El término “therian” ganó notoriedad en Argentina tras difundirse en videos virales y programas de streaming, generando curiosidad y controversia. Aunque quienes se identifican así aseguran que no es un juego ni un disfraz, su presencia en espacios públicos abrió un intenso intercambio de opiniones.
La palabra proviene de “therianthropy” y describe a personas que sienten una conexión profunda y constante con un animal no humano —como lobo, gato o zorro— aun cuando reconocen su condición biológica humana. A diferencia del fenómeno furry, más asociado al cosplay y al fandom, sostienen que se trata de una vivencia identitaria.
Dentro del grupo existen matices. Algunos mencionan “shifts”, momentos en los que perciben mayor vínculo con esa identidad; otros lo viven de forma interna y simbólica. La mayoría aclara que no cree ser literalmente un animal ni exige reconocimiento legal, sino comprensión.
En redes como TikTok e Instagram comparten relatos personales. Algunos utilizan máscaras o accesorios; otros reservan esa expresión para ámbitos recreativos. Afirman que estudian, trabajan y mantienen rutinas habituales.
El auge también trajo críticas y burlas. Especialistas en salud mental señalan que no constituye una patología en sí misma; el foco, explican, debe estar en el bienestar individual. Aunque existen antecedentes en foros digitales de los años noventa, en Argentina la discusión recién comienza.
