Miércoles, 19 Septiembre 2012 07:19

El apoyo presidencial

Escrito por

Graco y E. Peña Nieto

Quienes lo constataron, recuerdan como fructífero el sexenio de Felipe Rivera Crespo (1970-1976) debido a la amistad que tenía con Luis Echeverría Álvarez, entonces presidente de la República. Derivado de aquella magnífica relación, el mandatario morelense recibió el apoyo pleno del gobierno federal para -entre otras cosas- cristalizar uno de los más ambiciosos programas hidráulicos (el Plan Presidencial “Benito Juárez” a nivel local) y varios de carácter regional orientados a fomentar la ganadería. Hasta el día de hoy podemos apreciar, por ejemplo, grandes extensiones de canales de riego provenientes de “Las Estacas”, así como varios sifones, entre ellos el de Nexpa (en Puente de Ixtla).

Lamentablemente, el relevo de Rivera Crespo (Armando León Bejarano) dejaría morir la explotación de todas las cuencas lecheras y las granjas porcícolas construidas por su predecesor. Era común ver a don Felipe y Echeverría jugando en el legendario Club de Golf Cuernavaca, donde inclusive pudieron haber pactado alianzas con empresarios locales para la fundación del Club Tabachines y su lujosa zona residencial, así como otros desarrollos inmobiliarios. Existe una leyenda urbana surgida en la administración riverista bajo el siguiente tenor. Cuando la familia del gobernador, con él a la cabeza, se alistaba cada mañana para desayunar, Rivera Crespo sacaba un plano de Cuernavaca, lo colocaba sobre la mesa y expresaba: “¿Ahora qué manzana nos vamos a almorzar?”. Cabe subrayar que quien llevaba mano en aquel tiempo para ser candidato del PRI a la gubernatura era el senador Diódoro Rivera Uribe, medio hermano de Don Felipe, quien a la hora de la gran decisión se quedó a la zaga, aunque logró imponer a más de la mitad de funcionarios estatales. Su hijo Diódoro Rivera Villarreal, por citar un ejemplo, fue director de Gobernación todo el sexenio.

 

Armando León Bejarano, gobernador de Morelos entre 1976 y 1982, no corrió con igual suerte tocante a la anhelada relación de los mandatarios priístas en turno con el gobierno federal. Aunque el “dedazo” de Echeverría lo favoreció a él, ocurrió en contra de la voluntad de José López Portillo, siguiente mandatario en turno. Y menos fortuna tuvo cuando a partir de la segunda mitad de su administración (1979) padeció el embate de un cada día más poderoso Lauro Ortega Martínez. A mediados de aquel año, el galeno de Xochitepec se convirtió en diputado federal por el IV distrito, proviniendo del selecto grupo de asesores de López Portillo, quien finalmente inclinó la balanza a su favor cuando el PRI debió designar a su candidato a la gubernatura morelense en septiembre de 1981. Fue común ver la forma en que Ortega consiguió la remoción de casi todos los delegados federales de la época colocando en su lugar a una buena parte del que años más tarde sería su equipo sexenal de colaboradores. Y por su parte, Bejarano tuvo problemas políticos a granel. En 1977 un conflicto social lo llevó a aceptar el nacimiento del municipio 33, Temoac, mientras su administración se caracterizó por el despilfarro, la simulación, la represión y la incipiente infiltración del crimen organizado en las estructuras institucionales. No había transcurrido mucho tiempo cuando, al concluir su gestión, la Procuraduría General de la República lo acusó de enriquecimiento inexplicable. Bejarano tuvo que huir del país.

Lauro Ortega fue postulado candidato gubernamental el 24 de septiembre de 1981 y un día después el CEN del PRI hizo lo mismo con Miguel de la Madrid Hurtado, presidente de México de 1982 a 1988. Como casi todo en la política es circunstancial, don Lauro tuvo siempre el apoyo absoluto de MMH debido a varios antecedentes históricos, uno de ellos vinculado al periodo en que De la Madrid fue subsecretario de Hacienda. Ortega intercedió algún día a su favor ante López Portillo en virtud de que el entonces subsecretario de Ingresos de la SHCP quería ser gobernador de su natal Colima. Don Lauro habló con JLP al respecto, pero le indicó que tenía otros planes para Miguel de la Madrid, quien a la postre se convirtió en poderoso secretario de Programación y Presupuesto. El resto de la historia es de sobra conocido. Siendo diputado federal, Don Lauro desplegó una importante actividad de gestión social a favor del IV distrito gracias a su cercanía con el presidente López Portillo, pero su espléndida relación con Miguel de la Madrid le favoreció todavía más a Morelos en el sexenio 1982-1988. Fue un periodo en que la infraestructura de la entidad mejoró sustancialmente.

Después del sexenio 1982-1988 Morelos empezó a vivir una creciente pesadilla. Carlos Salinas de Gortari jamás fue el candidato de Antonio Riva Palacio López quien, al ser responsable de la elección presidencial en una sección electoral de la colonia “Miguel Hidalgo” de Cuernavaca, la perdió. Durante el periodo de ARPL (1988-1994) nuestra entidad disminuyó sensiblemente el fomento de su infraestructura, lo cual se repitió en el sexenio de los tres jorges (1994-2000). Jorge Carrillo Olea, gobernador entre 1994 y 1998, presumía sobre la forma en que, siendo subsecretario de Ejecución Fiscal de la SHCP en el sexenio de Luis Echeverría, hostigaba a un enjuto empleado cuyo nombre era Ernesto Zedillo Ponce de León. En mayo de 1998 aquello se le revirtió (fue sacado de la gubernatura), de la misma forma en que sucedió a Eduardo Pesqueira Olea quien, siendo secretario de Agricultura en el gobierno de MMH, colocó un “mechudo” (para trapear) en la calva del entonces subsecretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, ridiculizándolo en una junta de gabinete ampliado, lo cual le acarreó funestas consecuencias (fue a parar a la cárcel).

El desarrollo de Morelos en el sexenio 2000-2006 fue magro. Aunque aparentaba tener una buena relación con Vicente Fox Quesada, Sergio Estrada Cajigal consiguió poco a favor de Morelos. Y en 2004 su carrera gubernamental casi se truncó debido a un juicio político y a la reiterada infiltración del crimen organizado en la vida institucional de la entidad. Estrada concluyó su periodo gracias a un amparo que le otorgó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aunque lo hizo en medio de acusaciones sobre enriquecimiento inexplicable. Y el sexenio que está a punto de concluir, el de Marco Adame Castillo (2006-2012), pudiera tener semejanza con el de Lauro Ortega Martínez debido a la infraestructura lograda en materia de carreteras, sistemas hidráulicos, obras del sector salud, el sustancial mejoramiento de las escuelas en todos los niveles educativos, parques industriales, inversión extranjera directa, etcétera, pero la recurrente problemática de inseguridad pública y la vinculación de determinados jefes policíacos estatales con el crimen organizado permearon más entre la sociedad morelense que todo lo logrado por Adame Castillo. Y ahí viene Graco Ramírez, quien requerirá del más completo apoyo de Enrique Peña Nieto para trascender históricamente tal como lo ofreció durante su campaña preelectoral. A ver.

Guillermo Cinta

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