A nadie debe sorprender que se acepte que la revista mecánica no ha funcionado, y menos que no garantice que las unidades del transporte público de pasajeros, que todos los días abordan miles de usuarios, se encuentren en condiciones óptimas para prestar el servicio.
Traer llantas lisas, fallas en los frenos o mantener a un operador irresponsable no son “detalles”, son omisiones que pueden costar la vida de personas o causar daños severos, y en ese tenor debe verlo la autoridad.
El desdén de los concesionarios por cumplir con este requisito ya es secundario; lo grave es que a pesar de que saben que sus unidades no cuentan con condiciones mínimas de seguridad para brindar el servicio, aun así las sacan a operar.
Es hasta que sucede un accidente cuando se toma conciencia de la situación, pero lo peor es que ni en esos casos la ciudadanía percibe sanciones ejemplares para quienes, con total negligencia, se burlan de la autoridad.
