Sociedad

La última función del Baticine


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Hay experiencias de nuestra infancia que se vuelven sustento y motor de nuestro presente, impresiones sensitivas y momentos primigenios se tornan en baldosas sobre las que recorremos nuestra ruta de vida: el sabor de una comida, el olor de una persona, el juego con los amigos, las caricias maternas y, esos instantes en los cuales descubrimos y conocemos por primera vez algo.

Mirar una pantalla gigante en una sala pletórica de personas fue una de ellas, asistir al cine dejó en muchos de nosotros una avidez por el séptimo arte, momento que digerimos gracias al esplendor de las imágenes en movimiento, la música y las historias narradas. Ir a las grandes salas de cine era una aventura, desde correr a los pies de la enorme pantalla para jugar con otros niños hasta esperar ansiosos el intermedio para saciar el gusto por los dulces y las palomitas, todo ello permeado del interés cuando corrían las enormes cortinas para conocer y disfrutar una historia visual, una leyenda o un personaje, la impronta de una experiencia multisensorial.

Con esta vivencia infantil Viviana llegó a Tepoztlán hace once años, en sus maletas traía un importante legado familiar del que se hizo cargo con pasión y entrega; heredar los archivos fílmicos de tres generaciones de productores de cine no era poca cosa, y más que dicho acervo representa un patrimonio del cine popular en México. Quién no recuerda la casa productora Azteca Films o a los Calderón o García Besné.

Para mantenerlos a salvo se dio a la tarea de encontrar un espacio para realizar su restauración, conservación y proyección; en el espacio que halló su mirada creció, sus expectativas rebasaron esta misión y fue entonces que, al mirar la avidez con la que sus hijos consumían películas en medios digitales ella decidió que debían vivir lo mismo que experimentó en la pantalla grande, un déjà vu la llevó a construir en Tepoztlán una sala de cine: el Baticine.

 

Con un proyector de 16 mm, sillas de plástico y una improvisada pantalla dio inicio una odisea que sentaría un destacado precedente en Tepoztlán, abrir una sala de cine en un pueblo donde muchos de sus pobladores nunca habían asistido a él fue maravilloso, los miles de habitantes ya sea oriundos o avecinados poco a poco supieron de este espacio, Viviana con su natural entusiasmo levantó un lugar con una escenografía icónica, carteles de la época de oro del cine nacional, foquitos intermitentes y latas de películas, filmes únicos como aquellos primeros que rodó “El Santo” en La Habana o cuando Ninón Sevilla apareció por primera vez, o qué decir de las obras que son testimonio de la lucha libre entre mujeres. La aventura nunca cedió al desánimo y por el contrario ésta creció año tras año.

Para sembrar en un terreno se requiere paciencia y cuidado, pero, si la tierra no abona la semilla que hemos cuidado debemos redoblar esfuerzos para mantenerla y hacerla crecer. Frente a este panorama había que recurrir al apoyo de colegas involucrados en las mismas pasiones; cuando Viviana García Besné entendió esta situación no dudó en presentar estrenos y películas de reciente producción, pero ¿cómo competir con la industria cinematográfica?, con la poderosa red de distribuidores y sus condiciones, imposible.  A pesar de ello y por fortuna en la comunidad de residentes en Tepoztlán viven personajes que dieron un importante impulso al Baticine como Carlos Reygadas y Elisa Miller, esta última se convirtió en poco tiempo en compañera de esta gran embarcación.

Gracias a los vínculos con la comunidad y al apoyo de mucha gente la película “Roma” de Alfonso Cuarón se proyectó en el Baticine, su presentación fue un parteaguas pues detonó su posicionamiento en el escenario de la cultura en Morelos, ello propició la exhibición de otros filmes de reciente creación. Además, en este espacio no solo se disfruta la experiencia de ver una película, en él se ha incentivado la ruptura de los protocolos tradicionales pues en muchas de las proyecciones asistía el propio director, o uno de sus personajes, las charlas y conversatorios posteriores dieron pie para que en muchos habitantes de esta población creciera un serio interés para dedicarse a esta profesión.

Al paso de los años los avatares no fueron pocos pues para hacer sostenible un proyecto de este calado se requería tiempo e inversión económica, a pesar de ello Viviana y su familia, más otras personas no dejaron decaer este proyecto. Cuantas veces no invirtió ella los mermados ingresos para mantener esta sala, cientos; pero la voluntad y las experiencias vividas con la población y espectadores siempre la mantenían a flote. Tener una sala de cine en un municipio sin estas ambiciones fue un reto.

Grandes momentos ha tenido el Baticine, los hay peculiares como proyectar un documental realizado en Amatlán en el cual para su presentación se expandió copal y ejecutaron rituales, y qué decir cuando el gran director de cine Tim Burton asistió y departió con la comunidad; en el Baticine los personaje se convierten en parte de todos. Hay una imagen que habla por si misma, en ella está Viviana y Burton con la ya famosa mascarilla del murciélago que da identidad a este lugar.

En el Baticine se han proyectado cientos de películas que generaron importantes experiencias para los niños, mujeres y hombres que habitamos esta población. El principal incentivo que ella tuvo para crearlo fue que los asistentes tuvieran una experiencia en comunidad, la vivencia de ver una película en un lugar íntimo y con gente cercana. Y eso fue lo que logró y mantuvo durante ocho largos años.

Hoy, después de padecer los problemas de salud pública y los cambios que eso generó las expectativas para mantenerlo son mínimas, un proyecto cultural de esta índole demanda recursos y tiempo, promoción y relaciones públicas, pues como todo proyecto cultural no solo de sueños se mantiene vivo, éste requiere apoyo de instituciones, inversión y dedicación. Desafortunadamente este magnífico espacio llega a su fin pues la entrega de Viviana se ha agotado, a ella la esperan nuevos caminos profesionales, y hoy le toca ceder la estafeta a quién quiera continuarlo, ella está en la mejor disposición para acordar con jóvenes con creatividad y soporte económico, pero si las respuestas no llegan o alcanzan las condiciones mínimas para ello veremos el próximo 3 de diciembre la última función.

El tiempo es tan corto que siempre debemos atrevernos a realizar nuestros anhelos, Viviana lo hizo, nosotros lo disfrutamos y agradecemos. Hoy celebro la larga vida del Baticine y abrazo a Viviana por atreverse a revivir y compartir sus experiencias infantiles.

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Francisco Moreno

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