y fomentando la colaboración, que es algo que buena falta nos hace, podemos transformar realmente a nuestra sociedad. Esta fue la invitación que hicieron tanto Federico Vázquez como Camilo Arancibia en esta columna para en conjunto tocar una misma melodía en aras del bienestar social desde el sector ambiental y el científico del actual gobierno. Espero que estos llamados sean escuchados.

Con esto regreso al saxofonista que usa el eco del ducto para desde lo artístico usar la física y generar emociones que nos complacen. Así con afán colaborativo en lugar de establecer barreras podemos realmente transformar este país y encaminarnos al bienestar social.

[1] Lo prometido la liga es https://geekologie.com/2020/06/saxaphone-player-playing-into-the-open-e.php

 

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