Martes, 08 Septiembre 2015 01:00

Los refugiados de Siria y el cambio climático Destacado

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En los últimos días el mundo ha sentido gran consternación. Todos hemos visto las terribles imágenes de miles de refugiados sirios caminando desesperados en búsqueda de un país donde rehacer sus vidas. Hubo una imagen en particular que ha herido el corazón de todos, hasta el de los políticos más cínicos, la de un niño de tres años ahogado y arrastrado por la marea hasta una playa de Turquía. Esa criatura, más que todos los que están sufriendo, nos ha impactado de manera contundente. Por fin algunos gobiernos están reaccionando. ¿De veras tenía que morir un niño tan pequeño para forzar las manos de los políticos?

¿Cuáles son las razones de tantos refugiados sirios? La razón principal, o la más conocida, es la guerra civil que ha estado devastando Siria durante los últimos cuatro años. Desde su inicio en 2011 más de 250,000 sirios han perdido la vida y casi la mitad de la población total de Siria ha huido de sus casas. El conflicto tiene sus raíces en una compleja mezcla de factores sociales, políticos, económicos y ambientales. Se reconoce ahora que un factor fundamental es nada menos que el cambio climático. 

Siria sufrió una grave sequía desde el 2006 hasta el 2010, lo cual afectó severamente tanto la producción agrícola como el modo de vida de sus habitantes. Con muy escasa lluvia y temperaturas muy elevadas la región dedicada al cultivo se volvió zona de desastre. Muchos de los campesinos abandonaron sus tierras y migraron hacia las zonas urbanas en busca de trabajo, comida y agua. Sin la producción suficiente de alimentos en tierras sirias el gobierno se vio obligado a importar cantidades enormes de cereales, resultando un alza importante del precio de los alimentos básicos. Sin subsidios del gobierno la vida se volvió demasiado cara para la mayoría de la población.

Añadiendo a esta situación, Siria había recibido previamente más de un millón y medio de refugiados iraquíes, quienes huían de otra región en conflicto. La población urbana creció de manera alarmante no sólo por su llegada sino también por el desplazamiento interno de más de 1.5 millones de sirios hacia las ciudades. En total, entre tres y cuatro millones de personas fueron forzadas a reubicarse. La creciente población urbana, entonces, resultó en altos niveles de desempleo, el hacinamiento insoportable y, por último, el malestar social y el crimen. Ese malestar, según estudios, fue la causa principal del levantamiento en Siria.

Estos refugiados han sufrido múltiples y terribles humillaciones. Han dejado todo atrás: sus casas, familiares, pertenencias, modo de vida, su propia cultura, todo con el fin de encontrar un lugar seguro para establecerse y vivir con dignidad, que es su derecho. Su huida es un aviso para el mundo: a causa del cambio climático la vida en ciertas partes de la Tierra se está volviendo insostenible. ¿Podría pasar en nuestro continente? Por supuesto que sí. Sólo tenemos que recordar la larga y severa sequía que todavía sigue en el norte de México y el suroeste de los Estados Unidos. Está más claro que nunca que tenemos que encontrar la manera de adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas y evitar la extracción de aún más petróleo, carbón y demás combustibles fósiles.

¿Será que un niño tan pequeño e inocente vino a este mundo para crear con su muerte el impacto necesario para mover a gobiernos y conmover a millones? Su padre, que no sólo perdió a su hijo menor, sino también a su esposa e hijo mayor, tiene que vivir con una angustia que no podemos siquiera imaginar. ¿Qué futuro le espera a él? Los gobiernos ya no deben esperar más. Tienen que tomar las decisiones de buscar políticas alternativas e invertir seriamente en fuentes de energía limpia. El caso de los refugiados de Siria nos ha mostrado una visión del futuro que no nos agrada, pero queda claro que no podemos darnos el lujo de ser indiferentes.

 

 

 

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