Sociedad

El balón de cuero, El Kalimán y La Cobra


Lectura 3 - 5 minutos
Javier “Kalimán” Guzmán y Rafael Puente.
Javier “Kalimán” Guzmán y Rafael Puente.
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El balón de cuero, El Kalimán y La Cobra


Javier “Kalimán” Guzmán y Rafael Puente.
Fotógraf@/ MÁXIMO CERDIO / CORTESÍA
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En la época del balón de cuero en los pueblos y ciudades pequeñas que sólo tenían campos de tierra, los triunfos se celebraban en grande…

El futbol es un deporte que ha tenido pocas modificaciones desde su invención. En lo que sí ha cambiado, y mucho, es en el material y estilo de algunos accesorios, como los trajes: cortos, largos, medianos, de diferentes materiales. Y, además, la pelota.

El balón que hoy se juega en las canchas profesionales es sintético. En 1986, en el Mundial que se celebró en México, se jugó con un esférico totalmente sintético: el balón "Azteca".

Antes de los ochenta, se jugaba con un balón de cuero de 32 paneles: 12 pentágonos y 20 hexágonos, cosidos a mano, con cámara y pivote. La pelota inflada de 8.5 a 15.6 libras se desplazaba muy bonito, pero en los campos llaneros se le tenía que bajar la presión porque no había resistencia al pasto.

Cuando en las canchas de tierra llovía y el agua se encharcaba, el lodo se adhería al cuero y el balón se volvía una masa semirredonda que era complicadísimo controlar, conducir y servir.

El árbitro tenía prohibido terminar un partido porque el balón se llenaba de lodo. Paraba un momento el encuentro y mandaba limpiar la bola. Después se continuaba con el enfrentamiento.

Cabecear o parar la bola de pecho era algo que sólo podían hacer los mejores, los verdaderos hombres, los que no le tenían miedo a nada ni a nadie.

Perra suerte la del portero sin guantes cuando llovía. Mojado y golpeado por quien sabía pegarle al balón, se volvía un proyectil que muchos evitaban y dejaban pasar a las redes.

Más de dos veces, los paramédicos tuvieron que atender a porteros a los que se les hacía fácil parar el bólido que viajaba a más de 100 kilómetros por hora en un tiro libre o en algún potentísimo remate y se le resbalaba contra la cara.

Esto no ocurría sólo en el futbol llanero, pasaba en los partidos profesionales. En la historia del futbol mexicano está el nombre de un jugador de la Máquina Celeste del Cruz Azul: Javier "Kalimán" Guzmán, considerado uno de los defensas con el disparo más potente en la historia del fútbol mexicano.

La violencia con la que le pegaba al balón era una pesadilla para los defensas y porteros contrarios.

En aquellas épocas, la percepción que los aficionados y apasionados a este deporte le tenían a los jugadores era semejante a la de un ser sobrenatural.

Por cierto, por allá por 1976, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en el único lugar para futbol profesional”, llamado Estadio Flor del Sospó, hubo un partido de exhibición entre la Selección de Tuxtla y el Atlético Español, un equipo profesional de primera división que estaba muy en boga.

Se anunció que llegarían todos los jugadores titulares, entre ellos Benito Pardo y Juan José Muñante, un extremo derecho peruano apodado "La Cobra".

La “Cobra” Muñante tenía un potente disparo y un control del balón extraordinario. Es considerado uno de los mejores extremos de Latinoamérica de los años setenta.

En los 15 minutos de descanso, entraríamos dos equipos de siete niños a jugar.

Desde uno de los túneles mis compañeros y yo veíamos cómo se desarrollaba el partido. Nos impresionaba la velocidad con la que los jugadores se desplazaban y la fuerza con la que se disputaban el balón.

Al medio tiempo, entramos a jugar nosotros. Recuerdo que era mi primera vez en un campo con césped. El pequeño estadio estaba a reventar y recibimos los aplausos de una masa de público que nos levantó la sangre y nos llenó de orgullo.

Al terminar los 15 minutos, el árbitro silbó y nos llevaron a las bancas. Los jugadores del Atlético Español salieron de los vestidores caminando con uniforme blanco. La Cobra se dirigió a nosotros para darnos la mano: medía como ocho metros, cada pierna era del grosor de tres o cuatro niños como nosotros; era muy negro, en mi vida había visto a alguien tan negro y, además, iba con una mata de pelo negrísima y ensortijada. ¡Todos quedamos paralizados cuando nos dio la mano y entró corriendo al terreno de juego!

En la época del balón de cuero en los pueblos y ciudades pequeñas que sólo tenían campos de tierra, los triunfos se celebraban en grande, y en las derrotas no había jugador, por más hombre que presumiera ser, que no llorara.

Javier “Kalimán” Guzmán y Rafael Puente.

Juan José “La Cobra” Muñante.

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Máximo Cerdio

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