En México, ocho de cada 10 estudiantes universitarios ya utilizan Inteligencia Artificial Generativa (IAG) para desarrollar textos y cinco de cada 10 la emplean para crear imágenes, lo que plantea nuevos retos para la evaluación académica, de acuerdo con la “Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones sobre IA generativa en la Educación Superior en México” elaborada por la Secretaría de Educación Pública (SEP).
El estudio señala que nueve de cada 10 participantes ya conocen esta tecnología y que más del 60% de estudiantes y docentes la usa de manera cotidiana, lo que evidencia su rápida adopción en las aulas y su impacto en las dinámicas de enseñanza, aprendizaje y producción de conocimiento.
Entre los hallazgos, el 76% de los docentes en universidades públicas afirmó no conocer alguna normativa institucional para el uso de la IAG.
A la vez, siete de cada 10 estudiantes y profesores reportaron mejoras en su desempeño académico desde que la utilizan, mientras que el 82% considera que funciona como apoyo para procesos complejos de pensamiento y casi 80% de los docentes la ve útil para razonar, reflexionar, crear e imaginar.
La encuesta también mostró que fue una de las más grandes a nivel mundial, con más de 1.27 millones de respuestas válidas de estudiantes y docentes de alrededor de 2,900 instituciones educativas.
En su presentación, autoridades de la SEP destacaron que la inteligencia artificial ya forma parte del presente en la educación superior y propusieron 10 acciones para su uso ético y crítico, entre ellas establecer lineamientos claros, fortalecer la formación docente, actualizar planes de estudio, repensar la evaluación académica y garantizar la alfabetización digital en IAG.
Además, se planteó impulsar la colaboración institucional, reducir brechas de acceso, incorporar la perspectiva de género, atender el bienestar estudiantil y fortalecer las humanidades y ciencias sociales en la formación universitaria.
Otro dato relevante es que 9% de estudiantes y menos de 5% de docentes utiliza estas herramientas como apoyo emocional, para gestionar estrés, ansiedad o tristeza.
En el análisis, representantes de organismos internacionales y de educación superior coincidieron en que la IAG ya es una herramienta integrada al ámbito académico y que su discusión va más allá de lo tecnológico, involucrando aspectos éticos, pedagógicos y de derechos humanos, además de ser clave para definir los modelos educativos del futuro.


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