Actualmente está en proceso legislativo la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum para reformar el régimen de jubilaciones, buscando acotar o limitar los montos de las percepciones que reciben los exfuncionarios gubernamentales y que, de inicio, amenaza con aplicarse de manera retroactiva, es decir, a quienes ya ganaron mediante su trabajo de toda una vida una jubilación que así fue convenida desde el inicio de su vida laboral.
Dado que el gobierno tiene mayoría (y hasta sobrerrepresentación) en el Congreso, y tiene una muy buena relación con un Poder Judicial que se reformó desde el gobierno, el miedo es que se haga lo que nunca se hizo antes: reformar el régimen de pensiones con afectación retroactiva, lesionando derechos ganados en el pasado.
Si usted recuerda, el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR), creado en 1992, no fue retroactivo, ni tampoco las AFORES posteriormente (1997), ni la modificación que hizo Peña Nieto con las jubilaciones y edad de retito de CFE o de Pemex (2014). La modificación aplicó solo para quienes se iban a jubilar en el futuro.
En el sitio oficial del Gobierno de México, la presidenta señala que la iniciativa está dirigida “a aquellos trabajadores de confianza, a los altos mandos que a la fecha con recursos del pueblo les tenemos que seguir pagando altísimas pensiones”. Esta medida, según su decir, implica “recuperar alrededor de 5 mil millones de pesos que se destinarán a los Programas para el Bienestar”.
Ahora que ya avanzó la iniciativa en el Senado, hay mucha desinformación respecto del contenido real de la misma, así como de su alcance. No suena mal quitar los excesos en las jubilaciones. El problema es la retroactividad de la medida, ya mencionada, y otra es determinar un tope “justo”.
Muchos de los afectados son personas que ocupando cargos de primero o segundo nivel sufrieron estrés y sedentarismo e, incluso, desintegración de sus familias por la excesiva responsabilidad y carga laboral que durante muchos años tuvieron. Cuando requieren atención médica especializada, ni el IMSS ni el ISSSTE les prestan ese servicio eficientemente. Sin olvidar, además, que sus percepciones les obligan a seguir pagando altos impuestos, a pesar de ser jubilados.
En fin, el tema es controversial y deberá revisarse con calma y mucha seriedad. Esperemos que así sea.


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