Sociedad

Frankenstein en Tepoztlán


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Una comunidad de mujeres nacidas y avecindadas en Tepoztlán cultivó un proyecto creativo durante la pandemia: ilustrar, diseñar, editar y publicar un viejo ícono de la literatura gótica escrito por otra mujer, Mary Shelley. La obra originalmente salió a la luz un primer día del mes de enero del año 1818, de entonces a la fecha han transcurrido más de doscientos años, y la novela se convirtió en leyenda. Hay quien señala que es la primera creación del género de ciencia ficción. Las adaptaciones y representaciones de Frankenstein corren por diversos escenarios, desde aquellos cinematográficas con el gran Boris Karloff en el papel principal, obras de teatro como la dirigida por Danny Boyle, hasta ediciones ilustradas por Bernie Wrightson, con introducción de Stephen King.

En una arriesgada pero lúdica aventura, estas mujeres revisaron diversas traducciones y confrontadas con una madeja de versiones tomaron la decisión de solicitar una nueva transcripción. Esta tarea recayó en Mariana Hernández Cruz, nobel pero avezada traductora egresada del Colegio de México que ha realizado algunos trabajos para el Fondo de Cultura Económica. El reto sin duda era grande, pero la pasión por lograr un equilibrio en su interpretación es proporcional al placer del resultado, una versión ligera, ágil y hermosa.

La iniciativa tuvo un motor peculiar, destacar nuevamente el papel de Shelley como mujer escritora en un siglo con miles de atajos, prejuicios y contrariedades para ellas. El otro empeño que debían acomodar en su travesía era aquel propio de su quehacer como artistas gráficas, ilustrarlo. Después de lecturas comentadas y reuniones de debate llegaron a un acuerdo en el cual sortearon los capítulos que cada una debía alimentar con imágenes. Este grupo de mujeres basa su trabajo en un principio que rige el taller en donde adquirieron sus conocimientos, ejercer su oficio en comunidad aplicando diversas disciplinas como el grabado, la encuadernación, la exploración de lenguajes, es decir, hacer comunidad. El Taller La Hoja que fundó la pintora Aneleé Rosell en Tepoztlán hace una década ha dado a luz algunas generaciones de artistas, y en su afán de ceder la estafeta a estos nuevos creadores y creadoras dejó que éste quedara en sus manos.

Los libros ilustrados son obras especiales, las capitulares, caligrafía, adornos y miniaturas antiguas dotaron a los cuentos y leyendas de una sutil compañía que guiaba la imaginación, era un acto de seducción en la cual la fantasía era tocada pero no manipulada. Los ejemplares medievales son un vasto territorio que ejemplifica este tipo de obras. Por otra parte, hay libros emblemáticos como “El Quijote” de Miguel de Cervantes con ilustraciones de Gustave Doré, “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll con dibujos de John Tenniel o aquella edición ilustrada por Benjamin Lacombe, hasta la magnífica interpretación plástica de Felipe Ehrenberg a la obra de Stevenson “El doctor Jekyll y el señor Hyde”. El repertorio es rico en adaptaciones e imaginación.

El Taller La Hoja se convirtió en un laboratorio donde este grupo de mujeres experimentó con grabado en linóleo decenas de imágenes alusivas para ilustrar Frankenstein o el moderno Prometeo. Y en el desarrollo de su tarea cayeron en cuenta que había un estereotipo del personaje, la idea entonces fue ampliar el espectro y buscar una nueva iconografía, aquella que diera el énfasis sin cargar las páginas y la lectura. Sofía Kin Santamarina, Norma Rubí Dorantes Rivera, Ivana Selene Carrillo Ayala, Sofía Soriano Amador y Sara Soriano Amador son las artistas que realizaron numerosas piezas, cada una con la influencia de la obra en su conjunto y los capítulos seleccionados. De este universo fueron decantando las que mejor ilustraran esta nueva versión.

Editar un libro de estas características lleva su tiempo, atención y cuidado, labor que asumieron Aneleé Rosell y Tayde Bautista como editoras; la formación y diseño estuvo a cargo de Sofía Soriano Amador, la corrección de estilo fue de J. Rocío Noblecilla M., y el sello editorial encargado de realizarlo fue La Hoja Doblada.

Celebro que en Morelos germinen proyectos comunitarios de esta índole, son grandes aportaciones al quehacer cultural del estado, al fomento de la lectura y el quehacer artístico de nuevas generaciones de mujeres. El día de ayer jueves 22 se llevó a cabo su presentación en la librería Bromelia, sitio que forma parte de Tlalocan, espacio cultural y gastronómico que se posiciona cada día más como un referente en este municipio.

 

 

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Francisco Moreno

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